Supongo que cuando llegas, con las emociones de la vuelta, de ver a todo el mundo, que te vean, echar de menos todo y volverse a poner las pilas, uno no se da cuenta del cambio. Por eso, pasada esta euforia transitoria, cuando todo vuelve a la normalidad, los amigos curran, en Barcelona llueve y la vida te hace de las suyas, pues empiezas a echar más de menos el viaje.
Y eso lo que me pasa ahora a mi. Estos días me acuerdo aún más del viaje, de los momentos y de todo lo que vimos. Me consuelo hablando con los dos Willys y ordenando las fotos, pero no es lo mismo. Os lo podéis imaginar.
Una de nuestras más fieles lectoras, dijo que esta seria su venganza. La vuelta. Y si bien no me puedo quejar de nada y que me “quiten lo bailado”, ahora veo que tenía razón…