Buseando

Nota previa: Este es el relato del trayecto entre Quito y el parque Nacional Cuyabeno, en el Amazonas, y aunque todos son diferentes podría perfectamente ser otro viaje en bus en centro américa o otro país sudamericano.

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El Pichincha vigila la ciudad de Quito desde las alturas (4784 msnm)

Llegamos a la estación con tiempo, son las 20h30 y el bus no sale hasta dentro de una hora, nos paseamos por las tiendas de la estación y aprovechamos para comprar agua y alguno, provisiones para picar durante el trayecto.

Sobre las 21h nos dirigimos al andén, en el bus, el conductor y su fiel acompañante, el ayudante, que es el que carga la bodega, cobra y está pendiente en todo momento de los que suben o bajan del bus, además no deja de gritar a los 4 vientos su destino cuando pasa por una población, intentando captar siempre nuevos pasajeros.

Son las 21h30 y el bus está listo para salir de la recién estrenada terminal terrestre de Quito. Sorprendentemente el bus tiene WiFi y más sorprendente aún, funciona!

El bus está prácticamente vacío y lo aprovechamos para sentarnos cada uno en dos asientos, compruebo que son bastante cómodos, lo reclino al máximo, me descalzo y coloco los pies en el reposapiés, chequeo rápidamente el móvil y saco mi libro. La televisión se enciende y ponen una malérrima película (que además ya han puesto en otro trayecto anterior), decidido a seguir leyendo el libro que ahora me tiene atrapado (Matar a un ruiseñor), clavo mi mirada en el libro electrónico, pero el sonido de los continuos terremotos, los edificios hundiéndose, el musculado Don Johnson salvando a su familia de un gigantesco tsunami conduciendo una lancha mientras sortea los contenedores que caen de un carguero (escena imperdible), me distraen mucho, los ojos se me van a cada rato y acabo por apagar el ebook resignado.

Veo que David juega al mouss en su Ipad y Álvaro escucha algo en su móvil.

Por la ventana, la ciudad de Quito se extiende en luminosos puntitos por el valle, estamos en la cima de una loma a la que el bus ha subido en este tiempo sin que me haya dado cuenta y de golpe, desaparece, mientras enfilamos hacia el oriente.

Una puerta separa la cabina del conductor del cuerpo del autobús, cada vez que esta se abre se escucha “bachata” o salsa a todo volumen, parece que el conductor no se va a dormir.

La primera película (San Andreas) deja paso a otra, peor si cabe, mis ojos se posan en el televisor sin poder evitarlo, a media película y sin previo aviso, se apaga la tele, fundido a negro, me quedaré sin saber si Steven Seagal atrapa a los malos en esta nueva entrega de poli duro capaz de sacudir a tipos tres veces más grandes que él.

Por fin me dispongo a leer, pero a las pocas páginas se me cierran los ojos.

Abandono y me duermo, me despierto poco en la noche mientras el bus da bandazos, por suerte controlan el aire acondicionado y uno no se congela como pasaba en Colombia hasta niveles absurdos (la gente subía con mantas y gorros aunque fuera hacía 30ºC, nosotros echábamos mano de toda nuestra ropa de abrigo en cada trayecto).

A partir de las 06h30 el bus empieza a clavar frenos y acelerar cada pocos metros. En medio de la carretera, esperan estudiantes uniformados, madres con hijos en brazos, señores con bidones en las manos, el bus abre la puerta todavía en marcha (si es que la había cerrado en el frenazo anterior) frena lo justo para que el ayudante baje mientras apremia a los pasajeros, coloca algo en la bodega si es necesario y sube de nuevo a la carrera mientras el bus ya ha arrancado para seguir su camino.

A los pocos metros la operación se repite, el bus que iba semivacío se llena hasta los topes, en el pasillo ya no cabe nadie más, o eso parece, el sol naciente entra cruel por la ventanas con las cortinas descorridas atormentando mis ojos legañosos, el paisaje ha cambiado mucho, de la sierra a casi 3000 msnm hemos bajado al oriente, ya estamos en zona amazónica, la frondosa selva se extiende a lado y lado de la carretera.

Una música machacona con éxitos de ayer y de siempre suena por los altavoces, llegamos a una escuela, los niños uniformados bajan, observo como uno se arregla el nudo de la corbata mientras se acerca a la puerta de la escuela.

El trajín es continuo y tardamos 3 horas en recorrer escasos 80km.

Por fin llegamos a Cuyabeno y dejamos el bus, antes de que nos hayamos dado cuenta, el ayudante ha bajado del bus, ha sacado nuestras mochilas y las ha dejado a un lado de la carretera, un rápido saludo al conductor al bajar y cuándo el último de nosotros aún no ha puesto el pie en el suelo, el bus ya ha arrancado hacia su próximo frenazo, el ayudante alcanza el bus con una corta carrera y nos deja aún medio dormidos y cansados, son las 09h de la mañana, hemos llegado a nuestro destino!

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El río Cuyabeno

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Atardecer en la laguna

Libros viajeros (…3)

Siempre que se acercan las vacaciones o un viaje largo me regocijo con la oportunidad que se presenta para leer.

En Barcelona me desplazo a pie o en bici la mayoría de las veces y en casa raramente encuentro el tiempo necesario, los compromisos, la tele o el ordenador y una agenda que me encargo de mantener siempre apretada, me distrae de una de las cosas que más me gustan, leer.

Además, si encuentro momentos, suelen ser pocos y espaciados en el tiempo, (o me quedo dormido rápidamente si es por la noche y en la cama bajo el edredón) lo que me hace insoportable leer libros que sean muy densos, en el viaje en cambio, sobretodo en largos desplazamientos de bus o tren, uno puede leer durante horas y me sorprendí leyendo y disfrutando, «El Quijote» hace años o «Crimen y castigo» en este viaje.

Hace 8 años ya escribimos dos posts sobre libros viajeros y algunas cosas han cambiado desde entonces, en realidad el principal cambio (más práctico y mucho menos romántico), se llama «libro electrónico».

En efecto, antes, íbamos cargando pesados libros en las ya de por sí, pesadas mochilas y una de las mayores satisfacciones era el intercambio de libros entre viajeros o en los “bookstores”, de pronto y sin esperarlo, en alguna parada, en un encuentro fortuito, alguna perla podía caer en tus manos (y alguna basura claro está), recuerdo una chica corriendo tras nuestro autobús y haciéndolo parar para poner en nuestras manos el hilarante “Cuatro amigos” de David Trueba sobre el que nos había hablado la noche anterior.

