Mi Buenos Aires querido

Justo después del Año Nuevo, aún algo resacosos después de unos días geniales en Santiago de Chile, David y yo tuvimos la oportunidad de escaparnos 9 días a Buenos Aires. La hospitalidad de Claudia, David (nuestro cantabrón favorito) y la pequeña Valentina ofreciéndonos su casa en Palermo, nos animaron aún más a agarrar un avión y plantarnos en la ciudad porteña.

Valentina tranquila, y Álvaro emocionado
Valentina tranquila, y Álvaro emocionado
Dos WIllys en Buenos Aires
Dos WIllys en Buenos Aires
Haciendo amigos
Haciendo amigos

Y allí aterrizamos, con un calor húmedo y agotador dándonos «la bienvenida», como presagiando que nuestra visita no iba a ser fácil… pero claro que lo fue. Lo fue porque Buenos Aires es estar en casa, como si fuéramos dos más entre sus calles atestadas de terrazas, donde tenías que mirar las placas de matrícula de los autos para convencerte que no estabas en Madrid, sino en la ciudad que ya había recorrido ya mil veces mentalmente escuchando canciones de Calamaro hace ya (demasiados) años…

Tras un recorrido infinito desde el aeropuerto en bus y metro, por fin llegamos a “casa”, y gracias a las indicaciones de Claudia; dimos cuenta de las primeras Quilmes, las primeras pizzas y las primeras empanadas (ayyyyy las empanadas argentinas, lo siento por los amigos chilenos… pero ahí habéis perdido la batalla…). David también pudo comprobar de primera mano el amor que sienten los gatos argentinos hacia él…

¿Una librería? ¿Un teatro? El paraíso
¿Una librería? ¿Un teatro? El paraíso
En la Bombonera
En la Bombonera

 

El día siguiente tocó caminar (y mucho), siguiendo la guía que nos preparó Aran, nuestra «local hero» de tripUniq; una valenciana re-simpática que acabó por tierras porteñas hace un par de años y que además de prepararnos un recorrido perfecto por la ciudad, nos acompañó un par de días a intentar acabar con las existencias de milanesas, asados de tira y cerveza de toda la capital. En dos días: cruzamos la Plaza de Mayo, atisbamos la Casa Rosada (sin Macri), vibramos sólo con ver de lejos el Luna Park y el Gran Rex, disfrutamos de un paseo infinito por Puerto Madero y sus excesos, nos perdimos por San Telmo, alucinamos con la infinita 9 de Julio, visitamos el cementerio de la Recoleta (ayyyy Evita, cuánto te veneran aún…), esperamos con ansia en Plaza Francia, gritamos goles en una Bombonera vacía y triste, hicimos de turistas por la Boca, entendimos la magia del tango, reímos a carcajadas con monologuistas argentinos (quien lo habría dicho, un monologuista… y además argentino), nos emocionamos en la ESMA con los desaparecidos y a la vez nos cagamos en los dictadores y en sus putas dictaduras; y hasta encontramos bares secretos ayudados por Analía y Elina, las dos mejores baristas/pasteleras de Buenos Aires.

¿Donde están?
¿Donde están?
Tango infinito
Tango infinito
Con Aran y Stefania visitando a Macri
Con Aran y Stefania visitando a Macri
El mejor café de Buenos Aires
El mejor café de Buenos Aires

Entre todas estas emociones; un asado espectacular hecho por David (especulamos con que le dieron el carnet de asador a la vez que la tarjeta de residente), acompañado de su señor padre, de vino mendocino y de muchas risas, una escapada para que David se quitara el mono de tirarse de aviones en marcha, y un par de salidas nocturnas para cerciorarnos que Palermo no es Hollywood… ¡ni falta que hace!

Esta ciudad me ha calado como ninguna otra visitada en este viaje, y si bien a otros sitios he dicho que quiero volver; con Buenos Aires tengo la certeza de que pronto pasearé de nuevo por sus calles y volveré a sentirme un porteño más. ¡Hasta pronto hermanos!

Escuchando Palermo no es Hollywood, de Leiva, claro.

Latinoamérica y su idiosincrasia

El hecho de que Latinoamérica es un mundo aparte lo intuíamos, de una u otra forma, y por eso decidimos que gran parte de nuestra aventura transcurriera por estas latitudes. Pero después de más de la mitad del viaje (y de más de 5 meses por aquí), podemos asegurar que hay muchas más cosas que nos unen que las que nos diferencian. No obstante, en este post voy a intentar centrarme en todo aquello que nos ha llamado la atención, por original, distinto e incluso disparatado. Tirando de topicazos, no están todas las que son pero si son todas las que están; así que si habéis viajado por alguno de estos países y se os ocurren algunas más que nos hayamos dejado en el tintero (¿en qué tintero idiota, si esto es un blog? ¿Qué te crees Cervantes ahora??) no dudéis en incluirlas en los comentarios. Allá vamos:

  • El agua caliente en la ducha: la imagen “normal” a la que estamos acostumbrados sería: entras en la ducha, buscas el grifo con la H o la C (o en modo “dummy” el grifo de color rojo) y esperas a que el agua caliente empiece a fluir. Pero aquí no es todo tan sencillo, si bien la mayoría de lugares que hemos visitado tenían una temperatura que hacía innecesario calentar agua para una ducha; en algunas zonas de Colombia o en gran parte de la Cordillera de los Andes, las temperaturas te piden una ducha calentita al empezar el día.

