Aventuras y desventuras en Sucre

 

Nuestra llegada a Sucre fue escrupulosamente calculada y planeada con un único fin. Ver el partido del año, Barça-Madrid. Ello implicaba muchas cosas: asegurarnos de tener un hostal con TV por cable, irnos antes de lo previsto de Potosí, y recoger con más prisas de las ya habituales.

 

Pero el fin justificaba los medios. Y aunque el bus se quedó sin gasolina entrando en Sucre, nos espabilamos para estar delante la tele, en el hostal escogido, con 8 cervezas en la mesa y 4 bolsas de las mejores patatas caseras, media hora antes del inicio del partido. Nosotros estábamos más que impacientes. Pero el destino nos tenía preparada una «sopresa». Ya cuando había llegado la hora señalada, una voz grave y muy muy seria anuncia: «A continuación: Perfiles. Gabriella Sabatini». De repente, ya no corría ni el aire.
Primero nos miramos extrañados, pero a medida que kim sacaba humo al mando pasando por todos los canales de deportes, la incredulidad fue dando paso a la rabia…. pero no a la resignación.
Y yo que me considero futbolera, del Barça, no creía que realmente hablaban en serio cuando nos recorrimos todos los Internets de Sucre, intentando ver la rentransmisión. Nosotros lo intentamos.

Al día siguiente, con el ánimo más o menos recuperado, nos dirigimos a uno de los mercados más populares, Tarabuco, a una hora de Sucre. Después de desayunar en las típicas paraditas, y no algo precisamente ligerito, empezó la actividad frenética. Charles a capturar con su cámara cual metralleta cualquer gesto y mirada de la gente autóctona, que de no ser por su super zoom, no se habría dejado fotografiar. Guillem a buscar y rebuscar regalitos, medio escondiéndose, para el cumple de kim que ya se acercaba. Y Kim, que no se daba cuenta de nada, porque estaba ocupado refinando sus dotes de regateo comprando regalos a su familia. Por suerte, también nos acompañaban Verónica, de Argentina, y Solimar, de Colombia.

Representa como el indígena acaba con el soldado español… no muy agradable… pero estaba justo en medio de la plaza central

 

una de las enigmáticas miradas de las mujeres captada por la cámara de Charles

Guillem y Charles conspirando sobre el regalo para kim. Unos mangos??

las mujeres acarrean a sus niños envueltos en capas y capas de mantas. a veces casi ni se les puede ver….

Ya de vuelta en Sucre, y durante dos días pudimos disfrutar de las mil iglesias, las casitas blancas, las callejuelas y los mercados de Sucre, que nos sorprendieron aunque por algo es considerada por muchos la ciudad más bonita de Bolivia.

Con nuestras amigas Vero (me muero del amorrrr!) y Soli. Os echamos de menos!!!

Y no sólo visitamos Sucre, sino que la vivimos. Kim y Guillem fueron al cine a ver Wall-E (buenísima) mientras que Charles y yo visitábamos el Convento de San Felip Neri que todavía está habitado por espíritus. Y parte de vivir la ciudad, pasaba por comprar en el mercado a ritmo de «papasito» y «mamasita» como nos solían llamar, y como no, también comer allí.

 

la guía nos explicó que desde esta torre se puede escuchar a los espíritus de los antiguas monjas…

¿Charles rezando o en posición de sumo?

Y ese almuerzo en el comedor municipal que duró sólo unos 15 minutos, cambió el transcurso de los siguientes días. Cada uno nos paseamos por las diferentes señoras con sus mil ollas (mas o menos higiénicas), que ofrecían sus platos del día.. mondongos de chancho, picante de pollo, milanesas, chicharrones.. Yo solo puedo decir que el pollo de kim, estaba bañado por la salsa más roja que he visto en mi vida. Y esa noche sufrió las consecuencias. Al día siguiente, teníamos contratado un trekking de dos días, en la Cordillera de los Frailes, para visitar las comunidades Jalq’a y admirarnos con sus cráteres y paisajes.

 

El mondongo asesino (el potaje rojo de la derecha)

Kim, luchador, a pesar de no haber dormido en toda la noche, sacó fuerzas de no se donde y se decidió por intentarlo. Se supone que ibamos a ir en un bus o jeep hasta el camino inca que marcaba el inicio del recorrido. Pero ya no habían más sitios en el bus cuando llegamos, empezaba a llover, y veíamos como la gente se subía, más bien trepaba y se colocaban cual tetris, unos sobre otros, en unos camiones más adecuados al transporte de ganado que de personas. Y siguiendo lo de «allá donde fueres, haz lo que vieres…» trepamos al último camión que salía y nos encajamos como pudimos entre bolsas, personas, animales y comida..

 

mmmm, que agustito estamos aquí…..

No sabíamos si reir o llorar pero lo cierto es que no fue tan malo ni tan lento como habíamos pronosticado. Llegamos al lugar y empezamos a caminar, a sudar, a cansarnos… el pelotón lo encabezaba Guillem, Charles y Mirte (una chica holandesa que se apuntó con nosotros). Todavía quedaban más de 5 horas de caminata, algunas de subida, y a más de 4000m de altura. El estómago de kim no lo iba a resistir, asi que esperamos en la carretera, al estilo boliviano, hasta que pasase algo que pudiese llevarle de vuelta a la ciudad. Los demás seguimos caminando y caminando hasta llegar a un cráter donde se econtraba la comunidad donde ibamos a pasar la noche. Managua, un pueblecito perdido del mundo y del tiempo, sin electricidad, en el que cenamos, leímos, hablamos y dormimos a la luz de las velas. Una gozada. Al día siguiente, más comunidades, huellas de dinosuarios (soy fan de Jurassic Park) y paisajes con colores y formas alucinantes… todo bajo un sol radiante (raro, raro en Boliva en esta epoca de lluvias).

