RietedelodeGuillem

La idea del post no es hacerle la competencia a las 72 horas de Guillem pero en mis 4 días de viaje ( Ja! Muerde el polvo! 😉 jeje) me pasaron algunas anécdotas que me apetecía contar.

 
El recorrido Rurrenabaque – Sta Cruz

El caso es que me encontraba en Rurrenbaque, a 20h de La paz por un lado y a un tiemo indefinido de la frontera con brasil por otro… Tenía dos opciones o volver a La Paz con Cez y de allí hacer exactamente el mismo recorrido que Guillem o probarlo por la parte de arriba, más corta en cuanto a distancias pero también más incierta en cuanto a carreteras… Finalmente para no repetir trayecto y confiando en mi suerte innata opté por la segunda. Resultó que fue un acierto pues luego me enteré que la carretera que empleó Guillem entre La Paz y Sta Cruz estaba cortaba en siete puntos por culpa de derrumbes… Bueno, la primera etapa del viaje era en principio corta, 5h, mirando el mapa era rídiculo lo que avanzaba pero necesitaba llegar a San Borja ya que desde ahí salían las flotas hacia Trinidad…

Hora prevista de llegada: 22h
Hora real de fin de trayecto: 01h…

Llovió a cántaros y las carreteras al no tener ni grava se convierten en verdaderas pistas de jabón deslizante… Un drama… Era desesperante lo poco que avanzamos. La guinda fue que antes de llegar al hostal, donde el conductor se paraba a pasar la noche para dejarnos al día siguiente en las estación de buses, fuímos a dejar a una señora que necesitba que la dejásemos en casa pues iba muy cargada… El caso es que vivía en una calle bastante enlodada y el conductor ya le dijo que él por ahí no se arriesgaba… Pero al final la mujer lo convenció y fue a dejarla, la ayudamos con los paquetes que pesaban un muerto y cuando ella y estaba bien clentita en casa la furgo al cabo de unos metros mete la rueda en un agujero… No hubo manera de sacarla de ahí. Los que vivían en San Borja se piraron, el conductor dejó ahí mismo la furgo con las maletas de todos dejando el tema para el día siguiente y cuando yo me planteaba que hacer, una mujer que se quedaba a dormir con otra familia en la furgo porque ni quería salir con el temporal ni sabía donde ir decidió por mí: El chico se queda con nosotras para no dejarnos aquí solas por la noche y protegernos… Pues estábamos apañados si yo tenía que ser el protector… Así que nada, la primera noche del viaje la pasé en una Van con dos mujeres y dos críos intentando conciliar el sueño en unas banquetas demasiado duras…

 

 
El panorama de la rueda por la mañana
 
 
 
El crack y su flagoneta!

Al día siguiente seguía lloviendo, llegó el conductor, le intenté ayudar a sacar la furgo, pero el tío no me hacía ni p..o caso y retiraba las tablas de madera que ponía debajo de las ruedas y la hundía cada vez más. Así que me agarré mis cosas y me fuí por mi cuenta. Siguiente parada: Aeródromo. Visto como llovía, me habían comentado que podía ser que el bus no saliese o tardara lo no escrito (a veces tardaban 3 días en un trayecto que en seco se hace en 6 horas…) pues la carretera era peor en el tramo que venía a continuación… Así que me dije que era mejor apoquinar un poco, agarrar la avioneta, disfrutar de las vistas y llegar en una hora…

 

 
Hacia el aeródromo en mototaxi con mochilas grande y pequeña y guitarra, el chico tenía 13 años…

 

Fracaso: Por mal tiempo no se volaba… A la estación de buses a probar suerte!! Finalmente, sí que parten los buses, en la mayoría del trayecto no ha llovido, Uuuuuuuuuueeee!!! Yo ya me veía tranquilo en un bus recuperando lo poco que había dormido y tardando a lo más 8 horas… Iluso…

Finalmente resultó que el primer bus se había llenado y el segundo estaba estropeado así que trajeron el transporte de emergencia: Errr Camión!!

 

 
Todo un lujo, 4×4

 

Así que fueron 12 horas en la parte de atrás de un camión sentado en una barra de madera…

 

 
Un dos puertas descapotable con asientos de roble boliviano. Edición Ltda!

 

Yo creo que me salieron callos en el trasero. Además por si el trayecto no tenía ya suficientes alicientes éste atravesaba muchas zonas de pantanales y se cruzaban varios ríos encima de una especie de balsas. Y por lo tanto tuvimos la suerte de recibir la visita hambrienta de los primos de los mosquitos de Rurre. Si ya no venía de aquí…

 

 
Bonitos paisajes entre los pantanales
 
 
Muy auténtico el pueblo de San Ignacio de Moixos
 
 
y un precioso atardecer en el río Mamoré

 

Por fín, sin sensibilidad trasera llegué a Trinidad pero, sin tiempo para descansar, al cabo de una hora salía para Santa Cruz en otro trayecto nocturno de 10h. Ahí subido en un autobús y en carretera asfaltada, caí por fín rendido y dormí como en una suite de lujo.

A partir de ahí el trayecto fue el mismo que el de Guillem, así que no os daré más la lata con mis quejas jeje. Qué tuvo de positivo? Pues que en el trayecto por Bolivia estuve tres días sin ver un solo extrangero, conociendo a gente sin parar, conversando y riéndome de las desgracias con la gente de allà que viajaba conmigo que por desgracia está más que costumbrada a esto.

 

 
Haciendo amigos

 

Además tuve la suerte de conocer en la frontera de Brasil a un chico francés muy majo que ahora vive en Recife y que seguramente nos acogerá por carnavales. Y ahora la anécdota final y os dejo en paz. En la frontera también conocí a un chico peruano de lo más divertido que viajaba vendiendo artesanía, la verdad que lo tenía bién montado. El hombre se sube al mismo bus que yo y se le sienta al aldo una chica brasileña. Total que iendo al lavabo le veo que se lo está «pasando bien» con la chica. Y en una parada me lo encuentro solo y me explica que estaba hablando con ella y de repente la chica le salta al cuello mientras le dice «Bem vindo no Brazil», adoro este país que me dice él… 

     

 

Para bailar en la Pampa!

Se necesita un buen repelente! Con este más que penoso juego de palabras empieza el relato de los 3 días de viaje que hicimos con Ceci a modo de despedida de 3 meses viajando juntos. Una podría pensar que iban a ser tres días tranquilos observando animalitos pero como no acabaron siendo tres días un poco sufridos aunque al final todo valiera la pena.