Imagina que entras en la ducha y te encuentras algo así:

Ducha + cables ¿Qué puede salir mal?
Ducha + cables ¿Qué puede salir mal?

El invento es una alcachofa conectada a la red eléctrica (normalmente sin demasiado “cariño”) y que contiene una resistencia por la que va pasando el agua y se va calentando. Para regular la intensidad, hay un pequeño interruptor con 3 posiciones: caliente, templado y frío. ¿Solución simple? Sí. ¿Problemas que suele tener? Dejando aparte el miedo que da ver tanto cable al lado de una fuente de agua (estando tú debajo), normalmente al invento no le da tiempo a calentar el agua que pasa sino se baja bastante el caudal; así que normalmente acabas en la encrucijada de ducharte con un hilito de agua caliente a tope, o con más presión pero muerto de frío. Toda una prueba de la vida…

 

  • Papeleras al lado del WC: por el trono sólo van aguas menores y aguas mayores. Ni un residuo distinto. Todo lo demás SIEMPRE a una papelera que siempre encontrarás al lado del Roca. No hay más que hablar sobre esto, y NO, NO voy a poner foto explicativa…

 

  • Buses, trolebuses, furgonetas y otros transportes: en gran parte de Latinoamérica, cualquier vehículo a motor (o incluso sin él), es susceptible de convertirse en tu medio de transporte público para ir de un punto A a otro B. En los buses, muchos de ellos herencia yankee, podrás encontrar un desfile de vendedores y adquirir dvds o pendrives con películas, todo tipo de comida local (y sí, incluyo sopas y caldos y alimentos no sencillos de tomar en un bus atestado de gente…), biblias, o casi cualquier objeto que se te pueda ocurrir. Además, en muchos lugares las paradas no existen, simplemente ves al bus acercarse, alargas la mano y podrás montarte ¿parece más sencillo, no?
Tuc tucs coloridos!
Tuc tucs coloridos!
Vans y furgos, transportes mil!
Vans y furgos, transportes mil!
Trolebús en Valparaiso
Trolebús en Valparaiso

Una consecuencia de esto, es que al entrar a las ciudades encuentras avenidas enteras llenas de talleres, lavacoches (spa de vehículos como les llaman), tiendas de repuestos, de recauchutados, de reparación de lunas… Por supuesto todos con sus altavoces regaettoneros a tope, que eso llama mucho a los clientes…

La casa del amortiguador. Puro marketing
La casa del amortiguador. Puro marketing

 

  • Curiosas campañas electorales: ¿Para qué poner carteles electorales con la cara de los candidatos si puedes pintar casas enteras con la publicidad de los partidos? Este “fenómeno” nos lo encontramos en varios países (especialmente Perú y Nicaragua, que tuvieron elecciones recientemente) y no supimos averiguar si las distintas casas cobran por tener sus fachadas pintadas, o simplemente apoyan a su candidato por la patilla… ¿Vosotros viviríais en una casa pintada de azul pepero?
Casas con publi electoral
Casas con publi electoral de Keiko Fujimori en Perú. La hijísima

 

  • Casas sin acabar: llámalo sin acabar, a medias, poco enlucidas, sin techo… el tema es que es posible encontrar construcciones así por toda latinoamérica (más por centroamérica a decir verdad), y hasta donde pudimos averiguar, todo se debe (evidentemente) a una cuestión económica. La gente construye la mitad de la casa y deja para el futuro la planta o plantas superiores… En ocasiones, esas plantas superiores están destinadas a que vivan los hijos de dichas familias cuando se casan. ¿Os imagináis vivir con l@s suegr@s debajo? Pues eso…
Casas a medio acabar
Casas a medio acabar

 

  • Publicidad heteropatriarcal: el sexo vende. Esto lo sabían los publicistas rollo Mad Men de los 60′ y lo saben en Latinoamérica. Peluquerías, restaurantes, y talleres mecánicos (entre otros); incluyen en sus coloridos carteles a bellas señoritas de exuberantes cuerpos para atraer a la clientela. No sabríamos decir si funciona; aunque nosotros nos hemos cortado el pelo unas 20 veces, hemos comido unos 30 tipos de ceviches distintos…  e incluso hemos intentado gastar dinero en algún taller mecánico (sin tener coche ni ná de ná)
Carteles heteropatriarcales
¿Por qué no poner una mujer de senos protuberantes para vender ceviches? ¿Qué podría salir mal?

 

  • Portadas de periódicos escabrosas: ¿Hemos comentado que el sexo vende, no? Pues la violencia también, y por si fuera poco sirve para vender periódicos… En Santa Marta (Colombia), un taxista nos comentó que sino había muerto en portada un día en un periódico, la gente no lo compraba; así que cuando no había muertos en la ciudad, buscaban el muerto de turno en la ciudad más cercana. Simple y efectivo…
Culo + muertos. Perfect combo
Culo + muertos. Perfect combo

 

  • Doblajes de series y películas: qué comentar de este tema que no se haya dicho ya. Imaginad horas y horas de autobuses viendo películas como “Rápido y furioso 8”. Eso sí, que Homer sea Homero por estas tierras parece inadmisible… pero que el bueno de Armin Tanzarian se convierta en Latinoamérica en ARMANDO BARREDA me parece directamente de juzgado de guardia…
Armin Tamzarian. El original, y su suplantador oficial Skinner
Armin Tamzarian. El original, y su suplantador oficial Skinner

Y hasta aquí nuestro resumen de curiosidades latinoamericanas. Seguro que no van a ser nada comparado con lo que nos vamos a encontrar en nuestro próximo destino… ¡Allá vamos Japón… BANZAI!

