Efjaristo polí!

Un lujo, un auténtico lujo, disfrutar de Grecia del 21 de Mayo al 21 de Junio, evitar el grueso de turistas, tener unos anfitriones de primera y recibir muchas visitas, este sería el resumen de nuestro paso por el país Heleno, el que quiera saber más que siga leyendo!

Dejamos Iran en un viaje largo, eso se tradujo en una noche corta, llegamos a casa de Sylvia i Ioannis (amigos Griegos que hasta hace dos años vivían en Barcelona y a los que echo muchísimo de menos), agotados y a una hora temprana, pero no había tiempo que perder! Àlvaro nos dejaba al día siguiente y queríamos ver Atenas, cenar bien y despedirnos como se debe, esto es, con mucha agua y mucho Pinky… todo en escasas 18h….

Salimos acompañados del inseparable Murgo, calles semipeatonales y ambiente de pueblo, primer “Café fredo” con vistas a la Acrópolis y todo a dos pasos de casa de nuestros anfitriones. Los dejamos encarar su jornada laboral y nos dirijimos al imponente complejo arqueológico que domina la ciudad de Atenas. Aunque fuera un miércoles de Mayo un río de turistas remontaba cual salmones la empinada cuesta, nos abrimos paso y disfrutamos una vez más de una de las maravillas de este mundo.

Qué monumetoS!!!
El peñón!

El templo de Atena, el odeón de Herodes, el Partenón y las vistas privilegiadas de Plaka, Monasteriki, el Pyreo y demás barrios de la ciudad. Caminamos mucho y seguimos visitando otros centros arqueológicos esparcidos por la ciudad hasta que llegó el momento de reencontrarse con… LA CERVEZA!!! (que tanto echamos de menos en Iran…) Qué momentazo! Pero también, qué sueño! Prácticamente no habíamos pegado ojo en la noche anterior y nos esperaba una desgarradora y agotadora noche de “hasta prontos”, así que nos acostamos un rato.

También estuvimos en plaza Syntagma!
Plaka Plaka!

Salir para cenar (grácias Àlvaro) y probar las mejores especialidades Griegas, sentados en la calle de un barrio “cuqui”, pero no demasiado, fue un placer. Abrazos, copas y exaltación de la amistad, todo fue muy rápido, llegó el momento del adiós, al despuntar el alba apurábamos 11 meses juntos, nos separamos (momentáneamente) de Àlvaro.

Pausa…

Y seguimos…

Sylvia llevaba unos meses preparando nuestra visita y nos esperaban dos gratas sorpresas. En primer lugar llegó Gerard, otro gran amigo del grupo de capoeira y por la tarde, como si fuera lo más natural del mundo, nos embarcamos en un velero para descubrir el mar Egeo.

Un amigo de Sylvia y Ioannis es capitán de barco y entre 9 personas alquilamos un precioso velero para pasar un fin de semana de sueño. Cenar en un pequeño puerto, descubrir el “Scordallá” (delicioso y simple puré de patatas y ajo que suena a pueblo de Cataluña), atracar en una isla dónde solo hay ciervos y pavos reales, cantarle a la luna con el Ukelele de Gerard y navegar a vela sintiendo el viento en la cara son grandes recuerdos que guardamos preciosamente en la memoria de este viaje.

Foto: Sylvia Kouveli
Cervecita y mar!
Smiling Trabajacionistas!
Foto Sylvia Kouveli

De vuelta a puerto, David y yo teníamos 3 días antes de ir a Milos y encontrarnos con Charly. Elaboramos un rápido plan: alquilaríamos un coche e iríamos a descubrir un poco el Peloponeso. Ahora ya podemos decir que fue una maravillosa idea: descubrir playas casi desiertas (gracias a los sabios consejos de Charly), cenar una riquísima ensalada griega, boquerones, pulpo o calamar con un buen vino blanco en la única taberna abierta, dormir en la arena (o sobre los guijarros) y despertar al despuntar el sol para meterse en la fresca agua de finales de mayo! El mismo plan durante 3 días, que poco hace falta para ser feliz!

Cenaremos Pulpo…
…y dormiremos aquí!!! Pura Felicidad!

Durante el día vimos el estrecho de Corinto, pueblos medievales como Nafplio (lleno de buganvilias enormes), la roca de Monemvasia, Esparta o el monasterio de Mystras. Todo de una gran belleza. Nos fuimos dando cuenta a cada paso de lo mucho que se asemejaba ya el paisaje a España, los olivos, los pinos, la comida, poco a poco se notaba, se sentía, era el regreso a casa.

Estrecho de Corinto
Nafplio
Espectacular Monemvasia
Mystras, pinos olivos y alguna culebrilla!

Devolvimos el coche y lo cambiamos de immediato por un gigantesco ferry que nos llevaría del Pyreo a Milos, allí nos esperaba un sonriente y hambriento Charly. Una Musaka y unos vinos después ya nos sentíamos isleños!

A la mañana siguiente otro sorpresón casi hace que se me disloque la mandíbula, llegó Rodri un amigo del alma de hace casi 25 años, para unirse al grupo! Éramos un quarteto perfecto, y glotón!

Charly nos enseñó a preparar “Dakos”, un desayuno deliciosamente contundente que no os podéis perder (escoged el queso adequado, se llama MYZITHRA sino, no sabe igual) y nos montamos en nuestro coche para descubrir la isla. Qué playas! Milos es pequeña, pero tiene por lo menos más de 30 calas que vale la pena conocer, algunas remotas y aisladas, otras más accesibles, creo que es una opción perfecta para ir en pareja ya que incluso en temporada alta no me pareció que se pudiera saturar tanto como Santorini o Mykonos, no es especialmente cara, se come de miedo y creo que ya os he dicho algo sobre sus playas, os dejo que las veáis!

Y ese color? Es el caribe? No, es Milos!
Será Firiplaka, será que soy feliz?
Sigue el camino de Charly, seguro que te aconseja bien (Tripuniq).
La impresionante Kleftiko!
Sarakiniko
Rodri y David debatiendo en Sarakiniko si esta noche cenamos medio kilo de carne por cabeza o con 400gr ya es suficiente.

Fueron 5 días de explorar rincones, de cerveza en cerveza, de tapa en tapa no nos dió tiempo a conocer ni la mitad de la isla. Nos alojamos en un aparthotel que tenía una enorme barbacoa, os puedo asegurar que echaba humo! Disfrutamos del buen comer y de la buena compañía. Milos. ¿Cuántos sitios maravillosos puede atesorar mi memória?

De nuevo nos teníamos que despedir, nos dejaron Charly y Rodri y nos fuimos a Santorini para reencontrarnos con Jona, nuestro Chileno favorito! Jona nos acogió en su piso a nuestro paso por Santiago e hicimos tan buenas migas que decidió unirse a nosotros en Grecia.

En Santorini se empezó a notar el flujo creciente de turistas, ya estábamos a 10 de Junio, pero si uno alquila una moto (8€ al día) y se aleja de Fira puede descubrir auténticas perlas como el faro, Ia, Perissa o sobretodo Pyrgos.

Fira, Santorini
Pyrgos, Santorini

Tocaba despedirse de nuevo, por mi parte volví a Atenas para reencontrarme con Sylvia y Ioannis que me querían acompañar a Meteora, David y Jona se dirigieron a Creta. El trío Willy se dispersaba definitivamente, un ocaso un poco brusco, casi como el del Barça de Luis Enrique, definitivamente esto se acaba. Pausa…

Puesta de sol en Ia

Y seguimos!

Decidido a alargar un poco más esta aventura y a no acabar la vuelta al mundo sin pisar Italia, Sylvia, Ioannis, Haroula, Murgo y yo nos fuimos a pasar el fin de semana a Meteora. De nuevo un panorama de película (o de serie de HBO) un auténtico Nido de Àguilas digno de visitar. La lluvia no logró arruinar las vistas y aún menos la deliciosa noche de juegos que siguió. Fué un fin de semana muy especial en el que también iniciaba mi viaje en solitario. Una despedida más y me fuí a Ioannina.

Ioannis y Murgo!
Montserrat tiene muchos hermanos en el mundo
La lluvia le dió aún más misterio
Bruma y monasterios
Montserrora
Penúltima despedida!

Para que no me sintiera tan solo me acogió una joven y simpática couchsurfer y sus amigos, de pronto me vi en una residencia de estudiantes, en un campus en época de exámenes, rodeado de veinteañeros, disfrutando del bar de la facultad. Un poco extraño al principio, me llevó unos diez minutos sentirme en mi salsa. Volví a mi Erasmus de Toulouse, aunque les sacara 15 años podía ser un doctorante o un estudiante en prácticas en esa facultad (sigue soñando). La ciudad está rodeada de montañas y tiene un precioso lago en el centro, última etapa antes de coger un ferry hacia Italia el mismo día que cumplía un año de viaje. El principio del fin.

Ioannina
Juventud!

Mi Buenos Aires querido

Justo después del Año Nuevo, aún algo resacosos después de unos días geniales en Santiago de Chile, David y yo tuvimos la oportunidad de escaparnos 9 días a Buenos Aires. La hospitalidad de Claudia, David (nuestro cantabrón favorito) y la pequeña Valentina ofreciéndonos su casa en Palermo, nos animaron aún más a agarrar un avión y plantarnos en la ciudad porteña.

