Willyfog en la Cima!!!!

Con Guillem lo habíamos hablado de intentarlo antes de que se fuera pero nuestras respectivas indisposiciones hicieron imposible que lo llevaramos a cabo. El caso es que a mí me siguió rondando por la cabeza hasta que me convencí de que me arrepentiría si no lo probaba. Así es como el día 29 emprendí la aventura de dos días de intentar subir al Huayna Potosí, una montaña de 6088 metros, al acance de principantes en invierno pero no tanto en verano (sí, lo he dicho bien pues aquí es en verano, la época de lluvias cuando nieva en las montañas)…

 

 

 

Las primeras horas

 

El primer día de aclimatación consistía en llegar en coche hasta la base y subir con el equipo durante 3 horas por una zona muy rocosa hasta el refugio situado a 5130 metros. A partir de ahí recibimos las pertinentes instrucciones de los dos guías y a las 18h de la tarde todo el mundo para la cama que había que madrugar a las 00:00… Que frío que pasé esa tarde, al no haber árboles a tanta altura tampoco había estufa para calentar el refugio, y mucho no dormí pues a veces me levantaba sofocándome, supongo que durmiendo a veces dejaba de respirar y luego recuperar el aliento a más de 5000 cuesta lo suyo…

 

Camino al refugio
El refugio

 

Por la noche ya antes de partir, sufrimos la primera baja, la única chica del grupo se pasó la noche vomitando por culpa de la altrura, abandonaba. Quedábamos 4, Martin y Gary (dos inglese) y Vivian (australiano). Los 3 eran amigos y ya llevaban en el viaje un 6500 en sus piernas… Además cuando nos íbamos preparando, flipaba con la ropa de montaña que tenían, dos de ellos iban enteramente equipados NorthFace y el otro combinaba Columbia y Merrell… No sería precisamente lo mismo que mis bambas cutres compradas en NZ tras el robo y mi chaqueta NorthFace de imitación en China… Suerte que la agencia también nos proporcionaba equipo.

 

El equipo antes de partir

 

A partir de aquí todo se redujo a caminar, a caminar muy lentamente en la oscuridad, para no cansarse, seguir uno tras otro, los pasos del de adelante, intentar distraerse para no emparanoiarse con que te empieza a faltar la respiración, parar muy muy poco rato para no enfriarse.

 

En fila

 

Esto duró 4 horas. Íbamos en grupos de 2 cadenas de seguridad en caso de que alguno resbalara. El caso es que el australiano que llevaba detrás iba muy apurado desde hacía ya una hora. Al hombre se le veía jodido pero a pesar de ello aguantaba como un jabato. El problema fue que a partir de ahí la pendiente recrudeció, el chico lo sufrió y en muchos momentos, al estar yo delante de él, lo iba tirando con la cuerda. El guía ya me había comentado que no íbamos a buen ritmo pues como llevaba nevando toda la noche había que hacer cima justo al amanecer pues había que bajar antes de que el sol aumentara los riesgos de avalanchas. A esas el australiano pidió ir más lento y entonces el guía nos reunió todos para hablar.

 

Tramo duro

 

Básicamente me hablaba a mí pues me tocaba hacer de traductor… El guía habló claro y dijo que a ese ritmo era muy poco probable llegar arriba, que aparte veía a gente muy tocada que ya por fuerzas no subiría y que eso podía perjudicar a los que a lo mejor sí que estaban en condiciones de intentarlo. En este punto los dos chicos ingles que venían atrás ya desistieron pues venían muy tocados e dijeron que ellos irían a su ritmo hasta que el guía les hiciera volver. En cambio el australiano me dijo que el intentaba sacar fuerzas de donde fuera y que iría más rápido. Así que nos pusimos en marcha pero al cabo de 2 minutos el australinao renunciaba y se unía a los ingleses.