Gracias!

Reproducimos un mail recibido esta semana que nos ha hecho muuuuuuuuucha ilusión. ¡Cómo nos gustan las visitas!:

Por fin sacamos un rato tras volver de Colombia para enviarles un mail a los tres de parte de Edurne y mía. Para empezar, mil millones de gracias por los días que hemos pasado juntos. Qué buena elección fue unirnos a los Willys durante unos días en medio de su pequeña aventura de un año!

Empezamos por una noche de reggaetón y baile en Bogotá (incluido Álvaro, lo que no deja de sorprenderme) donde ya pudieron conocer a la auténtica Edurne. A la tarde siguiente, cogeríamos una guagua (chihuahua para David) cuya única entrada era por debajo de los tornos, y otra a Zipaquirá, pueblo divertido y animado donde los haya. Allí, visitando la Catedral de la Sal y su Via Crucis, pudimos aprender todas las interpretaciones que se le puede dar a un montón de cruces iguales (maravillas religiosas patrocinadas por Powerade). Además, afortunados ustedes, esa noche pudieron comprobar mis cualidades jugando al Jungle Speed.

Tras llegar a San Gil antes de lo previsto (benditas estimaciones de tiempo colombianas), llegó Barichara (Guillem, cómete unas hormigas culonas en algún otro sitio del mundo en mi honor!). Después tocarían 17 horas de gélida guagua a Cartagena (tras las que pudimos aprender los efectos que tienen las alturas sobre los gases en las personas, gracias David), donde creo que empieza la mejor parte del viaje.

Para empezar, la casa maravillosa que nos dejaron (mil millones de gracias a tus parientes, Guillem!!), la cena en La Mulata, la moto de agua, la pasta bolognesa para vegetarianos de Álvaro, las tortillas de Guillem, el bar de prostis, los bailes Donde Fidel, el juego de las palabras (con la ciénaga de David incluida), los ratos de Mafia, los zapatos de agua, el NO porque me da la gana. Y para rematar, la Isla del Pirata, las langostas, el ron, el ceviche, el agua cristalina, más mafia, más ron, más cerveza, el atardecer, la sirena de David, el baño de madrugada bajo las estrellas. Volvía tan feliz que no podía evitar ir saludando a todos los barcos a la vuelta…

Tras esto, Santa Marta, donde David sufrió esperando unos espaguetis bolognesa y donde pudimos comprobar la normalidad con la que se trata una puñalada aunque tenga lugar en la cuadra de al lado. Partimos para Tayrona sin Guillem (aunque yo me empeñara en que seguíamos siendo 5 todo el rato), donde tocó caminar, sudar, sudar, sudar, y al fin disfrutar de una playa increíble y de un alojamiento con todas las comodidades de la vida moderna. Aprendimos sobre las monterías en Andalucía y justificamos a través de los mosquitos la pereza que nos daba a todos ducharnos para pasar una noche histórica viendo la firma del acuerdo de Paz con las FARC. Al día siguiente, tocaba vuelta a Santa Marta, donde nosotras ya cogeríamos otro rumbo y donde ya podrían comprobar todos lo fantásticamente bien que llevo las despedidas 🙂 jaja

 

En definitiva, unos días increíbles chicos y un viaje muy especial para las dos. Somos conscientes de que se han tenido que adaptar a nosotras, a nuestros tiempos, y darse más prisa en algunos sitios de lo que les hubiera gustado, y se lo agradecemos muchísimo. Nos hemos sentido genial con ustedes, y me ha encantado poder conocerles más a todos, hijueputas gonorreas malparidos (el vicio que tienen a Narcos también es remarcable, pero no vamos a entrar en ello jaja). Han superado cualquier expectativa chicos :). No sé dónde les volveré a ver, pero donde sea que esté cuando vuelvan están más que invitados y son más que bienvenidos 🙂

Muchísimas gracias a los 3, un abrazo enoooooooooorme y besos de las dos!!!

Edurne y Elena

Colombia es infinita

Llevamos casi un mes en Colombia y (al menos personalmente) puedo decir que es el país en el que más estoy disfrutando. Quizás por la diversidad de paisajes que hemos visto, quizás (posiblemente) por las Willys que nos visitaron y acompañaron unos días, quizás por lo bien tratados que nos hemos sentido por nuestra «familia colombiana» o tal vez por los hechos «históricos» que nos han tocado vivir en estos días; estas últimas tres semanas en Colombia están siendo muy especiales.

Colombia infinita
Colombia infinita

Comenzamos nuestra ruta colombiana hace unos 20 días aterrizando en Medellín desde Panamá City (voy a obviar el episodio previo al vuelo que nos sucedió con la compañía vivacolombia, os lo resumo en una frase «No voléis con esa aerolínea de mierda sino es estrictamente necesario»). La cosa es que al llegar a Medellín nos encontramos una ciudad que quiere despegarse del cliché de ser la cuna de Pablo Escobar y su cártel de “malparidos gonorreas e hijoeputas”, una ciudad enorme e inabarcable que está progresando a base de construir bibliotecas y mejorar los transportes públicos en los barrios más marginales para intentar reducir todas las desigualdades sociales que (aún) existen entre unas zonas y otras. Disfrutamos por primera vez de esculturas de Botero (que ha donado gran parte de su obra al pueblo colombiano), de su jardín botánico, y pudimos agarrar uno de los teleféricos que llegan a las zonas más deprimidas (favelas).

