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Archive for the ‘Paraguay’ Category

24
abr

Toallas de Portugal

   Posted by: Alex

Uno de los posts atrasados, de nuestra visita a tierras paraguayas.

Desde tiempos remotos, siempre fue una costumbre muy espanhola eso de la compra transfronteriza. El dominguerista medio siempre gustó mucho de agarrar a toda la familia y meterla en el coche para poner rumbo hacia los países vecinos para beneficiarse en las transacciones comerciales.

Quizá todo empezó con las películas guarras que los avezados espanholitos iban a ver a Perpinhán. Igualmente célebres fueron las cruzadas de frontera a comprar azúcar a Andorra: estupidez humana en estado puro, ya que el viaje no compensaba ni aunque el azúcar fuera gratis en el país de las montanhas con fiscalidad fraudulenta. Desde la meseta, lo más socorrido un sábado de primavera era cruzar la frontera portuguesa a comprar toallas y demás menaje del hogar. Las Toallas de Portugal no eran más que un timo absoluto, podían ser muy baratas, pero no cometían su principal función. Las toallas de Portugal no secan! exclamaban los incautos espanholitos después de su primer banho tras la nueva compra.

Vista del caos paraguayo desde la frontera.

Esas compras transfronterizas siempre me han parecido vetustas y trasnochadas, algo así como un vestigio de un pasado más gris. En el mundo globalizado en el que vivimos, con las compras electrónicas en más boga que nunca, no parece que tenga mucho sentido cruzar una línea imaginaria solamente para irse de shopping.

Pero en Iguazú esa vieja tradición hispánica estaba de rabiosa actualidad. Argentina y Brasil se repartieron las cataratas, así que Paraguay se tuvo que conformar con las compras de los turistas más avaros.

Turistas ratas regateando por sombreros que no iban a comprar.

Así que como teníamos que comprar algunas cosas, cogimos un autobús y cruzamos la frontera Paraguaya. Solamente acercarnos a la aduana ya se veía que estábamos entrando en otro mundo: caos, suciedad, desorden y aglomeración.

Llegamos a Ciudad del Este, el pueblo fronterizo y nada más salir del autobús fuimos avasallados por centenares de vendedores de todo: desde cinturones, sombreros, ropa, tecnología incluso preservativos que su vendedor aseguraba que hacían música. Insistimos en que nos ensenhara el mecanismo y nos contestaba que eso solamente se veía cuando se usaban. Muy majete el senhor.

Una vez superado el shock inicial nos dispusimos a comprar las cosas que necesitábamos. Pero sucedió lo inevitable: todo era feo, malo y, sobretodo, no tan barato.

Vista de Ciudad del Este, aunque mejor se debería llamar Ciudad del (lejano) Oeste.

En fin, un timo. Las únicas compras que hicimos fueron unos pen drives, uno de los cuales ya no funciona bien.

Almenos conseguimos el sellito paraguayo y nos volvimos con nuestras particulares Toallas de Portugal.

19
abr

El sello de lo absurdo

   Posted by: Alex

En nuestra estancia en Iguazú hemos podido presenciar una de las mayores demostraciones de estupidez humana. Tres países: Paraguay, Argentina y Brasil comparten una triple frontera precisamente en unos escasos kilómetros cuadrados con mucho interés turístico: sobretodo las cataratas, pero también una presa gigante, tiendas sin impuestos, y demás. Con lo cual, la visita turística se convierte en un continuo cruzar de fronteras, con sus respectivas aduanas, control de pasaportes, etcétera.

Casasnovas medita en el cruce de los ríos Iguazú y Paraná, sentado en Argentina mientras divisa Brasil a la derecha y Paraguay a la izquierda.

Los afortunados europeos de bien, desde hace unos años gozamos de unas ventajas estupendas en nuestros viajes por el viejo continente. Aunque nos ha costado un altísimo precio, podemos ir desde Algeciras hasta Helsinki sin necesidad de enseñar a nadie el pasaporte ni perder un mísero minuto conversando con un antipático policía de fronteras. Pero no todo el monte es orégano y estas ventajas acaban cuando uno se encuentra fuera de los países de la región, como es nuestro caso.

Así que así andamos, pasaporte arriba, pasaporte abajo, todo para conseguir los dichosos sellos que pretenden llevar un control de entrada y salida de cada estado.

Incluso los conductores de bus tienen que sellar su pasaporte, así que no nos sirvió de nada robar este.

Señores gobernantes del mundo, me dispongo desde esta humilde tribuna a darles un consejo: dejen de gastar sus recursos en semeajante mamarrachada. A partir de ahora procederé, comenzando desde la visión más filantrópica y acabando por la más práctica, a darles mis motivos.

Si todos los humanos somos iguales, ¿quien son ustedes para impedir a nadie entrar a un territorio? Y esto me choca todavía más en paises ultracatólicos como los que piso: si todos somos hijos de Dios, si San Pedro abre las puertas del cielo a todos por igual, ¿como son capaces ustedes de negar la entrada a nadie a una tierra que ni siquiera les pertenece?

Por otro lado, el que se dispone a entrar irregularmente a un país no es tan estúpido como para hacerlo por un puesto fronterizo minado de policía. Esto obviando que el que firmemente desea entrar a un país ilegalmente, tarde o temprano, de una manera o de otra, lo consigue.

La vieja Europa ha demostrado que la libre circulación de personas no supone éxodos masivos, pese a que el tratado de libre circulación incluye países con unos índices de riqueza tan dispares como Noruega y Rumanía. Todo tiende a un equilibrio y el que quiere salir, sale, y el resto se queda en su santa casa.

Si los millones de horas que se han perdido en trámites aduaneros se hubieran invertido en investigación médica posiblemente habríamos dado ya con la vacuna del SIDA.

Si los estados de Brasil y Paraguay se han puesto de acuerdo para crear la segunda presa más grande del mundo, como es posible que haya que sellar el dichoso documento?

Y si todos estos motivos no son suficientes, piensen en lo que suelen pensar: el sucio dinero. ¿Cuantos miles de millones se están gastando en controlar todas las entradas de un país? ¿Cuantos sueldos absurdos se están pagando a escribas cuyo único cometido es poner estampitas en pasaportes? ¿Si se dedicara todo ese dinero a otras necesidades, no nos iría mucho mejor?

En fin, quizás sea yo un idealista, pero hablando claro, lo del sello es una gilipollez de aquí a Lima.

Muchas veces se ha demostrado que no se puede poner paredes al monte, pero los dirigentes de este mundo siguen dándose de bruces día a día contra el muro de la estupidez. Eso sí, hasta que esto no cambie, no pierdas tu pasaporte ni te lo dejes caducar.