 

El caso es que nos fuimos a pasar 3 días en medio de una zona de pantanales llamada Las Pampas para avistar animales. Lo que no teníamos previsto es que en el programa también había la actividad estrella: Líbrate de los Mozquitozzzz!! Que agobio! Tras 10 meses de viaje hemos estado en lugares tropicales en los que los mosquitos también perturbaban nuestro comfort. Por ejemplo en unas islas de Malasia, Perhentian Islands, al amanecer y al atardecer había que refugiarse bajo la mosquitera de la cama porque en un momento tenías a unos cuantos dejándote un souvenir… Pero lo de estos días dejaba a todo lo demás en ridículo. Estaban ahí esperándote desde que te levantabas y salías de la mosquitera hasta que por la noche volvías a ella. Además todos tenían un hambre voraz pues no se estaban dando vueltas un rato antes de atacar sino que practicaban el vuelo en picado desde que te tenían a tiro. Éramos como el buffet libre de sangre fresca para unos bchos cansados de la piel dura de los cocodrilos… Los que me conocen saben que tengo una fobia bastante irracional a los mosquitos, es un trauma infantil… El caso es que estos días han sido para mí una terapia de choque con la que se me han pasado todas las manías… Ahora en Brasil lo último que me preocupa son los mosquitos. Al final de los tres yo salí bastante bien parado y solo me llevé de recuerdo una treitena de picadas… Cez, mi repelente eco-friendly, sufrió bastante más los ataques de los chupa-sangre: La suma de picadas en los párpados, labios, orejas y el culo acabaron en algunos momentos con su moral. Pero a pesar de ello hubo quien lo pasó aún peor… Y es que viajábamos con dos parejas, unos australianos de lo más fashions y unos israelitas… Cez, que disponía de una crema aliviadora que le dejó Kim, le hizo de enfermera a la chica israelita y pudo ver horrorizada la carnicería que la nube vampira había hecho en su culo… Cez dijo que al verlo se espantó… Que apenas se podía ver la piel blanca… Eso sí, como había estado en el ejército, la chica lo sufría en silencio, ni una queja le oímos. Por otra parte los australianos mostraban más su malestar al no ser ese precisamente su terreno… Pero es que o me llevaban unos pantaloncitos cortos muy monos pero que dejaban toda la carne a disposición de la nube o llevaban ropa oscura que nos habían advertido de no llevar pues los mosquitos la prefieran pues se camuflan mejor… Con Cez nos partíamos cuando desde atrás los veíamos literalmente envueltos en una nube.

Pasemos al guía… Un Johny Rambo de la vida… Vaya personaje! Ya una noche nos había demostrado su fanatismo selvático llevándonos a buscar baby cocodrilos…

Esa sonrisa forzada…

 

Lo teníais que ver ahí agazado en la oscuridad, casi olfateando la presa para acabar dando un bote y llegar con mini-cocodrilo en las manos todo orgulloso. A pesar de haberlo echo millones de veces se le veía en la cara que se lo pasaba mejor él que nosotros. Pero su día estrella fue el día de la caza de la Anaconda… El tío nos tuvo 4 horas caminando bajo un sol de campeonato en la zona más pantanosa del pantanal y por lo tanto la más infestada de mosquitos… Aquí estamos: 

Si no puedes ver el video, pincha aqui.

 

Lo veíamos urgar entre algunos matorrales, nos hacía parar, nos miraba con cara de loco, luego con un signo nos hacía seguir…

Con buen humor

 

 Pero a medida que avanzaba el día y no la encontraba, avanzaba su obsesión y aumentaba su cara de loco. Por otra parte los ánimos del grupo empezaban a caer en picado, el australiano empezó tranquilamente a comentar que a él no le importaría sudar de buscar la anaconda e ir volviendo pero al final ya estaba desesperado y gritaba histérico: I don´t give a shit about finding the fucking anaconda! I just want to get out of here RIGHT NOW!! Pero a esas alturas la opinión del grupo ya no importaba… Ya no se trataba de encontrar la anaconda para que los guiris la pudiésemos ver, se había vuelto un tema personal entre él y la anaconda… Yo creo que con el sol a ese hombre le dió algo porque más tarde le comenté que estaría bien que nos hiciera participar más en la búsqueda, que seguirlo a 25 metros durante 3 horas no estaba siendo divertido y entonces el muy iluminado me dice : Bueno, entonces nos separamos y aumentamos las posibilidades de encontrala… Así que él siguió a lo suyo; el sol y los vapores de repelente de mosquitos acabaron por hacernos delirar y empezaron a surgir bromas malas tipo : «No t´esconda, anaconda…» Mirad como estábamos…

Si no puedes ver el video, pincha aqui.

 

Luego me puse a hacer un video para reirme de él que estaba meneando unos matorrales y surgió lo siguiente:

Si no puedes ver el video, pincha aqui.

 

Aquí tenemos a Johny Rambo con Gael García Bernal en australiano

Luego, no se me ocurrió nada más que preguntarle porque esa cobra no tenía la parte del cuello más ancha cerca de la cabeza, vamos como las cobras que yo había visto en las pelis de Indiana Jones… Y porque pregunté… Me dijo, eso es cuando se enfandan, quieres ver…

Si no puedes ver el video, pincha aqui.

 

 

Ay, que se mueve!

Bueno, ya véis que en vaya manos nos fuimos a poner… Yo pensando, si la cobra le muerde pues se lo habrá buscado pero lo que atemorizaba era que si nos quedábamos sin guía a ver como volvíamos de entre esos pantanales, ya que no teníamos ni idea de donde estábamos…

Al final todo salió bien y el resto de los días el guía se limitó a llevarnos a ver todo el espectáculo de animales que ahí podíamos contemplar. En cinco minutillos en barco yaq empezamos a ver de todo, sobretodo cocodrilos, que los había por todas partes… al acecho…

Escondidos entre las plantas
Para salir tras nosotros
 
O amenazantes desde la orilla
Que mala leche que parecen tener…

En cambio el guía nos dijo que estos eran inofensivos… Y nos hizo banar…

 

Aquí no se ven pero habían delfines rosas, muy feos por cierto

  Al único que había que temer es al caimán, que éste si que tiene mala leche…

Acércate más y vas a ver lo que es bueno…

Luego también pudimos ver todo tipo de aves y otros animales 

El cormorán iniciando el vuelo

 

Las Aves del Paraíso con unos colores preciosos

 

Tortuguitas haciendo el trenecito…

 

y unos monos amarillos muy monos

 

Capibaras, unos cerdos salvajes leprosos… descripción del guía

 

 

Todos los días tuvimos una suerte increíble con el tiempo

 

También dió tiempo para un futbito

A la vuelta nos paramos en el pueblo de Reyes ya que al ser el día de Reyes eran sus fiestas y lo celebraban con tres días de corrida de toros a la Boliviana, es decir sin herir el toro solo jugando con él… La verdad que el espectáculo fue dantesco… Vimo a varios heridos y uno de ellos tenía la pierna destrozada desde la cadera y lo sacaron a rastras, nada de camillas…

Un chiquillo frente al pedazo de toro

 

Finalmente al día siguiente de llegar nos relajamos por la tranquila ciudad de Rurrenabaque y por la tarde nos fuimos a una piscina-mirador, nos lo merecíamos! Ah!Y por la noche cenamos por 3a vez en un sitio que nos encantó, se llama La Cabana, frente al río y hacen un pescado llamado Zuribí al ajillo que está tremendo.

