Consejos de madre

Al despedirme de mi madre, en medio de una ruidosa Via Laietana y en un rápido pero sentido abrazo, me deslizó en el oído una única recomendación:

-Ten cuidado! Vigila que no te pongan nada en la mochila.

Yo entorné los ojos y le dije que sí, que no se preocupara, pensando que se preocupaba en exceso… Pués una vez más (y no será la última), mi madre, como todas las madres, tenía razón.

Ocurrió en el innecesario pueblo de Bluefields, habíamos salido de la bella Granada a las 5 de la mañana, previo paso por Managua y después de 10 horas en un bus cargadísimo y constantemente lleno de vendedores ambulantes llegamos a El Rama. Con una suerte tremenda, cogimos los 3 últimos asientos, de la última panga del día hacía Bluefields, hora y media de lancha rápida en un precioso recorrido entre los meandros del río nos acercaron a nuestro destino.

Alcanzamos Bluefields al atardecer, buscamos rápidamente un hostal y nos informamos de cuando salían los ferrys a Corn Island.

La única razón por la que habíamos llegado a ese pueblo gris del Caribe dónde no llegan carreteras (solo se llega por mar, lancha o aire), era porqué es la forma más barata de alcanzar las islas de ensueño en las que estamos hace 3 días pasándolo fatal bajo los cocoteros.

-Perdonen, ferrys para Corn Island?

-Los miércoles…. o sino en avioneta. Nos dijeron lacónicamente los locales, y como nos recordaron dos iglesias llenas en el pueblo, era domingo.

Dilema! pasar 3 noches en un agujero que desaconsejan todos los blogs, guías de viaje y hasta los propios Nicas o agarrar una avioneta al día siguiente.

Al final, y teniendo en cuenta que pasar tres días sin hacer nada también tiene un coste, nos decidimos por la avioneta (más cara que el ferry claro) y a las 6am del lunes estábamos en el aeropuerto.

En realidad se trata de un pequeño aeródromo y me extrañó un poco que aquel sitio tuviera un policía con un perro de esos que buscan drogas o explosivos. Se acercó tranquilo, nos pidió que pusiéramos las mochilas contra la pared y hizo que el perro las husmeara, el sabueso les dio un pase rápido y no hizo ninguna señal, ni se sentó, ni ladró, ni movió el rabo; nada. El policía nos dice a David y a mi que si fumamos, al responder afirmativamente nos pide que le acompañemos a una habitación.

Nos encaminamos moderadamente tranquilos hacia allí, él nos trata amistosamente y nos va haciendo preguntas, pero al entrar en la habitación me estrañan dos cosas: le pide (hasta 3 veces porqué lo hace en voz baja y «discretamente», aunque yo lo escucho perfectamente) a su compañera, que abandone la habitación, una vez ella sale, cierra la puerta.

Nos pide que abramos las mochilas y mira vagamente entre la ropa, seguidamente mira con más minuciosidad las mochilas pequeñas y nos pide que nos vaciemos los bolsillos. Al ver mi paquete de tabaco de liar lo coge, me dice que me relaje y que me siente, pero entonces es cuando veo que entre los dedos de su mano agarra una bolsita plástica de las de autocierre.

Me pongo nervioso, pero con firmeza le digo, antes de que abra el paquete:

-Disculpe, qué tiene en la mano?

-Nada, nada.

-No, no, le ruego que me enseñe lo que tiene en la mano.

-Nada, no es nada.

-Lo siento caballero pero veo que tiene una bolsa de plástico en la mano y eso no es mío, tengo miedo que esté intentando ponerlo dentro del paquete de tabaco.

Él también se puso nervioso y no me achiqué, finalmente dijo que era tabaco… con otra cosa… aluciné, pero se apartó unos pasos y vi como dejaba el paquetito en una caja de “kleenex” vacía. Una vez hecho esto, me muestra la mesa y me dice que no hay nada, que si lo veo, que si puede proceder, que yo soy un turista y que él está contento que visite su país, que cómo me va a hacer eso!

Continuó con el paripé un par o cinco minutos más, ya no lo sé, lo que sé es que ya no le sacamos los ojos de encima, finalmente nos dijo que podíamos irnos, no sin antes hacer una foto con su móvil a nuestros pasaportes.

Estaba furioso, y temblando, lo reconozco, le había pillado “in fraganti” y aún no entiendo porqué no siguió adelante, ya que igualmente era su palabra contra la nuestra. Pero se achicó, no había abierto el paquete de tabaco aún y hubiese sido demasiado descarado, incluso para él.

Volvimos con Álvaro que abrió unos ojos como platos al oír el relato. Nos sentimos un poco indefensos, no sabíamos si debíamos denunciarle o callar. Optamos por explicarlo aquí…

individuo

El Individuo en cuestión

He dudado bastante en escribir este post, ya que no quiero en absoluto que nuestras familias se preocupen, es una anécdota, en realidad aunque lo hubiese conseguido, lo único que quería este pobre hombre, era un soborno, no se trataba de meternos en la cárcel a lo «Expreso de Medianoche». Si se hubiese salido con la suya, él y nosotros sabríamos que lo había puesto él y lo único que podía querer, era un poco de dinero. Además estamos en Nicaragua, hemos llegado aquí sin planearlo saliendo de nuestra ruta y estamos encantados de haber tomado esta decisión, enamorados del país. Nos parece, uno de los países, sino el país, más seguro de Centroamérica y muchos sabéis que a menudo explico que nos robaron en Nueva Zelanda, el país más seguro del planeta, hay malas personas en todo lugar y este ha sido solo, un mal encuentro.

Este es un blog de anécdotas y vivencias, la vergonzosa actitud de este policía no empaña la aventura que estamos viviendo así que Rietedewillyfog!