Shashin Error:

Invalid data property __get for imageDisplay

Archive for the ‘Ecuador’ Category

23
sep

Visc a Catalunya

   Posted by: Alex

BSO: La canción en catalán que más me gusta, L’Empordà, de Sopa de Cabra.

Pese a que sabéis que el debate nacionalista es muy de mi agrado, con este post no pretendo iniciar ninguna discusión identitaria donde defensores de una y otra bandera, e incluso apátridas y demás ciudadanos del mundo; nos arremanguemos los pantalones y acabemos de barro hasta las rodillas en una discusión sin final donde nadie acabará nunca teniendo la razón.

Esta es la historia de otra de las múltiples casualidades que han sucedido durante este viaje, pero la verdad es que ya van tantas que uno casi ni se sorprende. Todo empezó hace ya casi dos meses en Quito, Ecuador, cuando quedé con un viejo amigo de la Épica, el compañero Barrulas. Éste, junto con sus compañeros de proyecto, habían conocido a Javi y a Gisela que trabajaban en el Casal Català de Quito, algo así como una especie de lugar de encuentro de todos los catalanes que vivían o pasaban por la capital del Ecuador. Allí, ejercieron de perfectos anfitriones y pudimos acomodarnos, eso sí, apretaditos en el suelo, un par de días.

Barrulas, Iban y Jordi, frente al Casal.

No parecía que iría más allá aquella historia que otra muestra de la bondad humana y un buen recuerdo de aquellas personas. Pero, amigos, lo que parece y lo que es no son lo mismo si la Épica se entremezcla entre ambos.

Así que un mes y pico después, todavía en compañía de mis padres, en el teleférico mirador de Quito, a más de 4000 metros sobre el nivel del mar, se escribió otro capítulo de esta historia. Mis padres se toparon en tan inimaginable paraje con unos compañeros de trabajo que hacía una buena cantidad de años que no veían. Tras la sorpresa lógica y la tanda de saludos se inició la típica conversación recordando los respectivos caminos que habían llevado a cada uno hasta esa escena. Y la conversación siguió normal hasta que se pronunciaron las palabras “Casal Català”.

Idílica escena del encuentro.

Efectivamente, esos excompañeros de trabajo de mis padres, eran, a su vez, los padres de Javi, que un mes atrás me había abierto su casa sin conocerme. Un fenómeno que casi se podría catalogar de paranormal. Y como las coincidencias nunca acaban, ese suceso acontecía un 11 de septiembre, fecha muy famosa en el mundo entero y doblemente en Catalunya, donde se conmemora el aniversario de la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas, o dicho de otra manera, el día nacional de Catalunya o la Diada.

Aprovechando la coyuntura, nos invitaron a asistir a la cena commemorativa que organizaba el Casal Català en un restaurante llamado Tibidabo, 16 dólares por barba mediante, como dato orientativo, en un país donde una cena en un lugar habitual rondaba los dos dólares.

Los sonrientes reencontrados.

Como la ocasión, la casualidad y el reencuentro lo merecían para allá que nos fuimos, dispuestos a repartir saber-estar y a dejar notar nuestro indisimulable charneguismo. Llegamos al restaurante y allí el único que parecía celebrar la Diada era el propietario, un orondo catalán que hizo su particular agosto haciendo pasar hambre a sus compatriotas y amigos.

Cuatro míseros cachos de fuet, unas olivillas negras, un poco de pan sin tomate y tres minúsculos canelones, bien regados por una botella de vino de la terra para cada ocho y una crema catalana de postre. En fin, que pasamos hambre, eso sí pudimos alimentar nuestro espíritu con el discurso del president del Casal que nos deleitó con gran parte del manual de politicucho separatista de gama baja, suavizando y matizando su postura cuando pronunció la parte final del discurso en un castellano bastante malo para la concurrencia que no hablaba catalán. Después, els Segadors que fui uno de los pocos que acompañé a grito pelao y sardanas. A las diez y media, cada uno para su casa.

En compañía del invitado de honor, el supuestamente famoso Joan Issac, cantante de la Nova Cançó.

Y rodeados de toda esa catalanidad, las conversaciones nos llevaron a muchas más coincidencias, la más grande, que Javi, además de ser el hijo de unos excompañeros de trabajo de mis padres, además de compartir algún que otro amigo en común, además de haberme acogido en su casa sin conocerme, fue el profesor de programación web del mismísimo webmaster de este humilde blog, el compañero Charlie.

