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Archive for the ‘Argentina’ Category

17
dic

Acordarse toda la vida

   Posted by: Alex

BSO: El tatuaje, de los Mojinos Escozíos.

Hay experiencias que a uno le marcan la vida. Este viaje ha sido una de ellas, no cabe duda. Así que me animé a recuperar una vieja idea que tuvimos ya con el amigo Casas. En su día quisimos hacernos un tatuaje para tener una marca única en nuestros cuerpos que nos sirviera como recuerdo para toda la vida.

Pasaron los meses y la vieja idea del tatuaje parecía caída en el olvido. Pero un día, paseando por el porteño barrio de San Telmo, me volví a topar con la tienda de tatuajes que la otra vez con Casas habíamos encontrado cerrada. Era una señal, iba a tatuarme.

Mucha gente me ha dicho, aquello de “de este viaje te acordarás toda la vida”, pues bien, ahora le añado un motivo más. Me he tatuado cerca del culo un mapa de Sudamérica con la palabra Épica encima. Para hacerlo menos obvio he decidido usar la letra π (PI) en medio, así que la grafía queda más o menos así: Éπca. Me gusta.

Así que nada, junto con mi gran amiga coreana fui dispuesto a que metieran tinta en mi epidermis. Tenía miedo, no lo niego. Me he mordido los dedos del dolor, pero objetivamente, no ha sido para tanto.

Os dejo con una pequeña sesión fotográfica del evento:

Miedo, mucho miedo.

Primeros bocetos.

Comienza la faena.

Sigue la faena.

Dolor, mucho dolor.

La obra.

La artista.

Aviso que en este post no hay trampa ni cartón, el tatuaje es real, de esos que no se pueden borrar.

Nunca me había llamado la atención el mundo de los tatuajes, pero este era un buen motivo. Este viaje es para acordarse toda la vida. Y sino solamente tengo que mirarme el culo.

16
dic

La Fiesta de la Épica – Final de trayecto

   Posted by: Alex

BSO: Próxima estación, esperanza; de Manu Chao.

Inevitablemente el viaje llega a su fin. Han pasado más de diez meses desde mi partida hacia estas tierras y el tren se ha detenido en Buenos Aires, la última estación de este trayecto repleto de buenos momentos. En tres días estaré volando de vuelta a casa, a empezar una vida nueva.

Sin duda, se me avecina un gran cambio y esta no es sinó otra buena excusa para hacer otra Fiesta de la Épica. En las anteriores ediciones unos cuantos personajes famosos decidieron asistir y anunciar su presencia con unos vídeos que son recordados por todos los seguidores de la Épica.

[Se recomienda ver los vídeos de invitación de las anteriores fiestas de la Épica: aquí y aquí.]

Pues en esta ocasión y como no podía ser de otra manera, algunos ilustres también han anunciado su presencia.

Así que, Amigos de la Épica, quedáis todos congregados el próximo VIERNES 17 de DICIEMBRE en:

Hostel Che Lagarto
Calle Venezuela 857 (y Tacuarí), en San Telmo
Buenos Aires – Argentina

MAPA

La fiesta arrancará a las 19.30 de la noche y se alargará hasta que el último se ausente, previsiblemente empujado por el sol. Podéis venir a la hora que queráis, cenados o sin cenar. Antes de las 9 hay 2×1, el resto son precios más o menos asequibles.

Invito a cualquiera que sea o se sienta artista a participar de la Fiesta: así que traeros vuestros instrumentos o lo que necesitéis para dar un poco de espectáculo. Las Fiestas de la Épica fueron y serán siempre escenarios abiertos para todos.

Solamente necesitáis traer ganas de pasarlo bien y de conocer gente. Obviamente podéis traer a quien queráis, venir vestidos como queráis y en general, haced lo que queráis. Al fin y al cabo las Fiestas de la Épica son eventos donde gente Épica hace lo que quiere.

¡Nos vemos el viernes!

13
dic

Dios está en todas partes

   Posted by: Alex

BSO: Dieguitos y Mafaldas, de Joaquín Sabina.

Hace ya bastantes meses, en una noche de inspiración, escribí el post que más repercusión ha tenido de este blog, titulado Idiosincrasia Argentina, donde disertaba ampliamente sobre mi percepción acerca de los argentinos, sus costumbres y su forma de ser y pensar.

En las muchas críticas constructivas que tuvo el artículo, la más repetida fue mi error al valorar a todos los argentinos por igual, solamente tomando en consideración lo que había visto hasta ese momento: la sociedad de Buenos Aires, conocidos como porteños. Durante aquel tiempo, me comprometí a escribir una segunda parte de ese artículo, para ver las diferencias entre los capitalinos y el resto de argentinos, muy notorias, según la mayoría de comentaristas.

