Viva Chile!

Chile tiene un lugar especial en mi corazón, en mi primera visita hace 8 años, cuando repasaba mentalmente el plan de viaje, me parecía solo el paso previo a los platos fuertes de latino américa: Argentina y Brasil. No sabía prácticamente nada de Chile ni de los Chilenos…

Si bien el país de mi doble (Messi) y el país carioca no me decepcionaron en absoluto, Chile fue un flechazo. Desde Santiago hasta el cono sur, me enamoré de sus paisajes, su gente y su gastronomía.

Así pues, temía hacerme demasiadas expectativas con esta nueva incursión que abarcaría desde la frontera con Perú hasta mi querido Santiago, otra vez, punto de inflexión en el viaje.

Con mirada legañosa cruzamos la frontera y nos reencontramos con el sol y el calor de una desértica Arica después haber dejado el frío altiplano Peruano la noche anterior.

Arica es una ciudad de costa revitalizada por su proximidad con Perú dónde los Chilenos acuden en masa a comerciar y también al dentista y al oculista para comprarse gafas y calzarse empastes como si no hubiera mañana.

Desde allí planeamos una escapada de 4 días por el interior Chileno. Sin haber dormido mucho nos dimos de bruces con un sol intenso y un incremento de los precios notable con respecto a Perú.

Un día intenso de consultas en la oficina de turismo dónde comprobé de nuevo que los Chilenos se pasan de amables, buscando la mejor oferta para alquilar un 4×4 e intentando no desesperarnos con varios contratiempos acabó con nuestros cuerpos serranos «on the highway» con el sol hundiéndose detrás nuestro en la tierra roja y una luna anormalmente gigante asomando tras un monte… Rock and roll!

Road trip!

De la costa, nuestro Suzuki nos llevó hasta Putre a unos 3500msnm, fuera volvía a hacer frío, el cielo estaba cubierto de estrellas y nos fuimos corriendo a cenar y a descorchar nuestra primera botella de vino Chileno para celebrarlo!

Pueblos a 4000msnm

Los días siguientes hicimos cientos de kilómetros sin cruzar turista alguno, aunque sí muchos camiones que conectaban Chile y Bolivia por esta ruta transandina. Atravesamos el Parque Nacional Lauca y el Parque Nacional Vicuñas dónde admiramos centenares de vicuñas, alpacas y llamas (que ahora sabemos diferenciar sin ayuda de Google) y otros animales fantásticos como, flamencos, vizcachas, o Ñandús, una especie de avestruz gigante aunque algo huidizo.

La vizcacha me recuerda al abejonejo
Aguilallina
Are you talking to me?

Atravesamos también el Parque Nacional Volcán Isluga, en las inmediaciones del cual nos acercamos a un solitario géiser con varios pozos burbujeantes a su alrededor.

Picos de 5000msnm nos acompañaron todo el trayecto

Rodeamos el inmenso salar de Surire y vimos volar a miles de flamencos en la lejanía mientras nos preguntábamos preocupados dónde íbamos a dormir después de ser rechazados en el único «pueblo» marcado en el mapa.

Flamencos del whatsapp
Calentito!
Sin cemento ni ná!
Uno de los pueblos en que pretendíamos dormir… ni un alma a la vista
Un pino en el salar
Suzuki rules!

Nos jugamos la vida bordeando la dudosa frontera Boliviana atravesando parte de otro salar cuyo nombre he olvidado, hacia el infinito sin seguir ruta marcada alguna, abrazamos espinosos cactus y finalmente nos acercamos a Huara dónde llegamos tarde y cansados de tanto coche, la puerta de nuestra habitación (que no tenía llave) quedó inexplicablemente cerrada y después de probar unas 200 llaves (no exagero) decidimos romper la ventana para poder entrar.