Esa fue nuestra celebración de la Diada, que a decir verdad ya fue mucho más celebrada en mi caso que cualquier año.

Este post me ha quedado en la línea de últimamente, rajada tras rajada, pero lo del restaurante ese fue indignante. Eso sí, la compañía fue muy grata y las múltiples casualidades hacían merecedora a esta historia de una entrada en este blog. Dicho esto y antes de que me increpéis -sin razón- por anti-catalanista, en el Nombre de la Épica, Visca Catalunya!

Me salto Quito.

***

Como esperabais, un poco de ciclismo para hoy. Ha acabado la Vuelta a España y el ganador ha sido, por primera vez en 20 años, un italiano, Nibali. Segundo un enorme Mosquera y cuarto un exaltado Purito Rodríguez. Lástima de la caída de Antón. En términos generales, una gran Vuelta.

Mis felicitaciones a mi otrora odiado Abraham Olano, responsable del recorrido de la carrera. El homenaje en forma de foto va hoy para él.

Bizarre podio de la edición del 98 de la Vuelta: Olano de amarillo; el esforzado Escartín segundo, muy parecido a Mosquera en muchos aspectos; y el malogrado Chava Jiménez, triste por su tercer puesto en la Vuelta que tendría que haber ganado y todavía con las botas puestas.

***

Por supuesto, nuestro más sentido pésame a uno de los ideólogos de este viaje, José Antonio Labordeta, viajero, escritor, cantautor, político y recordman del cagarse en todo.

Labordeta y su mochila.

***

Por último, me han llegado noticias de que una buena amiga de la Épica, Katiusca, maravillosa persona con maravilloso nombre, está pasando por un muy complicado momento en la ciudad de Guayaquil. Desde este humilde blog, quiero mandarle toda mi energía y desearle todo lo mejor.

Un beso, amiga!

***

Para cerrar, podéis seguir con las preguntas.

18
sep

Hacer el indio

   Posted by: Alex

BSO: Hacer el indio, de Jartita del Mundo.

Después de las Galápagos y ya de nuevo en el continente, el viaje continuaba por las duras carreteras y autobuses ecuatorianos. Tras pasar por una ciudad colonial llamada Cuenca, llegamos a un entrañable pueblo, Baños de Agua Santa, al pie de un volcán, rodeado de una naturaleza maravillosa, con cascadas por doquier, oportunidades varias para los deportes de aventura y no lejos del oriente del país, eminentemente selvático.

Cerca de Cuenca había muchas señoras que se dedicaban a entrelazar hilos que acababan siendo caros sombreros.

Cerca de las ruinas de Ingapirca el equipo al completo, incluyendo a la cara de piedra que nos vigila al fondo.

Y una vez allí, decidimos hacer el típico tour por la selva. Sinceramente, las expectativas que me había creado al respecto eran bien bajas, puesto que no me parecía que fuéramos a ir a la selva de verdad, sino simplemente al clásico paseo de gringos por una versión suavizada de uno de los ecosistemas más duros para la supervivencia humana. Y exactamente eso fue lo que hicimos: fuimos a hacer el indio, en todos los sentidos de la expresión.

El paseo empezaba con una reserva de monos que vivían en semilibertad, donde los había de todas clases, incluso había algunos humanos que se hacían llamar voluntarios cuyo cometido era similar al de los monos: pasar el día.

Pequeños monos que no paraban quietos ni un segundo.

Después, nos dirigimos a otra reserva, esta vez solamente de humanos, que también vivían en semilibertad, usando su tiempo en cultivar yuca y en esperar a los pocos turistas que les visitaban para intentar venderles artesanía variada. Aún así la visita fue más provechosa de lo que parecía y pudimos ver y preguntar un poco como vivía aquella gente e incluso pude demostrar mis excelentes dotes como cazador.

Tirando con la cerbatana, cacé un loro, aunque reconozco que era de madera.