Valentina tranquila, y Álvaro emocionado
Valentina tranquila, y Álvaro emocionado
Dos WIllys en Buenos Aires
Dos WIllys en Buenos Aires
Haciendo amigos
Haciendo amigos

Y allí aterrizamos, con un calor húmedo y agotador dándonos «la bienvenida», como presagiando que nuestra visita no iba a ser fácil… pero claro que lo fue. Lo fue porque Buenos Aires es estar en casa, como si fuéramos dos más entre sus calles atestadas de terrazas, donde tenías que mirar las placas de matrícula de los autos para convencerte que no estabas en Madrid, sino en la ciudad que ya había recorrido ya mil veces mentalmente escuchando canciones de Calamaro hace ya (demasiados) años…

Tras un recorrido infinito desde el aeropuerto en bus y metro, por fin llegamos a “casa”, y gracias a las indicaciones de Claudia; dimos cuenta de las primeras Quilmes, las primeras pizzas y las primeras empanadas (ayyyyy las empanadas argentinas, lo siento por los amigos chilenos… pero ahí habéis perdido la batalla…). David también pudo comprobar de primera mano el amor que sienten los gatos argentinos hacia él…

¿Una librería? ¿Un teatro? El paraíso
¿Una librería? ¿Un teatro? El paraíso
En la Bombonera
En la Bombonera

 

El día siguiente tocó caminar (y mucho), siguiendo la guía que nos preparó Aran, nuestra «local hero» de tripUniq; una valenciana re-simpática que acabó por tierras porteñas hace un par de años y que además de prepararnos un recorrido perfecto por la ciudad, nos acompañó un par de días a intentar acabar con las existencias de milanesas, asados de tira y cerveza de toda la capital. En dos días: cruzamos la Plaza de Mayo, atisbamos la Casa Rosada (sin Macri), vibramos sólo con ver de lejos el Luna Park y el Gran Rex, disfrutamos de un paseo infinito por Puerto Madero y sus excesos, nos perdimos por San Telmo, alucinamos con la infinita 9 de Julio, visitamos el cementerio de la Recoleta (ayyyy Evita, cuánto te veneran aún…), esperamos con ansia en Plaza Francia, gritamos goles en una Bombonera vacía y triste, hicimos de turistas por la Boca, entendimos la magia del tango, reímos a carcajadas con monologuistas argentinos (quien lo habría dicho, un monologuista… y además argentino), nos emocionamos en la ESMA con los desaparecidos y a la vez nos cagamos en los dictadores y en sus putas dictaduras; y hasta encontramos bares secretos ayudados por Analía y Elina, las dos mejores baristas/pasteleras de Buenos Aires.

¿Donde están?
¿Donde están?
Tango infinito
Tango infinito
Con Aran y Stefania visitando a Macri
Con Aran y Stefania visitando a Macri
El mejor café de Buenos Aires
El mejor café de Buenos Aires

Entre todas estas emociones; un asado espectacular hecho por David (especulamos con que le dieron el carnet de asador a la vez que la tarjeta de residente), acompañado de su señor padre, de vino mendocino y de muchas risas, una escapada para que David se quitara el mono de tirarse de aviones en marcha, y un par de salidas nocturnas para cerciorarnos que Palermo no es Hollywood… ¡ni falta que hace!

Esta ciudad me ha calado como ninguna otra visitada en este viaje, y si bien a otros sitios he dicho que quiero volver; con Buenos Aires tengo la certeza de que pronto pasearé de nuevo por sus calles y volveré a sentirme un porteño más. ¡Hasta pronto hermanos!

Escuchando Palermo no es Hollywood, de Leiva, claro.

Viva Chile!

Chile tiene un lugar especial en mi corazón, en mi primera visita hace 8 años, cuando repasaba mentalmente el plan de viaje, me parecía solo el paso previo a los platos fuertes de latino américa: Argentina y Brasil. No sabía prácticamente nada de Chile ni de los Chilenos…

Si bien el país de mi doble (Messi) y el país carioca no me decepcionaron en absoluto, Chile fue un flechazo. Desde Santiago hasta el cono sur, me enamoré de sus paisajes, su gente y su gastronomía.

Así pues, temía hacerme demasiadas expectativas con esta nueva incursión que abarcaría desde la frontera con Perú hasta mi querido Santiago, otra vez, punto de inflexión en el viaje.

Con mirada legañosa cruzamos la frontera y nos reencontramos con el sol y el calor de una desértica Arica después haber dejado el frío altiplano Peruano la noche anterior.

Arica es una ciudad de costa revitalizada por su proximidad con Perú dónde los Chilenos acuden en masa a comerciar y también al dentista y al oculista para comprarse gafas y calzarse empastes como si no hubiera mañana.

Desde allí planeamos una escapada de 4 días por el interior Chileno. Sin haber dormido mucho nos dimos de bruces con un sol intenso y un incremento de los precios notable con respecto a Perú.

Un día intenso de consultas en la oficina de turismo dónde comprobé de nuevo que los Chilenos se pasan de amables, buscando la mejor oferta para alquilar un 4×4 e intentando no desesperarnos con varios contratiempos acabó con nuestros cuerpos serranos «on the highway» con el sol hundiéndose detrás nuestro en la tierra roja y una luna anormalmente gigante asomando tras un monte… Rock and roll!

Road trip!

De la costa, nuestro Suzuki nos llevó hasta Putre a unos 3500msnm, fuera volvía a hacer frío, el cielo estaba cubierto de estrellas y nos fuimos corriendo a cenar y a descorchar nuestra primera botella de vino Chileno para celebrarlo!

Pueblos a 4000msnm

Los días siguientes hicimos cientos de kilómetros sin cruzar turista alguno, aunque sí muchos camiones que conectaban Chile y Bolivia por esta ruta transandina. Atravesamos el Parque Nacional Lauca y el Parque Nacional Vicuñas dónde admiramos centenares de vicuñas, alpacas y llamas (que ahora sabemos diferenciar sin ayuda de Google) y otros animales fantásticos como, flamencos, vizcachas, o Ñandús, una especie de avestruz gigante aunque algo huidizo.

La vizcacha me recuerda al abejonejo
Aguilallina
Are you talking to me?

Atravesamos también el Parque Nacional Volcán Isluga, en las inmediaciones del cual nos acercamos a un solitario géiser con varios pozos burbujeantes a su alrededor.

Picos de 5000msnm nos acompañaron todo el trayecto

Rodeamos el inmenso salar de Surire y vimos volar a miles de flamencos en la lejanía mientras nos preguntábamos preocupados dónde íbamos a dormir después de ser rechazados en el único «pueblo» marcado en el mapa.

Flamencos del whatsapp
Calentito!
Sin cemento ni ná!
Uno de los pueblos en que pretendíamos dormir… ni un alma a la vista
Un pino en el salar
Suzuki rules!

Nos jugamos la vida bordeando la dudosa frontera Boliviana atravesando parte de otro salar cuyo nombre he olvidado, hacia el infinito sin seguir ruta marcada alguna, abrazamos espinosos cactus y finalmente nos acercamos a Huara dónde llegamos tarde y cansados de tanto coche, la puerta de nuestra habitación (que no tenía llave) quedó inexplicablemente cerrada y después de probar unas 200 llaves (no exagero) decidimos romper la ventana para poder entrar.

La foto del delito
Cactussssssss

La guinda final del pastel la puso un lugar que no olvidaremos fácilmente, después de más de 4h en coche para hacer escasos 100km y perdidos en medio de la nada, dando varias vueltas por caminos polvorientos, con la suspensión del 4×4 dando lo mejor de sí, guiados por un punto en Google maps, sin más carretera que seguir, dejamos el coche en la orilla de un río y decidimos remontar a pie los últimos 3km.

Llegar no fue fácil

Cuándo llegamos a la laguna roja se nos cayó la mandíbula al suelo, una inmensa piscina de color vino tinto rodeada por el escenario que ya conocíamos, volcanes de más de 4000 y 5000msnm, otra laguna adyacente de color verde lima con algunas burbujas aquí y allá, ambas rebosando lentamente y tiñendo el suelo con sus sedimentos. Un espectáculo que cuesta de creer.

Panorámica de las lagunas
David, en un claro homenaje a Jaume I decidió pintarse las 4 barras
El suelo llora sangre

Al volver, incluso tuvimos una escena de acción, un coche de policía nos detuvo abruptamente en una curva, sin dejarnos aparcar el coche en un primer momento, pusieron la sirena y mandaron alto, al parecer nos seguían desde hacía hora y media, avistaron el coche en la distancia en las inmensas llanuras que atravesábamos y nos dieron caza ya que, al parecer hay que notificar que uno sube a esa zona sino te toman por contrabandista Boliviano. Al ver que éramos turistas y que desconocíamos la normativa nos dejaron marchar con una advertencia y una sonrisa, otra vez la simpatía Chilena.

Otra puesta de sol para el recuerdo

Llegamos por fin a Pozo Almonte dónde «devolvimos» el coche y nos liberamos de tensiones con una fiesta que se alargó hasta el alba.

Acabado el «road trip» fuimos a relajarnos a Iquique, otra ciudad costera, bastante turística, con edificios altos en primera línea de mar, con casinos (los Chilenos adoran apostar) pero también con un centro histórico precioso, semi decadente que me atrapó. En la época dorada de la extracción del salitre, británicos y alemanes arribaron en masa al puerto de Arica para explotar los yacimientos. La ciudad tuvo un auge tan rápido como lo fue su decadencia pero ese momento de esplendor dejó su huella en forma de una arquitectura colonial similar a la de Nueva Orleans.

Hice un álbum entero en FB de sus portales podéis verlo aquí.

