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29
nov

Turismo de gama media

   Posted by: Alex

BSO: Haz turismo, de los Celtas Cortos.

El camino que me tenía que llevar desde el Perú hasta la Argentina, donde se acaba mi viaje, solamente ofrecía dos alternativas: volver a recorrer Bolivia de norte a sur o pasar por el norte de Chile.

Pese a que Chile es el país más caro de Sudamérica y en su parte norte es puro desierto decidí ir por allí. En primer lugar, para completar el mapa y poder decir que he puesto los pies en todos los países de Sudamérica (a excepción de las tres inaccesibles colonias esas del norte). Además de eso, mi paso por Chile me permitiría visitar el desierto de Atacama, desde su centro neurálgico: San Pedro de Atacama.

Los colores de Atacama.

Así que tras una larga sucesión de buses me planté en la pequeña localidad, que preside un pequeño oasis dentro del majestuoso desierto de Atacama. El lugar es mundialmente conocido por ser el emplazamiento donde menos llueve de todo el mundo.

Según la wikipedia en ciertas zonas del sector central del desierto se han registrado periodos sin lluvias de hasta ¡300 años!. Preguntando a un lugareño sobre cuantos días al año llovía, el tipo sonrió y me dijo: “Uno o ninguno”. Como vio mi interés, me invitó a un Pisco Sour, la bebida tradicional de Chile y otro de los motivos de controversia chilenoperuana, ya que ambos países se atribuyen el origen del Pisco, una bebida alcohólica bastante rica por cierto.

Bien, Pisco Sour en mano, el tipo me contó que las escasas veces que llueve en el pueblo, la fina lluvia no dura más de veinte minutos, y que los lugareños lo celebran saliendo en masa a la calle por el simple gusto de mojarse.

Aunque no lloviera había unas lagunas de agua extra-salada donde flotabas extraordinariamente.

Formaciones rocosas imposibles.

Pero no nos vayamos de tema: situamos la escena en San Pedro de Atacama, un pueblito invadido por el turismo, una sencilla sucesión de restaurantes, agencias de turismo y hostales; unos precios por las nubes que fácilmente multiplicaban por diez los que solamente horas atrás pagaba en Arequipa y en general centenares de turistas invadiéndolo todo.

Lo peor de todo, varios grupos de más de quince adinerados franceses: la prueba ineludible de que estaba en un lugar de turismo de gama media.

El anfiteatro le llamaban a esta formación.

Ya sé que soy un afortunado al tener el tiempo de poder hacer mi viaje a mi antojo y que no todo el mundo puede tener la misma suerte (aunque en realidad creo que todo el mundo puede, es simplemente una cuestión de determinación, pero de eso ya hablaremos otro día). Ya sé que hay lugares que es más fácil visitarlos contratando un paquete turístico y dejándose llevar. Pero no entiendo el empecinamiento de querer viajar así y únicamente así.

Los primeros rasgos ineludibles del turista medio es su increíble gusto por vestirse de turista. Es algo que no me explico, pero es así. De hecho en eso basa su fortuna el propietario de la cadena de tiendas Coronel Tapioca, en vestir de Indiana Jones a los turistas de gama media.

¡Un parking de buses en mitad del desierto!.

Bien, tenemos al turista medio vestido con sus botas de trekking (para subir y bajar del autobús), con sus pantalones desmontables, siempre de color crema, con un chaleco de esos con muchos bolsillos, con un gorro de la zona, comprado en alguna tienda de souvenirs, la cámara de fotos profesional (que no sabe manejar) colgada al pescuezo y la cámara de video en una mano, dispuesto a grabar lo que sea. Dentro de ese lo que sea, se incluye el paisaje desde el bus o las aburridas explicaciones de un guía, igualmente vestido de expedicionario.

Pero bueno, al fin y al cabo, y aunque no entienda el motivo por el que hay que cambiar la indumentaria para hacer turismo, yo siempre he sido partidario de que todo el mundo vista como le venga en gana. Lo que verdaderamente me molesta del turista de gama media es la actitud frente al viaje.

Hice ¡cola! para poder hacer la foto del Coyote esperando al Correcaminos.

El turista de gama media simplemente hace lo que le dicen que haga. Se hospeda en el hotel que le dicen, come en el lugar previsto, va siempre en su grupo y la gente local es poco menos que un decorado que le vende cosas. En cierta manera creo que para hacer ese tipo de viaje es mejor quedarse en casa, ahorrar mucho dinero, bajarse las fotos de internet y con el photoshop (o con el paint) incrustarse la cara de uno en la escena y listos.

Así que entre muchos turistas de gama media pasé mi estadía en San Pedro. Tuve un momento de debilidad y me dio pereza ir por mi cuenta y me convencí que no sería tan malo contratar un par de tours por la zona para poder disfrutar del desierto, ya que los lugares son de complicada accesibilidad.

Así que allí me metí, entre turistas de gama media en su hábitat más natural: el tour. Una sucesión incesable de sube-baja de un autobús que te lleva a los lugares más concurridos de la zona. Centenares de extrangeros haciendo fotos en los mismos parajes: “tienen cinco minutos para tomar fotografías, después al bus”, “pararemos para que le puedan tomar fotos a esa piedra”, “iremos a ver la puesta de sol a la duna mayor, un lugar impresionante”.

Claro, ver la puesta de sol junto con otros 300 turistas de gama media.

Entonces, ¿no te gustó Atacama? Evidentemente que me gustó, puesto que es un lugar indescriptible, por un lado un secarral en forma de llanura que no te alcanza la vista, por otro unas montañas hechas de las formas más caprichosas, volcanes de forma cónica de más de 6000 metros presidiendo la estancia, ni rastro vegetal en parte ninguna, lugares más parecidos a la luna que a la tierra, en definitiva, un paraje maravilloso.

La imponente Duna Mayor.

Le llaman el Valle de la Luna.

Un paraje de esos que es para caminarlo, sentarte en medio de la nada, pero que pierde toda su esencia y su magia cuando un holandés gordo grita a su hijo para que le haga una foto o cuando un guía que está harto de hacer la misma ruta todos los días de su vida, te grita para que regreses al autobús puesto que ya han pasado los cinco minutos de rigor para hacer la fotografía obligatoria.

En síntesis, podemos definir el turismo de gama media cuando es más importante la cámara de fotos (o peor, de video) que uno mismo, y eso, lamentablemente es el turismo más común en muchos lugares del mundo.

Un volcán que se muestra igualito que cuando los dibujábamos en el colegio.

Así que, queridos lectores, como hemos demostrado muchas veces desde este blog, hay muchas más maneras de viajar que dejarse llevar por la masa de gama media.

Así que ya lo saben, la Épica solamente persigue a los turistas de gama baja. Sean Épicos, amigos.