 

Cez olvidándose de las picadas…

 

 

Vales un Potosí

Esto es lo que siempre yo había oído en casa y sabía que Potosí era famosa por sus minas, pero como todo en la vida, hasta que uno no lo ve en persona, no se hace a la idea.

 
 
 Calles de Potosí
 
 
 
El cerro de donde se saca todo
 
 
Para que os hagáis una idea, cuando se descubrieron las minas de Potosí, se llegó a considerar esta ciudad como el centro del mundo. Durante siglos se explotaron y se siguen explotando, cada vez menos ya que son menos rentables. Pero de las minas, ya hablaré luego.
 
 
Potosí y sus calles (con un poco de nieve en el cerro!)
 
 
 
 
Los regalos comprados a los mineros
 
 
Potosí es una ciudad agradable, con solo un problema: la altura y sus pendientes. En efecto querido publico: hacer corriendo una sola cuadra, equivale a resoplar durante media hora. De verdad, tuvimos que correr porque nos agarró una tormenta y casi nos da algo a todos. Es una ciudad para tomárselo con calma. Y mira que es una ciudad bonita para pasear. De resultas de la explotación española de las minas, Potosí conserva muchos edificios de la época como iglesias, conventos y una estupenda Casa de la Moneda, que actualmente es un museo. Merece tomárselo con calma, y pasar unos días descubriendo la ciudad. Con un mercado nocturno que se come la mar de bien (tranquilos, no fue en este que me dio el jamacuco). Lo dicho, Potosí vale un Potosí.
 
 
 
 Nuestra guía (guapa, eh???)
 
 
 
 
 Mineros aficionados…
 
 
 
Y luego, la segunda actividad de Potosí, son sus minas. La visita propiamente dicha de las minas. Personalmente, yo creía que era una “turistada”, viendo también la cantidad de gente que íbamos para la mina, pero luego, después de la visita, uno sale con el corazón en un puño, impresionado por lo visto dentro de esa montaña. Imaginaros entrar en un sitio oscuro, pequeño, directo al centro de la Tierra y allí es tu lugar de trabajo durante más de ocho horas. Pues eso son las minas. Yo nunca había entrado en una mina donde se estuviese trabajando y aluciné con la dureza de las condiciones de trabajo. Entrando en ella, uno siente en su piel la dureza de las condiciones y entiende porque los mineros tienen tan pocos años de actividad laboral (en comparación con otras profesiones). Durante todo el “paseo”, que duró unas dos horas, nuestra guía nos contó cosas de la mina, de su historia, de sus gentes, de sus leyendas… Vamos muy instructivo… Primero, vimos las minas coloniales, actualmente en desuso, y luego nos fuimos a ver cómo trabajan los mineros. La tradición marca que hay que comprar cosas para luego regalar: nosotros les dimos gaseosas, hojas de coca y tabaco. Si esto les alivió un poco su día…
 
 
Con el Tio, figura a la cual rinden tributo para obtener buena suerte
 
 

 

 En Potosí también construyen su AVE (Hereu estuvo allí)
 
 
La verdad es que a mí, ya solo estas dos horas me parecieron interminables y a mí que no me hacen mucha gracia las cuevas y profundidades, aluciné de tener que estar allí día si y día también para ganarse uno el pan. Desde aquí, y siguiendo la estela de los porteadores del Rinjani, otro colectivo que entra en mi top ten de héroes: los mineros de Potosí. ¡Va por ellos!

 
Los Heroes !!!
 
 

Death Road

Ahora ya queda un poco lejos pues la partida de Kim y la separación con Charles y Cecilia han retrasado este post pero el día del cumpleaños de Kim nos fuimos a jugar el pellejo en la «Death Road» (a que en inglés queda mucho más terrorífico y molón?).

La historia es sencilla, un coche te lleva a ti y a tu bici hasta la cima de la carretera más peligrosa del mundo (es oficial y sino a «san youtube» me remito, tecleen tecleen… «the most dangerous road in the world») a 4700 metros de altura sobre el nivel del mar y gracias a la gravedad uno desciende, casi sin esfuerzo, hasta los pies de Coroico una ciudad a tan solo 1200 metros de altura (de echo descendemos hasta 800 metros y luego, no vaya a ser que te canses, te subes a la furgo y hacia el hotel de Coroico dónde te ofrecen piscina, ducha y almuerzo).

 

 
Una primera imágen de la ruta…
 

Pero como dijo Jack el destripador, vayamos por partes, a las 6h30 de la mañana nos vinieron a buscar al hostal en furgoneta, en ella el conductor, el Guía Danilo, una pareja y un chico que no había pegado ojo en toda la noche, los tres Nova Zelandeses, por cierto, creo que empiezo a superar el tema del robo pues me pasé el día con ellos y en ningún momento les comenté que en su país nos furtaron…

Nos fuimos directo a un bar en que nos dieron algo de desayunar, a destacar que el zumo de naranja era natural…
Seguidamente nos subieron hasta el punto de partida, el paisaje a casi 5000 metros de altura, árido, casi sin vegetación y con algo de nieve.

 

 

 
La salida a 4700 msnm

 

 

 

 
Un poquito de frío
 

 

Bajamos del coche sobre las 8 y media de la mañana a unos 3ºC de temperatura y con mucha niebla.
Algunas indicaciones del guía y encabalgamos nuestras monturas para empezar el descenso, siempre en fila, detrás de Danilo y el conductor con la furgo haciendo de coche escoba. Aunque la niebla, el frío y en algún momento la lluvia dificultaban la visión el primer tramo, de asfalto permitía alcanzar buenas puntas de velocidad, siempre descendiendo casi sin pedalear y colocándonos de la forma más aerodinámica posible.

 

 
Listos para la salida!