Por cierto, a ver si participáis un poco, en un museo de la ciudad vi lo siguiente, a ver si alguien me sabe decir lo que es (copiando a mis amigos de Un(t)raveling, el ganador se llevará una postal):

WTF???

El próximo destino era un caramelo de todos conocido el Desierto de Atacama, así que de nuevo nos metimos en un bus, y en una noche pasamos de nuevo del mar al altiplano de este angosto país.

En Atacama nos reencontramos con Umut, una pin up turca muy aclamada en su país, y realizamos la visita del valle de la Luna y de las lagunas altiplánicas. No hay duda que es una auténtica belleza, y sino juzguen por las fotos, pero Atacama es también una ciudad tomada por las agencias de turismo, los restaurantes «cuquis» y los bares «cool». Los precios, sin ser prohibitivos, son abusivos y realizadas las visitas de rigor nos fuimos a Caldera (ooootra vez a la playa) a celebrar la navidad en compañía de una pareja de Sevillanos y otra de Italianos.

Valle de la luna
El poder del agua y el viento
La duna y el anfiteatro
Salta en la laguna
La luz a 4000msnm da colores que solo hemos soñado
Pin Up Turca
La cámara lo adora

 

Felices y contentos

La verdad es que fue una nochebuena atípica, con bañito en el mar previo a la deliciosa cena que entre todos organizamos, obviamente corrió el vino Chileno aunque la fiesta fue tranquila y un poco nostálgica debido a que todos teníamos a la familia lejos.

Después del baño
En la cocina, trabajando, algunos más y otros menos

De Caldera llegamos a Santiago, dónde nos esperaba nuestra couchsurfer, Ingrid, que ni corta ni perezosa lió a su amigo Jona para que nos alojara él en lugar de ella ;).

Ambos fueron unos huéspedes increíbles y desde la terraza del piso 26 del edificio de Jona, nos tomamos nuestras primeras cervezas con vistas a la ciudad.

Los Andes y la luna escoltan esta bella ciudad
La piojera y sis terremotos!

Recorrimos Santiago como debe hacerse, incansablemente y a pie, seguimos los pasos de Neruda por Bellavista, nos volvimos a emocionar al pasar delante de la Moneda y ver la estatua de Allende y algunos agujeros de bala en los edificios de enfrente, degustamos los terremotos de la Piojera, echamos un ojo curioso a los cafés con piernas, comimos decenas de empanadas, sobretodo las de pino y la de marisco, nuestras favoritas y David y Álvaro saludaron el 2017 en la ciudad. Unos días bastante completos que pude redondear con una visita a un antiguo compañero de escuela y su familia que hacía años que no veía (no tengo fotos Marc!) y una nueva visita al Valparaíso de mis amores, la ciudad de los colores.

Feliz año nuevo!
Eterno

Allí nos reencontramos con Umut y los Sevillanos, y después de todo un día peinando las calles del cerro alegría a las 2 de la mañana el amo de una cervecería artesanal nos abrió sus puertas hasta el amanecer… solo para nosotros!

Me estoy pasando con las fotos y no puedo elegir así que podéis ver Valpo aquí.

Finalmente United nos obsequió con un día extra para despedirnos de Santiago en un hotel 5 estrellas, los Willys lo aprovecharon:

Hasta siempre!

De nuevo Chile ha superado mis expectativas, de nuevo feliz y con ganas de volver a ver más sitios, volver a los ya conocidos, conocer más gentes, encontrarme con los que no pude ver esta vez.

Viva Chile mierda!

Latinoamérica y su idiosincrasia

El hecho de que Latinoamérica es un mundo aparte lo intuíamos, de una u otra forma, y por eso decidimos que gran parte de nuestra aventura transcurriera por estas latitudes. Pero después de más de la mitad del viaje (y de más de 5 meses por aquí), podemos asegurar que hay muchas más cosas que nos unen que las que nos diferencian. No obstante, en este post voy a intentar centrarme en todo aquello que nos ha llamado la atención, por original, distinto e incluso disparatado. Tirando de topicazos, no están todas las que son pero si son todas las que están; así que si habéis viajado por alguno de estos países y se os ocurren algunas más que nos hayamos dejado en el tintero (¿en qué tintero idiota, si esto es un blog? ¿Qué te crees Cervantes ahora??) no dudéis en incluirlas en los comentarios. Allá vamos:

  • El agua caliente en la ducha: la imagen “normal” a la que estamos acostumbrados sería: entras en la ducha, buscas el grifo con la H o la C (o en modo “dummy” el grifo de color rojo) y esperas a que el agua caliente empiece a fluir. Pero aquí no es todo tan sencillo, si bien la mayoría de lugares que hemos visitado tenían una temperatura que hacía innecesario calentar agua para una ducha; en algunas zonas de Colombia o en gran parte de la Cordillera de los Andes, las temperaturas te piden una ducha calentita al empezar el día.

Imagina que entras en la ducha y te encuentras algo así:

Ducha + cables ¿Qué puede salir mal?
Ducha + cables ¿Qué puede salir mal?

El invento es una alcachofa conectada a la red eléctrica (normalmente sin demasiado “cariño”) y que contiene una resistencia por la que va pasando el agua y se va calentando. Para regular la intensidad, hay un pequeño interruptor con 3 posiciones: caliente, templado y frío. ¿Solución simple? Sí. ¿Problemas que suele tener? Dejando aparte el miedo que da ver tanto cable al lado de una fuente de agua (estando tú debajo), normalmente al invento no le da tiempo a calentar el agua que pasa sino se baja bastante el caudal; así que normalmente acabas en la encrucijada de ducharte con un hilito de agua caliente a tope, o con más presión pero muerto de frío. Toda una prueba de la vida…

 

  • Papeleras al lado del WC: por el trono sólo van aguas menores y aguas mayores. Ni un residuo distinto. Todo lo demás SIEMPRE a una papelera que siempre encontrarás al lado del Roca. No hay más que hablar sobre esto, y NO, NO voy a poner foto explicativa…

 

  • Buses, trolebuses, furgonetas y otros transportes: en gran parte de Latinoamérica, cualquier vehículo a motor (o incluso sin él), es susceptible de convertirse en tu medio de transporte público para ir de un punto A a otro B. En los buses, muchos de ellos herencia yankee, podrás encontrar un desfile de vendedores y adquirir dvds o pendrives con películas, todo tipo de comida local (y sí, incluyo sopas y caldos y alimentos no sencillos de tomar en un bus atestado de gente…), biblias, o casi cualquier objeto que se te pueda ocurrir. Además, en muchos lugares las paradas no existen, simplemente ves al bus acercarse, alargas la mano y podrás montarte ¿parece más sencillo, no?
Tuc tucs coloridos!
Tuc tucs coloridos!
Vans y furgos, transportes mil!
Vans y furgos, transportes mil!
Trolebús en Valparaiso
Trolebús en Valparaiso

Una consecuencia de esto, es que al entrar a las ciudades encuentras avenidas enteras llenas de talleres, lavacoches (spa de vehículos como les llaman), tiendas de repuestos, de recauchutados, de reparación de lunas… Por supuesto todos con sus altavoces regaettoneros a tope, que eso llama mucho a los clientes…

La casa del amortiguador. Puro marketing
La casa del amortiguador. Puro marketing

 

  • Curiosas campañas electorales: ¿Para qué poner carteles electorales con la cara de los candidatos si puedes pintar casas enteras con la publicidad de los partidos? Este “fenómeno” nos lo encontramos en varios países (especialmente Perú y Nicaragua, que tuvieron elecciones recientemente) y no supimos averiguar si las distintas casas cobran por tener sus fachadas pintadas, o simplemente apoyan a su candidato por la patilla… ¿Vosotros viviríais en una casa pintada de azul pepero?
Casas con publi electoral
Casas con publi electoral de Keiko Fujimori en Perú. La hijísima

 

  • Casas sin acabar: llámalo sin acabar, a medias, poco enlucidas, sin techo… el tema es que es posible encontrar construcciones así por toda latinoamérica (más por centroamérica a decir verdad), y hasta donde pudimos averiguar, todo se debe (evidentemente) a una cuestión económica. La gente construye la mitad de la casa y deja para el futuro la planta o plantas superiores… En ocasiones, esas plantas superiores están destinadas a que vivan los hijos de dichas familias cuando se casan. ¿Os imagináis vivir con l@s suegr@s debajo? Pues eso…
Casas a medio acabar
Casas a medio acabar

 

  • Publicidad heteropatriarcal: el sexo vende. Esto lo sabían los publicistas rollo Mad Men de los 60′ y lo saben en Latinoamérica. Peluquerías, restaurantes, y talleres mecánicos (entre otros); incluyen en sus coloridos carteles a bellas señoritas de exuberantes cuerpos para atraer a la clientela. No sabríamos decir si funciona; aunque nosotros nos hemos cortado el pelo unas 20 veces, hemos comido unos 30 tipos de ceviches distintos…  e incluso hemos intentado gastar dinero en algún taller mecánico (sin tener coche ni ná de ná)
Carteles heteropatriarcales
¿Por qué no poner una mujer de senos protuberantes para vender ceviches? ¿Qué podría salir mal?