La foto del delito
Cactussssssss

La guinda final del pastel la puso un lugar que no olvidaremos fácilmente, después de más de 4h en coche para hacer escasos 100km y perdidos en medio de la nada, dando varias vueltas por caminos polvorientos, con la suspensión del 4×4 dando lo mejor de sí, guiados por un punto en Google maps, sin más carretera que seguir, dejamos el coche en la orilla de un río y decidimos remontar a pie los últimos 3km.

Llegar no fue fácil

Cuándo llegamos a la laguna roja se nos cayó la mandíbula al suelo, una inmensa piscina de color vino tinto rodeada por el escenario que ya conocíamos, volcanes de más de 4000 y 5000msnm, otra laguna adyacente de color verde lima con algunas burbujas aquí y allá, ambas rebosando lentamente y tiñendo el suelo con sus sedimentos. Un espectáculo que cuesta de creer.

Panorámica de las lagunas
David, en un claro homenaje a Jaume I decidió pintarse las 4 barras
El suelo llora sangre

Al volver, incluso tuvimos una escena de acción, un coche de policía nos detuvo abruptamente en una curva, sin dejarnos aparcar el coche en un primer momento, pusieron la sirena y mandaron alto, al parecer nos seguían desde hacía hora y media, avistaron el coche en la distancia en las inmensas llanuras que atravesábamos y nos dieron caza ya que, al parecer hay que notificar que uno sube a esa zona sino te toman por contrabandista Boliviano. Al ver que éramos turistas y que desconocíamos la normativa nos dejaron marchar con una advertencia y una sonrisa, otra vez la simpatía Chilena.

Otra puesta de sol para el recuerdo

Llegamos por fin a Pozo Almonte dónde «devolvimos» el coche y nos liberamos de tensiones con una fiesta que se alargó hasta el alba.

Acabado el «road trip» fuimos a relajarnos a Iquique, otra ciudad costera, bastante turística, con edificios altos en primera línea de mar, con casinos (los Chilenos adoran apostar) pero también con un centro histórico precioso, semi decadente que me atrapó. En la época dorada de la extracción del salitre, británicos y alemanes arribaron en masa al puerto de Arica para explotar los yacimientos. La ciudad tuvo un auge tan rápido como lo fue su decadencia pero ese momento de esplendor dejó su huella en forma de una arquitectura colonial similar a la de Nueva Orleans.

Hice un álbum entero en FB de sus portales podéis verlo aquí.

Por cierto, a ver si participáis un poco, en un museo de la ciudad vi lo siguiente, a ver si alguien me sabe decir lo que es (copiando a mis amigos de Un(t)raveling, el ganador se llevará una postal):

WTF???

El próximo destino era un caramelo de todos conocido el Desierto de Atacama, así que de nuevo nos metimos en un bus, y en una noche pasamos de nuevo del mar al altiplano de este angosto país.

En Atacama nos reencontramos con Umut, una pin up turca muy aclamada en su país, y realizamos la visita del valle de la Luna y de las lagunas altiplánicas. No hay duda que es una auténtica belleza, y sino juzguen por las fotos, pero Atacama es también una ciudad tomada por las agencias de turismo, los restaurantes «cuquis» y los bares «cool». Los precios, sin ser prohibitivos, son abusivos y realizadas las visitas de rigor nos fuimos a Caldera (ooootra vez a la playa) a celebrar la navidad en compañía de una pareja de Sevillanos y otra de Italianos.

Valle de la luna
El poder del agua y el viento
La duna y el anfiteatro
Salta en la laguna
La luz a 4000msnm da colores que solo hemos soñado
Pin Up Turca
La cámara lo adora

 

Felices y contentos

La verdad es que fue una nochebuena atípica, con bañito en el mar previo a la deliciosa cena que entre todos organizamos, obviamente corrió el vino Chileno aunque la fiesta fue tranquila y un poco nostálgica debido a que todos teníamos a la familia lejos.

Después del baño
En la cocina, trabajando, algunos más y otros menos

De Caldera llegamos a Santiago, dónde nos esperaba nuestra couchsurfer, Ingrid, que ni corta ni perezosa lió a su amigo Jona para que nos alojara él en lugar de ella ;).