Después, algo que nunca puede faltar en una ruta por la selva: paseo en canoa por cualquier afluente del Amazonas. El agua bajaba rápida y revuelta, así que, lejos de parecerse a un tranquilo paseo en góndola, la travesía resultó ser de lo más estimulante, puesto que la tambaleante canoa no parecía de gran estabilidad y el barquero -un héroe- nos hizo topar un par de veces con alguna roca que casi compromete la flotabilidad de la nave.

Cuando uno se mete en estas cosas lo hace bien: cara pintada para camuflarme y pluma en el lado derecho, como está mandado. Nótese como agarraba de fuerte mi señora madre la canoa.

Sanos y salvos y otra vez en tierra, iniciamos una peligrosa caminata en mitad de la jungla. Obviamente, nos cubrimos la cara con los milagrosos barros del lugar para mimetizarnos con el ambiente y ser casi invisibles ante los ojos de los muchos indígenas que nos acechaban, de los que pudimos finalmente huir.

Los Casero, perfectamente invisibles en la selva.

Unas cuantas hojas secas me servían de perfecto camuflaje. El guía, vestido de un desacertado color naranja causó baja en manos de unos indios antropófagos.

La meta de tan fatigosa travesía era una bonita cascada, donde, poniendo en riesgo nuestra integridad, tomamos un baño, rodeados de anacondas y pirañas.

Instante inmmediatamente anterior a cazar la anaconda que nos comimos para merendar.

Yo sé que a lo largo de este post, en vuestras cabezas va surgiendo una irremediable pregunta… ¿cómo es posible que estando en la selva no hayas…? Obviamente, también hice de Tarzán:

Y no una vez, sino dos. Y lo hubiera hecho tres, si hubiera habido oportunidad.

 

Merecíamos un descanso.

Y después de toda esta epopeya, volvimos al pueblo y las ganas de seguir haciendo el indio no disminuyeron, así que otra vez en el nombre de la Épica, decidí bajar por una cascada de casi cincuenta metros.

Vale, ya lo sé: lo de las anacondas es mentira, no huímos de ningunos indios antropófagos y el guía no sólo está vivo, sino que fue él el que nos llevó de vuelta a casa en su 4×4. Pero, dejadme meter un poco en el papel, por favor.

Y vale, ya lo sé también, que lo que hicimos no fue ir a la selva, sino dar un paseo para gringos, pero por un lado nos lo pasamos muy bien y fue un día la mar de agradable y divertido; y por otro lado yo os lo avisé, este post trataba solamente de hacer el indio.

***

Novedades en el blog: hemos creado otro picasa nuevo, ya que los otros estaban llenos. Podéis ver ya muchas fotos nuevas en la sección de enlaces o directamente pinchando aquí.

Más cosas: en el anterior post os proponía que me hicierais preguntas para un post que se llamará Tengo una pregunta para usted. Os animo a que lo continuéis haciendo.

Por último, el otro día, se celebró lo que dimos en llamar el Chat de la Épica, con un éxito rotundo. Podéis verlo aquí.

Siempre que hablamos de cosas del blog, al final, una foto:

Librado Casero, explicando a todo Ecuador su paso por el Viaje de la Épica.

14
sep

Una de varios

   Posted by: Alex

BSO: Victoria y Soledad, como mi madre y como estoy ahora, de Andrés Calamaro.

Tengo varias cosas que contar, ninguna lo suficientemente extensa como para hacer un post, así que haciendo un homenaje a una de las secciones estrella del blog amigo cansvells, vamos hoy con una de varios.

En las mejores familias

Informo a la concurrencia que mis señores padres ya han abandonado el continente y actualmente se encuentran descansando en la bella Malpartida de Corneja.

Las mejores familias.

Reconozco que tanto yo como ellos teníamos nuestras reservas acerca de cómo sería nuestra convivencia estas dos semanas que hemos estado juntos, puesto que llevábamos muchos años -demasiados- sin convivir tanto tiempo.

Y tengo que deciros que la convivencia ha sido modélica, como en las mejores familias. Ambos bandos nos hemos readaptado al otro y nos ha salido un viaje la mar de majo: reencuentro, días de playa, ballenas y fiesta en la Montañita, extralujo en Galápagos, buses de infierno, ciudad colonial en Cuenca, naturaleza y deportes de aventura en Baños y vida social en Quito. Un poco como este post, muy variado.

Ballenas en Puerto López.