Botero everywhere
Botero everywhere
Escalando Medellín
Escalando Medellín

En el centro cultural de uno de estos barrios (la Colonia 13), asistimos al homenaje que un festival de cine local le ofrecía a Salvo Basile. Su nombre quizás no suene mucho en España, pero Salvo es un actor/director/productor de cine italiano afincado aquí en Colombia que es toda una celebridad (tomar una limonada con él en una terraza de Medellín se convirtió en una sucesión de fotos de fans…), que ha trabajado en innumerables películas internacionales (como Holocausto Caníbal!!!) y que por si fuera poco trabajó con Bud Spencer y Terence Hill…

Además de todo esto, que no es poco, Salvo y Jacqueline (su esposa, pariente de Guillem), así como sus hijos Alessandro y Jerónimo; pusieron todo de su parte para que nuestros días en Colombia fueran inolvidables: nos invitaron a su casa (y a su isla!) y nos hicieron sentir que tenemos familia colombiana…

Tras Medellín, encaramos el primer trayecto en carretera (nuestros amigos los buses…) y visitamos la villa de Guatapé, un colorido pueblo de interior que se reinventó a sí mismo después de que el gobierno hace unos 50 años decidiera construir una presa que inundó medio pueblo. Lejos de darse por vencidos, los guatapeños decidieron empezar a decorar todo el pueblo a base de murales en las casas, y ahora se ha convertido en todo un icono de la región de Antioquia. Desde Guatapé nos acercamos a visitar el Peñón, una enorme piedra que domina todo el valle del Embalse del Peñol, y sin duda una de las mejores vistas del país.

En lo alto del Peñol
En lo alto del Peñol

Muuuuuuuchas horas de autobús después, por fin llegamos a Bogotá. La capital colombiana es una urbe enorme que nos atrapó desde el principio. Alojados en el barrio antiguo de La Candelaria, después de visitar la plaza Bolivar, el palacio de Nariño (residencia del presidente de la República), el museo del Oro y el INCREÍBLE museo Botero; nuestra primera noche teníamos una misión muy importante, celebrar el cumpleaños de David como merecía. Sólo decir que cumplimos la misión con creces, en una discoteca de lujo regentada por Jerónimo (primo de Guillem) y en la que tres mochileros zarrapastrosos apenas llamaban la atención entre chaquetas y trajes de noche…

Bogotá desde las alturas (y no, no es una maqueta...)
Bogotá desde las alturas (y no, no es una maqueta…)
Celebrando el cumple de David... con espontánea incluida
Celebrando el cumple de David… con espontánea incluida

Tras un día protocolario de «recuperación tras juerga», en el que nuestra mayor actividad fue tragarnos 7 episodios seguidos de Narcos (viva el cable hdmi que compramos dos días antes), el sábado por fin se unieron a nosotros Elena (la blanquita) y Edurne, canaria y vasca amigas y residentes en Barcelona que con gran criterio decidieron pasar parte de sus vacaciones con nosotros. Con ellas emprendimos el viaje en bus (en unos cuantos buses y cientos de kilómetros…) hacia el Caribe; con paradas reseñables en Zipaquirá donde visitamos una catedral construida en el interior de una mina de sal (muy loco todo); o en los pueblos de Barichara y Bucaramanga, pequeñas maravillas del interior del país.

El equipo al completo en la Catedral de Sal
El equipo al completo en la Catedral de Sal

Después de un fugaz paso por Barranquilla (ay Shakira hija, vaya pueblo feo que tienes…) en el que no bajamos del bus, llegamos por fin a Cartagena de Indias, una ciudad colonial maravillosa, capital del caribe colombiano. Alessandro (el otro hijo de Salvo) se había propuesto bajar nuestra media de gastos del viaje y nos alojó en su maravillosa casa en el arrabal de Getsemaní, muy cerquita del centro histórico; y allí, entre gatos, gallos y algún mosquito, establecimos por unos días nuestra base, y se lo agradecimos cocinándole unos espaguettis bolognesa (a él, que es vegetariano, buen trabajo Willys…) y un par de tortillas de patata del chef Ruscalleda. Jugamos mil partidas a Mafia. Bailoteamos toda la salsa que pudimos. Y ron y cerveza diría que no bebimos durante esos días… creo…

Elena y David motorizados
Elena y David en Cartagena motorizados
David en la casa del árbol de Cartagena
David en la casa del árbol de Cartagena
La casa del árbol en Cartagena II
La casa del árbol en Cartagena

Además, uno de los días tuvimos la oportunidad de visitar y dormir en la Isla del Pirata (gracias otra vez a Salvo y Jacqueline), una isla paradisiaca situada en el archipiélago de Islas del Rosario, haciéndonos sentir como viajeros de lujo. 13 personas en toda la isla (8 huéspedes y 5 trabajadores), unas cabañas de lujo encima de una playa y un pescador que se acercó con un cubo lleno de langostas a precio de risa de las que dimos cuenta en una cena genial bajo las estrellas(tenacitas lo hubiera querido así…).