Los libros iban rotando primero entre los 3 compañeros de viaje, como ahora, pero había que esperar a que el otro acabara de leer, ahora, con un simple traspaso de archivo, voilà!

Nos recuerdo también, a menudo, leyendo con el frontal, como a hurtadillas, para no molestar a los demás, ahora, con una pantalla iluminada ya no es necesario.

Con el libro electrónico, uno puede cargar una auténtica biblioteca encima y la verdad es que hemos devorado ya unos cuantos, os dejo algunos de los títulos y si queréis hacer recomendaciones o comentarios bienvenidos sean!

-“Las crónicas marcianas” y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, un gran descubrimiento para mi, si no los conocéis no os los perdáis, sobretodo el primero, sin ser un gran amante de la ciencia ficción lo encontré de una gran belleza descriptiva. Presenta el lento intento de colonización de Marte por parte de los terrícolas e inventa paisajes oníricos, volátiles y poéticos. El segundo es un ardiente relato de control del estado y la lucha de varios héroes contra el pensamiento único (al estilo 1984 de George Orwell).

-“A sangre fría” y “Desayuno con diamantes” de Truman Capote, dos clásicos deliciosamente escritos, el primero una larga investigación policíaca con las miserias de los dos desgraciados y despiadados asesinos, el segundo como una obra de teatro de gran ritmo, sobretodo con los monólogos de Holly.

-“Zorba el griego” de Nikos Kazantzakis, si lo abrís os enamoraréis de Zorba y de su visión de la vida, un Simbad de los mares, un trabajador incansable, un mujeriego empedernido, un hombre que honra al dios Baco con juergas, bebida y música diarias.

-“Crimen y castigo” de Fiódor Dostoievski o como descender a los infiernos de la mente humana cuando a uno le atenaza la culpabilidad.

-“Trainspotting” y “Porno” de Irvine Welsh, uno ya no puede leer a Rents sin ver a Ewan Mcgregor o a Begbie sin ver a Carlile, volvimos a ver la película de Danny Boyle y nos gustó tanto como hace 10 años, con ganas de que salga ya la segunda parte!

-“El guardián entre el centeno” de Jerome David Salinger. Holden Caulfield escupe odio, paranoia y palabras al mismo ritmo que se amontonan en su cabeza.

-“Ha vuelto” de Timur Vermes, o qué pasaría si de pronto Hitler apareciera vivito y coleando en el Berlin de nuestros días, como si hubiera entrado en un túnel del tiempo justo antes de suicidarse en su bunker de Berlin.

-“Me voy” de Pepe Rubianes, soy fan de este hombre y no puedo ser objetivo, un libro póstumo en el que derrocha placer de vivir y «je m’en foutisme» y explica el linchamiento al cual fue sometido por parte de la derecha más casposa y cavernícola.

De momento es todo pero en la recámara esperan Kapuscinski, Gabriel García Marquez, Eduardo Mendoza o Arturo Perez Reverte así que os dejo para descubrir estos nuevos mundos.

Panama-na (pa pa parapa!)

Dejábamos Costa Rica atrás por segunda vez en 15 días, esta vez cruzamos un puente en dirección sur para entrar al país que comunica los dos océanos.

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Dos Willys cruzando a Panamá

El siguiente destino, Colombia, iba a marcar nuestra estancia en Panamá. Para pasar de Panamá a Colombia no existe vía terrestre, en el tapón de Darien se corta la famosa Panamericana, que supuestamente atraviesa el continente americano de Alaska, hasta el Sur de Chile (cuenta la leyenda que EEUU no permite esa carretera para dificultar el paso de cierto producto de origen Colombiano hacia el norte).
Después de bastante investigación y lectura de blog vimos que había varias opciones para cruzar a Colombia:
-Un ferry que había el año pasado y que ya no operaba.
-Alquilar un paseo en un lujoso velero que suele navegar unos 4 días por aguas del Caribe hasta llegar a Cartagena, unos 450$.
-Tomar un carguero que puede tardar hasta 15 días en hacer la ruta ya que para el las islas para abastecerlas. Precio a convenir con el capitán, no menos de 100$.
-Tomar una serie de lanchas, buses y caminos a través de la selva (esta era la opción principal pero la investigación resolvió que el precio de esta vía oscilaba entre 250 y 300$ y se demoraba unos 3-4 días en una zona sin mucho interés).
-El avión. Aunque tenemos un año y preferimos recorrer por vía terrestre para pausar nuestro viaje, al encontrar un vuelo por 130$ se nos hizo difícil no tomar este medio de transporte, el único problema es que el día barato, era el 11 de Septiembre y estábamos a 01 de Septiembre con lo que esto nos dejaba escasos 10 días para conocer el país.

Así pues, os lo digo ya, me he quedado con ganas de más.

Empezamos por las famosas islas de Bocas del toro, para mi, un verdadero paraíso, aunque reconozco que el hecho que llueva una media de 270 días al año, puede deslucir bastante tus vacaciones allí. Si el sol no luce con fuerza, no se aprecia el maravilloso color turquesa de las aguas que bañan el archipiélago.
De la isla de Colón fuimos a la isla Bastimentos que tiene un ambiente muy caribeño y relajado, sin carreteras ni obviamente coches (igual que en Corn Islands, hace años que varios países Europeos filman su versión de «supervivientes» aquí), llegamos al atardecer y varios locales languidecían en unos bancos en el puerto con la mirada perdida, otros rascaban su guitarra y bebían apurando una chusta de olor dudoso, en unos altavoces sonaba música… Nuestra aguda observación nos hizo concluir que el estrés no es la primera causa de baja laboral en Bastimentos. Para nosotros, hostel con vistas, hamacas en la terraza, música en vivo, poco más se podía pedir. Bueno sí, sol… y más días.

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Llegada a Bastimentos

Tomamos un tour para ir a cayo Zapatilla, ya que es la única manera de visitar estas dos islas desiertas, dónde por la noche anidan las tortugas. La lancha abordó un maravilloso islote, de arena blanca y palmeras y armados con el tubo y las gafas fuimos a barrer el arrecife, descubrimos langostas, peces araña y peces de colores. En otro arrecife cercanos vi corales de colores que nunca antes había visto, verdes, naranjas, lilas y amarillos, avistamos delfines y algún que otro oso perezoso escondido en la espesura, fue un día redondo.

