Pequeña Gran Isla
BSO: La canción de Estrella, de Billie de Vision an the Dancers.
Quería compartir con la épica los días que pasé en Formentera durante el puente de San Juan. Y es que cuando vuelves a la rutina, cualquier escapada te parece una bendición. Si me permites darte un consejo Álex, piensa cada día en algo bueno que te haya pasado, para que seas consciente de que cada día ahí es un regalo…
Al grano, tras 8 horas de barquito nos plantamos en La Isla, lo pongo en mayúsculas básicamente porque se las merece. Uno espera encontrar rápidamente a los tres guapitos del anuncio bebiendo Estrellas, pero en cambio lo que hay son multitud de italianos bebiendo de todo menos Estrellas, porque en la isla no hay.
Los italianos merecen párrafo a parte. Álex siempre los tildaba de homosexuales, y después de verlos con mis propios ojos solo puedo decir que “no me extraña”. Porque no es que vayan a la moda, es que cada uno, individualmente, ES la moda. Cada detalle de su cuerpo y vestimenta está cuidado milimétricamente. Y claro, ante tanto cuidado no me extraña que se enamoren los unos de los otros. Yo lo haría.
Pero no solo hay spaguettis en Formentera. Si he de destacar una cosa, creo que es el agua, la del mar claro. Su color azul celeste sobre la arena blanca es de una belleza que como mucho puede ser igualada, pero dudo que superada.
Y supongo que en segundo lugar pondría las vistas que se observan desde el Faro de La Mola. Con la ayuda de la luz vespertina, se veía una extensión infinita de mar azul intenso. Dicen que puedes estar mirando las llamas de una hoguera todo el tiempo del mundo. Yo creo que aquellas vistas también.
En la isla en sí no hay mucho que hacer, cosa que tampoco importa demasiado porque uno tiene suficiente con formar parte de ella por unos días. Pero el rato ocioso me permitió recordar algún consejo que me había dado Álex respecto al arte de la fotografía, para intentar ponerlo a cabo por aquellos parajes. Y como tantas veces ha ocurrido, desde Jesús con Juan Bautista a Son Goku con el Follet Tortuga, el discípulo ha superado al maestro.
Formentera tiene además el encanto de que el transporte oficial sea la moto, de los pueblecitos de casitas blancas, del pescado fresco que puedes comer mientras estás sentado a escasos metros de la playa… hasta de su fiesta Flower Power, con menos pretensiones que la de Ibiza pero igualmente seductora.
En fin, épica, o por lo menos belleza, en pequeñas dosis.





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