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Archive for the ‘Duncan’ Category

9
nov

El camino del punki

   Posted by: Alex

BSO: A San Fernando, de Manolo García.

El Machu Picchu es una de las nuevas maravillas del mundo, con lo cual, es un gran foco de atracción de turistas de toda condición y poder adquisitivo: desde occidentales muy acaudalados que solamente osan pernoctar en hoteles cinco estrellas, a los mochileros más avaros, pasando por humildes peruanos, vecinos de zonas cercanas que también deciden dejarse ver por el archifamoso santuario.

Otra vista del polo, digo, del Machu Picchu.

Los constructores de tan afamado templo, los incas, son famosos por hacer sus construcciones en lugares inhóspitos, siempre de complicado acceso. Es por eso que las rutas que llegan hasta el Machu Picchu son muchas, variadas y para todos los bolsillos.

La opción más elitista, prácticamente reservada a jefes de estado y archimillonarios es llegar en un cómodo vuelo en helicóptero desde Cusco de no más de veinte minutos.

Ya en el territorio de los mortales las maneras más habituales son dos. La opción preferida por todos los que llegan a la zona con un paquete turístico ya contratado en los países de origen: el tren que cuesta más dinero por kilómetro del mundo, con precios desorbitados desde los cien dólares, toda una fortuna en Perú. El tren te deja en Aguas Calientes, el pueblo adyacente, y desde allí, hay un servicio de bus a ración de siete dólares por quince minutos, posiblemente el bus más caro de toda latinoamérica.

El famoso tren pasando a mi lado.

La otra opción, la “aventurera”, es el Camino del Inca. Pongo ese aventurera entrecomillado porque esta opción contradice dos de los pilares de la aventura: la previsión y el planning. La previsión porque para tener la oportunidad de hacer el camino se tiene que reservar con no menos de medio año de antelación. Y el planning porque los sufridos caminantes hacen en todo momento lo que marca el programa: se come en tal lugar, se camina a tal ritmo durante tres horas, se duerme en tal hospedaje, incluso, se va a tal discoteca… Todo cronometrado, perfectamente guiado y sin posibilidad de salirse del plan que alguien estableció por ti. Sobra decir que un buen grupo de porteadores son los encargados de transportar en inhumanas mochilas todo lo necesario para el bienestar del “aventurero”, desde la comida para los seis días, hasta la plancha del pelo de la gringa de turno. Sobra decir que de 400 dólares no baja la broma.

(Broma interna) Los sufridos porteadores llevando las bragas Naf-Naf de una turista francesa.

Así que como ni soy jefe de estado, ni adinerado, ni previsor, decidí tomar el camino más popular entre los sufridos tacaños, dispuestos a hacer lo que sea para ahorrar unos soles.

Las ruinas de Ollantaytambo, otra de tantas, camino al Machu Picchu.

Así que contraté un transporte hasta Santa Teresa, un pueblito que está descubriendo la llegada del turismo de más baja alcurnia. Tras seis horas de furgoneta, la mitad de ellas por camino de arena, hicimos entrada en la población, donde pasé la noche.

La nada recomendable ni cómoda ruta, desde el cristal de la furgoneta.

Al día siguiente ya solamente quedaba ponerse a caminar. El primer obstáculo, un río, que pude librar en un curioso transporte local:

Posteriormente, hasta llegar a una central hidroeléctrica, casi tres horas de esforzada caminata, en un paraje espectacular. Y posteriormente otro buen par de horas, caminando al lado de la vía del caro tren que antes he mencionado. Después, llegada a Aguas Calientes, a dormir pronto ya que a la mañana siguiente había que madrugar para hacer aquella historia que ya os había contado.

Una cascada saliendo de una roca, una de las cosas que los que no hacen el camino del punki se pierden.

"Prohibido el paso de peatones por el puente".

Por supuesto, de bajada, solamente quedaba hacer el camino inverso: caminar y caminar hasta Santa Teresa, con un bañito en el río incluído y otras seis incómodas horas de bus hasta Cusco.

Puedo asegurar que la experiencia, aunque físicamente más exigente, es mucho más intensa, mucho más paulatina y en definitiva, mucho mejor que en cualquiera de las otras opciones.

Así se hace el camino del punki, el camino de los que no nos gusta ni pagar ni que nos digan lo que tenemos que hacer. En definitiva, el único camino que conduce al Machu Picchu, guiado por la Épica.

***

Desde Caracas, Venezuela, llegan noticias de Duncan, el gato de la Épica, que sigue viviendo felizmente con Cacho y familia. Para tranquilidad de todos, el gato está bien, totalmente recuperado del mal rato.

