Cosas que dejé en España
BSO: De Tapas, del Combolinga.
Llevo ya más de seis meses fuera de casa. Medio año de peregrinaje maravilloso y donde las cosas buenas superan por amplia goleada a las malas. De hecho las malas ni siquiera suelo considerarlas como tal, prefiero decir que son simplemente buenas historias que contar.
Pero lo cortés no quita lo valiente, y estar fuera de casa, fuera de tu círculo, inevitablemente te evoca las cosas que tenías y ya no tienes. Y es de eso de lo que os quiero hablar hoy, de las cosas que más echo de menos. Algunas muy previsibles; otras, pequeños detalles que quedan diluidos en la cotidianidad pero que cuando te faltan los añoras con fuerza.

Como se echa de menos tu propia cama. En la foto, el Motel de espejo en el techo en el que dormí con el compañero Barrulas.
Hagamos pues una lista no exhaustiva y desordenada de cosas que echo recurrentemente de menos:
- Llegar a casa a las siete de la mañana, beberme medio litro de gazpacho y que mi santa abuela me pronuncie su bienvenida más habitual: ¿todo bien?
- Una tarde de no hacer nada en la universidad, con los pies encima de una silla en el despacho de la Telecogresca o del CET.
- La sensación única e irrepetible de llegar al pueblo y saludar a todo el mundo.
- Leer el periódico con los pies encima de la silla después de haber comido como un animal.
- Ir al Chino Juan, el bar de la esquina, después de salir de trabajar.
- Poder conectarme a internet sin mirar un reloj que no para de avanzar.
- Tirarme hasta las cuatro de la mañana discutiendo con frikis a los que desconozco del futuro de wikipedia.
- Tomarme demasiados pinchos en la mejor compañía en el Bar Vine Tree de Piedrahíta, Ávila.
- El olor de la ropa limpia y planchada, sobretodo el de las sábanas de la cama recién hecha.
- Poder llamar a quien me dé la gana, cuando me dé la gana y el tiempo que me dé la gana.
- Que una barra de pan crujiente acompañe todas y cada una de las comidas.
- El papel de water de triple capa, suave y con dibujitos.
- Enchufar la radio y que suene la SER cada vez que me voy a dormir y quedarme frito escuchándola.
- Una buena ducha, con mucho agua y sobretodo, muy caliente.
- Tumbarme en el sofá tapado hasta los ojos y quedarme dormido allí hasta altas horas.
- Poder beber leche a morro con el simple hecho de acercarme a la nevera.
- Discutir sobre catalanismo pese a saber de antemano que el acuerdo es inalcanzable.
- La mezcla de euforia y cansancio que te queda tras recojer una Gresca.
- Discutir por el juego del 1, 2, 3 en el coche de camino al pueblo.
- La tortilla de patatas, el jamón serrano, en definitiva: poder comer bueno, abundante y, sobretodo, variado.
- El airecillo que le da a uno en la cara cuando vuelve a casa por la noche en bicing.
- El gusto de entrar a un bar y que no suene siempre música detestable.
- Poder coger cualquier transporte público y no pagarlo, teniendo la seguridad de que no te puede ocurrir nada.
- Poder hablar con palabras que alguien que conozco ha inventado y se me entienda.
Dicho esto, y pese a que estas cosas, y muchas otras, las echo de menos; tengo que decir, que lo que más echo de menos es a todos vosotros. A riesgo de ponerme sentimental diré: padre, madre, abuela, el resto de la familia, colegas varios ya seais grupistas, de la uni, del pueblo, del trabajo, del fútbol o de donde sea, ¡os echo de menos!
Vosotros sois sin duda lo más importante de todas las Cosas que dejé en España.





