 
Empezamos la bajada con niebla

 

A medida que vas bajando el paisaje deja de ser tan árido y va apareciendo más vegetación, por fin salimos de la niebla y puedes apreciar la tremenda bajada que te espera.
Al llegar a un puesto de policía (control de drogas ya que en Coroico se cultiva mucha hoja de coca, usada como mate, masticada por la inmensa mayoría de los Bolivianos y obviamente para hacer el polvo blanco tan cotizado por nuestros «yuppies» y en nuestros bares y discotecas) la historia cambia, del asfalto se pasa a la tierra y el camino se estrecha muchísimo, en ocasiones no tiene más de 3 metros de ancho, las curvas en garfio, con un precipicio de a veces, cientos de metros, desplomándose de un lado y del otro una pared altísima a veces con altas cascadas… en fin todos los ingredientes necesarios para darle emoción y belleza a la bajada.

 
 
 
 
En una de las muchas curvas con despeñadero
 
 
 
Unos héroes
 

La perspectiva en el primer tramo es espectacular, la carretera hiere la montaña como un corte serpenteante e infinito hasta el fondo del valle y después de quitarnos algo de ropa (la temperatura ha ido aumentando así como la vegetación que de la escasez Alpina ha pasado a la abundancia tropical…) seguimos con la bajada.

 

 
Cortada a navaja…
 

El guía va delante y de vez en cuando para y nos explica los diversos accidentes acaecidos en cada curva, en algunas todavía se pueden ver los amasijos de hierro en el fondo del precipicio, escalofriante, también hay curvas bautizadas como «la Italiana» o «la Francesa» ya que en ellas se despeñaron unos ciclistas, Italianos o Franceses… por suerte no inauguramos la Curva Catalana y amb «seny» i sin «rauxa» fuimos descendiendo… En algunos momentos en que dejabas el «seny» un poco de lado intentabas atrapar el guía pero era imposible, de echo nos comentó que cada año hacen una bajada, solo de guías, y que en una hora y media descienden a velocidades de vértigo lo que nosotros demoramos 4 horas en bajar (con paradas y todo claro… pero es muy rápido). El año pasado había quedado segundo así que imaginaros a nosotros sin experiencia intentando apurar en las curvas.

 

 
Una de las muchas curvas con recordatorios…
 

 

 
Algunas de las cataratas refrescan la bajada.
 
 
 
Más cataratas

 

 

Lo que sí que hay que decir es que la carretera ha perdido mucho de su peligrosidad debido a que desde hace unos años ya no suben coches (o muy pocos, los que desobedecen la norma) ya que hay una carretera nueva (pero mucho más larga) y solo bajan, con lo que el descenso se hace con más comodidad y no tienen que cruzarse en lugares muy estrechos camiones que a veces son más anchos que el propio camino!

 

 
 Kim demostrando sus dotes con la bici
 
 
 
Guillem en una maniobra complicada
 
 
 
Charles, extreme biking…
Por suerte solo accidentes simulados…
 

 

Por último como era el cumpleaños de Kim (19 de Diciembre no os penséis por las fotos que ha vuelto) le cantamos cumpleaños feliz e intentamos remojar lo pero, muy ágil y rápido se zafó.

 

 
Estuvo muy rápido

 

En fin llegamos sanos y salvos a Coroico dónde recuperamos fuerzas con un bufete libre y luego deshicimos el camino (todo subida) cansados e intentando dormir en la furgoneta, un día inolvidable!

 
Llegaaaaaaamossssss!!!

 Por último mientras bajaba intenté grabar un video… aquí lo tenéis!

                

Si no puedes ver el video, pincha aqui.

Aventuras y desventuras en Sucre

 

Nuestra llegada a Sucre fue escrupulosamente calculada y planeada con un único fin. Ver el partido del año, Barça-Madrid. Ello implicaba muchas cosas: asegurarnos de tener un hostal con TV por cable, irnos antes de lo previsto de Potosí, y recoger con más prisas de las ya habituales.

 

Pero el fin justificaba los medios. Y aunque el bus se quedó sin gasolina entrando en Sucre, nos espabilamos para estar delante la tele, en el hostal escogido, con 8 cervezas en la mesa y 4 bolsas de las mejores patatas caseras, media hora antes del inicio del partido. Nosotros estábamos más que impacientes. Pero el destino nos tenía preparada una «sopresa». Ya cuando había llegado la hora señalada, una voz grave y muy muy seria anuncia: «A continuación: Perfiles. Gabriella Sabatini». De repente, ya no corría ni el aire.
Primero nos miramos extrañados, pero a medida que kim sacaba humo al mando pasando por todos los canales de deportes, la incredulidad fue dando paso a la rabia…. pero no a la resignación.
Y yo que me considero futbolera, del Barça, no creía que realmente hablaban en serio cuando nos recorrimos todos los Internets de Sucre, intentando ver la rentransmisión. Nosotros lo intentamos.

Al día siguiente, con el ánimo más o menos recuperado, nos dirigimos a uno de los mercados más populares, Tarabuco, a una hora de Sucre. Después de desayunar en las típicas paraditas, y no algo precisamente ligerito, empezó la actividad frenética. Charles a capturar con su cámara cual metralleta cualquer gesto y mirada de la gente autóctona, que de no ser por su super zoom, no se habría dejado fotografiar. Guillem a buscar y rebuscar regalitos, medio escondiéndose, para el cumple de kim que ya se acercaba. Y Kim, que no se daba cuenta de nada, porque estaba ocupado refinando sus dotes de regateo comprando regalos a su familia. Por suerte, también nos acompañaban Verónica, de Argentina, y Solimar, de Colombia.

Representa como el indígena acaba con el soldado español… no muy agradable… pero estaba justo en medio de la plaza central

 

una de las enigmáticas miradas de las mujeres captada por la cámara de Charles

Guillem y Charles conspirando sobre el regalo para kim. Unos mangos??

las mujeres acarrean a sus niños envueltos en capas y capas de mantas. a veces casi ni se les puede ver….

Ya de vuelta en Sucre, y durante dos días pudimos disfrutar de las mil iglesias, las casitas blancas, las callejuelas y los mercados de Sucre, que nos sorprendieron aunque por algo es considerada por muchos la ciudad más bonita de Bolivia.

Con nuestras amigas Vero (me muero del amorrrr!) y Soli. Os echamos de menos!!!

Y no sólo visitamos Sucre, sino que la vivimos. Kim y Guillem fueron al cine a ver Wall-E (buenísima) mientras que Charles y yo visitábamos el Convento de San Felip Neri que todavía está habitado por espíritus. Y parte de vivir la ciudad, pasaba por comprar en el mercado a ritmo de «papasito» y «mamasita» como nos solían llamar, y como no, también comer allí.