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Llegando a Cayo Zapatilla

Otro de los días exploré parte de la isla, llovía a ratos pero en bañador y descalzo por el barro entre playa y playa poco me importaba y me sentía como un explorador. Tropecé con alguna rana en miniatura y disfruté de la jungla y el mar.

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En Bastimentos muchas construcciones sobre el agua.

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Red frog miniatura

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Playa y jungla

El día que abandonamos la isla había un sol radiante, pero el tiempo apremiaba, y antes de Panamá City queríamos hacer una escala en Santa Catalina, en la costa pacífica. Para nuestra decepción las actividades (avistamiento de ballenas o buceo) tenían precios prohibitivos, así que nos conformamos con alquilar unos kayaks. Primero hicimos un paseo, pero luego, enardecidos, David y yo decidimos intentar coger unas olas, fue un intento fallido, con su momento de estrés incluido al volcar y ver los plátanos que llevábamos de desayuno flotando a nuestro alrededor, las gafas de sol en una mano y sin poder virar el bote a su posición original a la primera, con olas rompiendo sobre nosotros sin cesar, minuto de nervios. De nuevo en el bote y con la cola entre las piernas nos fuimos a la bahía, dónde nos dedicamos a coger mini-olas y a aprender la técnica para no acabar bocabajo a cada vez… y lo conseguimos!
De nuevo en el bus, a lo lejos, vimos los rascacielos que anunciaban la City, escogimos un hostel muy cerquita de la sede de Mossak Fonseka, por un asuntillo que teníamos que arreglar y recorrimos la ciudad, el casco viejo y el canal antes de celebrar por todo lo alto y como se debe el primer cumpleaños Willy! Fue inolvidable, bueno… casi inolvidable!

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Casco viejo vs parte nueva

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Cae la noche en Panamá

Os dejo el enlace con más fotos del bello país:

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.1287856304582051.1073741840.140684075965952&type=1&l=8c14e6df69

Cuando la compañía es lo que importa (y II).

(El post viene con muuuucho retraso lo siento)

Habíamos dejado la Paz, y nuestros nuevos amigos atrás, sus aguas tranquilas y sus playas de arena blanca, de golpe el paisaje cambió, feliz de reencontrarme con mis tíos, no me importó vernos atrapados en un tremendo, a la par que normalísimo atasco, en la ciudad de México.

Habíamos sobrevolado el gigante hacía escasos minutos y ya estábamos inyectados  en su lento fluido circulatorio, camino a casa, conversando sin parar de nuestras recientes aventuras y nuestras familias. Me di cuenta en seguida que había sido una gran decisión poner el DF en la ruta y poder así compartir unos momentos con mis tíos y primos a los que adoro y que por desgracia, la distancia no me deja ver, lo a menudo que me gustaría.

Se que el sentimiento es mutuo y Álvaro y yo fuimos acogidos con todo el cariño. Eran más de 7 años sin ver a algunos de ellos, así que decidí intentar disfrutar cada momento y Álvaro estaba feliz de descubrir esta gran ciudad.

Además mi prima acababa de dar a luz, por segunda vez, hacía escasamente una semana, con lo que agradezco infinitamente toda la atención que nos dedicaron.

IMG_1340Tripi en DF!

Gracias al buen hacer de Javier, un fotógrafo Español residente en Ciudad de México y a la maravillosa app «Tripuniq», pudimos descubrir la esencia de esta megaurbe sin sentirnos abrumados. En un solo día, aunque en un recorrido exigente, Alvaro descubrió algunos de los puntos más emblemáticos e interesantes del DF, yo le acompañé en la mañana, al mediodía fui a comer en familia para ver a mi primo en el único hueco que su apretada agenda de Otorrinolaringólogo (quería colar esta palabra en un post!) le deja, fue un encuentro breve pero muy sentido, gracias Alex.

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Como el recorrido fue muy acertado y Javier (que se encontró a comer con Álvaro), resultó ser encantador, no dudamos un segundo cuándo nos propuso ir a Tepotzlan al día siguiente con Núria, su amiga (y mujer!), una México-Catalana de simpatía desbordante, socióloga, con muchas ganas de explicar interesantes hechos culturales y distintivos de su país.

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Javier y Nuria en el mercado

Tepotzlan es uno de los, muy bien llamados «pueblos mágicos», después de una pequeña odisea para atravesar la megalópolis, caminar, 3 cambios de metro y un tranvía (un desplazamiento «normal» en DF) nos encontramos con Javier y Núria en la parte sur de la ciudad de México, enfilamos hacia Tepotzlan y escasas dos horas más tarde nos plantamos en este precioso lugar en día de mercado.

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Carne conservada en su temperatura adecuada y protegida de elementos extraños…

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Comida, comida, comida!

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Disfrutamos una vez más de la rica comida Mexicana (tacos de sesos para Álvaro, de hongos para mi, entre otros), nos perdimos un poco por el mercado y el pueblo y visitamos su antiguo convento Franciscano, antes de encarar la exigente y empinadísima subida al Tepolztec. En la cima, la recompensa, vistas espectaculares y los restos de una pirámide antigua dónde los Tepolztecos y otros, venidos desde tan lejos como Guatemala, rendían culto a sus dioses y hacían sacrificios humanos.

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Vista desde la cima!

Evitamos, por poco, que unos descarados Cohatíes se apropiaran de nuestra mochila y descendimos ligeros y risueños para hincar de nuevo el diente a delicias Mexicanas en el mercado local antes de volver a la capital.

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Descarado briboncete!

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Finalmente, mis tíos nos acompañaron a Tehotihuacan a ver las famosas pirámides, vimos los Voladores y caminamos toda la avenida de los muertos bajo un intenso sol, subimos a sendas pirámides rodeados de otros centenares de turistas y sobretodo seguí disfrutando de los simpáticos vaciles de mi tío para con los vendedores ambulantes de recuerdos.

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Practicamente solos en Tehotihuacan

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Disfruté enormemente de los momentos que estuve con ellos, con mi adorada prima Stéphanie y la recién nacida Majo, sosteniéndola algunas horas en mis brazos, compartiendo la excitación del marido de Steph por la próxima apertura de su academia de boxeo, de la última noche en la que Núria nos acompañó para que tomásemos el pulso de la fiesta en el DF y por supuesto de hacer todo esto junto con Álvaro, porqué al final, la compañía es lo que importa!

