En el trayecto nos surgió la oportunidad de visitar Devil’s Marble, con un pequeño desvío de 100 km nos topamos con un fenómeno natural que en pleno atardecer nos maravillo, subidos en una roca admirando el horizonte vimos el suelo del desierto arder. Al día siguiente, tapados hasta las cejas el espectáculo se repitió pero con el amanecer. Mis compañeros y yo nos empezamos a preguntar si no era un error seguir hacia la costa este donde no paraban de decirnos que, hacia el sur de Townsville no había mas que jovencisimos mochileros anglosajones empinando el codo… y bueno… sabe Dios que nos gusta la fiesta pero el desierto no lo vemos cada día y tan atónitos nos quedamos que pensamos que valía la pena desviarnos.
Así que Ulurizados nos fuimos, como atraídos por un poderoso imán decidimos hacer casi 1000 (mil que se dice pronto) Km de ida y otros tantos de vuelta, para admirar el Uluru, el Kata Juta (o The Olgas) y el King’s Canyon.
Dodotis se ha portado como una campeona y a golpe de litrona (eso si hay que darle de beber el oro negro… en medio del desierto el precio se dispara!) nos ha llevado y traído de vuelta merendandose 2000km de Northern Territory sin una sola queja.
De buena mañana, en el frió desierto y después de que Kim condujera heroicamente los últimos km mientras Charles y yo apurábamos el sueño, de pronto se apareció, inmensa, imponente, espectacular, roja… la Roca, el Peñón… (c’est un pic, c’est un roc, c’est un cap… mais que dis-je un cap c’est une peninsule!) el Uluru.
No se que sera pero uno se queda de piedra (juas) viendo esa mole saliendo de la nada, entre el amarillo de los hierbajos y el azul del cielo.
Le dimos la vuelta (10km) lo admiramos bajo todas sus perspectivas y con todas las luces (impagable atardecer aunque con algunas irreverentes nubes que amargaban el colorido). Creo que Kim os contara mas de la visita!
Si el Uluru fue bonito, que decir de Kata Juta!. Para que os hagáis una idea se trata de varias rocas en medio del desierto, como varios pequeños Ulurus repartidos en forma de Monolitos… alguno con forma de gorro Frigio, el que se haya acercado a Montserrat podrá imaginar uno de esos conglomerados graníticos pero en rojo, immenso y en el medio del desierto…

Los 7 km que caminamos entre sus impresionantes paredes nos gustaron mas si cabe que la «base walk» al Uluru del día anterior! La verdad es que la naturaleza a veces te regala estos momentos y ver el «sunset» encender «The Olga’s» con una copita de porto fue un nuevo momento para enmarcar en esta vuelta al mundo.

El cielo en llamas
Pero nada de lo que vimos en esos días podía prepararnos para el King’s Canyon, otra nueva caminata de 7 km nos llevo de abajo arriba y de arriba abajo en esta rotura de la tierra, adornada con centenares de capirotes redondeados…

Detras nuestro los capiteles redondeados por la erosion
Yo me quede solo arriba para ver el atardecer, escribiendo en el borde del precipicio. El gélido viento me atravesaba como agujas en las pocas partes del cuerpo desprotegidas, el mismo viento que ha moldeado con la ayuda del agua y del tiempo las lisas paredes con sus ondas. Se podian ver los estratos en las violentas fracturas producidas por el desprendimiento de las rocas.


De pronto, a 20 metros de mi, un Dingo me asusto (un perro salvaje), silencioso me miraba y me tranquilice al ver que no tenia intenciones de atacar… aun así me puse una piedra en el bolsillo por si las moscas y me fui en busca de mis compañeros de viaje!
De bajada pude ver como el cielo fue tomando ese precioso color violáceo con la característica de que las nubes estuvieron así durante mas de media hora. No podía bajar, tenia que admirar ese espectáculo… y así… otro nuevo momento para enmarcar!
