Archive for the ‘Ecuador’ Category

5
Sep

Selección natural

   Posted by: Alex

BSO: La única canción que habla de lagartos y cosas similares que se conoce, Comerranas, de Seguridad Social.

En el post de hoy nos remontamos hasta el muy lejano 1535, cuando un fraile español, llamado Tomás de Berlanga fue el primer hombre conocido en encontrar las que hoy día conocemos como islas Galápagos, un archipiélago perdido en el Pacífico a más de mil kilómetros de cualquier tierra firme. El afamado fraile abandonó Panamá para dirigirse a Perú a mediar en favor del mismísimo Pizarro. Tras varios días de desafortunada navegación, el más puro azar hizo topar su nave con aquellas inhóspitas islas.

Vista de la isla de San Bartolomé.

La sorpresa del fraile fue mayúscula, básicamente por la ausencia total de vegetación y por la gran variedad de animales de toda condición: tortugas, iguanas, lobos marinos…

Sin embargo, no fue hasta exactamente 300 años después, con la llegada de un joven y todavía desconocido Charles Darwin que las islas no alcanzaron gran relevancia a nivel mundial. Y gracias al genial inglés, el encargado de dar una de las pruebas más irrefutables de la inexistencia de dios, el nombre de las Galápagos irá siempre unido al de la evolución de las especies y a la selección natural. La explicación científica a la eterna cuestión de la creación y la demostración palpable de lo ficticio de aquello de los siete días. Sin embargo, en pleno siglo XXI todavía existen reductos que siguen creyendo en el creacionismo como fuerza elemental de la vida. Pero ese ya es otro tema: el de la estupidez humana, del que hablaremos otro día.

Un árbol medio muerto, hierba y un fondo bonito hacen una buena foto.

Bien, pues ya bien entrado el siglo XX, una joven adolescente de 15 años, mi señora madre, leía con pasión los apuntes del naturalista inglés y fantaseaba con poder, algún día, pisar aquellas maravillosas islas que habían inspirado tan notable descubrimiento.

La clásica tortuga de mar que se bañaba tranquilamente delante mío.

Y así fue como, tras un feliz reencuentro con mis queridos padres, pusimos rumbo hacia las islas Galápagos, con la particularidad que ibamos a verlas en un estado muy parecido a como las encontró Berlanga, a como las describió Darwin en sus apuntes y a como las leyó aquella adolescente.

Primero tuve que torear a este par de iguanas.

Para que posaran junto con mis queridos padres.

Hemos sido privilegiados en presenciar uno de los pocos lugares del mundo por los que el tiempo no parece haber pasado. Hemos estado varios días navegando y paseando por diferentes islas sin ver rastro o vestigio de actividad humana alguna.

Un lobo marino haciendo "el muerto" y al final nuestro barquichuelo.

Nuestros únicos acompañantes eran los numerosos lobos marinos, iguanas, cangrejos, tortugas y pájaros de todo tipo que, desde hace siglos y siglos, y gracias al increíble nivel de adaptación al medio, son los habitantes casi únicos del archipiélago.

Un cangrejo medita si tirarse al mar azul turquesa o no.

La verdad es que tuvimos muchos momentos muy especiales en los que la sintonía entre el medio natural y nosotros, se nos presentaba de tal manera que éramos espectadores de una obra teatral totalmente natural, hecha solamente para nosotros.

Un pajarillo reposa en el caparazón de una tortuga gigante.

Encontrarse rodeado de -literalmente- miles de iguanas, completamente negras para poderse camuflar en los suelos volcánicos mientras escupían y se calentaban al sol. Sumergirse para que todo un banco de peces de colores pase a milímetros tuyos y observar lo hábiles que son los peces esquivando cualquier obstáculo imprevisto. Admirar el vuelo de unos pájaros con las patas completamente azules u otros con una bolsa roja enorme en el gaznate. Mirar bajo el agua con unas gafas de buceo y descubrir media docena de tortugas que cada una de ellas es más grande que uno; e incluso perseguirlas y darse cuenta de que en el mar son inalcanzables. Chocarse cara a cara con un lobo marino y quedar asustado de como una animal tan torpe en tierra puede ser tan hábil en el mar.

Un iguana terrestre.

Unos curiosos pajarillos de patas y pico azul poblaban las islas.

Aunque todos le llamemos foca, se trata de un lobo marino.

Unos pájaros la mar de extraños llamados fragatas.

Centenares de iguanas marinas descansaban al sol.

Tortugas gigantes.

Y de estas muchas, cada día varias. Fueron cinco días en un crucero -que merece un post aparte- rodeado de toda clase de lujos, con dos tranquilas excursiones naturalistas por día, una por la mañana y una por la tarde. Sinceramente fue una muy buena experiencia aunque a veces me sentía como un pulpo en un garaje, pero esa maravilla de la naturaleza bien lo merecía.

Otra sesión de saltos.

Tortuga, a ver si saltas lo que yo.

Selección natural en estado puro, y os propongo ese título por dos motivos: como homenaje a Darwin y a sus pesquisas y descubrimientos; y porque lo que pudimos presenciar durante aquellos días, parecía una selección de los mejores momentos de la naturaleza, solamente para nosotros.

Genial foto caminando por una magnifica y solitaria playa.

Entre tortugas.

Para ir cerrando, una demostración de mi inigualable fuerza levantando roca volcánica y la prueba de que, obviamente, el polo de rayas también viajó a Galápagos.