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Consejos de madre

Al despedirme de mi madre, en medio de una ruidosa Via Laietana y en un rápido pero sentido abrazo, me deslizó en el oído una única recomendación:

-Ten cuidado! Vigila que no te pongan nada en la mochila.

Yo entorné los ojos y le dije que sí, que no se preocupara, pensando que se preocupaba en exceso… Pués una vez más (y no será la última), mi madre, como todas las madres, tenía razón.

Ocurrió en el innecesario pueblo de Bluefields, habíamos salido de la bella Granada a las 5 de la mañana, previo paso por Managua y después de 10 horas en un bus cargadísimo y constantemente lleno de vendedores ambulantes llegamos a El Rama. Con una suerte tremenda, cogimos los 3 últimos asientos, de la última panga del día hacía Bluefields, hora y media de lancha rápida en un precioso recorrido entre los meandros del río nos acercaron a nuestro destino.

Alcanzamos Bluefields al atardecer, buscamos rápidamente un hostal y nos informamos de cuando salían los ferrys a Corn Island.

La única razón por la que habíamos llegado a ese pueblo gris del Caribe dónde no llegan carreteras (solo se llega por mar, lancha o aire), era porqué es la forma más barata de alcanzar las islas de ensueño en las que estamos hace 3 días pasándolo fatal bajo los cocoteros.

-Perdonen, ferrys para Corn Island?

-Los miércoles…. o sino en avioneta. Nos dijeron lacónicamente los locales, y como nos recordaron dos iglesias llenas en el pueblo, era domingo.

Dilema! pasar 3 noches en un agujero que desaconsejan todos los blogs, guías de viaje y hasta los propios Nicas o agarrar una avioneta al día siguiente.

Al final, y teniendo en cuenta que pasar tres días sin hacer nada también tiene un coste, nos decidimos por la avioneta (más cara que el ferry claro) y a las 6am del lunes estábamos en el aeropuerto.

En realidad se trata de un pequeño aeródromo y me extrañó un poco que aquel sitio tuviera un policía con un perro de esos que buscan drogas o explosivos. Se acercó tranquilo, nos pidió que pusiéramos las mochilas contra la pared y hizo que el perro las husmeara, el sabueso les dio un pase rápido y no hizo ninguna señal, ni se sentó, ni ladró, ni movió el rabo; nada. El policía nos dice a David y a mi que si fumamos, al responder afirmativamente nos pide que le acompañemos a una habitación.

Nos encaminamos moderadamente tranquilos hacia allí, él nos trata amistosamente y nos va haciendo preguntas, pero al entrar en la habitación me estrañan dos cosas: le pide (hasta 3 veces porqué lo hace en voz baja y «discretamente», aunque yo lo escucho perfectamente) a su compañera, que abandone la habitación, una vez ella sale, cierra la puerta.

Nos pide que abramos las mochilas y mira vagamente entre la ropa, seguidamente mira con más minuciosidad las mochilas pequeñas y nos pide que nos vaciemos los bolsillos. Al ver mi paquete de tabaco de liar lo coge, me dice que me relaje y que me siente, pero entonces es cuando veo que entre los dedos de su mano agarra una bolsita plástica de las de autocierre.

Me pongo nervioso, pero con firmeza le digo, antes de que abra el paquete:

-Disculpe, qué tiene en la mano?

-Nada, nada.

-No, no, le ruego que me enseñe lo que tiene en la mano.

-Nada, no es nada.

-Lo siento caballero pero veo que tiene una bolsa de plástico en la mano y eso no es mío, tengo miedo que esté intentando ponerlo dentro del paquete de tabaco.

Él también se puso nervioso y no me achiqué, finalmente dijo que era tabaco… con otra cosa… aluciné, pero se apartó unos pasos y vi como dejaba el paquetito en una caja de “kleenex” vacía. Una vez hecho esto, me muestra la mesa y me dice que no hay nada, que si lo veo, que si puede proceder, que yo soy un turista y que él está contento que visite su país, que cómo me va a hacer eso!

Continuó con el paripé un par o cinco minutos más, ya no lo sé, lo que sé es que ya no le sacamos los ojos de encima, finalmente nos dijo que podíamos irnos, no sin antes hacer una foto con su móvil a nuestros pasaportes.

Estaba furioso, y temblando, lo reconozco, le había pillado “in fraganti” y aún no entiendo porqué no siguió adelante, ya que igualmente era su palabra contra la nuestra. Pero se achicó, no había abierto el paquete de tabaco aún y hubiese sido demasiado descarado, incluso para él.

Volvimos con Álvaro que abrió unos ojos como platos al oír el relato. Nos sentimos un poco indefensos, no sabíamos si debíamos denunciarle o callar. Optamos por explicarlo aquí…

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El Individuo en cuestión

He dudado bastante en escribir este post, ya que no quiero en absoluto que nuestras familias se preocupen, es una anécdota, en realidad aunque lo hubiese conseguido, lo único que quería este pobre hombre, era un soborno, no se trataba de meternos en la cárcel a lo «Expreso de Medianoche». Si se hubiese salido con la suya, él y nosotros sabríamos que lo había puesto él y lo único que podía querer, era un poco de dinero. Además estamos en Nicaragua, hemos llegado aquí sin planearlo saliendo de nuestra ruta y estamos encantados de haber tomado esta decisión, enamorados del país. Nos parece, uno de los países, sino el país, más seguro de Centroamérica y muchos sabéis que a menudo explico que nos robaron en Nueva Zelanda, el país más seguro del planeta, hay malas personas en todo lugar y este ha sido solo, un mal encuentro.

Este es un blog de anécdotas y vivencias, la vergonzosa actitud de este policía no empaña la aventura que estamos viviendo así que Rietedewillyfog!

Cuando la compañía es lo que importa (I)

Los últimos días en México han sido como soñar despierto, cinco lugares mágicos con compañeros de excepción.

Empecemos por la Paz, casi en el extremo sur de la Baja California, es un lugar de gran riqueza marina y uno de los sitios preferidos por Jacques Cousteau para sus inmersiones, un pueblo tranquilo. En la estación de buses nos recogió Marcela, nuestra Couchsurfer, Bióloga marina, apasionada por las medusas que persigue y estudia con devoción.