Frases de apoyo a los Kirchner en cualquier pared de la ciudad de Salta, bien al norte argentino.

Varios meses después de aquellos días, me encuentro sentado frente al mismo ordenador, del mismo hostal, con mucha más experiencia en la Argentina, no en vano la he recorrido hasta el norte en ambos sentidos. Así que ahora, con una visión más amplia del hecho argentino, comienzo este post, recordando siempre que estas líneas no son más que la humilde opinión de un viajero, por lo tanto equivocada, pero espero, almenos coherente.

El título de hoy no responde a un sorprendente cambio de opinión religiosa: es la primera parte de un famoso refrán argentino que sirve de buen glosario de este post. Dios está en todas partes,… pero atiende en Buenos Aires. Frase muchas veces repetida por todos los no porteños para hacer notar las muchas deficiencias causadas por el centralismo.

El descontento político es un factor común en toda la Argentina, incluso en el lejano pueblo de Cachi.

Argentina es el octavo país más extenso del mundo, ocupa más de cinco veces el territorio de España. Sin embargo es solamente el país número 32 en habitantes, con escasos 40 millones de personas. Una simple división da una media de apenas 15 habitantes por kilómetro cuadrado: un territorio monstruosamente grande y enormemente despoblado.

Por otro lado, el Gran Buenos Aires cuenta con casi quince millones de habitantes y otros cinco millones viven en la provincia homónima. No hace falta ser un gran estadista para darse cuenta que Argentina es un país demográficamente muy desequilibrado, con mucha gente en un solo punto y extensas zonas prácticamente despobladas.

Así es precisamente como se vertebra y articula este país supuestamente federal, pero que dista mucho de serlo. Buenos Aires marca el ritmo del país en todo y eso se deja sentir en la opinión que tienen unos argentinos de otros. La opinión de los no capitalinos más comunmente aceptada es que el porteño es muy egocentrista, incluso displicente con el resto de argentinos. El porteño siente de alguna manera al resto de la nación como un lastre para el desarrollo y lo deja notar en algunas de sus actitudes. Tienen fama de soberbios, de maleducados y de ser poco amables, de dar mala fama a los argentinos en general. Ojo, esta no es mi opinión, es lo que se dice en los mentideros de fuera de la capital. Obviamente es un país dividido por la mitad, puesto que casi la mitad de la población vive muy influenciada por lo bonaerense y la otra mitad reniega precisamente de esa condición, para hacer notar las tan cacareadas diferencias entre provincias.

En Rosario, el monumento a las Malvinas, otra de las preocupaciones nacionales.

Hasta aquí solamente va una simple descripción, más o menos acertada de los hechos. A partir de ahora, vamos con mi opinión. Creo que las diferencias que todo el mundo advierte tan abiertamente entre los bonaerenses y el resto no son tantas como todo el mundo anuncia.

Obviamente que hay diferencias, en primer lugar, marcadas por la diferencia de escenarios. No es lo mismo vivir inmerso en la vorágine de una megalópolis sudamericana que en el extenso campo, que en una tranquila ciudad de provincia, que en un rancho en la Patagonia, eso es evidente. Las diferencias, en cualquier caso, parten de ahí, como existen en cualquier otro país.

De hecho, es muy habitual el recelo contra los habitantes de las capitales o de las grandes ciudades. Ejemplos hay muchos, los franceses contra los parisinos, los brasileños con los paulistas o incluso los españoles contra los supuestamente centralistas madrileños. Es un esquema que se reproduce en casi todos los países, producto de las diferencias culturales y económicas producidas por la aglomeración de asfalto como metáfora de la bonanza y el desarrollo.

Mi diagnóstico pues es que no me retracto demasiado de todas las palabras que pronuncié en su momento y en realidad las hago extensivas a todos los territorios que he pisado en la Argentina, mayormente los del norte del país. Los argentinos en general se puede decir que son amables y acogedores, buenos conversadores, afables y parecidos en modo de vida a los españoles.

Fotos de desaparecidos durante la dictadura, frente a la cómplice Catedral de Córdoba.

Así que desde este perdido rincón del internet, llamo a la conciliación de todos los argentinos, olvidando las diferencias de la capital con las otras provincias. La crítica está bien, pero creo que demasiadas veces se tiende a generalizar por demás en esta situación. Así que, porteños, renieguen menos de sus compatriotas. Al resto, acerquénse a los porteños, al fin y al cabo, si necesitan a Dios, atiende en Buenos Aires.

8
dic

La misma piedra

   Posted by: Alex

BSO: Un beso y una flor (forjarán mi destino las piedras del camino), de Nino Bravo.

Dicen que el humano es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra. Yo, un simple viajero metido a narrador de historias no soy una excepción y también he encontrado esas piedras que van forjando mi camino.