Ambos fueron unos huéspedes increíbles y desde la terraza del piso 26 del edificio de Jona, nos tomamos nuestras primeras cervezas con vistas a la ciudad.

Los Andes y la luna escoltan esta bella ciudad
La piojera y sis terremotos!

Recorrimos Santiago como debe hacerse, incansablemente y a pie, seguimos los pasos de Neruda por Bellavista, nos volvimos a emocionar al pasar delante de la Moneda y ver la estatua de Allende y algunos agujeros de bala en los edificios de enfrente, degustamos los terremotos de la Piojera, echamos un ojo curioso a los cafés con piernas, comimos decenas de empanadas, sobretodo las de pino y la de marisco, nuestras favoritas y David y Álvaro saludaron el 2017 en la ciudad. Unos días bastante completos que pude redondear con una visita a un antiguo compañero de escuela y su familia que hacía años que no veía (no tengo fotos Marc!) y una nueva visita al Valparaíso de mis amores, la ciudad de los colores.

Feliz año nuevo!
Eterno

Allí nos reencontramos con Umut y los Sevillanos, y después de todo un día peinando las calles del cerro alegría a las 2 de la mañana el amo de una cervecería artesanal nos abrió sus puertas hasta el amanecer… solo para nosotros!

Me estoy pasando con las fotos y no puedo elegir así que podéis ver Valpo aquí.

Finalmente United nos obsequió con un día extra para despedirnos de Santiago en un hotel 5 estrellas, los Willys lo aprovecharon:

Hasta siempre!

De nuevo Chile ha superado mis expectativas, de nuevo feliz y con ganas de volver a ver más sitios, volver a los ya conocidos, conocer más gentes, encontrarme con los que no pude ver esta vez.

Viva Chile mierda!

Gracias!

Reproducimos un mail recibido esta semana que nos ha hecho muuuuuuuuucha ilusión. ¡Cómo nos gustan las visitas!:

Por fin sacamos un rato tras volver de Colombia para enviarles un mail a los tres de parte de Edurne y mía. Para empezar, mil millones de gracias por los días que hemos pasado juntos. Qué buena elección fue unirnos a los Willys durante unos días en medio de su pequeña aventura de un año!

Empezamos por una noche de reggaetón y baile en Bogotá (incluido Álvaro, lo que no deja de sorprenderme) donde ya pudieron conocer a la auténtica Edurne. A la tarde siguiente, cogeríamos una guagua (chihuahua para David) cuya única entrada era por debajo de los tornos, y otra a Zipaquirá, pueblo divertido y animado donde los haya. Allí, visitando la Catedral de la Sal y su Via Crucis, pudimos aprender todas las interpretaciones que se le puede dar a un montón de cruces iguales (maravillas religiosas patrocinadas por Powerade). Además, afortunados ustedes, esa noche pudieron comprobar mis cualidades jugando al Jungle Speed.

Tras llegar a San Gil antes de lo previsto (benditas estimaciones de tiempo colombianas), llegó Barichara (Guillem, cómete unas hormigas culonas en algún otro sitio del mundo en mi honor!). Después tocarían 17 horas de gélida guagua a Cartagena (tras las que pudimos aprender los efectos que tienen las alturas sobre los gases en las personas, gracias David), donde creo que empieza la mejor parte del viaje.

Para empezar, la casa maravillosa que nos dejaron (mil millones de gracias a tus parientes, Guillem!!), la cena en La Mulata, la moto de agua, la pasta bolognesa para vegetarianos de Álvaro, las tortillas de Guillem, el bar de prostis, los bailes Donde Fidel, el juego de las palabras (con la ciénaga de David incluida), los ratos de Mafia, los zapatos de agua, el NO porque me da la gana. Y para rematar, la Isla del Pirata, las langostas, el ron, el ceviche, el agua cristalina, más mafia, más ron, más cerveza, el atardecer, la sirena de David, el baño de madrugada bajo las estrellas. Volvía tan feliz que no podía evitar ir saludando a todos los barcos a la vuelta…

