
Estando en Santiago, nos dio la sensación de estar en un capítulo de «Cuéntame», calles abarrotadas con quioscos en las calles, vendedores ambulantes de «mote con huesillos», algún bar lleno de puro hombre a excepción de las camareras de falda demasiado corta, chaquetas de pana con coderas, plazas con un actor monologando, mercados a rebosar, coches antiguos, fuerte presencia policial de los «Pacos»…


Callejeamos el primer día, por el centro, plaza de armas y la Moneda, intentando sentir las vibraciones de un 11 de Septiembre no tan lejano, comimos unas ricas empanadas de «pino» o de queso en el mercado central y nos arrepentimos paseando por el mercado de pescado de haber llenado tanto el buche y no poder disfrutar del kilo de almejas a un Euro y el Kilo de Merluza a 3 Euros.


Visitamos el museo de arte moderno y llegamos hasta la Chascona, la antigua casa de Pablo Neruda aunque la reforma llevada a cabo por el ayuntamiento en el exterior me pareció de un mal gusto mayúsculo, nos relajamos en el barrio de Bellavista (parecido al Born Barcelonès), cambiamos el museo de arte precolombino por horas perdidas en la perdición de la Piojera (similar a la Champañería) después de 3 Terremotos (vino blanco con helado de limón) solo nos quedó dormitar en el tren hasta casa de Jean Pierre para disfrutar de su curanto.
El colorido barrio de Bellavista

La Piojera te hará temblar con sus Terremotos!
Al día siguiente comimos «machas» al ajillo en el mercado central, salimos en la animada noche de Bellavista y «perreamos» en una discoteca después de dejar que un Chileno nos diera lecciones de piropeo con Cecilia.
Como casi siempre, nos quedamos cortos con Santiago esperamos volver y descubrir nuevos rincones que nos maravillen.