Dicho esto, quería agradecer a mis señores padres su estadía por este continente y decirles que viajar con ellos ha sido una experiencia maravillosa.

Como maravilloso fue el jamón y el lomo que degusté afanosamente durante su visita.

Mi soledad y yo

En consecuencia al anterior punto, me he vuelto a quedar en mi Épica en solitario, cosa que, debo reconocer, en los primeros días se me hizo un poco extraño, pues llevaba casi dos meses acompañado por las numerosas visitas estivales.

Pero ya pasado ese período de reajuste, estoy otra vez reintegrado al averlismo (dícese de la acción de estar a verlas venir) más puro y el viaje continúa. Y para celebrar la vuelta a la normalidad, otro reencuentro de la Épica. Paseando por Quito, me reencontré con Maru, una chica argentina que había conocido en Tilcara, al norte de la Argentina, más de dos meses atrás.

Un pingüino en mi ascensor

Hace meses, nos reíamos de Miriam por sus extrañas rutas por Sudamérica. Ella, sonriente, asentía, como pensando que quizás estábamos hablando demasiado pronto.

Y no me queda otra que darle la razón: parezco un ascensor, ahora para arriba, ahora para abajo. Me crucé Ecuador en tres días hace casi dos meses, pasé casi un mes en Colombia, para volver deprisa y corriendo al Ecuador, donde pasé nuevamente casi otro mes… y ahora me encuentro otra vez en Colombia, camino de Venezuela.

Harto de las colas...

... de la frontera entre Ecuador y Colombia.

En fin, que como es habitual, varios errores de planificación han dado con una ruta de lo más absurda. ¡Qué se le va a hacer! Ya se sabe que la Épica y la planificación no van de la mano. 

Tengo una pregunta para usted

Igual que el célebre programa de TVE, tengo pensado hacer próximamente un post con este título, es por ello, queridos lectores que, una vez más, os necesito.

Y es que seguro que tenéis muchas preguntas, dudas o curiosidades que queráis que os resuelva, sobretodo del día a día que quizás es la parte del viaje que más fuera queda del blog. Así que hoy os propongo que uséis los comentarios de este post para hacerme preguntas que responderé en días venideros en otro post.

Una vez más, habrá premio para la mejor pregunta de todas las propuestas.

Corolario

Este es un post de mierda, pero estoy en crisis creativa. Lo siento, amigos.

Para compensar, esta buena foto.

Post-data

Señores, les recuerdo que el próximo jueves 16 de septiembre a las 22h hora de España (GMT +1) será el chat multitudinario de seguidores y amigos de la Épica.

¡No os lo perdáis!

10
sep

La jaula de oro

   Posted by: Alex

BSO: Un velero llamado Libertad, de José Luis Perales.

Minutos antes de la cena de Nochebuena pasada, le anuncié a mis padres que me iba a ir de viaje a Sudamérica durante un año. La primera reacción fue la comprensible de cualquier progenitor. Pero minutos después, ya estábamos hablando sobre reencuentros en Quito y cruceros por las Galápagos, aprovechando las vacaciones estivales de España.

Y mezclando ese deseo lógico de ver a un hijo, con la generosidad de mi señora madre, aliñados por su deseo de juventud de visitar las Islas Galápagos, acabamos haciendo un crucero por todo lo alto. Y cuando digo por todo lo alto, me refiero precisamente a eso: por Todo lo Alto. En mayúsculas. Ya avanzaba en el post anterior que había estado rodeado de toda clase de lujos, pero hoy vamos a ver en concreto de qué estaba hablando.

La vida padre.

Después de aterrizar en el minúsculo aeropuerto de las islas, nos esperaba allí un fulano vestido de marinerito: un atuendo que le hacía caminar entre la delgada línea que separa al mariposón del payaso. El lenguaje en el que este tipo se dirigía a nosotros se sustentaba en dos apreciaciones: nos hablaba como si fuéramos retrasados y nos hacía descaradamente la pelota. Cosa que, como os podéis imaginar, me ponía de los mismos nervios y me daban ganas de meterle un dedo en el ojo.