En ese punto conversamos con el guía, me pidió ir más rápido y como hasta el momento por alguna extraña razón que no me explico ni las piernas me habían fallado ni notaba la falta de aire le dije que adelante. Y así seguimos a buen ritmo hasta llegar al útimo tramo.

Ahí fue cuando empecé a verlo crudo. El camino estaba lleno de grietas enormes que se veían pero debido a la caída de nieve había muchas que habían quedado escondidas.

 

 

Pedazo de grieta
Otra…
Esquivando grietas
El guía descubriendo grietas

 

El guía iba caminando clavando siempre primero el piolet antes de dar un paso y asegurando igualmente cada paso. Igualmente me dió la impresión de verlo un poco descolocado y le dije que si no lo veía claro yo tampoco estaba dispuesto a arriesgar la vida solo por llegar a la cima. Así que el hombre me mira y me dice: «Mira, el camino normal está peligroso pues aunque me conozco las grietas y sé más o menos por donde están avanzaríamos demasiado lentamente y aún así seguiría siendo peligroso… Pero, hay otro camino más rápido…» Y me señala la pared de 250 metros de altura y 60 grados de inclinación que teníamos delante (-¿¿¿Por aquí???) diciéndome: «Hoy que ha nevado y la pared no es de hielo, la puedes subir.» Hasta ahí las fuerzas me habían respetado pero a partir de ese momento no hubiese podido imaginar lo mal que lo iba a pasar. Es sin duda lo más duro que he hecho en mi vida a nivel físico, a un cuarto de la pared las piernas ya me temblaban, en muchos pasos la nieve se hundía a mis pies y me hacía retroceder. No veía nada claro ni llegar a los 6000 metros. A esas que le digo al guía cuando vamos por la mitad: «Las piernas ya no me responden, a los 6000 abandono»… Y el guía que me suelta: «Nadie me ha abandonado tan cerca del final, ¡tu hoy subes!»

 

¡En la Cima!
Guía: «Estamos en la cumbre, cambio y me la corto»
No se veía casi nada

 

Total que al final, poco a poco me fuí acercando y finalmente llegué arriba, a los 6088 metros del Huayna Potosí. Una vez arriba, la emoción me embargó, me puse a llorar mientras me abrazaba con el guía y pensaba en toda la gente con la que me hubiese gustado compartir ese gran momento en mi vida. Pues estaba muy pero que muy muy contento de mí mismo, hacía tiempo que a base de esfuerzo y fuerza de voluntad no conseguía rebentar mis límites y aquel día el chico urbanita con muy poca montaña en sus piernas, que había salido de Barcelona 10 meses antes, había realizado un pequeño sueño que se había forjado durante el viaje, había subido a más de 6000 metros bajo una nieve intensa y después de una semana sin que ningún otro turista hubiese subido hasta la cima.

 

 

Se pasaron muchas cosas por la cabeza a pesar de tener las ideas en frío (¡el gorro es marrón!)

 

Después de 4 fotos ( no más, ya que los -15 grados y el viento congelaron la lente de mi cámara…), más abrazos y para abajo durante 3 horas en un tramo que se me hizo durillo al tener las piernas hechas trizas.

 

Ya de bajada, eufórico

 

Solo me queda trasladaros lo que escribí en el libro de los que tuvimos la suerte de llegar arriba, que resume lo que sentí al lograr llegar:

Hace diez meses que empecé un sueño con dos amigos: dar la vuelta al mundo. Durante el viaje ellos me trasladaron su gusanillo por la montaña y hoy por mala suerte firmo solo este libro. ¡Gracias a los dos! Me hubiese encantado poder compartirlo con vosotros con quien he compartido estos útimos meses, compartirlo con mi familia, buscando así la aprobación que el niño que hay en mí todavía busca y compartirlo con el resto de amigos con los que siempre lo he compartido todo.

Y para acabar un video en lo alto del Potosí, no se oye gran cosa…

 

Si no puedes ver el video, pincha aqui.

 

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