 

Kim, contemplando y recuperando energías antes de regresar (una retirada a tiempo es una victoria)
estas mujeres indígenas trabajan sin parar durante meses confeccionando verdaderas obras de arte con sus telares
Vista del atardecer desde nuestra cabaña en Managua
A la luz de la vela, Guillem arriesgando su vista para poder leer
madre & hija de una de las comunidades por las que pasamos…
pues tampoco es tan grande la huella del dinosuario,no?…
Charles y Guillem marcando el camino de la evolución del hombre….o involución?
Unicamente tuvimos un pequeño susto, cuando el guía nos dijo que nos habíamos cruzado con la mobilidad (transporte; sea minibus, camión…) que nos tenía que llevar de vuelta a Sucre. No se los demás, pero almenos mis piernas ya flaqueaban. Pero como en los cuentos de Disney, tuvimos un final feliz. Finalmente llegó la camioneta, y después de 3 horas durmiendo de vuelta.. premio! Copas y comida gratis por parte de la agencia y econtrarnos con Kim recuperado.

 

Retrato de familia, a lo Charlie’s Angels (Guillem tu haces de Lucy Liu,ok?):-)

 

Navidad en Isla del Sol

Tras la despedida de Kim en La Paz, decidimos irnos a pasar unas Navidades diferentes a la Isla del Sol del Lago Titicaca. No se admiten bromas malas…
Para todos era la primera vez que pasábamos las Navidades sin los nuestros y decidimos pasarlas juntos en algún lugar perdido pero como si fueramos una gran familia. De esta familia formábamos parte Ceci, Guillem, Martin y Cristina (una pareja de recién casados en plena luna de miel de 6 meses por sudamérica, él alemán y ella Moldava), Jordi e Eva ( Una pareja de catalanes con la que estamos viajando por Bolivia) y Stefano ( Un italiano que conocimos en la ciudad de Sucre). Además tenía que apuntarse Vero, una argentina que nos persigue por Bolivia ;).
 
 
El camin Inca
 
 
Posando junto a Martin y Cristina
El lugar escogido, Isla del Sol, fue sencillamente idílico. Esta Isla nos fascinó desde el primer momento.
 
 
Formentera en versión mini para lagos
 
No sé si es debido a su altura o a su inmensa extensión o a no sé qué pero el caso es que desde el primer díanos deleitó con unos colores y unos cielos que nos cautivaron durante varios momentos del día.
 
 
Cez conversando con un colega brujo…
Además Isla del Sol alberga una de las ruinas pre-Incas más extensas de Bolivia por las cuales nos paseamos un día en que nos cruzamos toda la isla de Norte a Sur.
 
 
La verdad es que caminamos bastante
 
 
Puerta del Laberinto Inca
 
 
Antiguas Paredes
 
 
Cada cinco pasos había que sacar la cámara para inmortalizar una nueva perspectiva del Lago.
 
 
La isla está llena de huertos de habas.
 
Las nubes que nos negaron la posibilidad de contemplar las puestas de sol nos regalaron a cambio imágenes que harían soñar a Alfred R. Picó y a Tomàs Molina…
 
 
Guillem delante de Cúmulus Nosabemus
 
 
En el lago se dibujaban unos extraños caminos
 
 
¡Qué cielos!
 
 
¡Otros!
 
 
La de fotos que tiré…
 
 
¡A mí no me eches pesao!
 
 
Antes del atardecer
 
 
 
el lago se volvió plateado
 
 
 
 
En ninguna de las tres fotos hay efectos de color, solo lo que veíamos
 
La cena. A los 9 que ya éramos, se nos unieron la noche anterior Marco y Sophie (una pareja de franceses que empezaba a dar exactamente la misma vuelta al mundo que nosotros pero en sentido inverso) y con ellos descubrimos el que iba a ser el local perfecto para pasar la Nochebuena.
 
 
Guillem, Jordi, Eva y Sophie haciendo una hoguerita
 
Un íntimo restaurante con vistas al lago e iluminado únicamente con velas.
 
 
¡Que cuco!
Cez estaba emocionada con la romántico del lugar. Al final se nos unieron un grupo de 6 y otro de 3 para acabar formando una enorme comunidad sentada alrededor de la misma mesa. Supongo que todos teníamos en común que echábamos de menos estar con los nuestros y el estar todos juntos nos permitió acabar la noche con un dulce sabor de boca ( y no precisamente por los horribles mojitos que engendré por comprar refresco y ron baratos)) por lo que había resultado ser una más que agradable forma de pasar la Nochebuena. Lo peor a parte de mis mojitos fue el ilusionante cochinillo que habíamos pedido el día anterior y que acabó saliendo un poco rana ya que nos lo sirvieron frito y en pocas cantidades. Esto nos pasa por pedir cochinillo en un restaurante vegetariano…
 
 
Como siempre Guillem acabó amenizando la noche, pero le faltaron los villancicos
 
Feliz año Nuevo a todos!!!

           
                 

Willyfog en la Cima!!!!

