¡Pura vida!

Costa Rica es verde. Creo que llevo diciendo esa frase desde que aterrizamos desde el DF hace unos 10 días, cuando sobrevolando territorio tico (Diccionario costarricense, lección 1 — tico = relativo a Costa Rica o habitante de dicho país) comenzamos a observar que en cada esquina, en cada cuneta, en cada trozo de tierra sin construir, la naturaleza hacía su magia y empezaban a crecer plantas, árboles y flores sin control.

Además de verde, hemos podido comprobar que Costa Rica es «cara»; tras un par de visitas a supermercados locales pudimos constatar que resulta más barato llenar una nevera en España que aquí. Y si bien el alojamiento es bastante asequible, en casi todas las visitas que hemos hecho (volcanes, cataratas o parques naturales) hemos tenido que aflojar la gallina y contribuir al mantenimiento de todas esas joyas naturales con entre 10 y 15 dólares la visita. También el alcohol es caro, pero como bien sabéis los 3 Willys somos maes completamente abstemios y no nos afectó demasiado… (Diccionario costarricense, lección 2 — un mae es un tío, un pollo, un pavo, un notas, un tipo, un hombre…)

Gallopinto, desayuno oficial en Costa Rica
Gallopinto, desayuno oficial en Costa Rica

Y sí, escribo 3 porque San José nos trajo por fin al tercer Willy de esta aventura. El día 6 de agosto, apareció David en nuestro hostel con su sonrisa de oreja a oreja, quejándose de que los ticos no sabían situar donde está cada cosa en su ciudad, y con una mochila enorme a la espalda de la que varios días después no paran de salir sorpresas (es como la bolsa de Doraemon…).

En San José (un día antes de que llegara David), Guillem y yo tuvimos la oportunidad de hospedarnos con Karen. Generosa hasta la médula y con una pronunciación de erres que todavía nos hace sonreir (los ticos tienen una pronunciación muy parecida a la nuestra pero las erres las pronuncian como si fueran gringos: así pues un carro para ellos es un «carrrrou»), tras dejar atados y bien atados todos los negocios que ella gestiona nos llevó a conocer a sus amigos; en una especie de gimkana de bares en la que pudimos degustar chiliguaros (diccionario costarricense, lección 3 — El chiliguaro es un chupito de guaro, alcoholazo local y tabasco, que sabe a gloria bendita) así como las cervezas locales (aquí hay que acotar que somos más de Pilsen aunque la Imperial es rica también. También hay que acotar que la parte que comentaba de que somos abstemios es bastante trola…). Por si fuera poco, después de que llegara David y tras un día de transición en un hostel, Karen nos volvió a acoger en su casa (esta vez a los 3 y a Lisa, una jovencita alemana que también anda viajando por aquí y que no podía hacer más gracia cuando bailaba TODAS las canciones de la misma forma…), nos llevó a visitar el volcán Irazu y nos enseñó de nuevo las bondades de los garitos nocturnos de la capital.

Brindando con chiliguaros!
Brindando con chiliguaros!

Tras este primer finde en la capital, cogimos las mochilas y comenzamos el periplo por la costa Pacífica del país; visitando primero las playas de Dominical y Montezuma, pequeños paraísos dentro del paraíso mismo que es este país; «sufriendo» tormentas día tras día, disfrutando de baños en un mar con olas muy divertidas, algún que otro salto desde cataratas, y también algún atracón de marisco local 😉

Como contrapunto al descanso playero, y tras un día intenso de viaje (ayyyyy estas carreteras ticas, donde completas 100 km en 3 horas y media…) llegamos a Monteverde, un parque natural a las faldas del volcán Arenal, en el que una caminata de dos horas nos permitió comprender que será difícil que veamos más vegetación de la que hemos visto en este espectacular bosque nuboso en toda nuestra vida…

El volcán Arenal tapadito... por si refresca
El volcán Arenal tapadito… por si refresca

Y como última parada de esta primera etapa en Costa Rica, nos dirigimos en minibús y barca (cruzando el lago Arenal) a La Fortuna, y más concretamente a San Rafael de Chachagua. En este pequeño pueblito, a las faldas del volcán Arenal y rodeado de un montón de piscinas y ríos de agua caliente, viven los padres de nuestra couch tica favorita (sí, Karen!) y junto a ellos y al resto de la familia Ríos Flores hemos pasado el fin de semana. Dieron para mucho esos 3 días (hoy lunes es fiesta nacional aquí, es el día de la madre): infructuosas búsquedas de osos perezosos, algunas lecciones sobre agricultura y cultivos locales, una divertidísima barbacoa donde David cogió el látigo y nos hizo currar a base de bien en la parrilla a Guillem y a mí, una compra de cervezas nocturna, partidas de naipes… en definitiva, una inmersión en la cultura local que nos ha hecho disfrutar muchísimo y que agradecemos con locura a nuestra familia tica.

El maitre y uno de los pinches en acción
El maitre y uno de los pinches en acción

 

Los Ríos-Flores-Ruscalleda-Aguilar-Vélez
Los Ríos-Flores-Ruscalleda-Aguilar-Vélez

Ahora, siguiendo los consejos de varios viajeros con los que nos hemos cruzado, y pese a que nos queda toda la costa caribeña por recorrer; vamos a hacer el primer gran cambio en nuestro itinerario inicial, y vamos a cruzar durante una semana a Nicaragua, para volver a entrar de nuevo en Costa Rica en 7 días. ¿Las razones? Pues que estamos cerca de la frontera, que mucha gente nos ha recomendado enclaves del sur del país, que llevamos un «adelanto» en el itinerario que nos habíamos marcado inicialmente, y por último pero quizás más importante… que todo el mundo nos dice que Nicaragua es MUCHO más barato que Costa Rica… y la pela es la pela oiga…

P.D. En vez de música, esta vez dejo un vídeo para que comprendan (o no) un poco mejor la idiosincrasia de este país. Parece un perfecto resumen del lenguaje y costumbres ticos:

¡Pura vida mae!