Sentirse como en casa

Una de las cosas que más se repiten durante una vuelta al mundo, es la estancia cada noche en un sitio distinto. Es uno de los placeres del viaje, no saber donde vas a dormir la siguiente noche. Encontrar un buen lugar en cada parada es clave, porque un lugar no se recuerda solo por sus intereses turísticos sino también por lo vivido en ese sitio, y en ese aspecto, el lugar donde se duerme tiene mucho que ver.

Cuando buscas alojamiento en un largo viaje, no solo buscas una cama decente. Buscas un espacio que será tu casa los próximos días. Es decir, un sitio en el que puedas sentirte como en casa, dentro de los límites, claro. Un sitio donde no te hagan sentir un mero pasante sino que la gente que te aloja, te de la sensación de que te deja una parte de su espacio para ti. Y eso no siempre es así.

En nueve meses y medio, hemos visto de todos. A los tres nos quedaran en la memoria sitios en los que nos han tratado de maravilla, en los que no nos hemos sentido turistas sino casi como amigos que comparten un espacio. Consejos, charlas, compartir momentos ya sea una comida o una pepelículavamos, toda esa clase de cosas que uno hace en un casa. Y dar facilidades: que si dejar las mochilas, que si llegar más tarde de la hora, que si acompañarnos o guiarnos a un sitio… Pequeños detalles que son muy importantes… Luego hemos estado en sitios que serian los de «paso», que sin ser malos sitios, no nos dejan niningúnecuerdo en especial. Son sitios donde hemos pernoctado y nada más. Puede que en estos sitios, nosotros tatambién estuviésemos de paso.

Pero me dejo para lo último los que a mi personalmente son los que me dan más rabia. Esos hostales donde parece que les hagas un favor por quedarte. Donde todo son problemas y tienes que ir pidiendo permiso para todo. Eso si que no lo soporto. Y creedme, hay muchos de estos. Son de esas cosas que uno no entiende. A veces, no queda más remedio que quedarse en uno de esos, ya sea por facilidad, por que no hay más sitio o por precio, pero ya os popodéismaginar lo mal que uno se siente allí. Pero vamos, de todo se aprende, y gracias a estos sitios, si nunca tengo que abrir un hostel para mochileros ya sé lo que tengo y lo que no tengo que hacer…

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