 

  • Portadas de periódicos escabrosas: ¿Hemos comentado que el sexo vende, no? Pues la violencia también, y por si fuera poco sirve para vender periódicos… En Santa Marta (Colombia), un taxista nos comentó que sino había muerto en portada un día en un periódico, la gente no lo compraba; así que cuando no había muertos en la ciudad, buscaban el muerto de turno en la ciudad más cercana. Simple y efectivo…
Culo + muertos. Perfect combo
Culo + muertos. Perfect combo

 

  • Doblajes de series y películas: qué comentar de este tema que no se haya dicho ya. Imaginad horas y horas de autobuses viendo películas como “Rápido y furioso 8”. Eso sí, que Homer sea Homero por estas tierras parece inadmisible… pero que el bueno de Armin Tanzarian se convierta en Latinoamérica en ARMANDO BARREDA me parece directamente de juzgado de guardia…
Armin Tamzarian. El original, y su suplantador oficial Skinner
Armin Tamzarian. El original, y su suplantador oficial Skinner

Y hasta aquí nuestro resumen de curiosidades latinoamericanas. Seguro que no van a ser nada comparado con lo que nos vamos a encontrar en nuestro próximo destino… ¡Allá vamos Japón… BANZAI!

Mucho más que la mitad (y III)

Desde Mompiche, por pura curiosidad miramos en la web de couchsurfing por si en Puerto Lopez, alguien nos podía acoger. Desde que viajamos 3 hemos dejado de usar la aplicación de la que ya os hablamos, ya que suele ser un poco complicado encontrar a un huésped dispuesto a acoger a tres viajeros, pero la casualidad quiso que apareciera el nombre de Giulia en mi pantalla y que sin mucha convicción le mandara un mensaje.

Qué ilusión cuándo al día siguiente, Giulia nos contestó que si alguien aceptaba dormir en el suelo o en una hamaca éramos más que bienvenidos, sin problema, allí vamos!

Cuándo llegamos después de 14h de bus, muchas más de las previstas, sin internet y sin poder avisar  a nuestra anfitriona, Giulia nos dijo que nos quedáramos en Puerto Lopez (su casa estaba a pocos km) esa noche ya que era tarde para ir y ella había hecho planes pero que fuéramos al día siguiente, que ningún problema. Un poco cansados y decepcionados (porqué nos ilusionaba poder instalarnos sin buscar hostal y estar como en casa, que es lo que suele pasar cuando haces couchsurfing), buscamos hotel, encargamos el tour a la isla de la plata y nos planteamos si nos íbamos directamente hacia Cuenca al día siguiente o si parábamos una noche en casa de Giulia.

Puerto Lopez es un pueblo de pescadores y con la marea baja improvisan partidos de fútbol
Puerto Lopez es un pueblo de pescadores y con la marea baja improvisan partidos de fútbol

Quién nos iba a decir que en lugar de una noche nos quedaríamos anclados, atrapados por la amabilidad y la risa franca de Giulia por 4 noches en la maravillosa casita frente al mar a escasos kilómetros a las afueras de Puerto López.

Pero vayamos por partes, esa noche nos acostamos ya tarde controlando en nuestros móviles como Donald Trump iba tiñendo de rojo los diferentes estados norteamericanos y en la mañana nos embarcamos junto a otros 4 incrédulos Americanos, una Danesa de muy buen ver y su novio Español, una chica alemana y un callado Canadiense hacia la Isla de la Plata.

En el momento de arrancar, uno de los dos motores no funcionaba y después de media hora de grasientas manipulaciones pensamos que ni Galápagos de los pobres ni ocho cuartos, pero después de sacar no menos de 8 bujías del motor de 400 caballos de la lancha y cambiarlas por otras, el capitán anunció que nos podíamos ir.

Una hora más tarde fondeábamos frente a la isla mientras unas 7 u 8 tortugas gigantes y decenas de peces de colores rodeaban la barca esperando los cachos de lechuga que les lanzaba nuestro guía.

Una nueva conquista de los Willys!
Una nueva conquista de los Willys!
La isla de la Plata en todo su esplendor
La isla de la Plata en todo su esplendor

Desembarcamos en la isla y realizamos una caminata por los acantilados observando un montón de curiosos picudos de patas azules, una ave que, como su nombre indica tiene las patas de un color marcadamente azul clarito. Pareciese como si alguien se hubiese dedicado a darle brochazos a todos los ejemplares adultos allí presentes, y sino, juzguen ustedes mismos!

Un macho adulto con dos crías que debido al plumaje parecen más grandes que él
Un macho adulto con dos crías que debido al plumaje parecen más grandes que él.

Finalmente, almorzamos en la barca e hicimos esnorqueling en las frías aguas de la bahía dónde observamos enormes peces globo de colores, peces loro, peces araña y curiosos corales de un verde militar.

De vuelta a Puerto López agarramos un bus para llegar hasta casa de Giulia, nos encontramos con una encantadora Italiana que acoge a menudo animales abandonados, y justo en ese momento acababa de volver de pasar 24h fuera. Las 4 cachorras que acogía en este momento habían evacuado sin piedad en la cocina, dónde se habían quedado encerradas, y una de ellas tenía diarrea, nuestra primera misión fue la de limpiar a las cachorras y alguna, se había revolcado en las heces de su hermana…

Mona y una de "las negras"
Mona y una de “las negras”

Una vez superada la crisis, nos instalamos y descubrimos la preciosa casa de Giulia,  abajo la cocina y comedor, arriba una terracita cubierta, una sala inmensa que hacía las veces de dormitorio y de sala de estar, un precioso cuarto de baño abierto parcialmente por dos lados, sin ventanas para sentir la brisa del mar mientras uno se ducha, se lava los dientes o se sienta en el trono. Nos contó que había llegado allí por casualidad, casi tres años atrás, y que paseando por la playa desierta se enamoró del lugar. Ella y su ex-marido llegaron a un acuerdo con el propietario del terreno que ocupaba una antigua perrera, y con sus propias manos y la ayuda de algunos obreros, levantaron la casa que allí veíamos, aunque ahora hacía más de un año que estaba sola, el marido Colombiano, había vuelto a su país.

La solitaria playa que encandiló a nuestra anfitriona, en 5 días no vimos ni un alma pisar la playa
La solitaria playa que encandiló a nuestra anfitriona, en 5 días no vimos ni un alma pisar la playa

Estábamos asombrados, el lugar estaba en medio de la nada y ella sóla se había dedicado al jardín, el huerto, los animales, sus labores, las reformas… si bien es cierto que el jardín y el huerto habían visto tiempos mejores, nos anunció que en Diciembre probablemente tendría que dejar la casa y no estaba con ánimos para empezar otra vez de cero.

Conectamos de inmediato, Giulia tenía una energía inacabable y lo curioso es que nos dio la impresión que nos acogió bajo su ala protectora, parecía que cuidara de nosotros con ímpetu pero con suavidad, con determinación pero con tranquilidad.

Giulia compró en esta tienda un licor con el que quiso emborracharnos y probablemente aprovecharse de nosotros
Giulia compró en esta tienda un licor con el que quiso emborracharnos y probablemente aprovecharse de nosotros

Se levantó todos los días antes que nosotros, dos de ellos nos preparó un magnífico pastel que devoramos frente al mar, nos explicó como visitar la bella playa de los Frailes en los alrededores, nos tuvo que ayudar con el fuego de la barbacoa, que los tres hombres de la casa no conseguíamos dominar, nos acompañó, aunque estuviera lesionada en el pie al pueblo vecino (nos contó que la lesión se debía a una feroz entrada de fútbol que ella misma realizó a la Italiana, eso es, por detrás y sin opción a jugar la pelota, el día anterior a nuestra llegada) y por último nos acompañó también al lujurioso pueblo de perdición: Montañita.

El pescatero que nos vendió 4 magníficos Jureles que cocinamos a la barbacoa gracias a nuestra destreza
El pescatero que nos vendió 4 magníficos Jureles que cocinamos a la barbacoa gracias a nuestra destreza
Después de muchas horas por fin pudimos degustar el pescado (Giulia no es muy amiga de las fotos)
Después de muchas horas por fin pudimos degustar el pescado (Giulia no es muy amiga de las fotos)

Montañita merece mención aparte ya que en este pueblo de costa lleno de extranjeros solo se viene a surfear, emborracharse, drogarse y ligar.

Aparte de lo del surf y lo del ligue creo que cumplimos con la tradición.

La noche acabó sobre las cinco de la mañana, después de haber bailado sin reposo, con los Willys y Giulia dormitando en el taxi que nos llevó de vuelta a la tranquila casita del mar.

Parte del salón de Giulia
Parte del salón de Giulia

En fin… que lo que tenía que ser una noche de paso se convirtió en 4 noches y 5 días de mucho fluir y nos hubiésemos quedado aún más… pero Perú nos llamaba, y antes de eso una última parada en Ecuador, Cuenca dónde nos íbamos a reencontrar con mi compañero de capoeira en Barcelona, Julien.

Cada día puede uno disfrutar de esto desde la terraza de la casa de la playa
Cada día puede uno disfrutar de esto desde la terraza de la casa de la playa

Giulia no nos permitió despedirnos, la mañana del último día huyó a hurtadillas antes de que abriéramos los ojos y con una preciosa nota y un pastel nos dijo “hasta la vista”, así que un poco nostálgicos, nos plantamos en la carretera con nuestras mochilas y esperamos el bus. Una camioneta se paró y nos subió en su mugriento remolque hasta Montañita, el aire en la cara nos despejó y de allí otras interminables 10 horas de bus hasta Cuenca.

Julien es un chico Francés que se instaló en Barcelona hace 9 años y que hace dos decidió dejarlo todo y ponerse a viajar (¿os suena?), después de estar en Martinica, Jamaica, Cuba, Colombia… el destino quiso que en Cuenca se enamorara de una sonriente Ecuatoriana y decidiera plantarse, momentáneamente, en su vuelta al continente americano, de eso hace ya 11 meses.

