Uy,uy,uy,uy, UYUNI!

Buuuuf. Lo veníamos esperando, llevaba mucha publicidad encima, así que redoblaban los tambores a la que íbamos acercándonos al tan anhelado Salar de Uyuni. Su fama nos perseguía desde los principios del viaje, pues en China, nada más empezar nuestra vuelta al mundo, Diego, un argentino, ya nos hablaba de las maravillas de Bolivia y en particular del Salar.

Empezamos el día en la zona de «trabajo» del Salar donde los trabajadores apilonan la sal en montículos para que luego sea recogida para su posterior tratamiento. El resultado es que aparece el agua retenida debajo y el agua se transforma en espejo.

 

Empezaba el espectáculo

Después empezamos a recorrer kilómetros y kilómetros por este infinito desierto de sal de 10500 km2 de extensión. Es muy difícil de imaginar un lugar en el que aunque gires 360 grados lo único que seas capaz de ver sea una capa blanca perfectamente horizontal y NADA más.

 

El Infinito

Y en muchos lugares, si ya nos costaba cerrar la boca del asombro que llevábamos encima al contemplar el blanco horizonte, el firme que pisábamos se vestía de gala con sus mejores azulejos hexagonales.

 

Se ve que es debido a la propia estructura hexagonal del cristal de sal…

Más tarde después de muuuuchos kilómetros en blanco, y no es que no los recuerde, lo siento la tenía que hacer, llégamos a un oasis o isla. Aquí quiero hacer un pequeño paréntesis, pues cuando el guía nos dijo donde íbamos, nos dijo que se llamaba la Isla del Pescado (Por su forma). Y a mí que me encanta dar vueltas a las cosas más tontas me dije: si le llama isla será que esto es como un mar. En cambio a mí eso me parecía mas bien un desierto y por lo tanto dentro de mi lógica se le debería haber llamado el Oasis del Pescado no? Además conceptualmente los dos nombres acaban dando connotaciones bien distintas no? Un oasis sería la salvación en medio del desierto mientras que una isla ya no tiene tanto la connotación de salvación sino que se le da más bien la de soledad… Después de pasar unos minutos en los mundos de Charly, alguién me rescató y subimos hasta arriba de este montículo lleno de cáctus enooormes y milenarios. Algunos medían más de diez metros y calculad que crecen a un ritmo de un centímetro por año…

 

Como véis, íbamos bien acompañados 😉
Si es que nos cuidamos 😉
Uy, ¡Que grande!;)
Embobados con las vistas

 

Luego vino el momento obligado de sobrecalentar las cámaras y empezar a hacer el burro aprovechando el magnífico marco con él que contábamos. Ahí van:

En este viaje he perfeccionado la concentración en mis meditaciones

 

Guillem se desplaza más rápido si lo hace por el horizonte
Cez viniendo de muuuy lejos al más puro estilo Baywatch
¡Ah! Y en estos días felices para los culés,¡Hay que sacar pecho!
El día se despidió con un precioso atardecer

Por la noche para celebrar este único día que tuvimos la suerte de vivir fuimos a tomar unas copas. Y cuando pensábamos que nos habían salido unas fotos muy resultonas… Nos hundimos en la miseria al ver que en las paredes de ese bar la gente había demostrado ser mucho más original.

Algunos muy currados
Y otros un poco desagradables
Al final de la noche Guillem se arrancó tras petición del dueño y acabó tocando en frente de todo el bar, era su segunda actución del viaje. De momento aún no hemos conseguido que le paguen…
¡FELIZ NAVIDAD!

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