Shashin Error:

Invalid data property __get for imageDisplay

Archive for the ‘Venezuela’ Category

29
oct

Las lechugas verdes

   Posted by: Alex

BSO: El Libertador (homenaje a la Revolución Bolivariana), de Ska-P.

Las únicas noticias que llegan a un noticiero español desde Venezuela son las estridencias de su controvertido presidente y, si acaso, esos conatos de guerra con Colombia, que no son sino otra consecuencia de la estridencia presidencial. Pues bien, desde esta humilde tarima, vamos a arrojar un poco más de luz sobre la realidad venezolana, almenos de lo que me dio tiempo a ver hace un par de años cuando vine por aquí un mes y de la escasa semana que he estado esta vez; sobretodo haciendo hincapié en las cosas más curiosas o sorprendentes para el lector medio de este blog.

La República Bolivariana de Venezuela se llama así desde que al señor Chávez le apeteció poner la palabra Bolivariana enmedio en honor al libertador de la zona, el demasiado idolatrado Simón Bolívar; de la misma manera que decidió cambiar la bandera del país y añadir otra estrella a las siete ya exitentes en honor al territorio de la Guyana, una histórica aspiración venezolana.

Simón Bolivar, presente en todas las plazas principales de todos los municipios de Venezuela.

Estos dos pequeños detalles, carentes de importancia, no son sino un par de pequeñas muestras de lo bizarre de la política en este país, un lugar donde ocurren cosas que solamente pueden ocurrir aquí.

La moneda actual, el Bolívar Fuerte, también inventada por el presidente actual, se cotiza aproximadamente a razón de 4 bolívares por cada euro. Pues bien, debido a la restricción impuesta por el gobierno a la hora de cambiar divisas -una persona, tras intensas gestiones burocráticas, solamente puede optar a un máximo de 3500 dólares por año- en pro de proteger la moneda local, ha creado una galopante demanda de moneda extrangera en lo que se ha dado en llamar el cambio paralelo.

Recordemos esa relación 4 a 1, pues bien, en la calle se pueden conseguir euros en una relación de ¡¡12 a 1!!. Es decir, que ante la necesidad imperante de conseguir moneda extrangera (básicamente euros y dólares) son capaces de pagar hasta tres veces más por ella. En fin, una locura, como muchas cosas de la política en este país. Y en ese río revuleto los más beneficiados somos los pocos turistas gringos o europeos que vemos como nuestro dinero se multiplica por tres y Venezuela pasa en un instante de ser el país más caro de Sudamérica a estar en la media o más abajo.

La socialista plaza Caracas de Caracas es sede de numerosas transacciones monetarias en el mercado negro.

Y ¿como se rige ese mercado paralelo? Pues existían varias páginas web que daban, actualizándose a diario, el valor del cambio paralelo y era lo que cualquier cambiador seguía a rejatabla. Pero la censura gubernamental no podía permitir tal afrenta ante la economía nacional y decidió cerrar todas las páginas web donde se facilitaba el cambio en el mercado negro.

Como no podía ser de otra manera, pues internet es prácticamente incensurable, surgió una idea graciosa. Ahora la página web de referencia es lechugaverde.com, cuyo contenido reza así: “Mucha gente piensa que este es el precio del dólar paralelo […]. Nada más alejado de la realidad. Este es el precio de la lechuga verde en Caracas (Venezuela)”. Y se facilita el cambio diario tanto de la lechuga verde americana, como de la lechuga verde europea, que como pueden ver se cotiza entre 11 y 12.5, en función del tipo de billete que cambies, a más grande, mejor cambio.

Bien, sigamos, estamos en un país donde la gente compra monedas extranjeras a tres veces su valor, veamos más cosas curiosas: la gasolina. Por todos es sabido que Venezuela sustenta casi toda su riqueza en sus pozos petrolíferos y que, como país productor, es lógico pensar que gozan de una gasolina barata. Pero lo que nadie puede imaginar es del nivel de baratez, casi de gratuidad, del que estamos hablando.