Tras esto, Santa Marta, donde David sufrió esperando unos espaguetis bolognesa y donde pudimos comprobar la normalidad con la que se trata una puñalada aunque tenga lugar en la cuadra de al lado. Partimos para Tayrona sin Guillem (aunque yo me empeñara en que seguíamos siendo 5 todo el rato), donde tocó caminar, sudar, sudar, sudar, y al fin disfrutar de una playa increíble y de un alojamiento con todas las comodidades de la vida moderna. Aprendimos sobre las monterías en Andalucía y justificamos a través de los mosquitos la pereza que nos daba a todos ducharnos para pasar una noche histórica viendo la firma del acuerdo de Paz con las FARC. Al día siguiente, tocaba vuelta a Santa Marta, donde nosotras ya cogeríamos otro rumbo y donde ya podrían comprobar todos lo fantásticamente bien que llevo las despedidas 🙂 jaja

 

En definitiva, unos días increíbles chicos y un viaje muy especial para las dos. Somos conscientes de que se han tenido que adaptar a nosotras, a nuestros tiempos, y darse más prisa en algunos sitios de lo que les hubiera gustado, y se lo agradecemos muchísimo. Nos hemos sentido genial con ustedes, y me ha encantado poder conocerles más a todos, hijueputas gonorreas malparidos (el vicio que tienen a Narcos también es remarcable, pero no vamos a entrar en ello jaja). Han superado cualquier expectativa chicos :). No sé dónde les volveré a ver, pero donde sea que esté cuando vuelvan están más que invitados y son más que bienvenidos 🙂

Muchísimas gracias a los 3, un abrazo enoooooooooorme y besos de las dos!!!

Edurne y Elena

Cuando la compañía es lo que importa (y II).

(El post viene con muuuucho retraso lo siento)

Habíamos dejado la Paz, y nuestros nuevos amigos atrás, sus aguas tranquilas y sus playas de arena blanca, de golpe el paisaje cambió, feliz de reencontrarme con mis tíos, no me importó vernos atrapados en un tremendo, a la par que normalísimo atasco, en la ciudad de México.

Habíamos sobrevolado el gigante hacía escasos minutos y ya estábamos inyectados  en su lento fluido circulatorio, camino a casa, conversando sin parar de nuestras recientes aventuras y nuestras familias. Me di cuenta en seguida que había sido una gran decisión poner el DF en la ruta y poder así compartir unos momentos con mis tíos y primos a los que adoro y que por desgracia, la distancia no me deja ver, lo a menudo que me gustaría.

Se que el sentimiento es mutuo y Álvaro y yo fuimos acogidos con todo el cariño. Eran más de 7 años sin ver a algunos de ellos, así que decidí intentar disfrutar cada momento y Álvaro estaba feliz de descubrir esta gran ciudad.

Además mi prima acababa de dar a luz, por segunda vez, hacía escasamente una semana, con lo que agradezco infinitamente toda la atención que nos dedicaron.

IMG_1340Tripi en DF!

Gracias al buen hacer de Javier, un fotógrafo Español residente en Ciudad de México y a la maravillosa app «Tripuniq», pudimos descubrir la esencia de esta megaurbe sin sentirnos abrumados. En un solo día, aunque en un recorrido exigente, Alvaro descubrió algunos de los puntos más emblemáticos e interesantes del DF, yo le acompañé en la mañana, al mediodía fui a comer en familia para ver a mi primo en el único hueco que su apretada agenda de Otorrinolaringólogo (quería colar esta palabra en un post!) le deja, fue un encuentro breve pero muy sentido, gracias Alex.

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Como el recorrido fue muy acertado y Javier (que se encontró a comer con Álvaro), resultó ser encantador, no dudamos un segundo cuándo nos propuso ir a Tepotzlan al día siguiente con Núria, su amiga (y mujer!), una México-Catalana de simpatía desbordante, socióloga, con muchas ganas de explicar interesantes hechos culturales y distintivos de su país.