Y después de esa declaración de intenciones, llegamos al magnífico barco Galápagos Explorer II, lo que iba a ser nuestra morada durante cinco largas jornadas. De un vistazo me di cuenta que estaba rodeado de una multitud de millonarios plurinacionales, donde destacaban por encima de todos los venidos de la tierra esa que separa México de Canadá. Como os podéis imaginar, tras siete meses de maltrato a mis ya de por si maltrechos ropajes, con aquella concurrencia un servidor era de lo más llamativo y extraño. Pero, ataviado de mi inseparable gorra verde y del indispensable polo de rayas, y con altas dosis de saber-estar, me dispuse a integrarme en esa sociedad formada por una amalgama de ricachones de toda procedencia.

Aún así, obviamente, cada día le pedía las novedades al señor Capitán.

Tanto fue así, que al final me hice con el mando del barco.

No pasaba desapercibido, y a decir verdad, tampoco lo pretendía. En cierta manera era un triunfo del mochilerismo ante el turismo de alta alcurnia, así que decidí, dentro de mis limitaciones, disfrutar de toda clase de lujos durante unos días.

La idea era que hacíamos una excursión por la mañana y otra por la tarde. Y digo excursión por decir algo, pues el recorrido era el mismo para los varios octogenarios que estaban a bordo que para los que todavía no hemos llegado a los 30. Así que como os podéis figurar, un servidor necesitaba un ritmo más elevado y una exigencia física mayor. En definitiva, las excursiones eran maravillosas porque las islas también lo eran, pero yo necesitaba mucha más tralla y con un poco más de energía estoy convencido de que habríamos visto muchas más cosas y en consecuencia habríamos disfrutado mucho más.

Ese era nuestro plan de vida, siempre aliñado por una clara sobrealimentación. Por la mañana desayuno tipo bufet, con un tipo con gorro de cocinero que hacía tortillas al gusto. Después de volver de la excursión, un pica-pica en la terraza. De comer, otro bufet de esos que no se salta un gitano, de los de ponerte tibio y desabrocharte el botón del pantalón. Y obviamente, después de volver de la excursión vespertina, otros canapeses. Y la estrella: la cena, como en el mejor de los restaurantes. La típica cena de, por ejemplo:

  • Bouquet de ensalada de camarones aliñada con aceite de finas hierbas y toque de maracuyá.
  • Crema de verduras caramelizadas con esencia de magret de pato.
  • Redondo de avestruz con pastel de zanahoria y calabaza, con puré de frambuesas y yuca al horno con nueces de macadamia.
  • Milhojas de chocolate fundido con arándanos caramelizados con esencia de pistacho.

Y esto lo digo por decir algo, menú totalmente inventado pero que bien podría haber sido nuestra dieta nocturna de cualquiera de los días.

Los que servían el suculento bufet, perfectamente ataviados.

Pijada que uno no sabía si había que comerse o fotografiarla.

El típico postre con flor de chocolate innecesaria.

Además de lujos gastronómicos, vamos con otra serie de detalles no menos importantes: Terraza con jacuzzi a 40 grados, piano-bar con camarero con pajarita haciendo cócteles, solarium en la última planta, sala biblioteca con un enorme ajedrez, masajista que hacía tratamientos de barro; y gente, mucha gente trabajando en cualquier esquina dispuesta a hacerte la pelota en el momento que fuera necesario.

Párrafo aparte merecen las toallas. Yo, que viajo con una toalla y la lavo cuando puedo (llamadme guarro, pero una vez cada tres semanas, más o menos), no podía creer que allí se consumieran una media de siete toallas por persona y día: la de la excursión de la mañana, la del jacuzzi de la mañana, dos más para lo mismo de la tarde, la de la ducha, la de los pies y la de la cara. En fin, un derroche sin igual. Y no acaba ahí la historia, pues cada día al llegar te encontrabas las toallas haciendo formas imposibles:

Un perro. O un conejo. O algo.

La familia pájaro y un par de cisnes formando un corazón. ¡Oh....!.

Y todo esto al son que marcaba una voz que no paraba de sonar bilingüemente durante todo el día: “señores, hora de levantarse“, “in five minutes in the piano-bar…“, “en diez minutos desembarcamos en…“, “tienen a su disposición en el salón principal…“, “en la terraza del jacuzzi podrán disfrutar de…“. Aquella voz, que era como el Gran Hermano, no paraba en todo el día de martillearte en la cabeza y de marcarte lo que tenías que hacer en cada minuto.

