Tren-sportándonos

En un viaje alrededor del mundo o en paises de dimensiones tan descomunales que ridiculizan la extensiçon peninsular, el tren o el bus dejan de ser una simple manera de trasladarse de un sitio a otro y pasan a formar parte del viaje en sí.

 

Mi relación de amor con el tren empezó hace ya algunos años… Es con diferencia mi transporte favorito y su traqueteo siempre me mece suavemente, sea el más antiguo y grafiteado de los trenes Europeos, sea el más moderno y flamante TGV, o uno de los malolientes y abarrotados pero a su vez sorprendentes y románticos trenes Indios o Chinos. es un metodo de transporte que me hace viajar más alla del simple trayecto.

En el largo recorrido que une Shanghai con Kunming (unos 3000km), de más de 35h de duración finiquité la poética «La Iliada» (reducida) de Homero, y clavé un buen mordisco a «La Pell Freda» de Albert Sanchez Pinol, un libro tan estremecedor como imposible de soltar. Dos noches y un día en que el tren devoraba kilómetros, por la ventanilla el paisaje desfilaba y junto a la vía un incansable trecho de cemento discurria paralelo, en el aparecían manchas de poblados grisáceos y fangosos separados por colinas laboriosamente serradas en forma de terrazas con plantaciones de arroz o de flores amarillas (la utilidad de las cuales aún hoy desconozco) en las que los bueyes y sus arados levantaban trabajosamente la tierra.
De vez en cuando alguna ciudad, de construcciones más grises y polvorientas, con altas chimeneas añadiendo más humo al cielo de un país permanentemente neblinoso (con las honrosas excepciones de Kunming y los pueblos que visitamos en las faldas Tibetanas) rompían el decorado, bulliciosas calles, cables entrelazados anárquicamente para de repente dejar paso a nuevas e infinitas extensiones.

El bus me enternece mucho menos y siempre intento evitar usarlo, el ultimo ejemplo podría ser el trayecto que hicimos el primero de Abril (día de los santos inocentes) de Shangri La (3300m de altura) a Kunming (1890m) de 12 horas.
Se trataba de un «Sleeper Bus» lo que significa que se trata de un bus divido por tres estrechas hileras de literas en dos alturas, lleno de locales que nos recordaron incansablemente las diferencias culturales ya comentadas en un post anterior.

El constante sobresalto de las irregulares carreteras y los imperfectos amortiguadores del aparato, el humo proveniente de nuestros vecinos, fumadores empedernidos, aún con la consecuente ráfaga de tos y raspado de garganta para esputar ruidosa y desagradablemente (siempre a nuestro Europeo y no por ello, sano juicio), el sorbido de fideos de otro vecino, el sonido de varios modernos MP3-telefono-ordenador-te-hago-la-cena-si-me-lo-pides-con-cariño que parecían almacenar en sus chips todos los Hits Nacionales (con clip incluido) que evidentemente compartían con todos los pasajeros, el Karaoke retransmitiendo en el video del moderno bus, el hecho de tener un pinrel maloliente a escasos 20 centímetros de nuestra cabeza… hicieron dificil conciliar el sueno…

Pero no me malentendais, el bus, como el tren tiene su magia como parte integrante del viaje y nos transporta a descubrir nuevos sitios, nuevas aventuras…

Me quedo con las bajitas

Hablando de alturas… (bueno, era la broma, que nadie se me ofenda…). Con este simpático título, empiezo a contar el que ha sido el primer susto del viaje. El conocido como «mal de altura», «flipa en colores», «que lento pasa el tiempo» o «hasta tirarme un pedo, resoplo», me ha pillado de lleno.

Después de pasar cinco días en Kunming (2000m) y luego estar un par de días en Dali (2600m), creíamos estar a punto para subir al mítico pueblo de Shangrila (mítico por un libro, que nadie ha leído, pero bueno). Total que al bajar del autobús a 3400m, yo ya ví que ya no estaba al «siento por siento», que algo no funcionaba igual. Después de buscar alojamiento y restaurante, me fui a dormir y aquí viene el festival: fiebres, temblores, vómitos… Vamos, un percal… No se lo recomiendo a nadie, y los que ya sepáis de que va, ya me entendéis. Y lo peor, es que en el estado mas bajo de ánimo, empezó a pensar que me podía pasar al pulmón… (los que me seguís, ya sabéis que este viaje empieza a raíz de una neumonía y me monté mil historias que mi viaje podía terminar por la misma razón). Ya os podéis imaginar como estaba yo. Como siempre, el equipo funcionó y me sentido arropado cual Ronaldinho en esta última temporada.

Total, que viendo que no mejoraba, decidimos bajar para perder altura y lo noté. Poco a poco vas recuperando funciones y todo va volviendo a la normalidad (toma su tiempo, eh). Hoy para estar seguro he ido al médico para que me echara un vistazo y me ha dicho que me tomé un par de días de descanso y que si todo esta en orden, que sigamos con el viaje.

Pues nada, ya tendréis mas noticias…

 

Que majo estoy, por Dios !!! 

Sobre gustos…

 

 

…no hay nada escrito. Eso que estábamos paseando por el pueblo de abajo de las terrazas de arroz y decidimos hacerle caso a nuestra guia de viajes (lonely planet) y pasearnos por el mercado nocturno. El mercado estaba situado debajo del puente justo al lado del rio que atraviesa la ciudad y todo era bastante lugubre. A esas que Miquel deja ir una inquietud que le estaba rondando la cabeza: » Me parece muy raro no haber visto ni una rata en China y más aún aquí, que estamos al lado de un río.» Quien nos iba a decir que al cabo de poco, paseando por el mercado, al lado de los champiñones, los raviolis, las ranas y el pollo, íbamos a encontrar la respuesta…

Me quedo con las bajitas…

Hablando de alturas… (bueno, era la broma, que nadie se me ofenda…). Con este simpático titulo, empiezo a contar el que ha sido el primer susto del viaje. El conocido como «mal de altura», «flipa en colores», «que lento pasa el tiempo» o «hasta tirarme un pedo, resoplo», me ha pillado de lleno.

Después de pasar cinco días en Kunming (2000m) y luego estar un par de días en Dali (2600m), creíamos estar a punto para subir al mítico pueblo de Shangrila (mítico por un libro, que nadie ha leído, pero bueno). Total que al bajar del autobús a 3400m, yo ya vi que ya no estaba al «siento por siento», que algo no funcionaba igual. Después de buscar alojamiento y restaurante, me fui a dormir y aquí viene el festival: fiebres, temblores, vomitos… Vamos un percal… No se lo recomiendo a nadie, y los que ya sepáis de que va, ya me entendéis. Y lo peor, es que en el estado mas bajo de animo, empezó a pensar que me podía pasar al pulmón… (los que me seguís, ya sabéis que este viaje empieza a raíz de una neumonía y me monte mil historias que mi viaje podía terminar por la misma razón). Ya os podéis imaginar como estaba yo. Como siempre, el equipo funciono y me sentido arropado cual Ronaldinho en esta ultima temporada.

Total, que viendo que no mejoraba, decidimos bajar para perder altura y lo note. Poco a poco vas recuperando funciones y todo va volviendo a la normalidad (toma su tiempo, eh). Hoy para estar seguro he ido al medico para que me echara un vistazo y me ha dicho que me tome un par de días de descanso y que si todo esta en orden, que sigamos con el viaje.
Pues nada que ya tendréis mas noticias…