No queremos Coca-Cola…

Cuando volví de Estonia recibí miles de solicitudes de nuestros seguidores para que continuáramos escribiendo desde Barcelona. La idea original de este blog era escribir cuando estuviéramos durante un rato largo bien lejos de nuestra ciudad, pero he pensado que ni tanto ni tan calvo. Porque a pocos les debe interesar mi rutina diaria por aquí pero igual sí que puede ser curioso saber, por ejemplo, que se puede hacer en Bilbao durante cinco días.

Cañas y luz del sol no es incompatible.

Y es que la semana pasada fuimos a visitar a nuestra exiliada amiga Zaider, antes conocida como Zaida, y a su querido Galder, antes conocido como niidealoconozcohacepoco. Lo que sucedió los días entre semana no tiene mucho interés para el público general: trabajo, turismo, Geordie’s Shore… así que pasaré a relatar mis impresiones sobre la capital de Euskadi, perdón, del Planeta Tierra, durante el fin de semana, también llamado ahora entre la gente cool y fashion simplemente «weekend».

En Baaaarrenkale, tu cabeza va a estallar…

La fama de los bilbaínos es que, además de brutos, son bastante cerrados a la hora de entablar relaciones con personas desconocidas. Más sorprendido me hallé cuándo paseando por el Casco Viejo los inacabables bares estaban vacíos. Vacíos, porque todo el mundo estaba departiendo en la calle bebida en mano. Esto en Barcelona no se puede hacer, primero porque si viene un policía el riesgo de multa es bastante elevado para ti y todavía más para el bar en cuestión, y segundo porque preferimos estar sentaditos en nuestra mesa que de pie uno se cansa.

Mirando las olas.

Esta sociabilidad exterior vasca me hizo intuir que lo de las relaciones interpersonales difíciles era más mito que otra cosa. No tardé mucho (dos o tres cañas) en comprobar yo mismo mediante que efectivamente era incierto. En el primer bar musical al que entramos hablé con el 40% del local (que casualmente coincidía con el 100% de las mujeres) y en su inmensa mayoría fueron simpáticas conmigo, nada de miradas sobre el hombro ni caras de superioridad como en otros lugares que yo me sé.

Mirando las surfers.

El conflicto vasco sin embargo existe, y no hablar de él aquí sería demagógico. Tranquilos que no pienso hablar de política, sino de que si bien la confraternalización es sin duda muy sencilla, el intentar ir un paso más allá se hace, digamoslo suavemente, imposible. Las excusas para ello son para todos los gustos, «el de aquí al lado es mi novio», «perdona es que solo me he bebido quince kalimotxos» o «lo siento mi requisito es que seas aizkolari«. La verdad no tengo ni idea como se reproduce esta especie, pero como lo dicen educadamente tampoco me preocupa en exceso.

Su verdadera pasión.

Pero como decía al principio, la visita a Bilbao no defraudará a nadie que le guste sentir una ciudad con mucha vida, no solo nocturna sino también diurna, que a las doce del mediodía no hay ningún jubilado viendo Saber Vivir, todos están con su vinito comentando la última táctica de Bielsa. Eso sí, si vais, tendrá que gustaros la cerveza, el vino, el gin tonic, el whisky o la sidra, porque en todo el fin de semana conté durante los dos cientos bares en los que estuvimos, un té y un agua (eran míos en momentos de bajón). Y es que son como los seguidores de Maradona, que no quieren Coca Cola…

 

3 opiniones en “No queremos Coca-Cola…”

  1. Creo que has de ir pensando en juntar todas tus aventuras en un libro y regalárselo a tus amistades. Lo podemos enviar como regalo de Navidad en la agencia, con dedicatoria del autor.

  2. Hombre a mis amigos igual les haría gracia, a los clientes de la Agencia no lo veo tan claro… Pero se agradece el amor de padre.

  3. Me sigue sorprendiendo tu excelente «contar» Ignacio.
    Conocí a un vasco de Bilbao, y mientras describías ciertas características de ellos, no podía de dejar de decirme: Claro, es cierto!

    No dejes de escribir tus excusriones y/o impresiones.

    Besos!

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