Un monasterio lleno de exvotos
Un monasterio lleno de exvotos
Una campesina en el mercado
Una campesina en el mercado

Julien nos dio cobijo en su piso, que alquila junto a un Venezolano en el centro de esta ciudad de estilo colonial. Se portó de fábula con nosotros, me invitó a unirme a su grupo de capoeira en uno de sus agotadores entrenamientos y organizamos una magnífica barbacoa en su terraza dónde ingerimos ingentes cantidades de carne, cerveza y canelazos sin pestañear.

También visitamos el parque Nacional Cajas, otra sobrecogedora caminata de 5 horas a unos 4000 metros de altura entre montañas cubiertas de hierbajos y gélidas lagunas en la que, pese algún problema de orientación inicial, llegamos a buen puerto. Me fascinaron los colores pardos y el brillo de las lagunas, fue una gran despedida de Ecuador ya que al día siguiente entre abrazos y promesas de reencuentros con Julien nos dirigimos a la estación, rumbo Perú!

Humedales y tonos parduzcos
Humedales y tonos parduzcos
Lagunas y más lagunas
Lagunas y más lagunas
Lagunas y más lagunas y más lagunas
Lagunas y más lagunas y más lagunas

 

Mucho más que la mitad (II)

Desde la sierra y después de estudiar varias opciones, decidimos que queríamos conocer el Amazonas.

Como es sabido el pulmón del planeta ocupa gran parte de Brasil, pero también de Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela o Bolivia. El parque nacional Cuyabeno, en el oriente, nos pareció un buen lugar para internarnos en la espesura y aunque el precio era elevado (uno solo puede acceder al parque con un «tour») acabamos disfrutando de 4 días de ensueño entre aguas marronosas, arañas peludas, casas de paja, aves de colores, monos, peces con dientes y nativos sonrientes.

Nuestros aposentos desde el aire
Nuestros aposentos desde el aire

Nuestros guías, Rómulo y Daniel nos acompañaron en caminatas diurnas y nocturnas, explicándonos infinidad de curiosidades, propiedades de plantas y árboles, mostrando huellas de animales, bichos palo, una mantis religiosa de más de un palmo de largo que se subió a mi mochila sin que me diera cuenta…

Un gigantesco puerco espín se había colado en una de las habitaciones!
Un gigantesco puerco espín se había colado en una de las habitaciones!
Turistas a lo Tarzan!
Turistas a lo Tarzan!
La monstruosa Mantis
La monstruosa Mantis

En una canoa remando río arriba pescamos pirañas y observamos la naturaleza, nos enseñaron inmensos termiteros e imponentes panales de abejas, algunas con una capacidad para batir las alas a un ritmo sincopado como si de un ejército marchando se tratara. Os aseguro que nuestras caras de asombro e incredulidad eran para enmarcar cuándo a su orden, todos gritamos y el panal se puso a emitir un sonido de pasos sordo y acompasado «fuuu, fuuu, fuuu, fuuu»!!!

Los innumerables baños en aguas infestadas de caimanes, morenas y pirañas, los delfines rosados de la laguna, el espléndido atardecer que nos brindaron los árboles que surgían del agua y el ardiente sol tiñendo de violeta las nubes, la vuelta de más de dos horas en la más absoluta oscuridad por los meandros del río, el cielo estrellado, el avistamiento de satélites, las hilarantes noches en la zona común antes de acostarnos y un largo etcétera convirtieron lo que temía podía ser un tour ultra turístico y preparado en una pequeña aventura maravillosa.

Sin comentarios
Sin comentarios

Dejamos atrás la húmeda selva para volver a Quito y aunque nuestro siguiente destino era Baños, una ciudad rodeada de ríos, cascadas y aguas termales, la simpatía e insistencia de Juan y Gabi nos desviaron hacia Mindo, un pueblo al oeste de Quito al que fuimos invitados.

Era feriado en Ecuador, un puente de 5 días nos hacía temer kilométricas colas en la carretera. Salimos de Cuyabeno al caer la tarde y Juan recogía sonriente a 3 legañosos Willys a las dos de la madrugada frente a su universidad dónde estaba de guardia, nos dejó en su casa donde tardamos 30 segundos en dormirnos de nuevo y una vez terminada su guardia enfilamos a Mindo sin demasiados percances.

Allí nuestros huéspedes se encargaron que tuviéramos una experiencia inolvidable y familiar. Nos fuimos a hacer “canopy” y disfrutamos como niños colgados de cables entre montañas, imitando a Superman en cada tramo o simplemente admirando los árboles desfilar bajo nuestros pies.

La entrañable barbacoa que preparó el padre de Gabi con una nevera repleta de cervezas acabó en la discoteca del pueblo, dónde seguimos con ron, jugando alrededor de una mesa e interaccionando con los locales en mayor o menor medida, al final de la noche, nueva separación de los Willys y vuelta a casa con más o menos rodeos, más o menos memoria, en definitiva, gran noche y gran resaca que curamos con un excelente desayuno y un chapuzón en las gélidas aguas del río Mindo al día siguiente!

¿Donde andarían los otros 2 Willys?
¿Donde andarían los otros 2 Willys?

Nos despedimos con cariño de nuestros anfitriones y enfilamos hacia la costa. Aunque varia gente nos advirtió, que viniendo del Caribe, el pacífico y sus revueltas aguas puede resultar un poco decepcionante, no nos importó, echábamos de menos el mar.

La llegada a Esmeraldas fue impactante, parecía que hubiéramos cambiado de país, la ciudad, con muchos edificios en estado precario debido al fuerte terremoto que se produjo hace menos de un año, no tiene nada de especial, incluso el renovado malecón, con su moderno paseo repleto de restaurantes parece no pintar nada allí. Lo que nos impresionó era que gran parte de la población era negra, de estilo caribeño, la música, el ambiente, cuesta de definir pero llegamos a la conclusión que la población de la sierra y los del norte de la costa pacífica son de dos mundos distintos.

Una rápida parada en el tranquilo y surfista pueblo de Mompiche, un poco al sur de Esmeraldas, nos sirvió de relajo y puesta al día en internet después de unos días de desconexión entre Cuyabeno y Mindo, el día nublado nos invitó a tumbarnos en una hamaca, leer, jugar a cartas, hacer algo de deporte y cocinar, en definitiva, estar de vacaciones de verdad y abandonar momentáneamente el trasiego que a veces comporta el viaje.

Pescadores en Mompiche
Pescadores en Mompiche
Un pelicano sortea una ola en la playa de Mompiche
Un pelicano sortea una ola en la playa de Mompiche

Más al sur, frente a la costa de Puerto López se encuentra la isla de la Plata, conocida como la Galápagos de los pobres. Una vez comprobamos que el billete de avión costaba no menos de 400$, que la entrada al parque cuesta unos 120$, que cada excursión en cada isla puede costar de 80 a 120$, el alojamiento, la comida… nos dijimos que aunque nos muramos de ganas por conocer este lugar único y extravagante, lo dejaríamos para la siguiente ocasión ya que de los 1200$ por 5 días no se baja, y como diría Nuñez “això no ens ho podem permitir!!!” así que Galápagos de los pobres it is! Y suerte que fuimos allí porqué allí encontramos a Giulia, pero os lo contaremos en el siguiente capítulo!

Mucho más que la mitad (I)

En nuestro obstinado rumbo hacia el sur, antes de entrar a Perú y poder admirar el mítico Machu Picchu, o el desierto de Atacama en el norte de Chile, una ojeada al mapa nos advirtió que un país se interponía en nuestro camino, justo en el medio, como el jueves, un país que pretendíamos cruzar en unos 15 o 20 días, casi de puntillas, una especie de trámite: Ecuador.

Dejamos Colombia a desgana, arrastrando los pies, nostálgicos, 40 días en el país cafetero fueron suficientes para amarlo, pero totalmente insuficientes para conocer todos sus rincones y disfrutar a fondo de su gente.

¿Qué sabíamos de Ecuador antes de llegar a él? Que la famosa línea imaginaria que parte el mundo en dos mitades iguales, como una naranja, le da nombre (¿o era al revés?), que posee unas islas, pacífico adentro, con una variedad de animales casi mágica, y que su presidente actual es Rafael Correa. Sinceramente, poco más.

Pues bien, desde el primer momento al último, Ecuador nos cautivó y al final, el mes que hemos disfrutado recorriéndolo, ha sido, a todas luces, insuficiente (una vez más, sí).

A grandes trazos, descubrimos que Ecuador consta de 4 partes bien diferenciadas, a saber: (1) La Sierra, como llaman a los Andes, la gigantesca cicatriz que atraviesa sur américa; (2) El Oriente, ocupado por la espesura Amazónica; (3) La costa Pacífica, a priori no tan atractiva como el Caribe y (4) las famosas Islas Galápagos.

Resulta que entramos en la mitad de la tierra tocando el cielo, primero en Ibarra a 2200 msnm, en la que rodeamos la laguna de Yahuarcocha, vigilada por bonitos montes redondeados de tono verde parduzco y tuvimos una alocada noche en la que los Willys se acabaron separando. Uno perdió su forro polar, otro se quedó dormido en casa ajena sobre un cómodo sofá y otro último acompañó un grupo de presuntos delincuentes a dos fiestas privadas después de la discoteca!