Relax en la isla del Pirata
Relax en la isla del Pirata
Tenacitas al ajillo en la Isla del Pirata
Tenacitas al ajillo en la Isla del Pirata

Nuestro siguiente destino fue el parque Nacional de Tayrona (sí, donde Shakira quería a llevarse a Piqué en la cancioncita de la bicicleta que apenas hemos escuchado unos doce millones de veces…). Con Guillem aún convaleciente de la lumbalgia descansando en Santa Marta, los otros cuatro willys visitamos el parque, pasamos la noche en hamacas bajo las estrellas, y vivimos un momento (que creímos histórico) como fue la ceremonia de la firma de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, mezclados entre locales en la única choza con TV de toda la zona.

mde
Escuchando los acuerdos de paz de Colombia en Tayrona
4 willys en Tayrona
4 willys en Tayrona

Tras esta aventurilla con la naturaleza, nos despedimos con todo pesar de nuestras Willys temporales, que agarraban un vuelo hacia la zona cafetera (que nosotros visitaremos más tarde), y volvimos a recoger a Guillem a Santa Marta. Recuperado (casi) de su espalda gracias a la hospitalidad de otros parientes suyos, en este pueblo de mar nos llegó la noticia de que una tormenta tropical llamada Matthew se estaba acercando a la zona, lo que retrasaba nuestro plan de conocer el Cabo de la Vela, uno de los puntos más al este del caribe colombiano, casi fronterizo con Venezuela. Mientras Matthew se convertía en un huracán de fuerza 4 (y luego 5), pasamos un par de días «tranquilos» en Santa Marta, y visitamos el pueblo de Minca, un paraje montañoso y fresco donde disfrutamos de la gastronomía local (unas pizzas italianas buenísimas y unos woks tailandeses igual de ricos…)

Una vez que el huracán comenzó a subir hacia Jamaica pero con la incertidumbre de una climatología poco estable, emprendimos viaje hacia Palomino, un pueblo costero espectacular pero ahora deslucido por los estragos de la tormenta. Allí pudimos vivir en primera persona la decepción del resultado del referéndum organizado por el gobierno de Santos acerca del acuerdo de paz con las FARC. Nuestra sensación, como la de la mayoría de colombianos con las que tratamos (excepto notables excepciones) es que se trataba de un resultado fatal para Colombia. Si bien podría no ser el mejor acuerdo, haber conseguido que el pueblo refrendara con sus votos la paz firmada con la guerrilla, era sin duda una oportunidad que ahora parece perdida para los colombianos (¡aunque esperamos que no sea así!).

Tras Palomino, nos armamos de valor (y sobre todo de paciencia) y nos encaminamos hasta la zona del Cabo de la Vela. Este pueblito dominado por indígenas guajiros, bastante aislado del resto del país (normalmente se llega en 4×4 cruzando el desierto que lo rodea), sin agua corriente y con suministro de electricidad limitado a algunas horas, se había convertido por obra y gracia de Matthew en una piscina gigante, inundando las calles principales de agua de mar y peces muertos, y llenando de agua la mayoría de «hostels» donde se supone que deberíamos dormir. Acabamos parando en una escuela de kite-surf en la misma playa, en unos chinchorros (una especie de hamáca más cómoda y amplia) al aire libre. Allí conocimos a Andrew, un peculiar jamaicano instructor de kite; y a Pablo, un santanderino residente en Barcelona que llegó a la zona expresamente para darle caña a la cometa, y que nos hizo entender como en un desierto como aquel había podido caer tantísima agua (¡¡madre mía los santanderinos!! si os fueráis a África arreglábais las sequías en dos días).

Cabo de la Vela tras el paso de Matthew
Cabo de la Vela tras el paso de Matthew

Ayer, ya comenzando nuestra ruta con destino al eje cafetero y más tarde a la frontera con Ecuador, acabamos «por casualidad» en la isla de Mucurá, otro pequeño paraíso caribeño enfrente de Santiago de Tolú; en el que anoche despedimos los atardeceres en el Caribe, rodeados de cocoteros, arena y sal; y donde hemos comenzamos a echar de menos este mar tan peculiar y que tantas buenas experiencias nos ha dado.

dav
Yo la conocí en un taxi… (varado en Mucurá…)

Escrito en Mucurá rodeado de cocoteros y escuchando por primera vez a Sublime.

¡Pura vida!

Costa Rica es verde. Creo que llevo diciendo esa frase desde que aterrizamos desde el DF hace unos 10 días, cuando sobrevolando territorio tico (Diccionario costarricense, lección 1 — tico = relativo a Costa Rica o habitante de dicho país) comenzamos a observar que en cada esquina, en cada cuneta, en cada trozo de tierra sin construir, la naturaleza hacía su magia y empezaban a crecer plantas, árboles y flores sin control.

Además de verde, hemos podido comprobar que Costa Rica es «cara»; tras un par de visitas a supermercados locales pudimos constatar que resulta más barato llenar una nevera en España que aquí. Y si bien el alojamiento es bastante asequible, en casi todas las visitas que hemos hecho (volcanes, cataratas o parques naturales) hemos tenido que aflojar la gallina y contribuir al mantenimiento de todas esas joyas naturales con entre 10 y 15 dólares la visita. También el alcohol es caro, pero como bien sabéis los 3 Willys somos maes completamente abstemios y no nos afectó demasiado… (Diccionario costarricense, lección 2 — un mae es un tío, un pollo, un pavo, un notas, un tipo, un hombre…)

Gallopinto, desayuno oficial en Costa Rica
Gallopinto, desayuno oficial en Costa Rica

Y sí, escribo 3 porque San José nos trajo por fin al tercer Willy de esta aventura. El día 6 de agosto, apareció David en nuestro hostel con su sonrisa de oreja a oreja, quejándose de que los ticos no sabían situar donde está cada cosa en su ciudad, y con una mochila enorme a la espalda de la que varios días después no paran de salir sorpresas (es como la bolsa de Doraemon…).