Con Guillem lo habíamos hablado de intentarlo antes de que se fuera pero nuestras respectivas indisposiciones hicieron imposible que lo llevaramos a cabo. El caso es que a mí me siguió rondando por la cabeza hasta que me convencí de que me arrepentiría si no lo probaba. Así es como el día 29 emprendí la aventura de dos días de intentar subir al Huayna Potosí, una montaña de 6088 metros, al acance de principantes en invierno pero no tanto en verano (sí, lo he dicho bien pues aquí es en verano, la época de lluvias cuando nieva en las montañas)…

 

 

 

Las primeras horas

 

El primer día de aclimatación consistía en llegar en coche hasta la base y subir con el equipo durante 3 horas por una zona muy rocosa hasta el refugio situado a 5130 metros. A partir de ahí recibimos las pertinentes instrucciones de los dos guías y a las 18h de la tarde todo el mundo para la cama que había que madrugar a las 00:00… Que frío que pasé esa tarde, al no haber árboles a tanta altura tampoco había estufa para calentar el refugio, y mucho no dormí pues a veces me levantaba sofocándome, supongo que durmiendo a veces dejaba de respirar y luego recuperar el aliento a más de 5000 cuesta lo suyo…

 

Camino al refugio
El refugio

 

Por la noche ya antes de partir, sufrimos la primera baja, la única chica del grupo se pasó la noche vomitando por culpa de la altrura, abandonaba. Quedábamos 4, Martin y Gary (dos inglese) y Vivian (australiano). Los 3 eran amigos y ya llevaban en el viaje un 6500 en sus piernas… Además cuando nos íbamos preparando, flipaba con la ropa de montaña que tenían, dos de ellos iban enteramente equipados NorthFace y el otro combinaba Columbia y Merrell… No sería precisamente lo mismo que mis bambas cutres compradas en NZ tras el robo y mi chaqueta NorthFace de imitación en China… Suerte que la agencia también nos proporcionaba equipo.

 

El equipo antes de partir

 

A partir de aquí todo se redujo a caminar, a caminar muy lentamente en la oscuridad, para no cansarse, seguir uno tras otro, los pasos del de adelante, intentar distraerse para no emparanoiarse con que te empieza a faltar la respiración, parar muy muy poco rato para no enfriarse.

 

En fila

 

Esto duró 4 horas. Íbamos en grupos de 2 cadenas de seguridad en caso de que alguno resbalara. El caso es que el australiano que llevaba detrás iba muy apurado desde hacía ya una hora. Al hombre se le veía jodido pero a pesar de ello aguantaba como un jabato. El problema fue que a partir de ahí la pendiente recrudeció, el chico lo sufrió y en muchos momentos, al estar yo delante de él, lo iba tirando con la cuerda. El guía ya me había comentado que no íbamos a buen ritmo pues como llevaba nevando toda la noche había que hacer cima justo al amanecer pues había que bajar antes de que el sol aumentara los riesgos de avalanchas. A esas el australiano pidió ir más lento y entonces el guía nos reunió todos para hablar.

 

Tramo duro

 

Básicamente me hablaba a mí pues me tocaba hacer de traductor… El guía habló claro y dijo que a ese ritmo era muy poco probable llegar arriba, que aparte veía a gente muy tocada que ya por fuerzas no subiría y que eso podía perjudicar a los que a lo mejor sí que estaban en condiciones de intentarlo. En este punto los dos chicos ingles que venían atrás ya desistieron pues venían muy tocados e dijeron que ellos irían a su ritmo hasta que el guía les hiciera volver. En cambio el australiano me dijo que el intentaba sacar fuerzas de donde fuera y que iría más rápido. Así que nos pusimos en marcha pero al cabo de 2 minutos el australinao renunciaba y se unía a los ingleses.

En ese punto conversamos con el guía, me pidió ir más rápido y como hasta el momento por alguna extraña razón que no me explico ni las piernas me habían fallado ni notaba la falta de aire le dije que adelante. Y así seguimos a buen ritmo hasta llegar al útimo tramo.

Ahí fue cuando empecé a verlo crudo. El camino estaba lleno de grietas enormes que se veían pero debido a la caída de nieve había muchas que habían quedado escondidas.

 

 

Pedazo de grieta
Otra…
Esquivando grietas
El guía descubriendo grietas

 

El guía iba caminando clavando siempre primero el piolet antes de dar un paso y asegurando igualmente cada paso. Igualmente me dió la impresión de verlo un poco descolocado y le dije que si no lo veía claro yo tampoco estaba dispuesto a arriesgar la vida solo por llegar a la cima. Así que el hombre me mira y me dice: «Mira, el camino normal está peligroso pues aunque me conozco las grietas y sé más o menos por donde están avanzaríamos demasiado lentamente y aún así seguiría siendo peligroso… Pero, hay otro camino más rápido…» Y me señala la pared de 250 metros de altura y 60 grados de inclinación que teníamos delante (-¿¿¿Por aquí???) diciéndome: «Hoy que ha nevado y la pared no es de hielo, la puedes subir.» Hasta ahí las fuerzas me habían respetado pero a partir de ese momento no hubiese podido imaginar lo mal que lo iba a pasar. Es sin duda lo más duro que he hecho en mi vida a nivel físico, a un cuarto de la pared las piernas ya me temblaban, en muchos pasos la nieve se hundía a mis pies y me hacía retroceder. No veía nada claro ni llegar a los 6000 metros. A esas que le digo al guía cuando vamos por la mitad: «Las piernas ya no me responden, a los 6000 abandono»… Y el guía que me suelta: «Nadie me ha abandonado tan cerca del final, ¡tu hoy subes!»