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Marcela en segundo plano, disfrutando de un frappé y del aire condicionado del local, una salvación en el salvaje calor de La Paz

Marcela nos regaló la primera aproximación a la ciudad, a las ballenas (las que no van por el agua sino que se sirven frías encima de la mesa) y un memorable viaje en lo alto de una grúa que los seguidores de nuestro Facebook ya conocerán.

Nos trasladamos entonces a casa de Nicolás, un chico encantador, otro Bíologo Marino, amante de los perros y una gran persona. Con él disfrutamos de varios desayunos caseros pantagruelicos, de un gazpacho, ceviche y sushi para perder la cabeza, de muchas cervezas, de playas paradisíacas, de sus perros, de una noche bajo las estrellas y un amanecer para perder el sentido en casa de su prima Lilia. En el Sargento, Lilia cuida del casoplón de unos gringos frente al mar, en nuestra playa privada, descubrimos el Paddle surf, el disc-golf y tomamos un vino que después de más de un mes sin probarlo nos supo a gloria!

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La noche en el Sargento dormí con esta manta.

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Nicolás y Pelón, una historia de amor!

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La terraza frente al mar

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En La Paz también cruzamos nuestros caminos con Nezahualpilli, Neza para los amigos, adivinen… otro Biólogo Marino! Neza fue el mejor de los guías, con él y con Rubén visitamos la Isla San José, un santuario para la vida marina…

Neza es un verdadero apasionado de la vida marina en general y de su territorio en particular, tanto de la biodiversidad como de la industria que genera, conoce de cerca los pescadores y sus preocupaciones, se ocupa de cuidar el entorno, le pese a quién le pese, nos explicó mil detalles y anécdotas y contestó con paciencia a nuestras constantes preguntas.

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Nezahualpilli y Rubén con uno de los Willys

Por desgracia no era época de tiburones ballena o de ballenas así que nos tuvimos que “conformar” con nadar con varios leones marinos, disfrutar de bellos corales, ver manta rayas saltando a nuestro lado, a tímidas tortugas asomando la cabeza, ver a pájaros “tijereta” pescando sin siquiera zambullirse en el mar, efectuando un rápido e impresionante cambio de trayectoria después de un vuelo en picado y acabar el día rodeados por un banco de delfines brincando y jugando con nuestro bote.

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Actividad frenética entre los leones.

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Fue un día completo, que no olvidaremos, también Rubén obtuvo recompensa pescando a pulmón (tremenda capacidad, aún me pregunto si tiene branquias) dos buenos ejemplares, pero reconozco que desde que supe que había tiburones ballena en La Paz, se realimentó mi sueño de verlos de cerca un día. Neza notó mi desazón y dejó una puerta abierta a la esperanza… “Mañana hablo con un pescador de la zona, si me dice que ha visto, nos acercamos”.

Por la noche ya me dijo que sí, que habían avistado en un pueblo cercano, así que temprano en la mañana nos pasó a buscar, esta vez, nos acompañaba también Nicolás. Aún medio dormidos nos subimos al coche, al ritmo de música house, Neza, licenciado hace años, no dejaba de contar batallitas y preguntar a Nicolás, el recién licenciado, sobre profesores y estudiantes, se veía que Neza conoce el mundillo…

Llegamos a la morada del pescador y le ayudamos a limpiar su barca mientras este limpiaba la pesca del día, solo eran las 9 de la mañana y él ya había salido, tendido las redes, recogido las mismas y vuelto a su casa. Nos dijo que esa mañana no había visto al enorme devorador de plancton así que nos subió a su barca y fuimos a su encuentro. Reconozco que miraba impaciente al horizonte y a medida que pasaba el tiempo lanzaba miradas al viejo pescador que escrutaba impasible la superficie del mar. No es por aumentar la tensión pero os prometo que iba perdiendo la esperanza y ya pensaba que no podría ver cumplido mi sueño cuando señaló al frente con el dedo y dijo simplemente, “Ahí está”. Lo teníamos prácticamente delante y ninguno de nosotros, ni siquiera Neza, lo había visto. Y a partir de allí poco os puedo contar en palabras, desde que nadé con tortugas hace 8 años quería, algún día, nadar cerca de uno de estos animales. Álvaro y yo los tuvimos a escasos dos metros, los acompañamos durante unos minutos sin estorbarlos intentando aletear fuerte ya que con un imperceptible movimiento de su aleta caudal el tiburón avanzaba muchos metros. Fue un momento de elevación y me siento un privilegiado por haberlo podido vivir.

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Neza al lado del tiburón, no teníamos cámara subacuática, eso queda en nuestra retina.

Finalmente Nicolás y Lili nos llevaron a la playa de la Balandra dónde conocimos a Esther otra couchsurfer y a un grupo de amigos suyos, todos capoeiristas! Imaginaréis mi alegría, cervezas, agua a 30 grados, playa de blanca arena, no podía pedir más.

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Los Willyes con el hongo balandra al fondo!

La conexión fue inmediata, cosa de cultura general, y en seguida organizamos una cena improvisada en casa de Esther, cocinamos una tortilla que no pasará a la historia y que ellos devoraron con pasión y luego el instructor Danzante y el resto del grupo nos brindaron una rueda de Angola aunque ellos practican Regional… Mais Capoeira é uma só!

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Los capoeiristas en remojo

Con este panorama se nos hizo difícil dejar La Paz, pero en DF esperaban mis tíos y mis primos, que no veía hacía varios años, así que con un tremendo apretón en el corazón nos despedimos de Nicolás, Pelón y Phyta Aurelia y nos fuimos al aeropuerto dirección al DF.

Del color turquesa del mar de Cortés al monstruo de 23 millones de habitantes solo hubo un suspiro, lo sobrevolamos con la boca abierta y a los pocos minutos me fundía en un abrazo con mis tíos queridos.

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La isla Aceralvo

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De nuestras aventuras allí y de las nuevas compañías os hablaré en el siguiente post!

LA inabarcable

(Debido al alto nivel de disfrute del viaje, este post viene con un poco de retraso).

Siempre quise ir, a LA, dejar un día, esta ciudad, cruzar el mar, en tu compañía…

Supongo que es inevitable que me acuerde de Loquillo mientras llegamos a Los Angeles, son las 6 de la mañana y llevamos 48h de tren, y en lugar de mar hemos cruzado el desierto, los estados de Louisiana, Texas, Nuevo México, Arizona y California de una tirada, ahí es nada! El paisaje? Un eterno e invariable desierto.