En San José (un día antes de que llegara David), Guillem y yo tuvimos la oportunidad de hospedarnos con Karen. Generosa hasta la médula y con una pronunciación de erres que todavía nos hace sonreir (los ticos tienen una pronunciación muy parecida a la nuestra pero las erres las pronuncian como si fueran gringos: así pues un carro para ellos es un «carrrrou»), tras dejar atados y bien atados todos los negocios que ella gestiona nos llevó a conocer a sus amigos; en una especie de gimkana de bares en la que pudimos degustar chiliguaros (diccionario costarricense, lección 3 — El chiliguaro es un chupito de guaro, alcoholazo local y tabasco, que sabe a gloria bendita) así como las cervezas locales (aquí hay que acotar que somos más de Pilsen aunque la Imperial es rica también. También hay que acotar que la parte que comentaba de que somos abstemios es bastante trola…). Por si fuera poco, después de que llegara David y tras un día de transición en un hostel, Karen nos volvió a acoger en su casa (esta vez a los 3 y a Lisa, una jovencita alemana que también anda viajando por aquí y que no podía hacer más gracia cuando bailaba TODAS las canciones de la misma forma…), nos llevó a visitar el volcán Irazu y nos enseñó de nuevo las bondades de los garitos nocturnos de la capital.

Brindando con chiliguaros!
Brindando con chiliguaros!

Tras este primer finde en la capital, cogimos las mochilas y comenzamos el periplo por la costa Pacífica del país; visitando primero las playas de Dominical y Montezuma, pequeños paraísos dentro del paraíso mismo que es este país; «sufriendo» tormentas día tras día, disfrutando de baños en un mar con olas muy divertidas, algún que otro salto desde cataratas, y también algún atracón de marisco local 😉

Como contrapunto al descanso playero, y tras un día intenso de viaje (ayyyyy estas carreteras ticas, donde completas 100 km en 3 horas y media…) llegamos a Monteverde, un parque natural a las faldas del volcán Arenal, en el que una caminata de dos horas nos permitió comprender que será difícil que veamos más vegetación de la que hemos visto en este espectacular bosque nuboso en toda nuestra vida…

El volcán Arenal tapadito... por si refresca
El volcán Arenal tapadito… por si refresca

Y como última parada de esta primera etapa en Costa Rica, nos dirigimos en minibús y barca (cruzando el lago Arenal) a La Fortuna, y más concretamente a San Rafael de Chachagua. En este pequeño pueblito, a las faldas del volcán Arenal y rodeado de un montón de piscinas y ríos de agua caliente, viven los padres de nuestra couch tica favorita (sí, Karen!) y junto a ellos y al resto de la familia Ríos Flores hemos pasado el fin de semana. Dieron para mucho esos 3 días (hoy lunes es fiesta nacional aquí, es el día de la madre): infructuosas búsquedas de osos perezosos, algunas lecciones sobre agricultura y cultivos locales, una divertidísima barbacoa donde David cogió el látigo y nos hizo currar a base de bien en la parrilla a Guillem y a mí, una compra de cervezas nocturna, partidas de naipes… en definitiva, una inmersión en la cultura local que nos ha hecho disfrutar muchísimo y que agradecemos con locura a nuestra familia tica.

El maitre y uno de los pinches en acción
El maitre y uno de los pinches en acción

 

Los Ríos-Flores-Ruscalleda-Aguilar-Vélez
Los Ríos-Flores-Ruscalleda-Aguilar-Vélez

Ahora, siguiendo los consejos de varios viajeros con los que nos hemos cruzado, y pese a que nos queda toda la costa caribeña por recorrer; vamos a hacer el primer gran cambio en nuestro itinerario inicial, y vamos a cruzar durante una semana a Nicaragua, para volver a entrar de nuevo en Costa Rica en 7 días. ¿Las razones? Pues que estamos cerca de la frontera, que mucha gente nos ha recomendado enclaves del sur del país, que llevamos un «adelanto» en el itinerario que nos habíamos marcado inicialmente, y por último pero quizás más importante… que todo el mundo nos dice que Nicaragua es MUCHO más barato que Costa Rica… y la pela es la pela oiga…

P.D. En vez de música, esta vez dejo un vídeo para que comprendan (o no) un poco mejor la idiosincrasia de este país. Parece un perfecto resumen del lenguaje y costumbres ticos:

¡Pura vida mae!

México, por fin

Creo que es la primera vez que cruzo una frontera a pie (sino contamos entrar al Vaticano…). Llegamos a ella en un tren desde Los Ángeles a San Diego, rodeados de freaks que llegaban a la ciudad sureña para la COMIC-CON (la feria de comics más importante ¿del mundo?).