La Laguna Yahuarcocha
La Laguna Yahuarcocha
Aunque nos costó...
Aunque nos costó…

Nuestra segunda parada, Otavalo, se encuentra a unos 2550 msnm y nuestro primer “trekking” serio del viaje consistió en subir al Fuya Fuya. Hollamos cima a 4263 msnm después de ascender desde la preciosa laguna de Mojanda, era lo más alto que ninguno de los 3 había estado nunca y lo notamos en el trayecto con numerosas paradas para recuperar el aliento. El último tramo constaba de una “grimpada” un poco vertiginosa y aunque la niebla no nos dejó ver mucho desde la cima, estábamos satisfechos y sonrientes mientras descendíamos de nuevo entre los hierbajos hasta la laguna.

Coronamos el Fuya Fuya
Coronamos el Fuya Fuya

Al día siguiente fuimos hasta la laguna Cuicocha, a los pies del volcán Cotacachi. La laguna, en realidad, es un cráter secundario del volcán, tiene dos pequeñas islas en medio y en unas 3 horas le dimos la vuelta pudiendo admirarla en todo su esplendor y bajo todos los ángulos, la luz era preciosa y como guinda final las nubes que envolvían la cima del volcán escamparon permitiéndonos admirar el blanco y escarpado pico. Yo me entretuve con una pareja de franceses que me contaron como él, de los 12 a los 15 años había viajado por el mundo en velero con sus padres, no podía parar de soñar despierto!

Los Willys en la laguna Cuicocha
Los Willys en la laguna Cuicocha

El hostal de Otavalo era muy acogedor, regentado por una pareja, él Ecuatoriano, ella Española y nos dedicamos a cocinar y a recuperar fuerzas con un gran plato de pasta boloñesa. Aún así un percance con el ebook de David, que rompieron durante la limpieza de la habitación, nos dejó un poco de mal sabor de boca; aunque después de una corta discusión, el gerente nos ofreció dos noches gratis.

Finalmente visitamos el mercado, tanto el de artesanía, con miles de artículos de suave alpaca (bufandas, coloridos ponchos y pantalones), cuadros, figuritas, juegos de mesa tallados en madera y artículos de cuero… como el de abasto, con la sección de frutas y verduras y su gran gamma cromática y la igualmente olorosa sección de viandas sin refrigerar con bellas y lanudas cabezas de carnero expuestas con sus incisivos asomando casi al lado de un cerdo entero cocido con arroz y verduras en su interior, todo muy higiénico.

Frutas y verduras
Frutas y verduras
Peppa pig
Peppa pig

Aunque no somos especialmente maniáticos, esta vez, nuestros estómagos no nos permitieron almorzar allí y pronto nos dirigimos a nuestro tercer destino en Ecuador, Cayambe.

Este pequeño pueblo se encuentra muy cerca de la latitud 0-0-0 y está dominado, en los días claros, por el imponente volcán de idéntico nombre, un nevado que parece que viste una suave y blanca «barretina» y se eleva hasta los 5790msnm.

El ridículo monumento a la mitad del mundo
El ridículo monumento a la mitad del mundo

Primero visitamos un feo y ajado monumento a la mitad del mundo, una bola de cemento en una polvorienta carretera que no ha visto mantenimiento en siglos, fue nuestro primer contacto con el Ecuador como línea imaginaria, después buscamos unas aguas termales que nos dijeron eran gratis, no señalizadas, en el fondo de un imponente valle que descendimos y volvimos a subir con la cola entre las patas, al ver que las termas en cuestión eran una piscina sucia y con el agua fría, para finalmente sumergirnos en unas aguas termales de pago a un par de km de allí.

Descendimos unos 400 metros hasta la nada para volver a subir
Descendimos unos 400 metros hasta la nada para volver a subir
El agua que llegaba era como mucho tibia, la obra había visto tiempos mejores.
El agua que llegaba era como mucho tibia, la obra había visto tiempos mejores

Enardecidos por nuestra excursión al Fuya Fuya, al día siguiente, nos animamos a subir al Cayambe hasta dónde la nieve nos lo permitiera. El día se levantó espléndido, ni una sola nube, un cielo azul cobalto dejaba paso a un azul turquesa brillante cuándo subí a la terraza a echar un vistazo a las 06h30 de la mañana, visibilidad perfecta, la nieve del Cayambe ya nos cegaba mientras lo mirábamos de reojo a eso de las 7h30 de la mañana dirigiéndonos al taxi con el estómago lleno de los ricos pero pesados bizcochos de Cayambe.

Una rápida negociación con Rodrigo y ya estábamos en el coche camino de la falda del nevado. Nuestro simpático taxista, ex-presidiario, como denotaban sus tatuajes difuminados, decidió que también nos acompañaría en la excursión y no solo se quedaría esperando en el coche, para nosotros fue un placer.

La verdad es que fue otra maravillosa experiencia, gracias a la pericia de Rodrigo al volante subimos hasta unos 4200msnm por una tortuosa y pedregosa carretera y de allí seguimos andando y jadeando, primero al refugio y después hasta la laguna dónde empieza el glaciar, a unos 4950msnm.

Recuperando el aliento
Recuperando el aliento

Nuestra falta de equipamiento nos impedía avanzar más allá, ni una sola nube había empañado la cumbre y nos quedamos largo rato admirando la inmaculada capa de nieve que se extendía delante nuestro y el grisáceo glaciar que se alzaba escarpado a nuestra derecha. En la lejanía podíamos distinguir la forma cónica de otro volcán, el Cotopaxi a casi 100km de distancia a vista de pájaro.

Dos aguerridos turistas y su guía descendían encordados, y mientras se descalzaban los crampones les pregunté. Habían salido a las 12h00 de la noche, eran cerca de las 11h de la mañana y descendían agotados después de haber visto el amanecer en la cumbre.

Los afortunados alpinistas a punto de salir de la lengua de nieve
Los afortunados alpinistas a punto de salir de la lengua de nieve

Me quedé con unas ganas tremendas de hacer cima yo también pero los precios y el tiempo requerido eran prohibitivos.

De Cayambe nos fuimos a la capital dónde nos esperaban Juan y Gabi, dos amigos militares y paracaidistas que David conoció en Colombia. La pareja y su hijo, no sin antes regañarnos por habernos instalado en la zona “peligrosa” de la ciudad, dónde las prostitutas básicamente, nos dieron un bonito tour por la ciudad nada más llegar y fueron unos magníficos anfitriones en una barbacoa que acabó en bailoteo la noche de Halloween en la zona de más fiesta de la ciudad.

BBQ militar
BBQ militar
La fiesta en Quito!
La fiesta en Quito!

Paseamos por el centro histórico más grande de latino américa, discrepamos un poco con el título de ciudad más bonita del mundo, disfrutamos de las espectaculares vistas que ofrece el imponente teleférico de la ciudad, este, asciende vertiginosamente 1100 metros verticales en escasos 8 minutos, me reencontré con una compañera de trabajo que llevaba sin ver unos 9 años mientras David y Álvaro visitaban un museo de la aviación, visitamos, ahora sí el cuidado monumento/museo de la mitad del mundo y nos perdimos, por poco, un conciertazo de Metallica, todo muy completo!

Solo habíamos visto la zona de la sierra… quedaba mucho por descubrir!

Colombia es infinita

Llevamos casi un mes en Colombia y (al menos personalmente) puedo decir que es el país en el que más estoy disfrutando. Quizás por la diversidad de paisajes que hemos visto, quizás (posiblemente) por las Willys que nos visitaron y acompañaron unos días, quizás por lo bien tratados que nos hemos sentido por nuestra «familia colombiana» o tal vez por los hechos «históricos» que nos han tocado vivir en estos días; estas últimas tres semanas en Colombia están siendo muy especiales.

Colombia infinita
Colombia infinita

Comenzamos nuestra ruta colombiana hace unos 20 días aterrizando en Medellín desde Panamá City (voy a obviar el episodio previo al vuelo que nos sucedió con la compañía vivacolombia, os lo resumo en una frase «No voléis con esa aerolínea de mierda sino es estrictamente necesario»). La cosa es que al llegar a Medellín nos encontramos una ciudad que quiere despegarse del cliché de ser la cuna de Pablo Escobar y su cártel de “malparidos gonorreas e hijoeputas”, una ciudad enorme e inabarcable que está progresando a base de construir bibliotecas y mejorar los transportes públicos en los barrios más marginales para intentar reducir todas las desigualdades sociales que (aún) existen entre unas zonas y otras. Disfrutamos por primera vez de esculturas de Botero (que ha donado gran parte de su obra al pueblo colombiano), de su jardín botánico, y pudimos agarrar uno de los teleféricos que llegan a las zonas más deprimidas (favelas).

Botero everywhere
Botero everywhere
Escalando Medellín
Escalando Medellín

En el centro cultural de uno de estos barrios (la Colonia 13), asistimos al homenaje que un festival de cine local le ofrecía a Salvo Basile. Su nombre quizás no suene mucho en España, pero Salvo es un actor/director/productor de cine italiano afincado aquí en Colombia que es toda una celebridad (tomar una limonada con él en una terraza de Medellín se convirtió en una sucesión de fotos de fans…), que ha trabajado en innumerables películas internacionales (como Holocausto Caníbal!!!) y que por si fuera poco trabajó con Bud Spencer y Terence Hill…

Además de todo esto, que no es poco, Salvo y Jacqueline (su esposa, pariente de Guillem), así como sus hijos Alessandro y Jerónimo; pusieron todo de su parte para que nuestros días en Colombia fueran inolvidables: nos invitaron a su casa (y a su isla!) y nos hicieron sentir que tenemos familia colombiana…

Tras Medellín, encaramos el primer trayecto en carretera (nuestros amigos los buses…) y visitamos la villa de Guatapé, un colorido pueblo de interior que se reinventó a sí mismo después de que el gobierno hace unos 50 años decidiera construir una presa que inundó medio pueblo. Lejos de darse por vencidos, los guatapeños decidieron empezar a decorar todo el pueblo a base de murales en las casas, y ahora se ha convertido en todo un icono de la región de Antioquia. Desde Guatapé nos acercamos a visitar el Peñón, una enorme piedra que domina todo el valle del Embalse del Peñol, y sin duda una de las mejores vistas del país.