Sin embargo, lo que más me sorprendió fue que todos aquellos propietarios de abultadas cuentas corrientes, fueran escrupulosamente obedientes a la hora de hacer lo que el Gran Hermano decía. Parecían teledirigidos y nadie se planteaba no hacer lo que en cada momento HABÍA que hacer. Y pongo ese había en mayúsculas, puesto que no deja de ser curioso que en un crucero de megalujo te digan siempre cual es tu deber.

Millonarios obedeciendo en un supuesto simulacro de naufragio.

Y claro, yo que llevo ya más de 200 días haciendo lo que me viene en gana, no llevaba para nada bien ese régimen carcelario. Y yo creo que no era el único: un abultado grupo de cincuento-solteronas canadienses no era capaz de encontrar asueto para sus tardíamente revolucionadas hormonas por falta de caballeros dispuestos a complacerlas. Algunos niños a bordo no tenían suficiente espacio para derrochar toda su energía. Varios recién casados no encontraban momentos para hacer uso de su recién estrenado matrimonio. Y este que os escribe se tenía que ir, en contra de su voluntad a dormir a las diez de la noche, porque en la jaula de oro ya no quedaba nada que hacer. Porque a partir de esa hora todo era prohibitivamente caro: internet a 15 dólares la hora (!), un cóctel a 10 dólares (!).

En conclusión, dos cosas me molestaban especialmente: estar completamente encerrado, preso dentro de un hotel de lujo flotante y que me dijeran en cada momento qué tenía que hacer. Eso sí, conseguí sobrellevarlo todo muy bien, sobretodo gracias a la gran familia que formamos en el barco:

La familia a bordo.

Quizás uno no tenga carne de millonario, lo reconozco, pero se me ocurren miles de formas mejores de disfrutar de esas islas que tras unos barrotes de oro.

***

Por otro lado, informamos al personal que el próximo JUEVES 16 de SEPTIEMBRE, a las 22.00 hora peninsular de España, llevaremos a cabo la prueba propuesta por Guille Casasnovas en loquequieraspor10euros, el chat multitudinario de seguidores del blog de la Épica.

Para participar debéis tener una cuenta de gmail (si no tenéis cuenta de gmail, haceos una que además os estáis haciendo un gran favor a vuestras vidas: Google, patrocínanos ya!) y aseguraros de tener en contactos de chat al señor Casas o a mí; y estar conectados a la hora y día convenidos.

Cualquier duda que tengáis al respecto estaremos encantados de resolverla vía comment o vía email.

¡Apúntense al multi-chat de la Épica!

5
sep

Selección natural

   Posted by: Alex

BSO: La única canción que habla de lagartos y cosas similares que se conoce, Comerranas, de Seguridad Social.

En el post de hoy nos remontamos hasta el muy lejano 1535, cuando un fraile español, llamado Tomás de Berlanga fue el primer hombre conocido en encontrar las que hoy día conocemos como islas Galápagos, un archipiélago perdido en el Pacífico a más de mil kilómetros de cualquier tierra firme. El afamado fraile abandonó Panamá para dirigirse a Perú a mediar en favor del mismísimo Pizarro. Tras varios días de desafortunada navegación, el más puro azar hizo topar su nave con aquellas inhóspitas islas.

Vista de la isla de San Bartolomé.

La sorpresa del fraile fue mayúscula, básicamente por la ausencia total de vegetación y por la gran variedad de animales de toda condición: tortugas, iguanas, lobos marinos…

Sin embargo, no fue hasta exactamente 300 años después, con la llegada de un joven y todavía desconocido Charles Darwin que las islas no alcanzaron gran relevancia a nivel mundial. Y gracias al genial inglés, el encargado de dar una de las pruebas más irrefutables de la inexistencia de dios, el nombre de las Galápagos irá siempre unido al de la evolución de las especies y a la selección natural. La explicación científica a la eterna cuestión de la creación y la demostración palpable de lo ficticio de aquello de los siete días. Sin embargo, en pleno siglo XXI todavía existen reductos que siguen creyendo en el creacionismo como fuerza elemental de la vida. Pero ese ya es otro tema: el de la estupidez humana, del que hablaremos otro día.

Un árbol medio muerto, hierba y un fondo bonito hacen una buena foto.