Cogimos nuestras mochilas, y comenzamos a andar hacia el borde junto con un mar de mexicanos que cada día van a San Diego a trabajar y volvían a casa. Después de 10 minutos de pasaportes y visas, ya estábamos en Tijuana. Nuestra primera visión, colas de coches y de gente al sol para cruzar hacia EEUU; más de 3 horas de espera en la otra dirección. Claramente no es lo mismo subir que bajar en esa frontera… Desigualdades…

La frontera de México hacia EEUU
La frontera de México hacia EEUU

Nuestra primera parada era Tijuana, una ciudad “tomada” por gringos que bajan a beber, fumar y hacer todo aquello que no se atreven (o no les dejan) hacer en su país. Nos acogió Fernando, un mexicano muy divertido; que nos dio mucha información sobre la Baja California, y con alma viajera también (nos confesó que quiere escaparse en cuanto sus obligaciones profesionales le dejen para visitar Mongolia y quizás las zonas de Rusia más despobladas). Además, en casa de Fernando compartimos salón con Tony (un holandés errante muy divertido, ayyy esa ayahuasca Tony…) y Tonya (una americana que había bajado a Tijuana al ¡dentista! ya que allí es bastante más barato, y se había quedado por unos días en la ciudad).

Como el plan gringo no nos gustaba demasiado, por la noche nos escapamos a la zona de “juerga” local, cerca del CECUT (el centro cultural de Tijuana). Y aunque no alargamos la fiesta, se demostró que México es otro mundo… en sólo un par de horas nos dio tiempo a asistir a una fiesta celebración del día nacional de Colombia (con himno y bailes incluidos!), y luego a una sesión de karaoke para deleitar al pueblo mexicano con nuestra “hermosa” voz (un saludo afectuoso los Duncan Dhu).

Los Willys antes de asesinar a Duncan Dhu, con su club de fans y con un clon de Tomás haciendo la foto...
Los Willys antes de asesinar a Duncan Dhu, con su club de fans y con un clon de Tomás haciendo la foto…

Sorprendentemente, no fuimos detenidos ni deportados después de perpetrar el atentado musical, y nos fuimos a dormir ebrios de felicidad (y de cerveza, también ebrios de cerveza… sí).

El CECUT
El CECUT

La mañana en Tijuana nos sirvió para visitar el CECUT (sí, el que está rodeado de fiesta por la noche), dos exposiciones muy interesantes; el World Press Photo 2016 y una exposición sobre la fotografía de Antonio Turok, fotoperiodista especializado en conflictos de América Latina. Como véis, los Willys también se culturizan 😉

¿Sabéis que la ensalada César se inventó en Tijuana? Pues nosotros tampoco, pero paseando por la Avenida Revolución descubrimos el Hotel César, que se jacta de haberlo inventado. Habrá que preguntar al Comidista, que todo lo sabe…

La original Ensalada César
La original Ensalada César

Por la tarde, cogimos otro bus y encaramos hacia Ensenada, una ciudad con puerto rodeada de viñedos, nuestra siguiente parada. Cruzar la Interpeninsular, con el sol bajando por el Pacífico, fue sin duda uno de esos momentos que vamos a recordar durante todos estos meses.

En Ensenada nos acogió Jorge, un chico de 25 años muy divertido, que nos contó 1.001 historias y datos sobre la ciudad; nos llevó a cenar tacos, a beber cervezas locales, y a disfrutar de la fuente de luz y color que han colocado en el puerto (Si creéis que lo habéis visto todo viendo la fuente de Montjuic… aaaaaay no tenéis ni idea!).

Y también conocimos a Shane. Podríamos escribir un post aparte sobre él, o quizás un blog entero. El bueno de Shane, con 19 años salió de su Australia natal, y decidió que como más disfrutaba era recorriendo el mundo. Ahora, con 60 años, lleva más de 120 países a sus espaldas, puede hablar más de 10 idiomas con fluidez (vietnamita, árabe o diversos idiomas africanos incluidos…) y tratar con él es como abrir una página cualquiera de la Lonely Planet y que él la corrija y la mejore. Pasar con él el día en Ensenada visitando “La Bufadora” (una cueva junto al mar con una orografía especial que hace que el agua salga disparada hacia arriba como un géiser) o comiendo en “Los Guerrerenses” (un puesto de tacos de pescado que no son de este mundo) convirtieron un día normal de viaje en un día inolvidable.

Los Willys en la Bufadora
Los Willys en la Bufadora
Ceviche de Erizo con Almejas
Ceviche de Erizo con Almejas
Tacos Los Guerrerenses
Tacos Los Guerrerenses

Como bien dijo, él aprendió un poco de nosotros y nosotros muchísimo más de él, así que brindamos… “For friendships while traveling!!”

Después de unas cuantas pizzas (ricas!) y algunas cervezas, nos despedimos de Jorge y de Shane, y tomamos otro bus (otro más) hacia nuestra siguiente parada, el pueblito de Mulegé, situado ya en la Baja California sur, en el lado del Mar de Cortés. Tras algunas aventurillas para encontrar hotel (es un pueblo pequeño y todos los hoteles estaban a tope), nos acomodamos, disfrutamos del aire acondicionado, planeamos un poco el resto de días a pasar aquí, y después de 3 días conseguimos dormir en una cama de verdad.

Mulegé es heróica!
Mulegé es heroica!