 

¡En la Cima!
Guía: «Estamos en la cumbre, cambio y me la corto»
No se veía casi nada

 

Total que al final, poco a poco me fuí acercando y finalmente llegué arriba, a los 6088 metros del Huayna Potosí. Una vez arriba, la emoción me embargó, me puse a llorar mientras me abrazaba con el guía y pensaba en toda la gente con la que me hubiese gustado compartir ese gran momento en mi vida. Pues estaba muy pero que muy muy contento de mí mismo, hacía tiempo que a base de esfuerzo y fuerza de voluntad no conseguía rebentar mis límites y aquel día el chico urbanita con muy poca montaña en sus piernas, que había salido de Barcelona 10 meses antes, había realizado un pequeño sueño que se había forjado durante el viaje, había subido a más de 6000 metros bajo una nieve intensa y después de una semana sin que ningún otro turista hubiese subido hasta la cima.

 

 

Se pasaron muchas cosas por la cabeza a pesar de tener las ideas en frío (¡el gorro es marrón!)

 

Después de 4 fotos ( no más, ya que los -15 grados y el viento congelaron la lente de mi cámara…), más abrazos y para abajo durante 3 horas en un tramo que se me hizo durillo al tener las piernas hechas trizas.

 

Ya de bajada, eufórico

 

Solo me queda trasladaros lo que escribí en el libro de los que tuvimos la suerte de llegar arriba, que resume lo que sentí al lograr llegar:

Hace diez meses que empecé un sueño con dos amigos: dar la vuelta al mundo. Durante el viaje ellos me trasladaron su gusanillo por la montaña y hoy por mala suerte firmo solo este libro. ¡Gracias a los dos! Me hubiese encantado poder compartirlo con vosotros con quien he compartido estos útimos meses, compartirlo con mi familia, buscando así la aprobación que el niño que hay en mí todavía busca y compartirlo con el resto de amigos con los que siempre lo he compartido todo.

Y para acabar un video en lo alto del Potosí, no se oye gran cosa…

 

Si no puedes ver el video, pincha aqui.

 

7(2) horas…

Hay una canción de Bebe en la que se apresta a tomar un autobús que le acerca a su amado, este se demora 7 horas y le da tiempo a arreglar-se el maquillaje, comprobar la pilosidad de sus piernas y muchas otras cosas. A mi los días 25, 26 y 27 me hubiese dado tiempo a mucho más casi hasta una operación de cambio de sexo… me tiré no 7 sino 72 horas en un bus, bueno para ser exactos en un barquito y 4 buses.

El 25 por la mañana y sin ningún tipo de resaca por los inexistentes excesos de la noche buena… nos levantamos temprano, el día era lluvioso pero milagrosamente cuándo nos tocaba bajar hasta la orilla del lago (un paseo de media hora) escampó e incluso fue asomando el sol.
Así que después de despedirme con tristeza de Charles, Cez, Eva y Jordi (dos catalanes con quién compartimos la despedida de Kim y Navidad) me embarqué en un pequeño bote que en hora y media cubre con calma las pocas millas náuticas que separan la Isla del Sol del pueblecito de Copacabana eran eran las 10 de la mañana del día 25.
Por desgracia aunque tenga ese nombre tan de Rio de Janeiro este pueblo está a 3 horas de bus de La Paz así que cargado con mi mochila que se rompía por todas partes y mis dos bolsas de plástico me compré un par de empanadas y subí la cuesta hasta la plaza en la que varios autobuseros gritan a los 4 vientos su destinación, me subí a un bus hacia La Paz y 4 horas más tarde estaba en la estación de buses de la capital Boliviana.

4 Horas de espera que emplee conversando con un Colombiano y con el mundo en Internet y subí al bus que me llevaría a Santa Cruz, un pueblo en el centro de Bolivia, un trayecto de unas 16 horas en que por fin después de 3 semanas descendí de los 4000 hasta los escasos 500 metros, reencontrándome de golpe y porrazo en medio de la noche con la humedad del trópico.
Me deshice de todas las capas que pude y me volví a dormir pero en medio de la noche en medio de la selva el bus paró y no avanzaba más… Paciente intenté dormir pero pasaron las horas y el bus no se movía, cuándo salí a estirar las piernas el panorama era de batalla campal, una cola de buses y camiones sin fin y al inicio de todo una barricada con ruedas quemando, al parecer en la localidad que acabábamos de atravesar, la noche anterior (la de navidad) atropellaron un chico y la policía ni siquiera se presentó, el pueblo decidió actuar y durante 10 horas cortaron la carretera e incluso querían quemar uno de los buses de la compañía que había perpetrado el atropello. Ahora sí, la policía estaba allí, y al final se disolvió el asunto, así que intenté dormir de nuevo hasta casi mi llegada a Santa Cruz el 26 al mediodía.

Desde Santa Cruz tenía previsto agarrar el tren de la muerte que te lleva en unas 20 horas hasta Puerto Quijarro en la frontera entre Bolivia y Brasil pero estaba todo vendido, por un momento vislumbré la posibilidad de una ducha y una noche de reposo pero ya estaba lanzado y me anunciaron que un bus cubría la misma distancia… en 18 horas.
El bus era de los viejetes, de esos que crees que se van a descalabrar en cualquier momento y cuándo la carretera es TODA de tierra, y debes mantener las ventanas abiertas debido al sofocante calor acabas cubierto (literalmente) de polvo.
A las 7 de la mañana llegamos a la frontera, y después de un taxi, los trámites burocráticos de hacer un poco de autostop para cubrir los diez km de Tierra de nadie (muy rara esa frontera) llegué a la estación de bus de Curumbá. Compré el boleto a Sao Paulo y me tomé una cerveza la primera Brahma!

