Mucho más que la mitad (I)

En nuestro obstinado rumbo hacia el sur, antes de entrar a Perú y poder admirar el mítico Machu Picchu, o el desierto de Atacama en el norte de Chile, una ojeada al mapa nos advirtió que un país se interponía en nuestro camino, justo en el medio, como el jueves, un país que pretendíamos cruzar en unos 15 o 20 días, casi de puntillas, una especie de trámite: Ecuador.

Dejamos Colombia a desgana, arrastrando los pies, nostálgicos, 40 días en el país cafetero fueron suficientes para amarlo, pero totalmente insuficientes para conocer todos sus rincones y disfrutar a fondo de su gente.

¿Qué sabíamos de Ecuador antes de llegar a él? Que la famosa línea imaginaria que parte el mundo en dos mitades iguales, como una naranja, le da nombre (¿o era al revés?), que posee unas islas, pacífico adentro, con una variedad de animales casi mágica, y que su presidente actual es Rafael Correa. Sinceramente, poco más.

Pues bien, desde el primer momento al último, Ecuador nos cautivó y al final, el mes que hemos disfrutado recorriéndolo, ha sido, a todas luces, insuficiente (una vez más, sí).

A grandes trazos, descubrimos que Ecuador consta de 4 partes bien diferenciadas, a saber: (1) La Sierra, como llaman a los Andes, la gigantesca cicatriz que atraviesa sur américa; (2) El Oriente, ocupado por la espesura Amazónica; (3) La costa Pacífica, a priori no tan atractiva como el Caribe y (4) las famosas Islas Galápagos.

Resulta que entramos en la mitad de la tierra tocando el cielo, primero en Ibarra a 2200 msnm, en la que rodeamos la laguna de Yahuarcocha, vigilada por bonitos montes redondeados de tono verde parduzco y tuvimos una alocada noche en la que los Willys se acabaron separando. Uno perdió su forro polar, otro se quedó dormido en casa ajena sobre un cómodo sofá y otro último acompañó un grupo de presuntos delincuentes a dos fiestas privadas después de la discoteca!

La Laguna Yahuarcocha
La Laguna Yahuarcocha
Aunque nos costó...
Aunque nos costó…

Nuestra segunda parada, Otavalo, se encuentra a unos 2550 msnm y nuestro primer “trekking” serio del viaje consistió en subir al Fuya Fuya. Hollamos cima a 4263 msnm después de ascender desde la preciosa laguna de Mojanda, era lo más alto que ninguno de los 3 había estado nunca y lo notamos en el trayecto con numerosas paradas para recuperar el aliento. El último tramo constaba de una “grimpada” un poco vertiginosa y aunque la niebla no nos dejó ver mucho desde la cima, estábamos satisfechos y sonrientes mientras descendíamos de nuevo entre los hierbajos hasta la laguna.

Coronamos el Fuya Fuya
Coronamos el Fuya Fuya

Al día siguiente fuimos hasta la laguna Cuicocha, a los pies del volcán Cotacachi. La laguna, en realidad, es un cráter secundario del volcán, tiene dos pequeñas islas en medio y en unas 3 horas le dimos la vuelta pudiendo admirarla en todo su esplendor y bajo todos los ángulos, la luz era preciosa y como guinda final las nubes que envolvían la cima del volcán escamparon permitiéndonos admirar el blanco y escarpado pico. Yo me entretuve con una pareja de franceses que me contaron como él, de los 12 a los 15 años había viajado por el mundo en velero con sus padres, no podía parar de soñar despierto!

Los Willys en la laguna Cuicocha
Los Willys en la laguna Cuicocha

El hostal de Otavalo era muy acogedor, regentado por una pareja, él Ecuatoriano, ella Española y nos dedicamos a cocinar y a recuperar fuerzas con un gran plato de pasta boloñesa. Aún así un percance con el ebook de David, que rompieron durante la limpieza de la habitación, nos dejó un poco de mal sabor de boca; aunque después de una corta discusión, el gerente nos ofreció dos noches gratis.

Finalmente visitamos el mercado, tanto el de artesanía, con miles de artículos de suave alpaca (bufandas, coloridos ponchos y pantalones), cuadros, figuritas, juegos de mesa tallados en madera y artículos de cuero… como el de abasto, con la sección de frutas y verduras y su gran gamma cromática y la igualmente olorosa sección de viandas sin refrigerar con bellas y lanudas cabezas de carnero expuestas con sus incisivos asomando casi al lado de un cerdo entero cocido con arroz y verduras en su interior, todo muy higiénico.

Frutas y verduras
Frutas y verduras
Peppa pig
Peppa pig

Aunque no somos especialmente maniáticos, esta vez, nuestros estómagos no nos permitieron almorzar allí y pronto nos dirigimos a nuestro tercer destino en Ecuador, Cayambe.