Un litro de gasolina en Venezuela cuesta el equivalente de 0.015 céntimos de euro más o menos. Ojo a ese segundo cero. Estoy diciendo que un litro cuesta menos de dos céntimos de euro. Para que os hagáis una idea más real del precio: llenar el depósito de un coche cualquiera puede costar entre 30 y 50 céntimos de euro, o lo que es lo mismo, que por cada litro que pones en España, en Venezuela puedes poner ¡¡200!!.

Cacho y yo, disfrutando de los placeres bolivarianos: béisbol cerveza en mano.

Es increíble, no tenemos la mente preparada para tal diferencia. Así que los venezolanos no toman para nada en cuenta el consumo de gasolina, así que no se ven prácticamente coches pequeños. Lo normal son grandes motores de consumos elevadísimos, aliñados por la afición venezolana de pasear el coche, de salir en coche a comprar a la tienda de la esquina o de esperar a alguien dando vueltas a la manzana en pro de la seguridad del “es peligroso estar parado“.

Y ese es otro de los grandes caballos de batalla: la paranoia de la seguridad, mucho más patente que en cualquier otro país de Sudamérica, donde son a su vez mucho más paranoicos que en cualquier país europeo. Venezuela tiene uno de los índices de violencia más elevado del mundo y esto se nota en el día a día de la gente.

La gente vive con miedo y esto se hace todavía más crudo por la noche, cuando cualquier calle queda absolutamente desierta. Todo el día se habla sobre el último asesinato o el último asalto y hasta consiguen meterte el miedo en el cuerpo. Sinceramente, pese a que sí es un país de alta peligrosidad, se exagera y mucho, siempre a mi inconsciente modo de ver las cosas.

Más cosas que seguro van a causar asombro entre los lectores del blog: los precios bolivarianos. Chávez, para asegurar la alimentación de todos los venezolanos, tiene una serie de alimentos básicos a precios subvencionados, extremadamente baratos. Y se da la circunstancia de que un kilo de arroz -subvencionado- puede costar varias veces menos que un kilo de arroz saborizado -no subvencionado-, con sabor a pollo o a queso por ejemplo.

Un supermercado bolivariano con publicidad del gobierno... ¡siempre al precio justo!

Entonces ocurre que las arroceras, hartas de perder dinero produciendo arroz normal, reducen su producción en favor de los arroces saborizados. Entonces, la población venezolana, como casi todas las sudamericanas absolutamente dependiente del arroz, arrasa con el arroz blanco y en los supermercados solamente queda arroz saborizado, caro por tanto, pero como no queda otra, ya que arroz hay que comer, lo compran por docenas, para regocijo de las arroceras. Y el gobierno, recordemos, socialista bolivariano, responde a las ofensas con expropiaciones de empresas arroceras mediante la acusación de imperialistas y oligarcas, convirtiéndolas así en empresas públicas que en poco tiempo dejan de ser rentables y pasan a engrosar la costosísima factura pública del gobierno Chavista.

Chavez, personaje de excelente oratoria, ejerce su gobierno con mano dura y haciendo del populismo su mejor bandera y alternando medidas absurdas con otras muy favorecientes a las clases más bajas (más de la mitad de la población, preciasamente la misma que con sus votos le mantiene en el poder) y plantando cara día a día al imperialismo (todo lo que huela a estadounidense) y a la oligarquía (esa gran parte de la población venezolana que es tremendamente rica).

Y ya digo, muchas de las políticas chavistas, eminentemente sociales, pese a estar aliñadas con el populismo más previsible, creo que hacen bien a la castigada población venezolana. Sin embargo creo que se equivoca de plano al tomar ese discurso tan agresivo y frontalista contra sus dos grandes enemigos ficticios ya mencionados: los yankees y los ricos.

Una televisión en plena calle da moralina política a los espectadores.