A las 12h me subía al bus con un aire condicionado muy deficiente que me tuvo sofocado hasta las 7 de la tarde en que el astro aflojó, mi compañera de asiento una joven Boliviana embarazada de 8 meses (yo pensé que tenía que hacer de comadrona!)… 23 horas de bus por delante y la única Boliviana que conocí que te da conversación justo cuándo lo que quería era dormir…
En fin… una noche más y a las 12 (hora local) del mediodía entrábamos en la estación de Barra Funda, sucio y cansado recogí mi equipaje y mientras andaba hacia la salida vi venir hacia mi mi hermano y mis padres a los que por fin después de más de nueve meses me abracé… Era el 28 de Diciembre… habían pasado 72 horas desde que salí de la Isla del sol!

Ahora esto ya no es más que un recuerdo y me apresto a celebrar un fin de año fuera de lo común para un Europeo, en una playa Brasileña después de haberme bañado en el mar todo el día y… os dejo que me traen una Caipirinha!

Besos y feliz año nueve!

 

 

 Al llegar con mi madre y mi hermano!

7(2) horas

Hay una canción de Bebe en la que se apresta a tomar un autobús que le acerca a su amado, este se demora 7 horas y le da tiempo a arreglar-se el maquillaje, comprobar la pilosidad de sus piernas y muchas otras cosas. A mi los días 25, 26 y 27 me hubiese dado tiempo a mucho más casi hasta una operación de cambio de sexo… me tiré no 7 sino 72 horas en un bus, bueno para ser exactos en un barquito y 4 buses.

El 25 por la mañana y sin ningún tipo de resaca por los inexistentes excesos de la noche buena… nos levantamos temprano, el día era lluvioso pero milagrosamente cuándo nos tocaba bajar hasta la orilla del lago (un paseo de media hora) escampó e incluso fue asomando el sol.
Así que después de despedirme con tristeza de Charles, Cez, Eva y Jordi (dos catalanes con quién compartimos la despedida de Kim y Navidad) me embarqué en un pequeño bote que en hora y media cubre con calma las pocas millas náuticas que separan la Isla del Sol del pueblecito de Copacabana eran eran las 10 de la mañana del día 25.
Por desgracia aunque tenga ese nombre tan de Rio de Janeiro este pueblo está a 3 horas de bus de La Paz así que cargado con mi mochila que se rompía por todas partes y mis dos bolsas de plástico me compré un par de empanadas y subí la cuesta hasta la plaza en la que varios autobuseros gritan a los 4 vientos su destinación, me subí a un bus hacia La Paz y 4 horas más tarde estaba en la estación de buses de la capital Boliviana.

4 Horas de espera que emplee conversando con un Colombiano y con el mundo en Internet y subí al bus que me llevaría a Santa Cruz, un pueblo en el centro de Bolivia, un trayecto de unas 16 horas en que por fin después de 3 semanas descendí de los 4000 hasta los escasos 500 metros, reencontrándome de golpe y porrazo en medio de la noche con la humedad del trópico.
Me deshice de todas las capas que pude y me volví a dormir pero en medio de la noche en medio de la selva el bus paró y no avanzaba más… Paciente intenté dormir pero pasaron las horas y el bus no se movía, cuándo salí a estirar las piernas el panorama era de batalla campal, una cola de buses y camiones sin fin y al inicio de todo una barricada con ruedas quemando, al parecer en la localidad que acabábamos de atravesar, la noche anterior (la de navidad) atropellaron un chico y la policía ni siquiera se presentó, el pueblo decidió actuar y durante 10 horas cortaron la carretera e incluso querían quemar uno de los buses de la compañía que había perpetrado el atropello. Ahora sí, la policía estaba allí, y al final se disolvió el asunto, así que intenté dormir de nuevo hasta casi mi llegada a Santa Cruz el 26 al mediodía.

Desde Santa Cruz tenía previsto agarrar el tren de la muerte que te lleva en unas 20 horas hasta Puerto Quijarro en la frontera entre Bolivia y Brasil pero estaba todo vendido, por un momento vislumbré la posibilidad de una ducha y una noche de reposo pero ya estaba lanzado y me anunciaron que un bus cubría la misma distancia… en 18 horas.
El bus era de los viejetes, de esos que crees que se van a descalabrar en cualquier momento y cuándo la carretera es TODA de tierra, y debes mantener las ventanas abiertas debido al sofocante calor acabas cubierto (literalmente) de polvo.
A las 7 de la mañana llegamos a la frontera, y después de un taxi, los trámites burocráticos de hacer un poco de autostop para cubrir los diez km de Tierra de nadie (muy rara esa frontera) llegué a la estación de bus de Curumbá. Compré el boleto a Sao Paulo y me tomé una cerveza la primera Brahma!