Este pequeño pueblo se encuentra muy cerca de la latitud 0-0-0 y está dominado, en los días claros, por el imponente volcán de idéntico nombre, un nevado que parece que viste una suave y blanca «barretina» y se eleva hasta los 5790msnm.

El ridículo monumento a la mitad del mundo
El ridículo monumento a la mitad del mundo

Primero visitamos un feo y ajado monumento a la mitad del mundo, una bola de cemento en una polvorienta carretera que no ha visto mantenimiento en siglos, fue nuestro primer contacto con el Ecuador como línea imaginaria, después buscamos unas aguas termales que nos dijeron eran gratis, no señalizadas, en el fondo de un imponente valle que descendimos y volvimos a subir con la cola entre las patas, al ver que las termas en cuestión eran una piscina sucia y con el agua fría, para finalmente sumergirnos en unas aguas termales de pago a un par de km de allí.

Descendimos unos 400 metros hasta la nada para volver a subir
Descendimos unos 400 metros hasta la nada para volver a subir
El agua que llegaba era como mucho tibia, la obra había visto tiempos mejores.
El agua que llegaba era como mucho tibia, la obra había visto tiempos mejores

Enardecidos por nuestra excursión al Fuya Fuya, al día siguiente, nos animamos a subir al Cayambe hasta dónde la nieve nos lo permitiera. El día se levantó espléndido, ni una sola nube, un cielo azul cobalto dejaba paso a un azul turquesa brillante cuándo subí a la terraza a echar un vistazo a las 06h30 de la mañana, visibilidad perfecta, la nieve del Cayambe ya nos cegaba mientras lo mirábamos de reojo a eso de las 7h30 de la mañana dirigiéndonos al taxi con el estómago lleno de los ricos pero pesados bizcochos de Cayambe.

Una rápida negociación con Rodrigo y ya estábamos en el coche camino de la falda del nevado. Nuestro simpático taxista, ex-presidiario, como denotaban sus tatuajes difuminados, decidió que también nos acompañaría en la excursión y no solo se quedaría esperando en el coche, para nosotros fue un placer.

La verdad es que fue otra maravillosa experiencia, gracias a la pericia de Rodrigo al volante subimos hasta unos 4200msnm por una tortuosa y pedregosa carretera y de allí seguimos andando y jadeando, primero al refugio y después hasta la laguna dónde empieza el glaciar, a unos 4950msnm.

Recuperando el aliento
Recuperando el aliento

Nuestra falta de equipamiento nos impedía avanzar más allá, ni una sola nube había empañado la cumbre y nos quedamos largo rato admirando la inmaculada capa de nieve que se extendía delante nuestro y el grisáceo glaciar que se alzaba escarpado a nuestra derecha. En la lejanía podíamos distinguir la forma cónica de otro volcán, el Cotopaxi a casi 100km de distancia a vista de pájaro.

Dos aguerridos turistas y su guía descendían encordados, y mientras se descalzaban los crampones les pregunté. Habían salido a las 12h00 de la noche, eran cerca de las 11h de la mañana y descendían agotados después de haber visto el amanecer en la cumbre.

Los afortunados alpinistas a punto de salir de la lengua de nieve
Los afortunados alpinistas a punto de salir de la lengua de nieve

Me quedé con unas ganas tremendas de hacer cima yo también pero los precios y el tiempo requerido eran prohibitivos.

De Cayambe nos fuimos a la capital dónde nos esperaban Juan y Gabi, dos amigos militares y paracaidistas que David conoció en Colombia. La pareja y su hijo, no sin antes regañarnos por habernos instalado en la zona “peligrosa” de la ciudad, dónde las prostitutas básicamente, nos dieron un bonito tour por la ciudad nada más llegar y fueron unos magníficos anfitriones en una barbacoa que acabó en bailoteo la noche de Halloween en la zona de más fiesta de la ciudad.

BBQ militar
BBQ militar
La fiesta en Quito!
La fiesta en Quito!

Paseamos por el centro histórico más grande de latino américa, discrepamos un poco con el título de ciudad más bonita del mundo, disfrutamos de las espectaculares vistas que ofrece el imponente teleférico de la ciudad, este, asciende vertiginosamente 1100 metros verticales en escasos 8 minutos, me reencontré con una compañera de trabajo que llevaba sin ver unos 9 años mientras David y Álvaro visitaban un museo de la aviación, visitamos, ahora sí el cuidado monumento/museo de la mitad del mundo y nos perdimos, por poco, un conciertazo de Metallica, todo muy completo!

Solo habíamos visto la zona de la sierra… quedaba mucho por descubrir!