Hablemos en primer lugar del imperialismo gringo, al cual yo también me opongo de plano. Venezuela es prácticamente el líder a nivel mundial de la lucha, almenos dialéctica, contra el accionar de los Estados Unidos. No es raro ver a Chávez insultando, provocando o incluso retando al poder americano. Diré incluso que me parece una figura necesaria a nivel mundial, pero creo que ese no es un papel que debe de jugar Venezuela: un país pequeño y pobre, dentro de una región pobre, no debe ser el abanderado del antiimperialismo puesto que le puede acarrear funestas consecuencias.

Y mucho más si tenemos en cuenta que Estados Unidos compra el 90% del petróleo venezolano y que por tanto, Venezuela depende económicamente de una manera casi exclusiva de las necesidades energéticas de los gringos. Que como un día decidan cortar el grifo, la catástrofe económica venezolana sería de consecuencias bíblicas, puesto que tendrían que medio regalar el petróleo a sus potentes socios (Bolivia, Cuba, Ecuador…), teniendo en cuenta que la economía venezolana no produce más que oro negro, ya que en los años de la oligarquía se descuidó por completo el campo o la industria al calor de la gallina de los huevos de oro que suponía el petróleo, la misma que provocó que Venezuela sea el país de Latinoamérica con una más alta proporción de ricos.

Y esto es ya el otro tema, lo que el bolivarianismo da en llamar oligarquía representa a toda la alta clase social venezolana. Sudamérica es en general un continente de mucha desigualdad económica y social, donde unos pocos ricos viven como jeques ante la miseria de la mayoría de la población y ante la inminente creación de una cada vez más abultada clase media.

Otra carpa roja con más propaganda oficialista.

Pero en Venezuela esas diferencias son diferentes, puesto que los ricos no solamente son muy ricos, sino que además son muchos y representan un alto porcentaje de la población. Y Chávez les ataca y ellos se sienten todavía más ofendidos. Y la guerra entre chavistas y antichavistas es cada vez más abierta y menos irreconciliable, para desgracia del país. Los antichavistas, a su vez, rozan la paranoia con su ataque al oficialismo, al que culpan de todos los males de una manera irracional e injusta. Contrariamente, el chavismo deposita su fe, casi religiosa, en su líder que parece querer arreglar todos los males solamente vistiendo una camisa roja y levantando el puño.

Esta enorme división se puede presenciar cada domingo, cuando puntualmente a las 9 de la mañana comienza el famoso programa de radio y TV Aló Presidente en el que el presidente da un repaso semanal a la actualidad revolucionaria, en un espacio a medio camino entre la propaganda política más obvia y el humor obsceno más despiadado. La hora de inicio del programa es siempre la misma, pero el final es indeterminado, pero suele alargarse más allá de las seis u ocho horas de caduco discurso bolivariano. Unos, lo ven como si de una misa se tratara. Los otros no pueden soportar que ninguna onda herziana de camisa colorada golpee sus tímpanos. Mientras tanto, Chávez se calienta a si mismo la boca y acaba haciendo anuncios políticos improvisados solamente producto del calentón del momento, poniendo en solfa a numerosos sectores que ven como cualquier cosa puede cambiar en un instante, en el más absoluto directo televisivo para toda la nación.

Venezuela, un hermoso y bizarro país, donde suceden cosas que no pasan en ningún lugar del mundo, desde camisas rojas hasta lechugas verdes.

***

Les recuerdo a todos los lectores venezolanos de este blog que pueden machacarme en los comentarios. De la misma manera, les recuerdo que esto es solamente la opinión equivocada de un viajero que pasa poco tiempo en cada país como para emitir juicios de valor, pero que, sin embargo, por ignorancia y atrevimiento, se atreve a hacerlo. Así que leedlo con todo el cariño que yo os tengo a vosotros.

***

Aprovechando el cambio paralelo, los billetes de avión desde Caracas son verdaderamente baratos. Así que después de una curiosa escala en Lima, ya estoy en Cuzco, Perú, al pie del más famoso monumento del continente, el Machu Picchu.

A petición popular, primerísimo plano de la famosa tortilla "babosona" que hicimos en Caracas.