 

la guía nos explicó que desde esta torre se puede escuchar a los espíritus de los antiguas monjas…

¿Charles rezando o en posición de sumo?

Y ese almuerzo en el comedor municipal que duró sólo unos 15 minutos, cambió el transcurso de los siguientes días. Cada uno nos paseamos por las diferentes señoras con sus mil ollas (mas o menos higiénicas), que ofrecían sus platos del día.. mondongos de chancho, picante de pollo, milanesas, chicharrones.. Yo solo puedo decir que el pollo de kim, estaba bañado por la salsa más roja que he visto en mi vida. Y esa noche sufrió las consecuencias. Al día siguiente, teníamos contratado un trekking de dos días, en la Cordillera de los Frailes, para visitar las comunidades Jalq’a y admirarnos con sus cráteres y paisajes.

 

El mondongo asesino (el potaje rojo de la derecha)

Kim, luchador, a pesar de no haber dormido en toda la noche, sacó fuerzas de no se donde y se decidió por intentarlo. Se supone que ibamos a ir en un bus o jeep hasta el camino inca que marcaba el inicio del recorrido. Pero ya no habían más sitios en el bus cuando llegamos, empezaba a llover, y veíamos como la gente se subía, más bien trepaba y se colocaban cual tetris, unos sobre otros, en unos camiones más adecuados al transporte de ganado que de personas. Y siguiendo lo de «allá donde fueres, haz lo que vieres…» trepamos al último camión que salía y nos encajamos como pudimos entre bolsas, personas, animales y comida..

 

mmmm, que agustito estamos aquí…..

No sabíamos si reir o llorar pero lo cierto es que no fue tan malo ni tan lento como habíamos pronosticado. Llegamos al lugar y empezamos a caminar, a sudar, a cansarnos… el pelotón lo encabezaba Guillem, Charles y Mirte (una chica holandesa que se apuntó con nosotros). Todavía quedaban más de 5 horas de caminata, algunas de subida, y a más de 4000m de altura. El estómago de kim no lo iba a resistir, asi que esperamos en la carretera, al estilo boliviano, hasta que pasase algo que pudiese llevarle de vuelta a la ciudad. Los demás seguimos caminando y caminando hasta llegar a un cráter donde se econtraba la comunidad donde ibamos a pasar la noche. Managua, un pueblecito perdido del mundo y del tiempo, sin electricidad, en el que cenamos, leímos, hablamos y dormimos a la luz de las velas. Una gozada. Al día siguiente, más comunidades, huellas de dinosuarios (soy fan de Jurassic Park) y paisajes con colores y formas alucinantes… todo bajo un sol radiante (raro, raro en Boliva en esta epoca de lluvias).

 

Kim, contemplando y recuperando energías antes de regresar (una retirada a tiempo es una victoria)
estas mujeres indígenas trabajan sin parar durante meses confeccionando verdaderas obras de arte con sus telares
Vista del atardecer desde nuestra cabaña en Managua
A la luz de la vela, Guillem arriesgando su vista para poder leer
madre & hija de una de las comunidades por las que pasamos…
pues tampoco es tan grande la huella del dinosuario,no?…
Charles y Guillem marcando el camino de la evolución del hombre….o involución?
Unicamente tuvimos un pequeño susto, cuando el guía nos dijo que nos habíamos cruzado con la mobilidad (transporte; sea minibus, camión…) que nos tenía que llevar de vuelta a Sucre. No se los demás, pero almenos mis piernas ya flaqueaban. Pero como en los cuentos de Disney, tuvimos un final feliz. Finalmente llegó la camioneta, y después de 3 horas durmiendo de vuelta.. premio! Copas y comida gratis por parte de la agencia y econtrarnos con Kim recuperado.

 

Retrato de familia, a lo Charlie’s Angels (Guillem tu haces de Lucy Liu,ok?):-)

 

Navidad en Isla del Sol

Tras la despedida de Kim en La Paz, decidimos irnos a pasar unas Navidades diferentes a la Isla del Sol del Lago Titicaca. No se admiten bromas malas…
Para todos era la primera vez que pasábamos las Navidades sin los nuestros y decidimos pasarlas juntos en algún lugar perdido pero como si fueramos una gran familia. De esta familia formábamos parte Ceci, Guillem, Martin y Cristina (una pareja de recién casados en plena luna de miel de 6 meses por sudamérica, él alemán y ella Moldava), Jordi e Eva ( Una pareja de catalanes con la que estamos viajando por Bolivia) y Stefano ( Un italiano que conocimos en la ciudad de Sucre). Además tenía que apuntarse Vero, una argentina que nos persigue por Bolivia ;).
 
 
El camin Inca
 
 
Posando junto a Martin y Cristina
El lugar escogido, Isla del Sol, fue sencillamente idílico. Esta Isla nos fascinó desde el primer momento.
 
 
Formentera en versión mini para lagos
 
No sé si es debido a su altura o a su inmensa extensión o a no sé qué pero el caso es que desde el primer díanos deleitó con unos colores y unos cielos que nos cautivaron durante varios momentos del día.
 
 
Cez conversando con un colega brujo…
Además Isla del Sol alberga una de las ruinas pre-Incas más extensas de Bolivia por las cuales nos paseamos un día en que nos cruzamos toda la isla de Norte a Sur.
 
 
La verdad es que caminamos bastante
 
 
Puerta del Laberinto Inca
 
 
Antiguas Paredes
 
 
Cada cinco pasos había que sacar la cámara para inmortalizar una nueva perspectiva del Lago.
 
 
La isla está llena de huertos de habas.
 
Las nubes que nos negaron la posibilidad de contemplar las puestas de sol nos regalaron a cambio imágenes que harían soñar a Alfred R. Picó y a Tomàs Molina…
 
 
Guillem delante de Cúmulus Nosabemus
 
 
En el lago se dibujaban unos extraños caminos
 
 
¡Qué cielos!
 
 
¡Otros!
 
 
La de fotos que tiré…
 
 
¡A mí no me eches pesao!
 
 
Antes del atardecer
 
 
 
el lago se volvió plateado
 
 
 
 
En ninguna de las tres fotos hay efectos de color, solo lo que veíamos
 
La cena. A los 9 que ya éramos, se nos unieron la noche anterior Marco y Sophie (una pareja de franceses que empezaba a dar exactamente la misma vuelta al mundo que nosotros pero en sentido inverso) y con ellos descubrimos el que iba a ser el local perfecto para pasar la Nochebuena.
 
