Morro do Sao Paolo

Despues de unos días tremendos en Salvador nos fuímos a descansar en una isliita que se encuentra bastante cerca y que combina dos cosas que llevamos buscando aquí en Brasil. Playas paradisíacas y bastante fiesta.

Allí fuimos con Maxime, el chico del Quebec que nos ha alojado en Salvador y que conocimos previamente en nuestra vuelta mundo cuando estábamos por Asia. Después en el barco conocimos a una pareja de chicos franceses, Caroline y Jean-Marc, con los que también alquilamos un apartamento muy resultón que nos sirvió de campo base en plan vacaciones en la costa en agosto.

Todas las calles de Morro son de arena y vas a todas partes descalzo.
La marea refrescaba los pies de la gente de los chiringuitos

Que hicimos? Pues por la noche fiesta, mucha fiesta.

Música en directo gratuita en la playa
La fiesta se situaba en un círculo en la arena formado por paraditas que hacían caipirinhas
Muchas caipirinhas…

Y es que sin dar la sensación de agobio la isla estaba bastante llena pues coincidía con las vacaciones en Argentina y estaba llena de cheeees. Pero tan llena que yo creo que había más ches que brasileños. No hubo noche en que no vieramos salir el sol.

Foto de grupo al amanecer con Caroline, Maxime y Jean-Marc

 

De hecho Maxime, que se fue un día antes, vivió en Morro totalmente invertido: Llegamos el primer por la tarde sin tiempo para ir a la playa, salimos de fiesta y acabamos bailando techno con el sol levantándose en el mar. El caso es que al día siguiente el tío se levantó a las 17h30 de la tarde con el tiempo justo para ver el atardecer y luego salir de fiesta de nuevo hasta el amanecer…

El sol caía muy temprano, sobre las 17h30.
Atardecer del tercer día

A parte de esto, a la que caminanabas un poco y te alejabas del pueblo principal descubrías el encanto de una isla llena de rincones solitarios, playitas de postal y aguas turquesas. Costaba de creer que a dos horas hubiera una ciudad enorme como es Salvador de Bahía.

Brasileño o argentino? 😉
Una isla llena de animales: el mono
el kanguro acuático, único en su especie
y la sirena fashion

Al final del paseo del segundo día disfrutamos como niños en la playa de arcilla, jugando en el barro, metamorfoseando, haciendo el burro vamos.

y esto se va?
Sé que no es a nosotros a quien queréis ver en el barro, las de Ana en otro post

Como colofón, la vuelta al pueblo nos deparó una noche con una luna preciosa que no pudimos dejar de mirar en todo el trayecto.

Pudimos volver sin linternas solo con su luz
Embobados