25
oct

El coche que tenía dos gatos

   Posted by: Alex

BSO: El gato López, de Ska-P.

Como ya avancé en el anterior post, estoy en Venezuela, en una visita un poco relámpago de unos pocos días. Aprovechando la locura económica de este país, donde existe un cambio de divisas paralelo y por tanto los billetes de avión reducen considerablemente su precio; mañana me espera un vuelo que me llevará otra vez hasta la mitad del continente, en concreto a Cuzco, en el Perú. Así que mi visita a Venezuela se ha reducido a unos pocos días en su capital, Caracas, donde me esperaba un viejo amigo de la Épica, Cacho.

Televisión con propaganda política en la típica calle venezolana.

Una televisión emite propaganda política en plena calle.

Como ya había estado aquí un par de años atrás, han sido unos días de poco turismo, mucha vida social y mucha rumba, cosa que mi organismo siempre agradece.

Pero hoy vamos a hablar de otro fenómeno paranormal de esos que rodean este viaje y que sucedió cuando no habían transcurrido ni siquiera seis horas desde mi llegada a estas tierras. Seguramente sucedió debido al reencuentro con Cacho, ya que al juntarnos, la naturaleza no está preparada para tan altas concentraciones de Épica.

Como pago a mis desafortunadas palabras, me invitaron a cenar a una arepera, donde el menú obligatorio es obviamente una arepa. Al descargo del orgullo patrio venezolano tengo que decir que estaba realmente buena, aunque fuera a causa de su abundante y sabroso relleno, ya que de la arepa en sí no tengo muchas comas que mover de mi alegato anterior, aunque sé que estas palabras me van a volver a costar otra buena cantidad de críticas.

Así que, allí fuimos con la familia Cacho. Al llegar, alguien nos advirtió que una cadena colgaba del capó del coche. Parecía una cadena de pasear al perro y no tardamos en bromear sobre las diferentes posibilidades que podrían haber colocado esa cadena colgando del motor del coche.

Tras una investigación más a fondo, abrimos la puerta y ¡sorpresa! ¡había un gato vivo en el interior del motor!. Milagrosamente, había sobrevivido a las altas temperaturas dentro del motor, a los muchos baches de las calles caraqueñas e incluso a los más de 140 km/h que habíamos alcanzado.

El escondite del gato.

El gato daba indudablemente mucha lástima. Como es natural, estaba terriblemente asustado y si os digo la verdad, yo no daba un duro por que fuera a continuar viviendo al día siguiente. Así que no hubo elección: hubo que llevarse al gato para casa para intentar luchar por su supervivencia.

Iván Daniel recibiendo su nuevo gato.

Pero en el viaje de vuelta, con un hábil movimiento se metió debajo del asiento y costó dios y ayuda sacarlo de allí, puesto que se aferraba fuerte con las uñas: parecía que le había cogido cariño al coche.

¡Sal de ahí, maldito!

El siguiente paso fue darle un nombre. No hubo mucho debate y rápidamente consensuamos que se llamaría Duncan, en honor a la marca de la batería del coche que casi le mata, pero que a la vez, le hizo volver a nacer.

Y poco a poco, a base de cuidados, el gato ya se ha hecho el amo de la casa y vive feliz y contento. Y aunque nadie tiene muy claro su futuro, yo apuesto que se quedará un tiempo largo con la familia Cacho.

De mi visita a Caracas os podría contar muchas cosas: la impresionante tortilla de patatas que hicimos, el buen concierto al que pude asistir, la artificiosa excursión a la playa, nuestro habitual homenaje a la música mal cantada que solemos hacer cuando tenemos cualquier micro delante (aunque esté apagado), la visita a la Catedral, la degustación de jamón, el partido de béisbol, la timba de póker…

Merecido homenaje gastronómico por todo lo alto.

El dúo dinámico. Típicamente cantando algo de Medina Azahara o similar.

Sin embargo, esta vez, me quedo con ese coche que tenía dos gatos: el hidráulico y Duncan, el gato de la Épica.

Duncan, el gato de la Épica.