 
Guillem, Jordi, Eva y Sophie haciendo una hoguerita
 
Un íntimo restaurante con vistas al lago e iluminado únicamente con velas.
 
 
¡Que cuco!
Cez estaba emocionada con la romántico del lugar. Al final se nos unieron un grupo de 6 y otro de 3 para acabar formando una enorme comunidad sentada alrededor de la misma mesa. Supongo que todos teníamos en común que echábamos de menos estar con los nuestros y el estar todos juntos nos permitió acabar la noche con un dulce sabor de boca ( y no precisamente por los horribles mojitos que engendré por comprar refresco y ron baratos)) por lo que había resultado ser una más que agradable forma de pasar la Nochebuena. Lo peor a parte de mis mojitos fue el ilusionante cochinillo que habíamos pedido el día anterior y que acabó saliendo un poco rana ya que nos lo sirvieron frito y en pocas cantidades. Esto nos pasa por pedir cochinillo en un restaurante vegetariano…
 
 
Como siempre Guillem acabó amenizando la noche, pero le faltaron los villancicos
 
Feliz año Nuevo a todos!!!

           
                 

Willyfog en la Cima!!!!

Con Guillem lo habíamos hablado de intentarlo antes de que se fuera pero nuestras respectivas indisposiciones hicieron imposible que lo llevaramos a cabo. El caso es que a mí me siguió rondando por la cabeza hasta que me convencí de que me arrepentiría si no lo probaba. Así es como el día 29 emprendí la aventura de dos días de intentar subir al Huayna Potosí, una montaña de 6088 metros, al acance de principantes en invierno pero no tanto en verano (sí, lo he dicho bien pues aquí es en verano, la época de lluvias cuando nieva en las montañas)…

 

 

 

Las primeras horas

 

El primer día de aclimatación consistía en llegar en coche hasta la base y subir con el equipo durante 3 horas por una zona muy rocosa hasta el refugio situado a 5130 metros. A partir de ahí recibimos las pertinentes instrucciones de los dos guías y a las 18h de la tarde todo el mundo para la cama que había que madrugar a las 00:00… Que frío que pasé esa tarde, al no haber árboles a tanta altura tampoco había estufa para calentar el refugio, y mucho no dormí pues a veces me levantaba sofocándome, supongo que durmiendo a veces dejaba de respirar y luego recuperar el aliento a más de 5000 cuesta lo suyo…

 

Camino al refugio
El refugio

 

Por la noche ya antes de partir, sufrimos la primera baja, la única chica del grupo se pasó la noche vomitando por culpa de la altrura, abandonaba. Quedábamos 4, Martin y Gary (dos inglese) y Vivian (australiano). Los 3 eran amigos y ya llevaban en el viaje un 6500 en sus piernas… Además cuando nos íbamos preparando, flipaba con la ropa de montaña que tenían, dos de ellos iban enteramente equipados NorthFace y el otro combinaba Columbia y Merrell… No sería precisamente lo mismo que mis bambas cutres compradas en NZ tras el robo y mi chaqueta NorthFace de imitación en China… Suerte que la agencia también nos proporcionaba equipo.

 

El equipo antes de partir

 

A partir de aquí todo se redujo a caminar, a caminar muy lentamente en la oscuridad, para no cansarse, seguir uno tras otro, los pasos del de adelante, intentar distraerse para no emparanoiarse con que te empieza a faltar la respiración, parar muy muy poco rato para no enfriarse.

 

En fila

 

Esto duró 4 horas. Íbamos en grupos de 2 cadenas de seguridad en caso de que alguno resbalara. El caso es que el australiano que llevaba detrás iba muy apurado desde hacía ya una hora. Al hombre se le veía jodido pero a pesar de ello aguantaba como un jabato. El problema fue que a partir de ahí la pendiente recrudeció, el chico lo sufrió y en muchos momentos, al estar yo delante de él, lo iba tirando con la cuerda. El guía ya me había comentado que no íbamos a buen ritmo pues como llevaba nevando toda la noche había que hacer cima justo al amanecer pues había que bajar antes de que el sol aumentara los riesgos de avalanchas. A esas el australiano pidió ir más lento y entonces el guía nos reunió todos para hablar.

 

Tramo duro

 

Básicamente me hablaba a mí pues me tocaba hacer de traductor… El guía habló claro y dijo que a ese ritmo era muy poco probable llegar arriba, que aparte veía a gente muy tocada que ya por fuerzas no subiría y que eso podía perjudicar a los que a lo mejor sí que estaban en condiciones de intentarlo. En este punto los dos chicos ingles que venían atrás ya desistieron pues venían muy tocados e dijeron que ellos irían a su ritmo hasta que el guía les hiciera volver. En cambio el australiano me dijo que el intentaba sacar fuerzas de donde fuera y que iría más rápido. Así que nos pusimos en marcha pero al cabo de 2 minutos el australinao renunciaba y se unía a los ingleses.

En ese punto conversamos con el guía, me pidió ir más rápido y como hasta el momento por alguna extraña razón que no me explico ni las piernas me habían fallado ni notaba la falta de aire le dije que adelante. Y así seguimos a buen ritmo hasta llegar al útimo tramo.

Ahí fue cuando empecé a verlo crudo. El camino estaba lleno de grietas enormes que se veían pero debido a la caída de nieve había muchas que habían quedado escondidas.

 

 

Pedazo de grieta
Otra…
Esquivando grietas
El guía descubriendo grietas

 

El guía iba caminando clavando siempre primero el piolet antes de dar un paso y asegurando igualmente cada paso. Igualmente me dió la impresión de verlo un poco descolocado y le dije que si no lo veía claro yo tampoco estaba dispuesto a arriesgar la vida solo por llegar a la cima. Así que el hombre me mira y me dice: «Mira, el camino normal está peligroso pues aunque me conozco las grietas y sé más o menos por donde están avanzaríamos demasiado lentamente y aún así seguiría siendo peligroso… Pero, hay otro camino más rápido…» Y me señala la pared de 250 metros de altura y 60 grados de inclinación que teníamos delante (-¿¿¿Por aquí???) diciéndome: «Hoy que ha nevado y la pared no es de hielo, la puedes subir.» Hasta ahí las fuerzas me habían respetado pero a partir de ese momento no hubiese podido imaginar lo mal que lo iba a pasar. Es sin duda lo más duro que he hecho en mi vida a nivel físico, a un cuarto de la pared las piernas ya me temblaban, en muchos pasos la nieve se hundía a mis pies y me hacía retroceder. No veía nada claro ni llegar a los 6000 metros. A esas que le digo al guía cuando vamos por la mitad: «Las piernas ya no me responden, a los 6000 abandono»… Y el guía que me suelta: «Nadie me ha abandonado tan cerca del final, ¡tu hoy subes!»