A las 12h me subía al bus con un aire condicionado muy deficiente que me tuvo sofocado hasta las 7 de la tarde en que el astro aflojó, mi compañera de asiento una joven Boliviana embarazada de 8 meses (yo pensé que tenía que hacer de comadrona!)… 23 horas de bus por delante y la única Boliviana que conocí que te da conversación justo cuándo lo que quería era dormir…
En fin… una noche más y a las 12 (hora local) del mediodía entrábamos en la estación de Barra Funda, sucio y cansado recogí mi equipaje y mientras andaba hacia la salida vi venir hacia mi mi hermano y mis padres a los que por fin después de más de nueve meses me abracé… Era el 28 de Diciembre… habían pasado 72 horas desde que salí de la Isla del sol!

Ahora esto ya no es más que un recuerdo y me apresto a celebrar un fin de año fuera de lo común para un Europeo, en una playa Brasileña después de haberme bañado en el mar todo el día y… os dejo que me traen una Caipirinha!

Besos y feliz año nueve!

I wish you were here

Algún día íbamos a separarnos, cada uno acababa el viaje de una forma diferente, pero no esperábamos que fuera tan pronto.

 

Cuando llevas 9 meses y medio viajando juntos, conviviendo las 24h del día ( y en oceanía en menos de 7 metros cuadrados), compartiendo momentos inborrables (que no son pocos), superando penas con abrazos, contando historias ya contadas pero por ello menos escuchadas, afrontando retos codo a codo, escogiendo las paredes que nos albergarán esa noche, contagiándonos el buen y el mal humor, disfrutando velada a velada, brindando con esa mirada que se sabe cómplice en la fecidad mútua,…, a la que esa persona faltaes como si anduvieras cojo. Falta una parte de ti en la que te apoyabas cada mañana al levantarte.

Me he fijado que también se nota en los silencios. Estos últimos días el silencio tiene una connotación especial. Si hasta la fecha podía ser un momento de descanso, ahora es un periodo de tiempo que tiene dueño i señor: Kim. Después de tanto tiempo sabes que en ese preciso instante en el que nadie ha hablado lo huera hecho él, le tocaba.

También de ha adueñado de algunos huecos que nos pasan por delante como los asientos libres de los buses, las sillas sin ocupar de las terrazas o la falta de clientes de una paradita de comida ;)…

Todo esto para explicar lo que sentimos desde nuestro egoismo más sincero: TE ECHAMOS DE MENOS KIM !!

PD: Por si fuera poco ahora se ha ido Guillem a ver a sus padres a Brasil y nos ha abandonado unos días…

PD2: Con todo esto no quiero decir que me lo esté pasando mal con Cez. He naotado que está haciendo esfuerzos para suplir la ausencia de los dos Willys: Me habla constantemente de guarradas, me da codazos o me hace miradas de alerta cunado pasa una chica con una buenas delantera (o trasera, aunque yo creo que ella es más bién de traseras)…

PD3: Todo esto además se junta con navidades…

 

¡¡¡Un abrazo a todos!!!

Volver

Buff, no sé por donde empezar. Hace días que tengo que escribir este post y llevo dándole vueltas y sigo sin saber como empezar. Mi viaje empezó hace nueve meses y medio con la frase “aquél que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día”. Efectivamente, he decidido partir y ya estoy en Barcelona.

Dos meses y medio antes de lo previsto y aprovechando las Navidades, he decidido volver a casa. En seguida os preguntaréis porqué. Vuelvo porqué siento que mi sitio está allí, con los míos, que me necesitan. Alguien muy importante y querido de mi familia está pasando por un momento de salud delicado. Tenía dos opciones: seguir el viaje y quedarme, siguiendo el tema desde la distancia, preguntándome cada día porque no he vuelto o hacer las maletas y estar allí, presente cuando alguien me necesita. Me he decidido por la segunda.

No me queda ningún tipo de remordimiento, al contrario. Tengo la serenidad propia del que sabe que está haciendo lo correcto. Después de casi diez meses de viaje, los dos meses y medio que me quedaban no iban a cambiar gran cosa. Me quedaba ver a mi hermana en el Salvador, la veré entonces en Barcelona y si Dios quiere, ya tendré tiempo de ir al Salvador. Lo que más me ha dolido, sin lugar a dudas, es abandonar a mis compañeros de ruta. Tanto tiempo compartiendo el día a día, tantos buenos momentos vividos juntos, tocar la felicidad con nuestras manos como quien agarra el pan, hace que la despedida sea dura. Los echo mucho de menos. Es lo que tiene hacer el viaje con las mejores personas del mundo.

Y ya que he terminado antes de tiempo, me he dado un pequeño placer. Solo avisé a mi hermana de mi vuelta y me he dedicado a presentarme por sorpresa a mi familia y amigos. Es muy divertido encontrarte cara a cara y ver las reacciones de alguien que te cree en otro continente, que no te espera. Amigos que no te reconocen por el cambio físico y familiares que se quedan si habla cuando te ven en el zaguán de la puerta. Un placer. Uno se siente tan querido.

Y ahora qué, me diréis. De momento pasar fiestas. Sin prisas, venir a lo que he venido. Aprovechar de mi familia, contar las mil historias y repartir toda esa felicidad que llevo en la mochila entre los que me rodean. Luego, dejar pasar unos días de aclimatación, ir a ver algunos amigos repartidos aquí y allá, y luego si, integrarse en la vida de cada día. Mientras llega ese día, me convertiré en un mix de espectador de Riete de Willy Fog y colaborador, colgando material antiguo, haciendo los primeros montajes de fotos… Lo que sea, que hay un montón de trabajo.