En lo alto del Peñol
En lo alto del Peñol

Muuuuuuuchas horas de autobús después, por fin llegamos a Bogotá. La capital colombiana es una urbe enorme que nos atrapó desde el principio. Alojados en el barrio antiguo de La Candelaria, después de visitar la plaza Bolivar, el palacio de Nariño (residencia del presidente de la República), el museo del Oro y el INCREÍBLE museo Botero; nuestra primera noche teníamos una misión muy importante, celebrar el cumpleaños de David como merecía. Sólo decir que cumplimos la misión con creces, en una discoteca de lujo regentada por Jerónimo (primo de Guillem) y en la que tres mochileros zarrapastrosos apenas llamaban la atención entre chaquetas y trajes de noche…

Bogotá desde las alturas (y no, no es una maqueta...)
Bogotá desde las alturas (y no, no es una maqueta…)
Celebrando el cumple de David... con espontánea incluida
Celebrando el cumple de David… con espontánea incluida

Tras un día protocolario de «recuperación tras juerga», en el que nuestra mayor actividad fue tragarnos 7 episodios seguidos de Narcos (viva el cable hdmi que compramos dos días antes), el sábado por fin se unieron a nosotros Elena (la blanquita) y Edurne, canaria y vasca amigas y residentes en Barcelona que con gran criterio decidieron pasar parte de sus vacaciones con nosotros. Con ellas emprendimos el viaje en bus (en unos cuantos buses y cientos de kilómetros…) hacia el Caribe; con paradas reseñables en Zipaquirá donde visitamos una catedral construida en el interior de una mina de sal (muy loco todo); o en los pueblos de Barichara y Bucaramanga, pequeñas maravillas del interior del país.

El equipo al completo en la Catedral de Sal
El equipo al completo en la Catedral de Sal

Después de un fugaz paso por Barranquilla (ay Shakira hija, vaya pueblo feo que tienes…) en el que no bajamos del bus, llegamos por fin a Cartagena de Indias, una ciudad colonial maravillosa, capital del caribe colombiano. Alessandro (el otro hijo de Salvo) se había propuesto bajar nuestra media de gastos del viaje y nos alojó en su maravillosa casa en el arrabal de Getsemaní, muy cerquita del centro histórico; y allí, entre gatos, gallos y algún mosquito, establecimos por unos días nuestra base, y se lo agradecimos cocinándole unos espaguettis bolognesa (a él, que es vegetariano, buen trabajo Willys…) y un par de tortillas de patata del chef Ruscalleda. Jugamos mil partidas a Mafia. Bailoteamos toda la salsa que pudimos. Y ron y cerveza diría que no bebimos durante esos días… creo…

Elena y David motorizados
Elena y David en Cartagena motorizados
David en la casa del árbol de Cartagena
David en la casa del árbol de Cartagena
La casa del árbol en Cartagena II
La casa del árbol en Cartagena

Además, uno de los días tuvimos la oportunidad de visitar y dormir en la Isla del Pirata (gracias otra vez a Salvo y Jacqueline), una isla paradisiaca situada en el archipiélago de Islas del Rosario, haciéndonos sentir como viajeros de lujo. 13 personas en toda la isla (8 huéspedes y 5 trabajadores), unas cabañas de lujo encima de una playa y un pescador que se acercó con un cubo lleno de langostas a precio de risa de las que dimos cuenta en una cena genial bajo las estrellas(tenacitas lo hubiera querido así…).

Relax en la isla del Pirata
Relax en la isla del Pirata
Tenacitas al ajillo en la Isla del Pirata
Tenacitas al ajillo en la Isla del Pirata

Nuestro siguiente destino fue el parque Nacional de Tayrona (sí, donde Shakira quería a llevarse a Piqué en la cancioncita de la bicicleta que apenas hemos escuchado unos doce millones de veces…). Con Guillem aún convaleciente de la lumbalgia descansando en Santa Marta, los otros cuatro willys visitamos el parque, pasamos la noche en hamacas bajo las estrellas, y vivimos un momento (que creímos histórico) como fue la ceremonia de la firma de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, mezclados entre locales en la única choza con TV de toda la zona.

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Escuchando los acuerdos de paz de Colombia en Tayrona
4 willys en Tayrona
4 willys en Tayrona

Tras esta aventurilla con la naturaleza, nos despedimos con todo pesar de nuestras Willys temporales, que agarraban un vuelo hacia la zona cafetera (que nosotros visitaremos más tarde), y volvimos a recoger a Guillem a Santa Marta. Recuperado (casi) de su espalda gracias a la hospitalidad de otros parientes suyos, en este pueblo de mar nos llegó la noticia de que una tormenta tropical llamada Matthew se estaba acercando a la zona, lo que retrasaba nuestro plan de conocer el Cabo de la Vela, uno de los puntos más al este del caribe colombiano, casi fronterizo con Venezuela. Mientras Matthew se convertía en un huracán de fuerza 4 (y luego 5), pasamos un par de días «tranquilos» en Santa Marta, y visitamos el pueblo de Minca, un paraje montañoso y fresco donde disfrutamos de la gastronomía local (unas pizzas italianas buenísimas y unos woks tailandeses igual de ricos…)

Una vez que el huracán comenzó a subir hacia Jamaica pero con la incertidumbre de una climatología poco estable, emprendimos viaje hacia Palomino, un pueblo costero espectacular pero ahora deslucido por los estragos de la tormenta. Allí pudimos vivir en primera persona la decepción del resultado del referéndum organizado por el gobierno de Santos acerca del acuerdo de paz con las FARC. Nuestra sensación, como la de la mayoría de colombianos con las que tratamos (excepto notables excepciones) es que se trataba de un resultado fatal para Colombia. Si bien podría no ser el mejor acuerdo, haber conseguido que el pueblo refrendara con sus votos la paz firmada con la guerrilla, era sin duda una oportunidad que ahora parece perdida para los colombianos (¡aunque esperamos que no sea así!).

Tras Palomino, nos armamos de valor (y sobre todo de paciencia) y nos encaminamos hasta la zona del Cabo de la Vela. Este pueblito dominado por indígenas guajiros, bastante aislado del resto del país (normalmente se llega en 4×4 cruzando el desierto que lo rodea), sin agua corriente y con suministro de electricidad limitado a algunas horas, se había convertido por obra y gracia de Matthew en una piscina gigante, inundando las calles principales de agua de mar y peces muertos, y llenando de agua la mayoría de «hostels» donde se supone que deberíamos dormir. Acabamos parando en una escuela de kite-surf en la misma playa, en unos chinchorros (una especie de hamáca más cómoda y amplia) al aire libre. Allí conocimos a Andrew, un peculiar jamaicano instructor de kite; y a Pablo, un santanderino residente en Barcelona que llegó a la zona expresamente para darle caña a la cometa, y que nos hizo entender como en un desierto como aquel había podido caer tantísima agua (¡¡madre mía los santanderinos!! si os fueráis a África arreglábais las sequías en dos días).

Cabo de la Vela tras el paso de Matthew
Cabo de la Vela tras el paso de Matthew

Ayer, ya comenzando nuestra ruta con destino al eje cafetero y más tarde a la frontera con Ecuador, acabamos «por casualidad» en la isla de Mucurá, otro pequeño paraíso caribeño enfrente de Santiago de Tolú; en el que anoche despedimos los atardeceres en el Caribe, rodeados de cocoteros, arena y sal; y donde hemos comenzamos a echar de menos este mar tan peculiar y que tantas buenas experiencias nos ha dado.

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Yo la conocí en un taxi… (varado en Mucurá…)

Escrito en Mucurá rodeado de cocoteros y escuchando por primera vez a Sublime.

Panama-na (pa pa parapa!)

Dejábamos Costa Rica atrás por segunda vez en 15 días, esta vez cruzamos un puente en dirección sur para entrar al país que comunica los dos océanos.

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Dos Willys cruzando a Panamá

El siguiente destino, Colombia, iba a marcar nuestra estancia en Panamá. Para pasar de Panamá a Colombia no existe vía terrestre, en el tapón de Darien se corta la famosa Panamericana, que supuestamente atraviesa el continente americano de Alaska, hasta el Sur de Chile (cuenta la leyenda que EEUU no permite esa carretera para dificultar el paso de cierto producto de origen Colombiano hacia el norte).
Después de bastante investigación y lectura de blog vimos que había varias opciones para cruzar a Colombia:
-Un ferry que había el año pasado y que ya no operaba.
-Alquilar un paseo en un lujoso velero que suele navegar unos 4 días por aguas del Caribe hasta llegar a Cartagena, unos 450$.
-Tomar un carguero que puede tardar hasta 15 días en hacer la ruta ya que para el las islas para abastecerlas. Precio a convenir con el capitán, no menos de 100$.
-Tomar una serie de lanchas, buses y caminos a través de la selva (esta era la opción principal pero la investigación resolvió que el precio de esta vía oscilaba entre 250 y 300$ y se demoraba unos 3-4 días en una zona sin mucho interés).
-El avión. Aunque tenemos un año y preferimos recorrer por vía terrestre para pausar nuestro viaje, al encontrar un vuelo por 130$ se nos hizo difícil no tomar este medio de transporte, el único problema es que el día barato, era el 11 de Septiembre y estábamos a 01 de Septiembre con lo que esto nos dejaba escasos 10 días para conocer el país.