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Javier y Nuria en el mercado

Tepotzlan es uno de los, muy bien llamados «pueblos mágicos», después de una pequeña odisea para atravesar la megalópolis, caminar, 3 cambios de metro y un tranvía (un desplazamiento «normal» en DF) nos encontramos con Javier y Núria en la parte sur de la ciudad de México, enfilamos hacia Tepotzlan y escasas dos horas más tarde nos plantamos en este precioso lugar en día de mercado.

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Carne conservada en su temperatura adecuada y protegida de elementos extraños…

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Comida, comida, comida!

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Disfrutamos una vez más de la rica comida Mexicana (tacos de sesos para Álvaro, de hongos para mi, entre otros), nos perdimos un poco por el mercado y el pueblo y visitamos su antiguo convento Franciscano, antes de encarar la exigente y empinadísima subida al Tepolztec. En la cima, la recompensa, vistas espectaculares y los restos de una pirámide antigua dónde los Tepolztecos y otros, venidos desde tan lejos como Guatemala, rendían culto a sus dioses y hacían sacrificios humanos.

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Vista desde la cima!

Evitamos, por poco, que unos descarados Cohatíes se apropiaran de nuestra mochila y descendimos ligeros y risueños para hincar de nuevo el diente a delicias Mexicanas en el mercado local antes de volver a la capital.

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Descarado briboncete!

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Finalmente, mis tíos nos acompañaron a Tehotihuacan a ver las famosas pirámides, vimos los Voladores y caminamos toda la avenida de los muertos bajo un intenso sol, subimos a sendas pirámides rodeados de otros centenares de turistas y sobretodo seguí disfrutando de los simpáticos vaciles de mi tío para con los vendedores ambulantes de recuerdos.

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Practicamente solos en Tehotihuacan

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Disfruté enormemente de los momentos que estuve con ellos, con mi adorada prima Stéphanie y la recién nacida Majo, sosteniéndola algunas horas en mis brazos, compartiendo la excitación del marido de Steph por la próxima apertura de su academia de boxeo, de la última noche en la que Núria nos acompañó para que tomásemos el pulso de la fiesta en el DF y por supuesto de hacer todo esto junto con Álvaro, porqué al final, la compañía es lo que importa!

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Cuando la compañía es lo que importa (I)

Los últimos días en México han sido como soñar despierto, cinco lugares mágicos con compañeros de excepción.

Empecemos por la Paz, casi en el extremo sur de la Baja California, es un lugar de gran riqueza marina y uno de los sitios preferidos por Jacques Cousteau para sus inmersiones, un pueblo tranquilo. En la estación de buses nos recogió Marcela, nuestra Couchsurfer, Bióloga marina, apasionada por las medusas que persigue y estudia con devoción.

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Marcela en segundo plano, disfrutando de un frappé y del aire condicionado del local, una salvación en el salvaje calor de La Paz

Marcela nos regaló la primera aproximación a la ciudad, a las ballenas (las que no van por el agua sino que se sirven frías encima de la mesa) y un memorable viaje en lo alto de una grúa que los seguidores de nuestro Facebook ya conocerán.

Nos trasladamos entonces a casa de Nicolás, un chico encantador, otro Bíologo Marino, amante de los perros y una gran persona. Con él disfrutamos de varios desayunos caseros pantagruelicos, de un gazpacho, ceviche y sushi para perder la cabeza, de muchas cervezas, de playas paradisíacas, de sus perros, de una noche bajo las estrellas y un amanecer para perder el sentido en casa de su prima Lilia. En el Sargento, Lilia cuida del casoplón de unos gringos frente al mar, en nuestra playa privada, descubrimos el Paddle surf, el disc-golf y tomamos un vino que después de más de un mes sin probarlo nos supo a gloria!

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La noche en el Sargento dormí con esta manta.

