La Mitad del Mundo

BSO: Entre dos tierras, de Héroes del Silencio.

Informo a los desinformados y recuerdo a los desmemoriados que mi situación geográfica ha cambiado mucho en los últimos días. Como narraré próximamente en otro post, con motivo de mi inminente encuentro con varios amigos de tierras barcelonesas tuve que empezar a correr América arriba para llegar a tiempo a mis citas en Quito y en Bogotá. Así que no sea extraño para nadie este cambio tan repentino de ubicación, producto de inagotables horas de bus por este continente.

¡Bienvenidos al Ecuador!

A la carrera, llegué justo a tiempo a mi cita con Barrulas en la capital de Ecuador, Quito. Como solamente teníamos un día para visitar la ciudad decidimos ir a visitar lo más típico: la Mitad del Mundo, el paso del Ecuador.

El típico cartel, sobre la amarilla línea.

Supongo que como muchos de vosotros, cuando era joven, tenía una bola del mundo en casa. La mía, como soy de familia bien, incluso tenía luz por dentro y pasaba horas dándole vueltas, intentando recordar las capitales de los países y descubriendo nuevos lugares. Pero en la monotonía del hogar una cosa se mostraba como la más fascinante para aquél niño. Como os podéis imaginar, se trataba del Ecuador, que en mi bola se representaba como una línea en afilado relieve. Uno siempre fantaseaba en qué se sentiría al cruzar de un lado al otro del mundo. Pues hoy, algunos lustros después tengo finalmente la respuesta.

Al pasar el Ecuador no se siente nada especial. Y el Ecuador es una línea amarilla pintada hace ya demasiados años y por tanto tiene la pintura descascarillada. Era previsible que sería así, pero aún así nos encaprichamos en ir a visitarla.

El equipo completo haciendo la mongolada: un servidor, Barrulas, Jordi e Ibán.

Como es uno de los mayores intereses turísticos del país, tienen todo un complejo de adoración a la famosa línea. Algo así como Port Aventura, con la ligera diferencia que el Dragon Khan del lugar es una línea pintada en el suelo.

Aún así, no pudimos resistirnos a hacer las típicas fotos: un pie a cada lado, saltando de un hemisferio al otro e incluso aportamos al siempre interesante mundo de las fotos típicas una destacada novedad: invierno a un lado, verano al otro.

Las bondades del verano a un lado y los rigores del invierno al otro.

De un salto, hacia el otro hemisferio.

Después de las fotos de rigor, ante la decepción del lugar nos enteramos sorpresivamente de que aquella línea, múltiple y absurdamente venerada no era la línea real, sino que era fruto de un error histórico de cálculo. Menudo chasco, así que como buenos turistas nos desplazamos hacia un parque contiguo donde, esta vez sí, se aseguraba que era la línea real… ¡medida con un GPS de la mismísima NASA!. Esta vez no podíamos estar equivocados.

Así que nos volvimos a rascar el bolsillo y fuimos a ver la definitiva línea que partía el mundo en dos desiguales partes. Allí, otro centro de adoración a una línea pintada en el suelo. Repetimos la sesión de fotos y esta vez la visita fue amenizada por una guía, que con sus explicaciones ausentes de cualquier rigor científico nos hizo varios experimentos para que nos aseguráramos de que nuestro cuerpo pasaba la increíble e irrepetible experiencia de estar en la Mitad del Mundo.

Ibán, victorioso, se mofa de la incapacidad de Barrulas.

Equilibramos un huevo encima de un clavo, práctica complicada y que nos aseguraron que solamente era posible sobre la línea, experiencia por supuesto que pueden intentar en sus casas y narrarnos los resultados. Después experimentamos con la fuerza y el equilibrio. Y la verdad es que no se si estábamos sugestionados mentalmente o era rigurosamente cierto, pero sobre la línea se perdía el equilibrio con sorprendente facilidad y eras capaz de ejercer mucha menos resistencia a una fuerza externa. Y después de eso, la prueba estrella… ¿Hacia donde gira el agua? Me refiero a los remolinos que se crean en los desagües. Es bastante conocido que en cada hemisferio giran hacia un lado. Pero ¿qué ocurrirá sobre la línea?

El caso es que el experimento, casi producto de la magia dio los siguientes resultados: sobre la línea el agua caía a bloque, sin rastro de movimiento giratorio. Después movieron la cubeta un metro hacia el hemisferio sur y el agua cayó creando un remolino de considerable intensidad. Después movieron la cubeta un metro hacia el norte y el resultado fue el mismo pero en sentido contrario. Después se desataron los rumores: no puede ser, el efecto Coriolis se comienza a notar a partir de 20 kilómetros, ha sido un truco

Así que ya tengo mi diploma: "Puse mis pies sobre el Ecuador y equilibré un huevo sobre un clavo". Soy un genio.

En fin, que no sabe uno que creerse y que no creerse. Lo único seguro es que la adoración de la línea eran pocas nueces para tanto ruido. Una visita turística obligatoria más, en el nombre de la Épica.