Estamos contentos, me voy a reencontrar con Mar, mi amiga de la facultad de Veterinaria, a quién no veo hace meses, vamos a conocer a su marido Andreas (que resulta ser primo hermano de Peter Baelish), a descubrir Los Angeles y vamos a ver de nuevo a Marcos, al que ya llamamos el tercer Willy!

Mar y Andreas viven en Silverlake, un barrio tranquilo de LA, tienen unas vistas envidiables desde su colina y un bonito lago (temporalmente vacío) muy cerca de su casa.

Nos acogen maravillosamente y procedemos a descubrir lo que resulta ser una inmensa ciudad.

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Skater y caseta de vigilante de la playa… típica postal!

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El bueno de Alfred!

LA es sin duda una maravilla, con su paseo de las estrellas, sus playas de Santa Mónica o Malibú, Little Venice o su omnipresente símbolo de Hollywood observándote. Tiene grandes museos y es un amalgama de culturas, todos los restaurantes posibles e imaginables están ahí, así como los grandes parques de diversión y ser un inmenso plató.

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Dune point en Malibú beach!

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Little Venice

Pero tal vez lo que más disfrutamos fueron los sitios tranquilos, la playa de Malibú a la que se llega después de una hora en coche, los barrios de Little Tokyo y Little Korea dónde disfrutamos de una barbacoa Coreana, la maravillosa arquitectura del centro, con la Walt Disney Opera, obra de Frank Gehry y la catedral de Moneo como estandartes y las cenas con nuestros huéspedes con una no menos espectacular barbacoa en casa, realizada con una precisión Suiza por Andreas!

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En Korea también saben de Barbacoas!

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Frankie hombre! Te salen bonitos pero cambia un poco el estilo!

Según lo que pudimos ver, LA también tiene un alto nivel de “modernez” el fenómeno de la “gentrification” ha pegado fuerte. En un barrio antiguamente industrial y degradado ahora proliferan los murales, las tiendas de comida eco-bio y los bares de modernetes, al tiempo que sube el precio del metro cuadrado como la espuma de las cervezas que allí se elaboran (y nos vimos en la obligación de probar).

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Marcos explica la verdadera actitud del moderno!

A excepción del abarrotado Hollywood Boulevard o los miradores turísticos hay pocos peatones en esta enorme ciudad en la que hay que coger el coche para todo y eso sí lo vi un poco como inconveniente si fuera una ciudad en la que fuera a residir.

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Nos costó un poco encontrarla pero al final dimos con ella!

En cualquier caso los Willyes, como buenos observadores que somos, nos hartamos de ver estrellas, de ver a gente disfrutando de la playa, ya sea con un skate, haciendo verdaderas piruetas dignas del circo del sol, luciendo musculitos o negros jugando a basket y de caminar por sus empalmeradas calles. Muchas gracias a nuestros anfitriones y a Marcos por acompañarnos una etapa más!

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Un partido con mucha actitud!

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Hay que lucirse!

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Moltes Gràcies!

Rock and NOLA!

Hace calor, un bochorno intenso cuando bajamos del tren que nos ha llevado en una mañana desde Memphis, la ciudad que escuchó el primer rock and roll, hasta New Orleans, el lugar dónde dicen que nació el Jazz.

La calle a la que nos dirigimos aún me suena a Rock and Roll, el riff de guitarra de los U2, resuena en mis oídos cuando doblamos la esquina de «Desire St», dónde pasaremos los próximos 6 días.

Según nos dirán más tarde, Desire St está en uno de los barrios más desfavorecidos, con una inmensa mayoría de población de color, supuestamente peligroso, dónde están los «gangs» y dónde hay tiroteos. Lo cierto, es que mucha gente nos saluda desde el porche de su casa sonriente, dónde pasan largas horas, mientras volvemos del supermercado cargados con las compras. «How y’all doing?» es lo que siempre oiremos al cruzar a alguien en las calles de NOLA, esta pregunta no espera respuesta, es un simple formalismo, pero a mi me pone de buen humor que en una ciudad, la gente te salude con una sonrisa.

Tal como Josefina nos lo ha indicado, rodeamos la casa y nos da la bienvenida una puerta con el dibujo de una calavera, pero la casa que nos acoge no puede tener más vida, es una explosión de colores dónde una isla hace las veces de cocina i de epicentro de un terremoto de personajes pintorescos. Desgraciadamente, mi amiga Josefina, a quién conocí hace 8 años en Chiapas y con quién me voy cruzando por el mundo, no está, se encuentra de viaje en España y no hemos podido coincidir, pero nos cede su habitación, una de las ciudades que ama y sus compañeros de piso… y qué compañeros!

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La puerta trasera

Nos cruzamos rápidamente con Jenny que se va a trabajar, se despide de su inseparable Max y desaparece bajo el sol cegador, volverá más tarde, completamente ebria y feliz acompañada de Brittany, una amiga suya igual de radiante y con los ojos medio cerrados llenos de alegría.

Jenny se pone a cocinar mientras nos repite 4 o 5 veces las mismas cosas, pero no es molesto, se nota que habla con amor e intensidad. Nos cuenta que es camarera y que le gusta servir copas a la gente, mientras insiste para que nos tomemos unos chupitos de tequila.

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El epicentro de la casa dónde preparamos Gazpacho y una empanada!

Nosotros, ya hemos cenado, estamos cansados del viaje (nos hemos levantado a las 5 de la mañana para dejar Memphis) y estamos chafados por el bochorno, ya pensando en retirarnos, pero entonces llega Seth sudado sobre su bicicleta.

Seth podría muy bien interpretar un papel en una secuela de «Trainspotting». Su pelo teñido de un rosa intenso, es lo primero que uno ve, su vestido violeta estampado o su falda estival serán impactos posteriores, pero el primer recuerdo es una camiseta amarilla descolorida y ajustada a su delgado cuerpo y unos shorts por encima de la rodilla, con dobladillo, también estrechos.

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Seth, en casa, se pone cómodo!

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Nos visitan unos chicos del barrio, al fondo podéis ver a Seth, para la ocasión luce un vestido violeta estampado!

Seth reparte paquetes con su bici por la ciudad, un trabajo por el que cobra 5 dolares la hora (más propinas). Se sirve un té helado y en seguida, se lleva un cigarrillo a los labios, después veré que es lo primero que hace cuando se levanta por la mañana junto a una gran taza de café.