 

¡En la Cima!
Guía: «Estamos en la cumbre, cambio y me la corto»
No se veía casi nada

 

Total que al final, poco a poco me fuí acercando y finalmente llegué arriba, a los 6088 metros del Huayna Potosí. Una vez arriba, la emoción me embargó, me puse a llorar mientras me abrazaba con el guía y pensaba en toda la gente con la que me hubiese gustado compartir ese gran momento en mi vida. Pues estaba muy pero que muy muy contento de mí mismo, hacía tiempo que a base de esfuerzo y fuerza de voluntad no conseguía rebentar mis límites y aquel día el chico urbanita con muy poca montaña en sus piernas, que había salido de Barcelona 10 meses antes, había realizado un pequeño sueño que se había forjado durante el viaje, había subido a más de 6000 metros bajo una nieve intensa y después de una semana sin que ningún otro turista hubiese subido hasta la cima.

 

 

Se pasaron muchas cosas por la cabeza a pesar de tener las ideas en frío (¡el gorro es marrón!)

 

Después de 4 fotos ( no más, ya que los -15 grados y el viento congelaron la lente de mi cámara…), más abrazos y para abajo durante 3 horas en un tramo que se me hizo durillo al tener las piernas hechas trizas.

 

Ya de bajada, eufórico

 

Solo me queda trasladaros lo que escribí en el libro de los que tuvimos la suerte de llegar arriba, que resume lo que sentí al lograr llegar:

Hace diez meses que empecé un sueño con dos amigos: dar la vuelta al mundo. Durante el viaje ellos me trasladaron su gusanillo por la montaña y hoy por mala suerte firmo solo este libro. ¡Gracias a los dos! Me hubiese encantado poder compartirlo con vosotros con quien he compartido estos útimos meses, compartirlo con mi familia, buscando así la aprobación que el niño que hay en mí todavía busca y compartirlo con el resto de amigos con los que siempre lo he compartido todo.

Y para acabar un video en lo alto del Potosí, no se oye gran cosa…

 

Si no puedes ver el video, pincha aqui.

 

7(2) horas…

Hay una canción de Bebe en la que se apresta a tomar un autobús que le acerca a su amado, este se demora 7 horas y le da tiempo a arreglar-se el maquillaje, comprobar la pilosidad de sus piernas y muchas otras cosas. A mi los días 25, 26 y 27 me hubiese dado tiempo a mucho más casi hasta una operación de cambio de sexo… me tiré no 7 sino 72 horas en un bus, bueno para ser exactos en un barquito y 4 buses.

El 25 por la mañana y sin ningún tipo de resaca por los inexistentes excesos de la noche buena… nos levantamos temprano, el día era lluvioso pero milagrosamente cuándo nos tocaba bajar hasta la orilla del lago (un paseo de media hora) escampó e incluso fue asomando el sol.
Así que después de despedirme con tristeza de Charles, Cez, Eva y Jordi (dos catalanes con quién compartimos la despedida de Kim y Navidad) me embarqué en un pequeño bote que en hora y media cubre con calma las pocas millas náuticas que separan la Isla del Sol del pueblecito de Copacabana eran eran las 10 de la mañana del día 25.
Por desgracia aunque tenga ese nombre tan de Rio de Janeiro este pueblo está a 3 horas de bus de La Paz así que cargado con mi mochila que se rompía por todas partes y mis dos bolsas de plástico me compré un par de empanadas y subí la cuesta hasta la plaza en la que varios autobuseros gritan a los 4 vientos su destinación, me subí a un bus hacia La Paz y 4 horas más tarde estaba en la estación de buses de la capital Boliviana.

4 Horas de espera que emplee conversando con un Colombiano y con el mundo en Internet y subí al bus que me llevaría a Santa Cruz, un pueblo en el centro de Bolivia, un trayecto de unas 16 horas en que por fin después de 3 semanas descendí de los 4000 hasta los escasos 500 metros, reencontrándome de golpe y porrazo en medio de la noche con la humedad del trópico.
Me deshice de todas las capas que pude y me volví a dormir pero en medio de la noche en medio de la selva el bus paró y no avanzaba más… Paciente intenté dormir pero pasaron las horas y el bus no se movía, cuándo salí a estirar las piernas el panorama era de batalla campal, una cola de buses y camiones sin fin y al inicio de todo una barricada con ruedas quemando, al parecer en la localidad que acabábamos de atravesar, la noche anterior (la de navidad) atropellaron un chico y la policía ni siquiera se presentó, el pueblo decidió actuar y durante 10 horas cortaron la carretera e incluso querían quemar uno de los buses de la compañía que había perpetrado el atropello. Ahora sí, la policía estaba allí, y al final se disolvió el asunto, así que intenté dormir de nuevo hasta casi mi llegada a Santa Cruz el 26 al mediodía.

Desde Santa Cruz tenía previsto agarrar el tren de la muerte que te lleva en unas 20 horas hasta Puerto Quijarro en la frontera entre Bolivia y Brasil pero estaba todo vendido, por un momento vislumbré la posibilidad de una ducha y una noche de reposo pero ya estaba lanzado y me anunciaron que un bus cubría la misma distancia… en 18 horas.
El bus era de los viejetes, de esos que crees que se van a descalabrar en cualquier momento y cuándo la carretera es TODA de tierra, y debes mantener las ventanas abiertas debido al sofocante calor acabas cubierto (literalmente) de polvo.
A las 7 de la mañana llegamos a la frontera, y después de un taxi, los trámites burocráticos de hacer un poco de autostop para cubrir los diez km de Tierra de nadie (muy rara esa frontera) llegué a la estación de bus de Curumbá. Compré el boleto a Sao Paulo y me tomé una cerveza la primera Brahma!

A las 12h me subía al bus con un aire condicionado muy deficiente que me tuvo sofocado hasta las 7 de la tarde en que el astro aflojó, mi compañera de asiento una joven Boliviana embarazada de 8 meses (yo pensé que tenía que hacer de comadrona!)… 23 horas de bus por delante y la única Boliviana que conocí que te da conversación justo cuándo lo que quería era dormir…
En fin… una noche más y a las 12 (hora local) del mediodía entrábamos en la estación de Barra Funda, sucio y cansado recogí mi equipaje y mientras andaba hacia la salida vi venir hacia mi mi hermano y mis padres a los que por fin después de más de nueve meses me abracé… Era el 28 de Diciembre… habían pasado 72 horas desde que salí de la Isla del sol!