Novedades:

El gato ha tomado su primer baño en su nueva familia. Parece que, haciendo honor a su condición gatuna, no le gustó nada.

Miedo al agua.

Por otro lado, el gato no ha perdido sus instintos naturales, puesto que destrozó sin piedad un ratoncillo de tela que le compraron.

Foto National Geographic con Duncan y los restos del ratón de trapo.

Seguiremos informando.

***

Presuntuosamente, informo al mundo que es mi cumpleaños, cumplo la friolera de 29 palos e insto a todo el mundo que lea esto a que me deje un comentario felicitándome, insultándome o diciendo cualquier tontería. Gracias.

25
oct

El coche que tenía dos gatos

   Posted by: Alex

BSO: El gato López, de Ska-P.

Como ya avancé en el anterior post, estoy en Venezuela, en una visita un poco relámpago de unos pocos días. Aprovechando la locura económica de este país, donde existe un cambio de divisas paralelo y por tanto los billetes de avión reducen considerablemente su precio; mañana me espera un vuelo que me llevará otra vez hasta la mitad del continente, en concreto a Cuzco, en el Perú. Así que mi visita a Venezuela se ha reducido a unos pocos días en su capital, Caracas, donde me esperaba un viejo amigo de la Épica, Cacho.

Televisión con propaganda política en la típica calle venezolana.

Una televisión emite propaganda política en plena calle.

Como ya había estado aquí un par de años atrás, han sido unos días de poco turismo, mucha vida social y mucha rumba, cosa que mi organismo siempre agradece.

Pero hoy vamos a hablar de otro fenómeno paranormal de esos que rodean este viaje y que sucedió cuando no habían transcurrido ni siquiera seis horas desde mi llegada a estas tierras. Seguramente sucedió debido al reencuentro con Cacho, ya que al juntarnos, la naturaleza no está preparada para tan altas concentraciones de Épica.

Como pago a mis desafortunadas palabras, me invitaron a cenar a una arepera, donde el menú obligatorio es obviamente una arepa. Al descargo del orgullo patrio venezolano tengo que decir que estaba realmente buena, aunque fuera a causa de su abundante y sabroso relleno, ya que de la arepa en sí no tengo muchas comas que mover de mi alegato anterior, aunque sé que estas palabras me van a volver a costar otra buena cantidad de críticas.

Así que, allí fuimos con la familia Cacho. Al llegar, alguien nos advirtió que una cadena colgaba del capó del coche. Parecía una cadena de pasear al perro y no tardamos en bromear sobre las diferentes posibilidades que podrían haber colocado esa cadena colgando del motor del coche.

Tras una investigación más a fondo, abrimos la puerta y ¡sorpresa! ¡había un gato vivo en el interior del motor!. Milagrosamente, había sobrevivido a las altas temperaturas dentro del motor, a los muchos baches de las calles caraqueñas e incluso a los más de 140 km/h que habíamos alcanzado.

El escondite del gato.

El gato daba indudablemente mucha lástima. Como es natural, estaba terriblemente asustado y si os digo la verdad, yo no daba un duro por que fuera a continuar viviendo al día siguiente. Así que no hubo elección: hubo que llevarse al gato para casa para intentar luchar por su supervivencia.

Iván Daniel recibiendo su nuevo gato.

Pero en el viaje de vuelta, con un hábil movimiento se metió debajo del asiento y costó dios y ayuda sacarlo de allí, puesto que se aferraba fuerte con las uñas: parecía que le había cogido cariño al coche.

¡Sal de ahí, maldito!

El siguiente paso fue darle un nombre. No hubo mucho debate y rápidamente consensuamos que se llamaría Duncan, en honor a la marca de la batería del coche que casi le mata, pero que a la vez, le hizo volver a nacer.

Y poco a poco, a base de cuidados, el gato ya se ha hecho el amo de la casa y vive feliz y contento. Y aunque nadie tiene muy claro su futuro, yo apuesto que se quedará un tiempo largo con la familia Cacho.

De mi visita a Caracas os podría contar muchas cosas: la impresionante tortilla de patatas que hicimos, el buen concierto al que pude asistir, la artificiosa excursión a la playa, nuestro habitual homenaje a la música mal cantada que solemos hacer cuando tenemos cualquier micro delante (aunque esté apagado), la visita a la Catedral, la degustación de jamón, el partido de béisbol, la timba de póker…

Merecido homenaje gastronómico por todo lo alto.

El dúo dinámico. Típicamente cantando algo de Medina Azahara o similar.

Sin embargo, esta vez, me quedo con ese coche que tenía dos gatos: el hidráulico y Duncan, el gato de la Épica.

Duncan, el gato de la Épica.