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Uno no sabe muy bien si está legitimado para escribir aquà una vez abandonada la épica, pero alguien escribió una vez que la épica te sigue si tú la buscas, asà que creo que al menos durante la última semana volvà a sentir su presencia.
Mi trabajo me llevó durante una semana a la isla La Española, concretamente a su parte oriental, esto es la República Dominicana. Es curioso ir a trabajar a un destino tan turÃstico, se hace raro estar ganándote las castañas rodeado de gente que lo único que quiere es vaciar su mente de los conocimientos lectivos o laborales adquiridos durante el último año.
Para ello estuve alojado cuatro dÃas en un hotel todo incluÃdo y 3 en al capital Santo Domingo.
La vida en el hotel dirÃa que es totalmente opuesta a lo que vivà durante 3 meses en compañÃa del señor Casero. Si bien es cierto que nosotros no nos estresábamos, sà que angrandábamos nuestra experiencia vital la mayorÃa de los dÃas, bien fuera con una excursión o visita o compartiendo una cerveza con un desconocido. En el hotel la actividad nos la resumió muy bien un turista inglés: “We go to the beach, and then to pool… and then to the beach… and then to the pool.” Con esta dinámica lógicamente uno no crece mucho interiormente, pero asà como los caminos del Señor son inexcrutables lo que necesite cada uno para llegar a la Épica también.
La otra gran diferencia fue el tema comida. Mi (ex)compañero me las hizo pasar algún dÃa que otro, hablando en plata, putas. Sobretodo al principio del viaje, donde no sabÃamos exactamente cuánto podÃamos gastar en una jornada, los kilos se esfumaban con alegrÃa para unos (Alex querÃa perder barriga) y temor para otros (mis reservas de grasa eran escasas). Pues bien, con la pulserita la gente no tiene problema en engullir a todas horas todo aquello que se le ponga por delante: desde gambas a hot dogs pasando por pescado y pizzas. Todo vale durante la adoración a Baco-n .
Respecto al tema alcohol en el hotel habÃa barra libre y en nuestro viaje… no recuerdo.
La otra parte del viaje fue en la capital Santo Domingo. Nos dijeron que menos de un 5% de turistas la visitan, lo que certifica las prioridades de la gente que viene aquà de paso. A mi personalmente me pareció interesante, no para estar 4 horas después de un viaje de 3 en autocar, pero si vivir 2 ó 3 dÃas y entender como es la vida dominicana, pues como nos dijo un trabajador del hotel “Punta Cana no es real, es algo que alguien se inventó”.
Menos en el coche, donde se transforman en seres violentos y estresados, los dominicanos son en general “buena gente”, interesados en el de fuera e interesados en darle a conocer su paÃs.
Tuve además la oportunidad de conocer un poco el interior del paÃs, y lo que và fue un diamante en bruto por explotar, bosques tropicales que los “vecinos” de Costa Rica han convertido en una fuente de ingresos descomunales y donde aquà parece que nadie ha visto negocio todavÃa. Tiempo al tiempo.





