El parque nacional de Daintree con Kate

En el parque nacional de Daintree, en el nordeste de Australia, la jungla besa el mar con sus manglares, a parte de cocodrilos y escenarios espectaculares en las caminatas que puedes hacer en la densisima jungla esta Kate.

Kate seria el máximo exponente de lo que, con cariño, llamamos el «perroflautismo», el destino hizo que nos topáramos con ella y su hijo Abel (al que educa ella misma) en una área de descanso en la que queríamos quedarnos a dormir. Vestía con una manta raída sobre los hombros sobre la que reposaba su ceniza melena y con su perro entre las piernas se sentaban al lado de una bellísima playa.

Al ser un parque nacional preguntamos a la mujer si nos podían multar por pasar la noche allí, nos dijo que en principio si así que si queríamos podíamos aparcar la furgoneta en frente de su casa… y allí que nos fuimos…
Visto con el tiempo, los dos días que siguieron no han perdido ni un ápice de intensidad ni de magia con la que los vivimos.
Entrar en casa de Kate fue entrar en un mundo a parte, su casa de madera en medio de una espesisima jungla, donde vive sin electricidad, sin una de las ventanas, sin cerraduras en las puertas, y con un considerable kaos organizado (es artista con lo que recupera muchas cosas de la calle y las acumula en su «estudio») nos encandilo a la luz de las velas.

 La casa de Kate…

Empezamos a jugar con Abel en el piso de arriba, un muchacho despierto, bien educado y risueño, y cuando bajamos Kate nos había preparado algo de cenar a todos así que trajimos un poco de vino y después de cenar sacamos la guitarra…
Kate seria la reencarnación de Janis Joplin (y sino juzguen ustedes mismos):

Empezó a cantar canciones de su tiempo, básicamente de Bob Dylan pero también y especialmente una escrita y compuesta por ella misma… os pido por favor que para seguir leyendo el post os relajéis y escuchéis a Kate (descargar el archivo).

En fin… ahora que os envuelve su voz tal vez sintáis un poco lo que nosotros, en la semi oscuridad, hablando con ella a ratos una loca, a ratos una bruja buena a ratos una amiga, pasamos la noche conversando y aunque a veces su «perroflautismo» pudiera parecer excesivo (podía explicar como sentía las vibraciones de los arboles justo después de explicarnos interesantes tramos de la historia Australiana como el trato a los aborígenes o política territorial…) yo me pregunte como sentiría la naturaleza si desde pequeño hubiera vivido a un metro de una espesa jungla en la que uno no se puede adentrar sin cortar alguna liana.

Este magnifico riachuelo esta a 10 metros de su casa…
Y este bucolico lugar a menos de cinco minutos!

Finalmente nos fuimos a dormir no sin antes darle un fuerte abrazo y prometerle que al día siguiente cocinábamos nosotros.
Al día siguiente cada uno se fue por su cuenta, Charlie se quedo en la playa, Kim subió al Monte Sorrow, y yo que empecé la ascensión horas mas tarde me quede a mitad de camino. Por desgracia en la cima del monte Sorrow no había muchas vistas ya que la bruma lo tapaba todo.

Esta es mas o menos la vista desde otro punto cercano

Pero lo interesante era la ascensión en si, el estrecho camino a veces desaparecía en el espesor de la selva, había enormes arboles caídos que había que escalar o pasar por debajo, gruesas lianas…

Oioio ioiooooooooooo!

 Camino a la cima….

Si tienes suerte… pero que mucha mucha suerte parece que puedes llegar a ver Cassawaris, este fue el único que vimos nosotros…

 

Parecia que tenias que ver uno a cada curva pero nanai

En resumidas cuentas, se trata de un sitio muy recomendable… y como prometido, por la noche volvimos con Abel y con Kate, les preparamos una tortilla de patatas y un arroz a la cubana, departimos al lado de un fuego y sacamos de nuevo la guitarra y de nuevo la magia nos envolvió.
Si algún día pasáis por Daintree afinad la vista… tal vez os crucéis con ella!

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