El hilo de esta historieta Épica lo habíamos dejado en el norte de Chile, en el desierto de San Pedro de Atacama. Después de eso, crucé lo que sería mi última frontera terrestre, volvía a la Argentina, en concreto a la ciudad de Salta.

En lo más alto de Salta.

Allí se produjo uno de los reencuentros más esperados: la risueña coreana con la que habíamos hecho la subida al Choquequirao algunas semanas atrás. Juntos decidimos darnos un pequeño paseo por algunos pueblos de la provincia de Salta: iniciaríamos el recorrido por el apartado Cachi y trataríamos de llegar a Cafayate, aún sabiendo que el camino que unía ambas localidades estaba totalmente incomunicado por transporte público, en lo que supondrían 150 kilómetros más largos de lo habitual.

Celebramos el reencuentro con un litro de nuestra bebida favorita en Cusco: jugo de maracuyá.

Tras madrugar, llegamos a la localidad, algo decepcionante para las espectativas creadas. Así que decidimos no hacer noche y comenzar a caminar el largo camino que nos separaba de nuestro destino. Antes de salir a la carretera a levantar el dedo, decidimos probar suerte preguntando a todo el mundo que pudiera tener coche en la plaza del pueblo. Nos repartimos el trabajo: Eunjung preguntaba en inglés a los que tenían cara de gringos y yo en español a los que parecían argentinos.

La misión de búsqueda dio sus frutos y unos aparentemente amables canadienses iban en nuestra dirección. Nos abandonaron una cincuentena de kilómetros más adelante pues ellos iban teóricamente a hacer noche en un pueblito cercano. En una hora de tensa espera pasaron por el polvoriento camino sin asfaltar tres coches que, por diferentes motivos, no nos pararon. Pero la suerte nos reservó una nueva sorpresa y los mismos canadienses seguían haciendo camino pues no les había gustado demasiado el pueblo que a priori habían seleccionado para pernoctar.

¡¡Páranos!!

Así que nos avanzaron otros cincuenta kilómetros. Como todavía quedaba una hora y pico de luz, decidimos seguir probando suerte con el dedo en alto a ver si alguien nos completaba el recorrido. Sin embargo, tras otra tensa hora de espera, se podría decir que no pasó ningún vehículo donde pudiéramos meternos.

Seguramente estábamos en la ruta con menos tráfico de toda la Argentina, por lo que la desesperación se disfrazaba de espera en mitad de la nada, tragando polvo en un camino de arena. Estaba a tan solo unos cien kilómetros de distancia de aquella vez que me pasó lo mismo, caminanto otra vez sobre la delgada línea que separa cosas casi opuestas: lo maravilloso del paraje, con el nerviosismo que aporta el no poderse uno desplazar a tu antojo. Efectivamente, había tropezado otra vez con la misma piedra: tensa espera al borde de una carretera del despoblado norte argentino, con el frío atenazane de la noche en zonas desérticas y sin posibilidad de escape.

Hay que cuidar el cutis mientras uno hace autostop.

Esta vez teníamos más suerte: estábamos a tan solo un par de kilómetros de un pueblito llamado Angastaco. Caminamos ya de noche cerrada el camino que nos separaba del pueblo. Evidentemente estábamos en un lugar fuera de cualquier circuito turístico, un lugar nada acostumbrado a ver personas foráneas y mucho menos de unos rasgos tan exóticos como los de Eunjung.

Éramos la atracción del pueblo, pero lejos de querer serlo, nos disponíamos a pasar la noche allí. Nos hablaron del camping del pueblo, para lo cual hubo que encontrar al encargado. Preguntando casa por casa, llegamos ante la vivienda del tipo, que en ese momento se encontraba en misa. ¿Misa a las diez de la noche de un martes? Efectivamente, todo el pueblo estaba congregado en la curiosa iglesia decorada como un árbol de navidad.

La iglesia.

Pero ¿como reconocer a Martín López entre toda la parroquia que asistía al sermón de un cura que anunciaba el apocalipsis? Hice correr la voz de que lo buscaba y nada más concluir la ceremonia fue advertido. El cámping estaba cerrado, imposible dormir allí.

Seguí con mis averiguaciones en ese difícil momento: la salida de misa, momento en que los hombres tienen prisa para irse al bar y las mujeres tienen demasiadas cosas de las que cotillear como para hacerle caso a un desubicado extranjero.

Me informaron de que había un hostalito cerca de la iglesia, cuya dueña era la más beata del pueblo y fue la última en abandonar la santa casa. Además era la encargada de la rifa o de vete tu a saber qué milonga para pedir dinero al resto de fieles; por lo que tuvo una larga conversación con el párroco antes de tener la amabilidad de atendernos.

Espera a la puerta del templo.