Así pues, os lo digo ya, me he quedado con ganas de más.

Empezamos por las famosas islas de Bocas del toro, para mi, un verdadero paraíso, aunque reconozco que el hecho que llueva una media de 270 días al año, puede deslucir bastante tus vacaciones allí. Si el sol no luce con fuerza, no se aprecia el maravilloso color turquesa de las aguas que bañan el archipiélago.
De la isla de Colón fuimos a la isla Bastimentos que tiene un ambiente muy caribeño y relajado, sin carreteras ni obviamente coches (igual que en Corn Islands, hace años que varios países Europeos filman su versión de «supervivientes» aquí), llegamos al atardecer y varios locales languidecían en unos bancos en el puerto con la mirada perdida, otros rascaban su guitarra y bebían apurando una chusta de olor dudoso, en unos altavoces sonaba música… Nuestra aguda observación nos hizo concluir que el estrés no es la primera causa de baja laboral en Bastimentos. Para nosotros, hostel con vistas, hamacas en la terraza, música en vivo, poco más se podía pedir. Bueno sí, sol… y más días.

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Llegada a Bastimentos

Tomamos un tour para ir a cayo Zapatilla, ya que es la única manera de visitar estas dos islas desiertas, dónde por la noche anidan las tortugas. La lancha abordó un maravilloso islote, de arena blanca y palmeras y armados con el tubo y las gafas fuimos a barrer el arrecife, descubrimos langostas, peces araña y peces de colores. En otro arrecife cercanos vi corales de colores que nunca antes había visto, verdes, naranjas, lilas y amarillos, avistamos delfines y algún que otro oso perezoso escondido en la espesura, fue un día redondo.

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Llegando a Cayo Zapatilla

Otro de los días exploré parte de la isla, llovía a ratos pero en bañador y descalzo por el barro entre playa y playa poco me importaba y me sentía como un explorador. Tropecé con alguna rana en miniatura y disfruté de la jungla y el mar.

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En Bastimentos muchas construcciones sobre el agua.

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Red frog miniatura

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Playa y jungla

El día que abandonamos la isla había un sol radiante, pero el tiempo apremiaba, y antes de Panamá City queríamos hacer una escala en Santa Catalina, en la costa pacífica. Para nuestra decepción las actividades (avistamiento de ballenas o buceo) tenían precios prohibitivos, así que nos conformamos con alquilar unos kayaks. Primero hicimos un paseo, pero luego, enardecidos, David y yo decidimos intentar coger unas olas, fue un intento fallido, con su momento de estrés incluido al volcar y ver los plátanos que llevábamos de desayuno flotando a nuestro alrededor, las gafas de sol en una mano y sin poder virar el bote a su posición original a la primera, con olas rompiendo sobre nosotros sin cesar, minuto de nervios. De nuevo en el bote y con la cola entre las piernas nos fuimos a la bahía, dónde nos dedicamos a coger mini-olas y a aprender la técnica para no acabar bocabajo a cada vez… y lo conseguimos!
De nuevo en el bus, a lo lejos, vimos los rascacielos que anunciaban la City, escogimos un hostel muy cerquita de la sede de Mossak Fonseka, por un asuntillo que teníamos que arreglar y recorrimos la ciudad, el casco viejo y el canal antes de celebrar por todo lo alto y como se debe el primer cumpleaños Willy! Fue inolvidable, bueno… casi inolvidable!

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Casco viejo vs parte nueva

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Cae la noche en Panamá

Os dejo el enlace con más fotos del bello país:

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.1287856304582051.1073741840.140684075965952&type=1&l=8c14e6df69

Consejos de madre

Al despedirme de mi madre, en medio de una ruidosa Via Laietana y en un rápido pero sentido abrazo, me deslizó en el oído una única recomendación:

-Ten cuidado! Vigila que no te pongan nada en la mochila.

Yo entorné los ojos y le dije que sí, que no se preocupara, pensando que se preocupaba en exceso… Pués una vez más (y no será la última), mi madre, como todas las madres, tenía razón.

Ocurrió en el innecesario pueblo de Bluefields, habíamos salido de la bella Granada a las 5 de la mañana, previo paso por Managua y después de 10 horas en un bus cargadísimo y constantemente lleno de vendedores ambulantes llegamos a El Rama. Con una suerte tremenda, cogimos los 3 últimos asientos, de la última panga del día hacía Bluefields, hora y media de lancha rápida en un precioso recorrido entre los meandros del río nos acercaron a nuestro destino.

Alcanzamos Bluefields al atardecer, buscamos rápidamente un hostal y nos informamos de cuando salían los ferrys a Corn Island.

La única razón por la que habíamos llegado a ese pueblo gris del Caribe dónde no llegan carreteras (solo se llega por mar, lancha o aire), era porqué es la forma más barata de alcanzar las islas de ensueño en las que estamos hace 3 días pasándolo fatal bajo los cocoteros.

-Perdonen, ferrys para Corn Island?

-Los miércoles…. o sino en avioneta. Nos dijeron lacónicamente los locales, y como nos recordaron dos iglesias llenas en el pueblo, era domingo.

Dilema! pasar 3 noches en un agujero que desaconsejan todos los blogs, guías de viaje y hasta los propios Nicas o agarrar una avioneta al día siguiente.

Al final, y teniendo en cuenta que pasar tres días sin hacer nada también tiene un coste, nos decidimos por la avioneta (más cara que el ferry claro) y a las 6am del lunes estábamos en el aeropuerto.

En realidad se trata de un pequeño aeródromo y me extrañó un poco que aquel sitio tuviera un policía con un perro de esos que buscan drogas o explosivos. Se acercó tranquilo, nos pidió que pusiéramos las mochilas contra la pared y hizo que el perro las husmeara, el sabueso les dio un pase rápido y no hizo ninguna señal, ni se sentó, ni ladró, ni movió el rabo; nada. El policía nos dice a David y a mi que si fumamos, al responder afirmativamente nos pide que le acompañemos a una habitación.

Nos encaminamos moderadamente tranquilos hacia allí, él nos trata amistosamente y nos va haciendo preguntas, pero al entrar en la habitación me estrañan dos cosas: le pide (hasta 3 veces porqué lo hace en voz baja y «discretamente», aunque yo lo escucho perfectamente) a su compañera, que abandone la habitación, una vez ella sale, cierra la puerta.

Nos pide que abramos las mochilas y mira vagamente entre la ropa, seguidamente mira con más minuciosidad las mochilas pequeñas y nos pide que nos vaciemos los bolsillos. Al ver mi paquete de tabaco de liar lo coge, me dice que me relaje y que me siente, pero entonces es cuando veo que entre los dedos de su mano agarra una bolsita plástica de las de autocierre.

Me pongo nervioso, pero con firmeza le digo, antes de que abra el paquete:

-Disculpe, qué tiene en la mano?

-Nada, nada.

-No, no, le ruego que me enseñe lo que tiene en la mano.

-Nada, no es nada.

-Lo siento caballero pero veo que tiene una bolsa de plástico en la mano y eso no es mío, tengo miedo que esté intentando ponerlo dentro del paquete de tabaco.

Él también se puso nervioso y no me achiqué, finalmente dijo que era tabaco… con otra cosa… aluciné, pero se apartó unos pasos y vi como dejaba el paquetito en una caja de “kleenex” vacía. Una vez hecho esto, me muestra la mesa y me dice que no hay nada, que si lo veo, que si puede proceder, que yo soy un turista y que él está contento que visite su país, que cómo me va a hacer eso!

Continuó con el paripé un par o cinco minutos más, ya no lo sé, lo que sé es que ya no le sacamos los ojos de encima, finalmente nos dijo que podíamos irnos, no sin antes hacer una foto con su móvil a nuestros pasaportes.

Estaba furioso, y temblando, lo reconozco, le había pillado “in fraganti” y aún no entiendo porqué no siguió adelante, ya que igualmente era su palabra contra la nuestra. Pero se achicó, no había abierto el paquete de tabaco aún y hubiese sido demasiado descarado, incluso para él.

Volvimos con Álvaro que abrió unos ojos como platos al oír el relato. Nos sentimos un poco indefensos, no sabíamos si debíamos denunciarle o callar. Optamos por explicarlo aquí…

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El Individuo en cuestión

He dudado bastante en escribir este post, ya que no quiero en absoluto que nuestras familias se preocupen, es una anécdota, en realidad aunque lo hubiese conseguido, lo único que quería este pobre hombre, era un soborno, no se trataba de meternos en la cárcel a lo «Expreso de Medianoche». Si se hubiese salido con la suya, él y nosotros sabríamos que lo había puesto él y lo único que podía querer, era un poco de dinero. Además estamos en Nicaragua, hemos llegado aquí sin planearlo saliendo de nuestra ruta y estamos encantados de haber tomado esta decisión, enamorados del país. Nos parece, uno de los países, sino el país, más seguro de Centroamérica y muchos sabéis que a menudo explico que nos robaron en Nueva Zelanda, el país más seguro del planeta, hay malas personas en todo lugar y este ha sido solo, un mal encuentro.

Este es un blog de anécdotas y vivencias, la vergonzosa actitud de este policía no empaña la aventura que estamos viviendo así que Rietedewillyfog!