Solo que queda despedirme, dar las gracias a todo El Mundo, decir que la tierra está más llena de buenas personas que de malas y decirme a mi mismo que tengo suerte, mucha suerte.

Felices fiestas.

Loop Salta-Cafayate-Cachi-Salta y Humahuaca

En el noroeste Argentino está la bonita ciudad de Salta, Salta la Linda como la llaman, aunque la verdad la recorrimos poco porque lo que hicimos fue alquilar un Opel Corsa «de los grandes» (según palabras de Kim) y embutirnos a 6 para dar una vuelta muy interesante (a 6 sí… la pela és la pela y dos coches habrían doblado el presupuesto). Y éramos 6 porque de nuevo (por cuarta vez en esta vuelta al mundo) nos cruzamos con Mette una Danesa nacionalizada Británica y con su amiga Louise que se unieron a la vuelta!

De Salta fuimos a Cafayate y paseamos por la Quebrada del Cafayate por la que íbamos avanzando y parando a medida que descubríamos las curiosidades geológicas del lugar.
Primero uno se topa con «La garganta del Diablo» una gran falla excavada en la roca por el agua con la ayuda de los años. De lejos y con un poco de imaginación es verdad que uno puede llegar a ver el gaznate de Satanás y a la que te adentras por el camino caprichoso trazado por el agua parece que se te caigan las paredes encima, pierdes un poco la perspectiva y no sabes a dónde mirar.

 

 
Posando en la base de la garganta

 

La siguiente estación fue «el Anfiteatro» un corto cañón que recuerda al desfiladero de Petra conduce a una enorme apertura en forma semicircular que en efecto se asemeja a un anfiteatro pero de paredes colosales!

 

 
El desfiladero…

  

 
Kim y Cez diminutos…
 

Hacia el final del recorrido una de las formaciones rocosas se denomina el Castillo… os dejo que imaginéis las torres y las almenaras como si de Minas Tirith se tratara.

 

 
 El Castillo…

Pero de hecho lo espectacular en sí era la quebrada y disfrutar de sus imágenes. Kim condució con maestría al ser el único que conserva el carnet después de las visitas de los amantes de lo ajeno y entre paradas, fotos, cabezaditas y alguna que otra empanada en el medio de la nada llegamos a Cafayate.

 
Uno de los muchos paisajes de postal

 

 
Waira (viento en Quechua) el perro punk solo con cresta (a la derecha en la foto)

 

Cafayate es un pueblo tranquilo, con su Iglesia de estilo colonial, con sus parrilladas a 15 pesos (cantidades de carne descomunales con una jarra de vino de la casa por 3 Euros por cabeza!).

Al día siguiente la vuelta se hizo por los valles Cachalquíes:

 

 
Un lugar tranquilo para pasar las vacaciones…
 
 
 
Kim y los desolados parajes…

 
De camino a Cachi cruzamos la quebrada de las agujas, una especie de valle lunar con miles de rocas que salen disparadas cuál cohetes del suelo…

 
 
Los 6 posando con las agujas de fondo.
 
 
 
Como buenos colonos evangelizamos hasta en el desierto…

 
Después de visitar la pequeña población de Cachi dónde retomamos fuerzas y nos resguardamos del sofocante calor con una buena comida, cruzamos el valle de los cardones, una planície a más de 3000 m de altura con miles de cactus que forman un paisaje surrealista, aquí cada uno bajó del coche y se fué por su lado ensimismado…

 
 
 
La Iglesia de Cachi de estilo Cuzqueño
 
 
Van dos globos por el desierto y uno le dice al otro: -¡Cuidado con el Cactus! y el otro -¿Cuál Cactussssssssss? (jejeje)
 
 
 
Hay que andarse con cuidadiiiiiiiiiinnnnnnnnnnn!

 
El último tramo  es ya de bajada otra vez por la denominada cuesta del obispo, tuve que hacerla (al final cambiamos de conductor a ver quién nos para en medio de estos pagos…) sin apretar una sola vez el accelerador porque estábamos sin gasolina y no disfrutamos como se merece de sus paisajes para no ir parando y arrancando cada vez…

 
 
¿Precioso no es cierto?
 
 

De vuelta a Salta pasamos una noche tranquilos en el hostal y al día siguiente pusimos rumbo a Jujuy, cerca de Jujuy (no confundir con Yuhuuuuy señora Puigmal) visitamos la quebrada de Humahuaca o lo que también se conoce cómo el valle de los 7 colores, la verdad es que no se si en las postales hay fotoshop pero aunque es bastante espectacular no nos resultó tan increïble cómo parecía en dichas postales.
 

 
 
Azul, morado, rojo, rosa, verde… quién da más?
 
 
Cuidadinnnnnnnnnnnn (2ª parte…)
 

 
Nuestra última noche en Argentina fue en Tilcara y desde el hostal escuchamos un concierto, nos acercamos y sin saber muy bién cómo el amo del hostal, que también golfeaba en el bar nos convenció para que nosotros también formáramos parte del espéctaculo… ¿Nuestro repertorio?: Una de Sabina, una de Bob y una de Agua Bendita… triunfamos!

 
 

   

 
Con micro y todo!
 

   

Uy,uy,uy,uy, UYUNI!

Buuuuf. Lo veníamos esperando, llevaba mucha publicidad encima, así que redoblaban los tambores a la que íbamos acercándonos al tan anhelado Salar de Uyuni. Su fama nos perseguía desde los principios del viaje, pues en China, nada más empezar nuestra vuelta al mundo, Diego, un argentino, ya nos hablaba de las maravillas de Bolivia y en particular del Salar.