Casi no nos queda elección, nos dejamos arrastrar por la onda de «buenrollismo» que preside la noche. Brittanny hace de DJ i nos pone una música que me parece hecha a medida para este momento bajo el porcho y en el bochorno que aún se deja sentir, aunque el sol ya hace unas horas que se escondió.

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Jenny con Max, Álvaro Seth y Brittanny en el fondo.

Cuando volvemos dentro, Álvaro se va a acostar, yo friego los platos que Jenny ha dejado y me siento en silencio para observar el cuadro que forman Seth i Brittany, sentados en un sofá de terciopelo rojo, enmarcados por una pared azul de dónde cuelgan diferentes cuadros y sobrevolados por una guirnalda de lucecitas. Los dos dibujan, abstraídos, en sus correspondientes cuadernos.

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Tomé una foto del momento

Son poco más de la una, ya quiero acostarme pero el baño esta ocupado por el cuarto integrante de la casa, Jeanny, que ha entrado por la puerta de atrás y solo he apercibido cuando ha salido de su habitación y ha pasado delante una puerta entreabierta para encerrarse en el baño, finalmente sale y se escurre dentro de su habitación de nuevo, lo cierto es que la primera impresión que nos da es un tanto arisca (aunque luego veremos que no es así).

¿Y qué hacemos estos días en New Orleans? Pues aflojar el ritmo, ya era lo que queríamos, frenar nuestro paso, ponerlo en fase con el sur, nos acostumbramos a los violentos aguaceros que casi diariamente limpian la ciudad y buscamos la sombra con desespero.

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El colorido, una constante de las calles de NOLA.

Nos reunimos de nuevo con Marcos que parece decidido a volverse un Willy más, por lo menos en los USA.

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Vista típica del French Quarter

Visitamos el French Quarter y nos explican la historia de la ciudad, que fue de los Franceses, quienes la poblaron de asesinos y maleantes y luego entregaron una ciudad ingobernable a los Españoles, estos al parecer pusieron orden pero no eran muy queridos y la entregaron a Napoleón que a su vez la vendió a los Americanos.

Lo que mas nos gusta, una vez mas, es caminar y caminar, admirar su maravillosa arquitectura, cada casa se merece una foto mientras la vida pasa tranquila en los porchos de madera.

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Bendita sombra!

También hemos probado buena, contundente y abundante cocina del sur, hemos visto el lago Pontchartrain y su inmenso puente (con sus casi 40 km el tercero más largo del mundo al parecer), sus casas construidas sobre el agua dónde los propietarios aparcan sus barcos al llegar.

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Por delante el utilitario, por detrás el bote…

Paseado una noche por la grotesca «Bourbon Street» entre turistas borrachos, decenas de caza clientes agresivos, medio cegados por neones que anuncian clubs de striptease o lap dance, a menudo con un hedor indescriptible en algunas partes de la calle y con sirenas de ambulancias pasando.

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Una noche cualquier en Bourbon Street, un borracho, la Policía, y cuando llega la ambulancia, dentro va un equipo de filmación de “reality”!

Nos emocionamos al ver aún signos claros del paso del huracán Katrina y al ver la exposición que alberga el museo de la ciudad.

Combatimos el calor en el «country club», que tiene piscina; bailado en «Frenchmen St», una calle también turística, aunque menos que Bourbon; refugiado en un bar de jazz en directo, de ambiente hipster después de cenar por tres en el inolvidable “The Joint” y por supuesto compartido tiempo con nuestros compañeros de piso, tal vez no mucho pero sí de calidad! El Cheesecake de Seth era uno de los mejores postres que he probado nunca, palabra! Pasar un tiempo en el balcón de la casa con Jenny o los distintos cafés y cena con Jeanny fueron un placer!

Gracias Jo por este regalo! Nos volveremos a cruzar!

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Buen restaurante!

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El bar Bachanal

(Couch) Surfing USA

-Pero hablemos de cosas importantes, qué opinas de Trump?

Dice Alvaro con una sonrisa, mientras termina el gazpacho que está preparando. Como pasan unos segundos y no escucho una respuesta me doy la vuelta mientras pelo las patatas de la tortilla que queremos hacer y veo una mueca de incomodidad en nuestro anfitrión.

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-Pués no os va a gustar mi respuesta…

Dice al cabo de unos segundos Vince, nuestro Couchsurfer gay y nudista…

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Con Vince y Arya, otro Couchsurfer Canadiense disfrutando de la cena!

Como a estos dos viajeros, una de las cosas que más les gusta en la vida, es poder hablar y estar de acuerdo en no estar de acuerdo, le dejamos que vaya argumentando su respuesta. Ciertamente no esperábamos que fuera un defensor del bueno de Donald, pero nos saca los tres argumentos más populistas y claros: «Inmigración, Armas e impuestos».

Así que este hombre, de pensamiento liberal, bien educado y viajado, ve en lo que yo leo como chulería y racismo; sinceridad y orden, y en lo que yo veo como problema (las armas); una solución (en realidad nos confesó que le dan un poco de miedo las armas, pero él tiene una porque es su derecho y porque cree que le puede proteger); y en los impuestos y la sanidad pública, un robo.

Y una cosa no quita la otra, solo quería introducir Chicago con una anécdota, Vince ha sido, sin duda alguna, el anfitrión que más devoción ha mostrado por sus huéspedes en toda mi experiencia en Couchsurfing y ha sido un auténtico placer conocerle.

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Ojo al dato, en Chicago, el uso del casco no es obligatorio…

El Couchsurfing, que la mayoría conocéis, te permite alojarte en casa de un local de forma gratuita y es una manera de aproximarte al lugar que visitas, más cercana, el intercambio de experiencias, de historias, de música o de gastronomía es lo que cuenta. Vince es próximo y atento, tiene un lujoso apartamento del que te cede la llave con solo encajarte la mano y se desvive por que estés a gusto.

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Vaya vistas!

Compartió sus pasiones con nosotros, como la que siente por el museo de la ciencia y la industria de Chicago llevándonos en coche hasta allí solo para hacernos entrar gratuitamente. Alvaro y yo pasamos allí unas 4 horas maravillados, y porque nos echaron!

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Un disco de arena gigante dibuja texturas al girar.

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Miss Daisy!