Ahora esto ya no es más que un recuerdo y me apresto a celebrar un fin de año fuera de lo común para un Europeo, en una playa Brasileña después de haberme bañado en el mar todo el día y… os dejo que me traen una Caipirinha!

Besos y feliz año nueve!

 

 

 Al llegar con mi madre y mi hermano!

Volver

Buff, no sé por donde empezar. Hace días que tengo que escribir este post y llevo dándole vueltas y sigo sin saber como empezar. Mi viaje empezó hace nueve meses y medio con la frase “aquél que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día”. Efectivamente, he decidido partir y ya estoy en Barcelona.

Dos meses y medio antes de lo previsto y aprovechando las Navidades, he decidido volver a casa. En seguida os preguntaréis porqué. Vuelvo porqué siento que mi sitio está allí, con los míos, que me necesitan. Alguien muy importante y querido de mi familia está pasando por un momento de salud delicado. Tenía dos opciones: seguir el viaje y quedarme, siguiendo el tema desde la distancia, preguntándome cada día porque no he vuelto o hacer las maletas y estar allí, presente cuando alguien me necesita. Me he decidido por la segunda.

No me queda ningún tipo de remordimiento, al contrario. Tengo la serenidad propia del que sabe que está haciendo lo correcto. Después de casi diez meses de viaje, los dos meses y medio que me quedaban no iban a cambiar gran cosa. Me quedaba ver a mi hermana en el Salvador, la veré entonces en Barcelona y si Dios quiere, ya tendré tiempo de ir al Salvador. Lo que más me ha dolido, sin lugar a dudas, es abandonar a mis compañeros de ruta. Tanto tiempo compartiendo el día a día, tantos buenos momentos vividos juntos, tocar la felicidad con nuestras manos como quien agarra el pan, hace que la despedida sea dura. Los echo mucho de menos. Es lo que tiene hacer el viaje con las mejores personas del mundo.

Y ya que he terminado antes de tiempo, me he dado un pequeño placer. Solo avisé a mi hermana de mi vuelta y me he dedicado a presentarme por sorpresa a mi familia y amigos. Es muy divertido encontrarte cara a cara y ver las reacciones de alguien que te cree en otro continente, que no te espera. Amigos que no te reconocen por el cambio físico y familiares que se quedan si habla cuando te ven en el zaguán de la puerta. Un placer. Uno se siente tan querido.

Y ahora qué, me diréis. De momento pasar fiestas. Sin prisas, venir a lo que he venido. Aprovechar de mi familia, contar las mil historias y repartir toda esa felicidad que llevo en la mochila entre los que me rodean. Luego, dejar pasar unos días de aclimatación, ir a ver algunos amigos repartidos aquí y allá, y luego si, integrarse en la vida de cada día. Mientras llega ese día, me convertiré en un mix de espectador de Riete de Willy Fog y colaborador, colgando material antiguo, haciendo los primeros montajes de fotos… Lo que sea, que hay un montón de trabajo.

Solo que queda despedirme, dar las gracias a todo El Mundo, decir que la tierra está más llena de buenas personas que de malas y decirme a mi mismo que tengo suerte, mucha suerte.

Felices fiestas.

Uy,uy,uy,uy, UYUNI!

Buuuuf. Lo veníamos esperando, llevaba mucha publicidad encima, así que redoblaban los tambores a la que íbamos acercándonos al tan anhelado Salar de Uyuni. Su fama nos perseguía desde los principios del viaje, pues en China, nada más empezar nuestra vuelta al mundo, Diego, un argentino, ya nos hablaba de las maravillas de Bolivia y en particular del Salar.

Empezamos el día en la zona de «trabajo» del Salar donde los trabajadores apilonan la sal en montículos para que luego sea recogida para su posterior tratamiento. El resultado es que aparece el agua retenida debajo y el agua se transforma en espejo.

 

Empezaba el espectáculo

Después empezamos a recorrer kilómetros y kilómetros por este infinito desierto de sal de 10500 km2 de extensión. Es muy difícil de imaginar un lugar en el que aunque gires 360 grados lo único que seas capaz de ver sea una capa blanca perfectamente horizontal y NADA más.

 

El Infinito

Y en muchos lugares, si ya nos costaba cerrar la boca del asombro que llevábamos encima al contemplar el blanco horizonte, el firme que pisábamos se vestía de gala con sus mejores azulejos hexagonales.

 

Se ve que es debido a la propia estructura hexagonal del cristal de sal…

Más tarde después de muuuuchos kilómetros en blanco, y no es que no los recuerde, lo siento la tenía que hacer, llégamos a un oasis o isla. Aquí quiero hacer un pequeño paréntesis, pues cuando el guía nos dijo donde íbamos, nos dijo que se llamaba la Isla del Pescado (Por su forma). Y a mí que me encanta dar vueltas a las cosas más tontas me dije: si le llama isla será que esto es como un mar. En cambio a mí eso me parecía mas bien un desierto y por lo tanto dentro de mi lógica se le debería haber llamado el Oasis del Pescado no? Además conceptualmente los dos nombres acaban dando connotaciones bien distintas no? Un oasis sería la salvación en medio del desierto mientras que una isla ya no tiene tanto la connotación de salvación sino que se le da más bien la de soledad… Después de pasar unos minutos en los mundos de Charly, alguién me rescató y subimos hasta arriba de este montículo lleno de cáctus enooormes y milenarios. Algunos medían más de diez metros y calculad que crecen a un ritmo de un centímetro por año…

 

Como véis, íbamos bien acompañados 😉
Si es que nos cuidamos 😉
Uy, ¡Que grande!;)
Embobados con las vistas

 

Luego vino el momento obligado de sobrecalentar las cámaras y empezar a hacer el burro aprovechando el magnífico marco con él que contábamos. Ahí van:

En este viaje he perfeccionado la concentración en mis meditaciones

 

Guillem se desplaza más rápido si lo hace por el horizonte
Cez viniendo de muuuy lejos al más puro estilo Baywatch
¡Ah! Y en estos días felices para los culés,¡Hay que sacar pecho!
El día se despidió con un precioso atardecer

Por la noche para celebrar este único día que tuvimos la suerte de vivir fuimos a tomar unas copas. Y cuando pensábamos que nos habían salido unas fotos muy resultonas… Nos hundimos en la miseria al ver que en las paredes de ese bar la gente había demostrado ser mucho más original.

Algunos muy currados
Y otros un poco desagradables
Al final de la noche Guillem se arrancó tras petición del dueño y acabó tocando en frente de todo el bar, era su segunda actución del viaje. De momento aún no hemos conseguido que le paguen…
¡FELIZ NAVIDAD!