Bien, pues ya bien entrado el siglo XX, una joven adolescente de 15 años, mi señora madre, leía con pasión los apuntes del naturalista inglés y fantaseaba con poder, algún día, pisar aquellas maravillosas islas que habían inspirado tan notable descubrimiento.

La clásica tortuga de mar que se bañaba tranquilamente delante mío.

Y así fue como, tras un feliz reencuentro con mis queridos padres, pusimos rumbo hacia las islas Galápagos, con la particularidad que ibamos a verlas en un estado muy parecido a como las encontró Berlanga, a como las describió Darwin en sus apuntes y a como las leyó aquella adolescente.

Primero tuve que torear a este par de iguanas.

Para que posaran junto con mis queridos padres.

Hemos sido privilegiados en presenciar uno de los pocos lugares del mundo por los que el tiempo no parece haber pasado. Hemos estado varios días navegando y paseando por diferentes islas sin ver rastro o vestigio de actividad humana alguna.

Un lobo marino haciendo "el muerto" y al final nuestro barquichuelo.

Nuestros únicos acompañantes eran los numerosos lobos marinos, iguanas, cangrejos, tortugas y pájaros de todo tipo que, desde hace siglos y siglos, y gracias al increíble nivel de adaptación al medio, son los habitantes casi únicos del archipiélago.

Un cangrejo medita si tirarse al mar azul turquesa o no.

La verdad es que tuvimos muchos momentos muy especiales en los que la sintonía entre el medio natural y nosotros, se nos presentaba de tal manera que éramos espectadores de una obra teatral totalmente natural, hecha solamente para nosotros.

Un pajarillo reposa en el caparazón de una tortuga gigante.

Encontrarse rodeado de -literalmente- miles de iguanas, completamente negras para poderse camuflar en los suelos volcánicos mientras escupían y se calentaban al sol. Sumergirse para que todo un banco de peces de colores pase a milímetros tuyos y observar lo hábiles que son los peces esquivando cualquier obstáculo imprevisto. Admirar el vuelo de unos pájaros con las patas completamente azules u otros con una bolsa roja enorme en el gaznate. Mirar bajo el agua con unas gafas de buceo y descubrir media docena de tortugas que cada una de ellas es más grande que uno; e incluso perseguirlas y darse cuenta de que en el mar son inalcanzables. Chocarse cara a cara con un lobo marino y quedar asustado de como una animal tan torpe en tierra puede ser tan hábil en el mar.

Un iguana terrestre.

Unos curiosos pajarillos de patas y pico azul poblaban las islas.

Aunque todos le llamemos foca, se trata de un lobo marino.

Unos pájaros la mar de extraños llamados fragatas.

Centenares de iguanas marinas descansaban al sol.

Tortugas gigantes.

Y de estas muchas, cada día varias. Fueron cinco días en un crucero -que merece un post aparte- rodeado de toda clase de lujos, con dos tranquilas excursiones naturalistas por día, una por la mañana y una por la tarde. Sinceramente fue una muy buena experiencia aunque a veces me sentía como un pulpo en un garaje, pero esa maravilla de la naturaleza bien lo merecía.

Otra sesión de saltos.

Tortuga, a ver si saltas lo que yo.

Selección natural en estado puro, y os propongo ese título por dos motivos: como homenaje a Darwin y a sus pesquisas y descubrimientos; y porque lo que pudimos presenciar durante aquellos días, parecía una selección de los mejores momentos de la naturaleza, solamente para nosotros.

Genial foto caminando por una magnifica y solitaria playa.

Entre tortugas.

Para ir cerrando, una demostración de mi inigualable fuerza levantando roca volcánica y la prueba de que, obviamente, el polo de rayas también viajó a Galápagos.

***

No puedo dejar pasar la oportunidad de lamentar la muerte de un notable campeón: el francés Laurent Fignon. Una vez más tenemos que narrar la muerte de un ciclista en otra de esas macabras coincidencias entre dopados y muertes extrañas. Pero es así, el ciclismo es así.

El gran Fignon.

Fignon quizás fue el último revolucionario del ciclismo, con sus gafas de alambre, su coleta rubia al viento, su incipiente calvicie y sus dos hechos más destacados: sus Tours y el mítico escupitajo a la cámara de TVE. Así era este genial francés, esperemos, el último campeón muerto.