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Nicolás y Pelón, una historia de amor!

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La terraza frente al mar

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En La Paz también cruzamos nuestros caminos con Nezahualpilli, Neza para los amigos, adivinen… otro Biólogo Marino! Neza fue el mejor de los guías, con él y con Rubén visitamos la Isla San José, un santuario para la vida marina…

Neza es un verdadero apasionado de la vida marina en general y de su territorio en particular, tanto de la biodiversidad como de la industria que genera, conoce de cerca los pescadores y sus preocupaciones, se ocupa de cuidar el entorno, le pese a quién le pese, nos explicó mil detalles y anécdotas y contestó con paciencia a nuestras constantes preguntas.

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Nezahualpilli y Rubén con uno de los Willys

Por desgracia no era época de tiburones ballena o de ballenas así que nos tuvimos que “conformar” con nadar con varios leones marinos, disfrutar de bellos corales, ver manta rayas saltando a nuestro lado, a tímidas tortugas asomando la cabeza, ver a pájaros “tijereta” pescando sin siquiera zambullirse en el mar, efectuando un rápido e impresionante cambio de trayectoria después de un vuelo en picado y acabar el día rodeados por un banco de delfines brincando y jugando con nuestro bote.

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Actividad frenética entre los leones.

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Fue un día completo, que no olvidaremos, también Rubén obtuvo recompensa pescando a pulmón (tremenda capacidad, aún me pregunto si tiene branquias) dos buenos ejemplares, pero reconozco que desde que supe que había tiburones ballena en La Paz, se realimentó mi sueño de verlos de cerca un día. Neza notó mi desazón y dejó una puerta abierta a la esperanza… “Mañana hablo con un pescador de la zona, si me dice que ha visto, nos acercamos”.

Por la noche ya me dijo que sí, que habían avistado en un pueblo cercano, así que temprano en la mañana nos pasó a buscar, esta vez, nos acompañaba también Nicolás. Aún medio dormidos nos subimos al coche, al ritmo de música house, Neza, licenciado hace años, no dejaba de contar batallitas y preguntar a Nicolás, el recién licenciado, sobre profesores y estudiantes, se veía que Neza conoce el mundillo…

Llegamos a la morada del pescador y le ayudamos a limpiar su barca mientras este limpiaba la pesca del día, solo eran las 9 de la mañana y él ya había salido, tendido las redes, recogido las mismas y vuelto a su casa. Nos dijo que esa mañana no había visto al enorme devorador de plancton así que nos subió a su barca y fuimos a su encuentro. Reconozco que miraba impaciente al horizonte y a medida que pasaba el tiempo lanzaba miradas al viejo pescador que escrutaba impasible la superficie del mar. No es por aumentar la tensión pero os prometo que iba perdiendo la esperanza y ya pensaba que no podría ver cumplido mi sueño cuando señaló al frente con el dedo y dijo simplemente, “Ahí está”. Lo teníamos prácticamente delante y ninguno de nosotros, ni siquiera Neza, lo había visto. Y a partir de allí poco os puedo contar en palabras, desde que nadé con tortugas hace 8 años quería, algún día, nadar cerca de uno de estos animales. Álvaro y yo los tuvimos a escasos dos metros, los acompañamos durante unos minutos sin estorbarlos intentando aletear fuerte ya que con un imperceptible movimiento de su aleta caudal el tiburón avanzaba muchos metros. Fue un momento de elevación y me siento un privilegiado por haberlo podido vivir.

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Neza al lado del tiburón, no teníamos cámara subacuática, eso queda en nuestra retina.

Finalmente Nicolás y Lili nos llevaron a la playa de la Balandra dónde conocimos a Esther otra couchsurfer y a un grupo de amigos suyos, todos capoeiristas! Imaginaréis mi alegría, cervezas, agua a 30 grados, playa de blanca arena, no podía pedir más.

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Los Willyes con el hongo balandra al fondo!

