Pensamientos desde Australia

Hace unos días que tengo ganas de escribir y aprovechando que ahora mismo nos queda una tarde tonta por Cairns, me pongo a ello.

Acabamos de devolver la furgoneta. En veinte días, hemos vivido, comido, dormido, bebido en unos escasos metros cuadrados, pero me llevo un gran recuerdo de este tipo de viajes. Con caravana tienes la libertad de ir donde y cuando quieres, sin las ataduras de un bus o las prisas de unos horarios. Vas a tu bola y eso se agradece. Además, Australia es el país ideal para viajar en caravana. Hay muchas y se nota que hay cultura de este tipo de viaje. Además, los servicios ofrecidos, muchas veces gratis, son increíbles: duchas, baños limpios y barbacoas (mama, he recuperado algún quilillo…). Solo le veo una pega a este tipo de viaje. Conoces mucha menos gente ya que interactúas menos. Al no dormir en albergues y pasar mucho tiempo en la caravana, las posibilidades de encontrar ya sean viajeros o gente local, se reducen y tengo un poco la sensación aquí de no haber conocido a muchos locales (aunque los pocos que hemos conocido, nos han dejado un gran recuerdo).

Luego, hablar del desierto y del Uluru. Guillem ya nos «ulurizó» y nos embrujó, pero son tantas las ganas que tenia de descubrir esta montaña, que también tengo que decir la mía. El Uluru, es de las primeras cosas mas allá de mi país, que siempre he tenido ganas de ver (recuerdo cuando mi madre me contó que había estado y supe que yo algún día, iría allí). Cuando diseñamos nuestra vuelta al mundo, era uno de los sitios a ir. Y aunque luego lo descartamos, una vez en el desierto australiano, nos vimos obligados a ir. Y no me defraudó. Es increíble. Finalmente, no es mas que un bloque de piedra en el desierto, pero es tan macizo, esos colores, las leyendas aborígenes… Vamos, que no me decepcionó y me llevo un gran recuerdo (aunque no lo subiese por respeto a las creencias aborígenes).

Y para terminar, que estamos a punto de cumplir los seis meses de viaje, es decir, la mitad. Miro atrás, cuando empezamos en China y recuerdo todo lo vivido, y tengo en parte una sensación de haber visto tantas cosas maravillosas, y haber encontrado gente tan intersante pero que todo ha ido muy rápido. Se que estos seis meses que tengo delante pasaran a igual o mas velocidad, y eso me entristece. Cada vez mas pienso en la vuelta, en que haré, donde me instalare y me entra como algo difícil de describir. Pero no os penséis que lo paso mal, al contrario. Llevo repitiendo algo a muchos viajeros que encontramos desde que salí: estoy totalmente satisfecho de me decisión de irme y no me arrepiento de nada. Porque aunque solo este a la mitad ya se que este viaje me hará distinto. No se si mejor o peor, pero distinto. Y eso me hace feliz.

Un abrazo a todos los que nos leéis.

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