Nos llevó en su fabuloso Cadillac Belair, pasamos una noche de viernes fantástica en su bar de cabecera y en el sótano de su condominio jugando a los bolos, o degustando su bebida preferida, el Jack Daniels, nos preparó un buen desayuno y nos habló de su experiencia viviendo en Rusia aunque también nos dejaba hacer nuestra vida si así lo requería la situación.

 

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¿Y qué hicimos en la ciudad de Los Intocables? Pues recorrimos sus calles largamente y quedamos encantados! Con sus playas entre rascacielos a orillas del lago Michigan, su magnífica arquitectura y su ambiente cultural, su vía elevada y sus excesivas comidas, nos fascinó.

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Willis tower a.k.a. Sears Tower

Anduvimos por «milenium park» con su famosa «habichuela», su auditorio o la bonita fuente, obra de Jaume Plensa, nos topamos con unas esculturas obra de Miró y Picasso, subimos al piso 95 de la Hancock Tower, anduvimos por los canales que tiene la ciudad, llenos de vida y actividades y no nos cansamos de ver su perfil desde mil perspectivas distintas.

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Saltando en la fuente de Jaume Plensa!

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Vistas desde el piso 95!

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Chicago, tiene personalidad propia, no desmerece a New York y es mucho más auténtica que la impersonal aunque bonita ciudad de DC.

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The Cloud Gate

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Curiosas vistas desde la habichuela

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De allí veníamos y debido a problemas con horarios de trenes solo estuvimos 24h pero la caminamos de arriba abajo, según el contador de pasos de Álvaro unos 22km en el primer día, de memorial en memorial, de monumento en monumento, de la casa blanca al capitolio (que estaba en obras ya que como todos sabéis, se lo han cargado los extraterrestres), de la biblioteca nacional al cementerio de Arlington otro memorial immenso dónde entierran a muchos de los que han servido a la patria.

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Cementerio de Arlington

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Memorial de la guerra de Viet Nam

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Washington tiene un inmenso metro y una explanada de casi 4 km de distancia presidida en el centro por el gigantesco obelisco dedicado a Washington, a un extremo el memorial de Lincoln, al otro el Capitolio y entre medias vimos desde una distancia prudencial la casa blanca del huésped negro.

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Metro gigantesco

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Últimos retoques al capitolio después del último ataque

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Me pareció un conjunto de obras faraónicas de aspecto greco-romano pero sin una personalidad propia real. Recorrimos sus limpias calles, llenas de gente trajeada y con aspecto de tener prisa, sus edificios oficiales, y dedicamos un tiempo prudencial a la Biblioteca que tiene una copia de la primera Biblia impresa por Guttemberg.
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Memorial de Marthin Luther King Jr

Allí nos acogió Brian, otro Couchsurfer Surcoreano, agradable pero tímido con el que solo pudimos compartir una cena rápida en un Méxicano y su cuarto en el que, aunque llevaba dos años viviendo parecía que se acababa de mudar… un estilo muy asiático.

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Esperando a ser recibidos por Obama

De allí a Chicago, y de allí a ver al Rey, pero eso ya es otra história!

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NY sin Manhattan y el secreto de Kassandra

  Manhattan es sin duda New York, aunque New York sin duda no es solo Manhattan, así que dejadme que os hable de un día fuera de Manhattan y de los secretos de Kassandra que lleva años en la gran manzana.

Salí del metro con una excitación infantil, viendo las atracciones del Luna park, escogiendo mentalmente en cual me iba a subir y sustituyendola por una nueva a cada segundo pero en cuanto puse un pie en el paseo marítimo creí que estaba en Atlantic City en un capítulo de Boardwalk Empire, y me olvidé del Luna Park, estábamos en Coney Island, al sur de Brooklin.

 

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Voy subido en mi propia atracción!

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Día caluroso, aguantamos poco hasta que nos zambullimos en las dudosas aguas de la bahía de New York, aunque a mi el chapuzón me supiera a gloria la mueca de Kassandra lo decía todo! «En lugares peores nos hemos bañado!» dijimos, así que sin saber si se nos caería la piel a trozos, cómo predijo un poco alarmísticamente la local, nos fuimos a descubrir el curioso barrio de Little Odesa, con sus paredes cubiertas, casi exclusivamente, de carácteres cirílicos y su ruidosa vía de metro aerea que le da un aire de película antigua… porqué digámoslo ya, para el que como yo, descubre New York, cada esquina le suena a algún fotograma de una película que ha visto hace ya algún tiempo.

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Ruisky trusky!

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Disfrutar de un magnífico restaurante Uzbekistaní y subirnos al coche de Kassandra para atravessar Brooklin con una actitud muy negra fue todo uno.

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Saquito al bujero!

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Os llevo?

El barrio ruso, el barrio judío, el barrio negro, hasta llegar a Red hook, desde allí magníficas vistas de la estátua de la libertad y del «finantial district» a lo lejos.

El cartel del bar al que decidimos entrar a tomar un café que nunca fué rezaba entre otros, «we are not responsible for lost objects, we are responsible for killer sunsets» viendo lo animado que estaba y la luz que empezaba a declinar no nos hizo falta más, cervezas, propinas y juegos entre risas, estaba quedando una tarde apañada!

Pero antes de la puesta de sol Kassandra nos sube de nuevo al coche y nos lleva hasta debajo del puente de brooklyn o barrio de DUMBO dónde ahora sí, la puesta de sol fué matadora y sino juzguen ustedes mismos.

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Acabar el día en el hipsterísimo barrio de Williambsburg con una arepa Venezolana, una michelada, una pinta de lagger y partida de ping pong fueron una cereza en el pastel tras otra para coronar un día en New York en el que solo pisé Manhattan después de cruzar el puente de Brooklyn en el tardío metro que nos llevó a casa.

Al día siguiente, aunque no nos pudo acompañar, Kass nos propuso otra aventura, ir a casa de la Sra Marjorie en el corazón de Harlem. Esta señora lleva varios lustros invitando, cada domingo sin falta, al salón de su casa a músicos de Jazz a los que acompaña maravillosamente al piano, sus dedos sobrevuelan las teclas y se posan lúcidamente sobre las adecuadas en cada momento. No os engañaré, no somos entendidos ni fanáticos del Jazz pero de verdad disfrutramos intensamente de la hora y media que compartimos en el salón de Marjorie!

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La joven Marjorie de 80 y tantos años al piano… silencio!

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Literalmente hasta la cocina de la casa de Marjorie!

Gracias Kassandra!