Así que nada, allí dormimos. Como el pueblo era muy pequeño y aquel era lo único que se parecía a un hostal en todo el pueblo, allí cayeron también nuestros amigos los canadienses con su coche, que se presentaba como nuestra tabla de salvación.

Tras corta conversación, quedamos con ellos a las diez de la mañana para salir hacia nuestro destino. Después de leer un poco, nos dormimos con toda la tranquilidad, hasta la mañana siguiente.

Al respertar, tragedia: el coche no estaba y no había ni rastro de los canadienses. Habíamos bajado la guardia obviando que los canadienses provenían del Quebec, la parte francesa del Canadá. El peso de la genética gabacha al servicio de quedarnos otra vez en mitad de la nada.

Así que después de acordarnos de todos los muertos de nuestros ex-amigos iniciamos la búsqueda de algún medio locomotor que nos llevara hasta Cafayate. La suerte se alineó con la Épica una vez más y conseguimos viajar en la parte trasera de una camioneta, tragando bastante tierra en lo que fue un incómodo viaje de un par de horas.

La camioneta que nos llevó.

Así fue como, tras tropezar otra vez con la piedra del abandono en mitad de la nada, no solamente sobrevivimos, sino que lo disfrutamos al máximo. Después unos días en Cafayate, una jornada en Tucumán y ahora os escribo desde la penúltima parada de este viaje que cuenta los pocos telediarios que le quedan para llegar a su fin.

Cuando caminen no miren al suelo, así tendrán más oportunidades de poder tropezar con las mismas piedras.

3
ago

Ignacio Casassobas

   Posted by: Alex

BSO: Quédate a dormir, también de M-Clan.

Ante el aluvión de popularidad que nos está viniendo encima, reconozco que no tengo tiempo de hacer un post nuevo, así que aquí va uno atrasado. Ya habeis visto a Casas en sus mejores momentos en las cadenas de TV más importantes del país, veamosle ahora en otra faceta diferente.

Mi compañero de viaje durante tres meses, Ignacio Casasnovas, tiene muchas virtudes que lo hacen un compañero de viaje prácticamente ideal. Sin embargo, una de sus características más sorprendentes, prácticamente paranormal es su facilidad para la cabezada.

Es capaz de conciliar el sueño en las circunstancias más adversas y en nuestro periplo dejó constancia de ello en múltiples ocasiones. Como valen más 21 imágenes que 400 palabras, vamos a ello.

Como casi cualquier persona, Casas es capaz de dormir en una cama.

Después de un intenso día ¿quien no se echa una cabezadita en la hamaca?

En los viajes es bastante común dar una cabezada en los autobuses...

... dos veces puede pasar, incluso teniendo en cuenta que en este caso el bus es urbano...

Pero señores, estamos ante un consumado especialista del sueño-autobús.

Capaz incluso de mantener la cabeza con verticalidad. Todo un maestro!

Cambiemos de medio... Por todos es sabido que el leve movimiento de un barco de río da un sueño...

Pero a Casas ni siquiera se le resiste en mar abierto.

Y si el barco tiene lugar para tumbarse, mejor que mejor...

En todo nuestro periplo solamente cogimos un tren, en las Cataratas de Iguazú, de aproximadamente 10 minutos... tiempo más que suficiente para increíble Casassobas.

Si ningún medio de transporte se resiste a Casas, ¿como lo va a hacer el cómodo sofá de un bar?

Pero no hace falta que el soporte sea muy cómodo, con un banco cualquiera también puede valer... aunque las mismísimas Cataratas estén a la vista.

Como un angelito se queda traspuesto sobre la dura madera...

Ni siquiera le hace falta que el soporte sea horizontal... Para muestra esta pared, esperando que remitiera la lluvia.

Otro clásico: el cine. Fuimos solamente una vez, durante 10 minutos a ver el video introductorio de la Presa de Itaipú. Ignacio no fue capaz de ver el final, aunque casi lo consigue...

¿Y como reacciona Casassobas después de comer frente a una maravillosa playa?

Aunque tampoco le hace falta haber comido nada... siempre ha gustado de dormitar sobre la arena.

Pongamos ahora que Casassobas se tiene que quedar vigilando las mochilas en una estación de autobuses...

Una de las prácticas más extremas... ni siquiera un restaurante de mesa y mantel es mal lugar, si hablamos de echar una siestecita.

Para ir acabando lo dejamos con una de las mejores instantáneas…

Casassobas es capaz de dormirse tan profundo que a veces parece que esté muerto!

Os preguntareis… ¿qué hacías tú mientras Casas dormía? Pues básicamente le hacía fotos, aunque tengo que confesar que…

... en los restaurantes no se duerme tan mal!

La persona anteriormente conocida como Ignacio Casasnovas ahora se llama Ignacio Casassobas. Las mejores siestas en los mejores lugares.