***

No puedo dejar pasar la oportunidad de lamentar la muerte de un notable campeón: el francés Laurent Fignon. Una vez más tenemos que narrar la muerte de un ciclista en otra de esas macabras coincidencias entre dopados y muertes extrañas. Pero es así, el ciclismo es así.

El gran Fignon.

Fignon quizás fue el último revolucionario del ciclismo, con sus gafas de alambre, su coleta rubia al viento, su incipiente calvicie y sus dos hechos más destacados: sus Tours y el mítico escupitajo a la cámara de TVE. Así era este genial francés, esperemos, el último campeón muerto.

28
Jul

La Mitad del Mundo

   Posted by: Alex

BSO: Entre dos tierras, de Héroes del Silencio.

Informo a los desinformados y recuerdo a los desmemoriados que mi situación geográfica ha cambiado mucho en los últimos días. Como narraré próximamente en otro post, con motivo de mi inminente encuentro con varios amigos de tierras barcelonesas tuve que empezar a correr América arriba para llegar a tiempo a mis citas en Quito y en Bogotá. Así que no sea extraño para nadie este cambio tan repentino de ubicación, producto de inagotables horas de bus por este continente.

¡Bienvenidos al Ecuador!

A la carrera, llegué justo a tiempo a mi cita con Barrulas en la capital de Ecuador, Quito. Como solamente teníamos un día para visitar la ciudad decidimos ir a visitar lo más típico: la Mitad del Mundo, el paso del Ecuador.

El típico cartel, sobre la amarilla línea.

Supongo que como muchos de vosotros, cuando era joven, tenía una bola del mundo en casa. La mía, como soy de familia bien, incluso tenía luz por dentro y pasaba horas dándole vueltas, intentando recordar las capitales de los países y descubriendo nuevos lugares. Pero en la monotonía del hogar una cosa se mostraba como la más fascinante para aquél niño. Como os podéis imaginar, se trataba del Ecuador, que en mi bola se representaba como una línea en afilado relieve. Uno siempre fantaseaba en qué se sentiría al cruzar de un lado al otro del mundo. Pues hoy, algunos lustros después tengo finalmente la respuesta.

Al pasar el Ecuador no se siente nada especial. Y el Ecuador es una línea amarilla pintada hace ya demasiados años y por tanto tiene la pintura descascarillada. Era previsible que sería así, pero aún así nos encaprichamos en ir a visitarla.

El equipo completo haciendo la mongolada: un servidor, Barrulas, Jordi e Ibán.

Como es uno de los mayores intereses turísticos del país, tienen todo un complejo de adoración a la famosa línea. Algo así como Port Aventura, con la ligera diferencia que el Dragon Khan del lugar es una línea pintada en el suelo.

Aún así, no pudimos resistirnos a hacer las típicas fotos: un pie a cada lado, saltando de un hemisferio al otro e incluso aportamos al siempre interesante mundo de las fotos típicas una destacada novedad: invierno a un lado, verano al otro.

Las bondades del verano a un lado y los rigores del invierno al otro.

De un salto, hacia el otro hemisferio.

Después de las fotos de rigor, ante la decepción del lugar nos enteramos sorpresivamente de que aquella línea, múltiple y absurdamente venerada no era la línea real, sino que era fruto de un error histórico de cálculo. Menudo chasco, así que como buenos turistas nos desplazamos hacia un parque contiguo donde, esta vez sí, se aseguraba que era la línea real… ¡medida con un GPS de la mismísima NASA!. Esta vez no podíamos estar equivocados.

Así que nos volvimos a rascar el bolsillo y fuimos a ver la definitiva línea que partía el mundo en dos desiguales partes. Allí, otro centro de adoración a una línea pintada en el suelo. Repetimos la sesión de fotos y esta vez la visita fue amenizada por una guía, que con sus explicaciones ausentes de cualquier rigor científico nos hizo varios experimentos para que nos aseguráramos de que nuestro cuerpo pasaba la increíble e irrepetible experiencia de estar en la Mitad del Mundo.

Ibán, victorioso, se mofa de la incapacidad de Barrulas.

Equilibramos un huevo encima de un clavo, práctica complicada y que nos aseguraron que solamente era posible sobre la línea, experiencia por supuesto que pueden intentar en sus casas y narrarnos los resultados. Después experimentamos con la fuerza y el equilibrio. Y la verdad es que no se si estábamos sugestionados mentalmente o era rigurosamente cierto, pero sobre la línea se perdía el equilibrio con sorprendente facilidad y eras capaz de ejercer mucha menos resistencia a una fuerza externa. Y después de eso, la prueba estrella… ¿Hacia donde gira el agua? Me refiero a los remolinos que se crean en los desagües. Es bastante conocido que en cada hemisferio giran hacia un lado. Pero ¿qué ocurrirá sobre la línea?

El caso es que el experimento, casi producto de la magia dio los siguientes resultados: sobre la línea el agua caía a bloque, sin rastro de movimiento giratorio. Después movieron la cubeta un metro hacia el hemisferio sur y el agua cayó creando un remolino de considerable intensidad. Después movieron la cubeta un metro hacia el norte y el resultado fue el mismo pero en sentido contrario. Después se desataron los rumores: no puede ser, el efecto Coriolis se comienza a notar a partir de 20 kilómetros, ha sido un truco

Así que ya tengo mi diploma: "Puse mis pies sobre el Ecuador y equilibré un huevo sobre un clavo". Soy un genio.

En fin, que no sabe uno que creerse y que no creerse. Lo único seguro es que la adoración de la línea eran pocas nueces para tanto ruido. Una visita turística obligatoria más, en el nombre de la Épica.