La conexión fue inmediata, cosa de cultura general, y en seguida organizamos una cena improvisada en casa de Esther, cocinamos una tortilla que no pasará a la historia y que ellos devoraron con pasión y luego el instructor Danzante y el resto del grupo nos brindaron una rueda de Angola aunque ellos practican Regional… Mais Capoeira é uma só!

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Los capoeiristas en remojo

Con este panorama se nos hizo difícil dejar La Paz, pero en DF esperaban mis tíos y mis primos, que no veía hacía varios años, así que con un tremendo apretón en el corazón nos despedimos de Nicolás, Pelón y Phyta Aurelia y nos fuimos al aeropuerto dirección al DF.

Del color turquesa del mar de Cortés al monstruo de 23 millones de habitantes solo hubo un suspiro, lo sobrevolamos con la boca abierta y a los pocos minutos me fundía en un abrazo con mis tíos queridos.

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La isla Aceralvo

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DF

De nuestras aventuras allí y de las nuevas compañías os hablaré en el siguiente post!

México, por fin

Creo que es la primera vez que cruzo una frontera a pie (sino contamos entrar al Vaticano…). Llegamos a ella en un tren desde Los Ángeles a San Diego, rodeados de freaks que llegaban a la ciudad sureña para la COMIC-CON (la feria de comics más importante ¿del mundo?).

Cogimos nuestras mochilas, y comenzamos a andar hacia el borde junto con un mar de mexicanos que cada día van a San Diego a trabajar y volvían a casa. Después de 10 minutos de pasaportes y visas, ya estábamos en Tijuana. Nuestra primera visión, colas de coches y de gente al sol para cruzar hacia EEUU; más de 3 horas de espera en la otra dirección. Claramente no es lo mismo subir que bajar en esa frontera… Desigualdades…

La frontera de México hacia EEUU
La frontera de México hacia EEUU

Nuestra primera parada era Tijuana, una ciudad “tomada” por gringos que bajan a beber, fumar y hacer todo aquello que no se atreven (o no les dejan) hacer en su país. Nos acogió Fernando, un mexicano muy divertido; que nos dio mucha información sobre la Baja California, y con alma viajera también (nos confesó que quiere escaparse en cuanto sus obligaciones profesionales le dejen para visitar Mongolia y quizás las zonas de Rusia más despobladas). Además, en casa de Fernando compartimos salón con Tony (un holandés errante muy divertido, ayyy esa ayahuasca Tony…) y Tonya (una americana que había bajado a Tijuana al ¡dentista! ya que allí es bastante más barato, y se había quedado por unos días en la ciudad).

Como el plan gringo no nos gustaba demasiado, por la noche nos escapamos a la zona de “juerga” local, cerca del CECUT (el centro cultural de Tijuana). Y aunque no alargamos la fiesta, se demostró que México es otro mundo… en sólo un par de horas nos dio tiempo a asistir a una fiesta celebración del día nacional de Colombia (con himno y bailes incluidos!), y luego a una sesión de karaoke para deleitar al pueblo mexicano con nuestra “hermosa” voz (un saludo afectuoso los Duncan Dhu).

Los Willys antes de asesinar a Duncan Dhu, con su club de fans y con un clon de Tomás haciendo la foto...
Los Willys antes de asesinar a Duncan Dhu, con su club de fans y con un clon de Tomás haciendo la foto…

Sorprendentemente, no fuimos detenidos ni deportados después de perpetrar el atentado musical, y nos fuimos a dormir ebrios de felicidad (y de cerveza, también ebrios de cerveza… sí).

