Valdivia

Antes de un pequeño salto a Argentina para ir a bariloche, pasamos unos días muy agradables en Valdivia. Una ciudad universitaria del centro de Chile y que antes de la construcción del canal de Panamá fue el puerto más importante del pacífico en latinoamérica (bueno, no exactamente Valdivia pero si el pueblo de al lado llamado Corral).

 

Alrededores de Valdivia

Veníamos de Pucón donde habíamos respirado mucha naturaleza y necesitábamos un poquito de vida urbana y de noche urbana ;). Así que Valdivia nos ha ofrecido lo que íbamos buscando, un poco de fiesta, buena comida y un lugar agradable en el que pasear.

Fortificación en Corral

Sin duda lo más espectacular de Valdivia es la feria fluvial, el mercado de pescado vamos. Es un mercado en el que todo el género está fresquíssimo, vamos que todo está vivo, lo que no te esperas es la cantidad de fauna que se pasea por el mercado y su proximidad…

Pelea de pelícanos por unos restos

 

 Ya nos habían avisado de que había una colonia de leones marinos que vivía al lado del mercado y que se alimentaba de los restos de éste. 

¡Que arte!

 

La sorpresa llega cuando vees que uno de los leones se pasea tan pancho entre las paraditas, de repente se cuela detrás de una y se le zampa una caja entera de merluzas ( 5 0 6 merluzas de 2 -3 kilos).

 

Menudo atracón!

Se ve que se lo permiten porque el pobre es ciego… Como mínimo lo que es verdad es que se puso ciego del atracón que se dió…

La cola de espera

 

Además pelícanos, gaviotas y otras aves están muy al tanto de las sobras que rescatan entre los leones…

Avistando la próxima etapa

Otro día también fuimos a visitar unos antiguos fuertes españoles en los alrededores de Corral y disfrutamos de unas vistas bastante privilegiadas.

Paseo por una zona de pueblos pesqueros
Los lunes al sol, duríssimos 😉

Al anterior fuimos a hacer una cata de cervezas en una fábrica de una empresa alemana (Kunstmann) que lleva años instalada.

Primero una cata…
y luego un vasito 😉 de la que más nos gustó

 Mención especial a la Torobayo sin filtrar y la curiosa cerveza de miel.

No lo pudimos evitar…

Como véis la vuelta al mundo sigue siendo muy sufrida… ;). Hasta pronto! 

Un mes ya

Pues si, como pasa el tiempo. Un mes en Sudamerica. De momento, solo Chile y unos días en Argentina. Suficientes para confirmar aquello que me esperaba. Me encanta este lugar, este continente. Tanto tiempo soñando en descubrir América Latina, y tras estos días, sigo alucinado con todo lo que he visto. Cada continente tiene su cosa y en una vuelta al mundo ves muchos sitios distintos, pero aquí me siento bien. Estoy de viaje cada dia pero me siento como en casa muy a menudo.

 

Toda la gente que nos hemos cruzado hasta ahora han dejado un grato recuerdo dentro de mi. El recibimiento en Santiago de Jean Pierre, la descubierta de Valpo con Pablo, sentirse como en casa en Bariloche con Martín y José o saberse que casi en el final del mundo, en Puerto Natales, una amistad de un día en un autobus en Camboya, te está esperando. De Asia por ejemplo, heché de menos poder hablar con la gente. Aquí me han contado de todo. En los mercados, en la calle, en los transportes, en los hostales, en los bares. Aquí si tienes ganas, solo hay que echarse una sonrisa en la cara y preguntar. El resto viene solo.

 

De Sudamerica tambien me quedo con lo visto. Paisajes increibles, volcanes, parques, montañas, esa cordillera que cruza todo el continente. Un espectáculo para los ojos y para el corazón. Pocas veces me ha impresionado tanto una vista como la de Cerro Campanario en Bariloche. Imaginad estar a los pies de lagos, bosques, altas montañas, fiordos y prados, todo eso bajo la luz del sol más brillante y preciosa que os podáis imaginar. Mis ojos iban locos.

 

Pensaréis que soy cursi, que me paso con el azúcar pero yo os diré que creo que me quedo corto. Que me encantaría transmitir más de lo que transmito, para todos aquellos que nos seguís y que estáis a nuestro lado. Cada vez más, siento que mi mochila pesa cada día un poco más. Miro y veo que tengo la misma ropa. No lo entiendo. Luego pienso y ya sé porqué. Cada día os llevo dentro de ella.

 

Y en lugar de que el peso frene la marcha, me hace andar mejor.

 

Un abrazo.

 

PD: este post está escrito sin el paseo de cuatro días en Torres del Paine, que empezamos mañana. Por aquí me han contado que es de las cosas más bonitas del mundo. Imaginad. Alucino.