Empezamos el día en la zona de «trabajo» del Salar donde los trabajadores apilonan la sal en montículos para que luego sea recogida para su posterior tratamiento. El resultado es que aparece el agua retenida debajo y el agua se transforma en espejo.

 

Empezaba el espectáculo

Después empezamos a recorrer kilómetros y kilómetros por este infinito desierto de sal de 10500 km2 de extensión. Es muy difícil de imaginar un lugar en el que aunque gires 360 grados lo único que seas capaz de ver sea una capa blanca perfectamente horizontal y NADA más.

 

El Infinito

Y en muchos lugares, si ya nos costaba cerrar la boca del asombro que llevábamos encima al contemplar el blanco horizonte, el firme que pisábamos se vestía de gala con sus mejores azulejos hexagonales.

 

Se ve que es debido a la propia estructura hexagonal del cristal de sal…

Más tarde después de muuuuchos kilómetros en blanco, y no es que no los recuerde, lo siento la tenía que hacer, llégamos a un oasis o isla. Aquí quiero hacer un pequeño paréntesis, pues cuando el guía nos dijo donde íbamos, nos dijo que se llamaba la Isla del Pescado (Por su forma). Y a mí que me encanta dar vueltas a las cosas más tontas me dije: si le llama isla será que esto es como un mar. En cambio a mí eso me parecía mas bien un desierto y por lo tanto dentro de mi lógica se le debería haber llamado el Oasis del Pescado no? Además conceptualmente los dos nombres acaban dando connotaciones bien distintas no? Un oasis sería la salvación en medio del desierto mientras que una isla ya no tiene tanto la connotación de salvación sino que se le da más bien la de soledad… Después de pasar unos minutos en los mundos de Charly, alguién me rescató y subimos hasta arriba de este montículo lleno de cáctus enooormes y milenarios. Algunos medían más de diez metros y calculad que crecen a un ritmo de un centímetro por año…

 

Como véis, íbamos bien acompañados 😉
Si es que nos cuidamos 😉
Uy, ¡Que grande!;)
Embobados con las vistas

 

Luego vino el momento obligado de sobrecalentar las cámaras y empezar a hacer el burro aprovechando el magnífico marco con él que contábamos. Ahí van:

En este viaje he perfeccionado la concentración en mis meditaciones

 

Guillem se desplaza más rápido si lo hace por el horizonte
Cez viniendo de muuuy lejos al más puro estilo Baywatch
¡Ah! Y en estos días felices para los culés,¡Hay que sacar pecho!
El día se despidió con un precioso atardecer

Por la noche para celebrar este único día que tuvimos la suerte de vivir fuimos a tomar unas copas. Y cuando pensábamos que nos habían salido unas fotos muy resultonas… Nos hundimos en la miseria al ver que en las paredes de ese bar la gente había demostrado ser mucho más original.

Algunos muy currados
Y otros un poco desagradables
Al final de la noche Guillem se arrancó tras petición del dueño y acabó tocando en frente de todo el bar, era su segunda actución del viaje. De momento aún no hemos conseguido que le paguen…
¡FELIZ NAVIDAD!

Sentirse como en casa

Una de las cosas que más se repiten durante una vuelta al mundo, es la estancia cada noche en un sitio distinto. Es uno de los placeres del viaje, no saber donde vas a dormir la siguiente noche. Encontrar un buen lugar en cada parada es clave, porque un lugar no se recuerda solo por sus intereses turísticos sino también por lo vivido en ese sitio, y en ese aspecto, el lugar donde se duerme tiene mucho que ver.

Cuando buscas alojamiento en un largo viaje, no solo buscas una cama decente. Buscas un espacio que será tu casa los próximos días. Es decir, un sitio en el que puedas sentirte como en casa, dentro de los límites, claro. Un sitio donde no te hagan sentir un mero pasante sino que la gente que te aloja, te de la sensación de que te deja una parte de su espacio para ti. Y eso no siempre es así.

En nueve meses y medio, hemos visto de todos. A los tres nos quedaran en la memoria sitios en los que nos han tratado de maravilla, en los que no nos hemos sentido turistas sino casi como amigos que comparten un espacio. Consejos, charlas, compartir momentos ya sea una comida o una pepelículavamos, toda esa clase de cosas que uno hace en un casa. Y dar facilidades: que si dejar las mochilas, que si llegar más tarde de la hora, que si acompañarnos o guiarnos a un sitio… Pequeños detalles que son muy importantes… Luego hemos estado en sitios que serian los de «paso», que sin ser malos sitios, no nos dejan niningúnecuerdo en especial. Son sitios donde hemos pernoctado y nada más. Puede que en estos sitios, nosotros tatambién estuviésemos de paso.

Pero me dejo para lo último los que a mi personalmente son los que me dan más rabia. Esos hostales donde parece que les hagas un favor por quedarte. Donde todo son problemas y tienes que ir pidiendo permiso para todo. Eso si que no lo soporto. Y creedme, hay muchos de estos. Son de esas cosas que uno no entiende. A veces, no queda más remedio que quedarse en uno de esos, ya sea por facilidad, por que no hay más sitio o por precio, pero ya os popodéismaginar lo mal que uno se siente allí. Pero vamos, de todo se aprende, y gracias a estos sitios, si nunca tengo que abrir un hostel para mochileros ya sé lo que tengo y lo que no tengo que hacer…