El CECUT
El CECUT

La mañana en Tijuana nos sirvió para visitar el CECUT (sí, el que está rodeado de fiesta por la noche), dos exposiciones muy interesantes; el World Press Photo 2016 y una exposición sobre la fotografía de Antonio Turok, fotoperiodista especializado en conflictos de América Latina. Como véis, los Willys también se culturizan 😉

¿Sabéis que la ensalada César se inventó en Tijuana? Pues nosotros tampoco, pero paseando por la Avenida Revolución descubrimos el Hotel César, que se jacta de haberlo inventado. Habrá que preguntar al Comidista, que todo lo sabe…

La original Ensalada César
La original Ensalada César

Por la tarde, cogimos otro bus y encaramos hacia Ensenada, una ciudad con puerto rodeada de viñedos, nuestra siguiente parada. Cruzar la Interpeninsular, con el sol bajando por el Pacífico, fue sin duda uno de esos momentos que vamos a recordar durante todos estos meses.

En Ensenada nos acogió Jorge, un chico de 25 años muy divertido, que nos contó 1.001 historias y datos sobre la ciudad; nos llevó a cenar tacos, a beber cervezas locales, y a disfrutar de la fuente de luz y color que han colocado en el puerto (Si creéis que lo habéis visto todo viendo la fuente de Montjuic… aaaaaay no tenéis ni idea!).

Y también conocimos a Shane. Podríamos escribir un post aparte sobre él, o quizás un blog entero. El bueno de Shane, con 19 años salió de su Australia natal, y decidió que como más disfrutaba era recorriendo el mundo. Ahora, con 60 años, lleva más de 120 países a sus espaldas, puede hablar más de 10 idiomas con fluidez (vietnamita, árabe o diversos idiomas africanos incluidos…) y tratar con él es como abrir una página cualquiera de la Lonely Planet y que él la corrija y la mejore. Pasar con él el día en Ensenada visitando “La Bufadora” (una cueva junto al mar con una orografía especial que hace que el agua salga disparada hacia arriba como un géiser) o comiendo en “Los Guerrerenses” (un puesto de tacos de pescado que no son de este mundo) convirtieron un día normal de viaje en un día inolvidable.

Los Willys en la Bufadora
Los Willys en la Bufadora
Ceviche de Erizo con Almejas
Ceviche de Erizo con Almejas
Tacos Los Guerrerenses
Tacos Los Guerrerenses

Como bien dijo, él aprendió un poco de nosotros y nosotros muchísimo más de él, así que brindamos… “For friendships while traveling!!”

Después de unas cuantas pizzas (ricas!) y algunas cervezas, nos despedimos de Jorge y de Shane, y tomamos otro bus (otro más) hacia nuestra siguiente parada, el pueblito de Mulegé, situado ya en la Baja California sur, en el lado del Mar de Cortés. Tras algunas aventurillas para encontrar hotel (es un pueblo pequeño y todos los hoteles estaban a tope), nos acomodamos, disfrutamos del aire acondicionado, planeamos un poco el resto de días a pasar aquí, y después de 3 días conseguimos dormir en una cama de verdad.

Mulegé es heróica!
Mulegé es heroica!

Hoy mismo, hemos visitado la playa de El Requesón. Parece increíble que en medio de un paisaje tan árido (en todos esos kilómetros en bus nos acompañaron paisajes casi secos, con cactus como único tono verde en el camino…) puedan aparecer playas tan espectaculares como esta. Llegamos a ella desde Mulegé, tras pedir un “raite” (entendemos que viene de “ride”, para nosotros sería hacer autostop…) a una familia que también buscaba una playa donde pasar el día). El Requesón en realidad es una isla, que cuando baja la marea se une con la península a través de una pequeña lengua de tierra. No más de 10 o 15 coches en una playa de un kilómetro, nos permitieron pasar un día genial, e ir dejando atrás los tonos blanquitos de piel que arrastrábamos (a mí me siguen hablando en inglés cuando entro a un comercio o a un bar :-s)

Willy en remojo
Willy en remojo
Otro Willy paseando y explorando
Otro Willy paseando y explorando
Aquí estuvimos...
Aquí estuvimos…

Así pues, gracias México por estos días, y por los que están por venir…

P.D. Escrito en Mulegé, mientras escucho Chicago (pero poniéndole los cuernos a Sufjan Stevens con la versión de la Rosenvinge y Vetusta Morla…)