Hoy mismo, hemos visitado la playa de El Requesón. Parece increíble que en medio de un paisaje tan árido (en todos esos kilómetros en bus nos acompañaron paisajes casi secos, con cactus como único tono verde en el camino…) puedan aparecer playas tan espectaculares como esta. Llegamos a ella desde Mulegé, tras pedir un “raite” (entendemos que viene de “ride”, para nosotros sería hacer autostop…) a una familia que también buscaba una playa donde pasar el día). El Requesón en realidad es una isla, que cuando baja la marea se une con la península a través de una pequeña lengua de tierra. No más de 10 o 15 coches en una playa de un kilómetro, nos permitieron pasar un día genial, e ir dejando atrás los tonos blanquitos de piel que arrastrábamos (a mí me siguen hablando en inglés cuando entro a un comercio o a un bar :-s)

Willy en remojo
Willy en remojo
Otro Willy paseando y explorando
Otro Willy paseando y explorando
Aquí estuvimos...
Aquí estuvimos…

Así pues, gracias México por estos días, y por los que están por venir…

P.D. Escrito en Mulegé, mientras escucho Chicago (pero poniéndole los cuernos a Sufjan Stevens con la versión de la Rosenvinge y Vetusta Morla…)

U.S.A. y los excesos

Llevamos una semana por aquí, y aún estamos intentando ajustarnos a todo lo excesivo que hay en este país. Excesivas las calles, interminables para dos peatones que van evitando los transportes públicos siempre que pueden. Excesivos los edificios; si llevara boina como Paco Martinez-Soria me la habría quitado más de una vez estos días para estrujarla con las manos mientras dejo la boca abierta mirando moles de hormigón. Excesivos los vagones de metro, que entran descarrilando en cada estación y al final, como si cayeran en la cuenta en el último momento, siempre acaban frenando a tiempo.

2016_06_29_01

En definitiva excesiva NY, con sus cláxones sonando (todos excepto el de Casandra), sus 250.000 tipos diferentes de policía, sus ardillas que te siguen a cada paso que das, sus puestos de perritos (uno y no más), sus nombres de barrios con truco (SOHO, NOHO, DUMBO, TRIBECA,… con lo bonito que es decir que yo soy de Santa Rosa…), y sus mendigos que piden de forma educada su tributo (Marki-apadrina-un-homeless…).

Y también excesiva Washington, con sus infinitas avenidas y parques; su calor brutal diurno y su tormenta perfecta nocturna; y excesivo su cementerio militar infinito, que se llama Arlington, pero que podría llamarse «sinsentido».

2016_06_29_02

Todo este exceso y las ganas que teníamos por empezar el viaje; han hecho que nos tomáramos esta semana como un sprint, una carrera por hacer «checks» y ver un millón de cosas en el menor tiempo posible; una locura que nos ha dejado felices por todo lo visitado, pero agotados de cuerpo.

Al menos hemos sido conscientes de ello, y conforme subimos hacia Chicago en un tren larguísimo y plateadísimo, vamos acomodando nuestra cabeza y nuestro ritmo a todo el tiempo que nos queda por delante, a todos los lugares que nos quedan por husmear. «Lento» debe ser nuestra nueva palabra favorita.

Escrito mientras cruzamos en tren los estados de Maryland y Pensilvania… canta Jakob Dylan, que ya no me avergüenza decir que me gusta más que su señor padre.

Como mola viajar en tren.

2016_06_29_03

La ruta, por fin…

«¿Y qué vais a visitar?», «¿Sólo 14 países?», «Pero sino pasáis por Australia no es una vuelta al mundo», «¿Cómo, que no pisáis África?»

Después de llamarte loco, y de expresar su envidia; la siguiente pregunta que suele hacer todo el mundo es qué ruta vamos a seguir estos meses. Este post intentará explicar nuestros planes (a día 1 del viaje) y también servirá para que asentemos un poco más este itinerario en nuestra cabeza.

Para situarnos en antecedentes, Guillem ya estuvo en 2009 viajando durante 14 meses(¿cómo, no te lo ha contado? corre, pide un deseo…); así que hay destinos que podrían entrar en la categoría de «obvios», pero que al final se han quedado fuera para no repetirlos.

sdr

Dicho esto, lo que viene a continuación es una enumeración (RE-APROXIMADÍSIMA) de nuestros planes de viaje. Cualquier parecido con lo que resultará al final será poco menos que una coincidencia, pero al menos lo habremos intentado… Además, conforme nos alejamos del día 1 de viaje, los destinos están más en el aire y menos definidos:

– EEUU (1 mes)

– México (1 mes)

– Costa Rica (15 días)

– Panamá (15 días)

– Colombia (1 mes)

– Ecuador (15 días)

– Perú (1 mes)

– Chile (norte) (15 días)

– Filipinas (1 mes)

– País del sudeste asiático por definir… (1 mes)

– Sri Lanka (1 mes)

– Irán (1 mes)

– Turquía (1 mes)

– Grecia (1 mes)

Venga, por cada destino al que no vayamos… ¡chupito!

Escrito sobre Groenlandia después de una escala «relámpago» a Moscú de cuatro horitas…

De cajas y despedidas

Son días raros, fines de semana que pasas entre cajas, repartiendo besos y adioses, comenzando a echar de menos a gente, intentando sacar un hueco para poder decirle «hasta luego» a todo el mundo; mientras cierras casas, llenas una maleta, renuevas tu carnet de conducir internacional y te vacunas (toda precaución es poca, es posible que entremos en contacto directo con votantes de Donald Trump…). Todo con un punto de emoción y excitación por todo lo que se viene encima, y todo también con un punto de tristeza. Pocas cosas más tristes que una casa vacía, en la que hablas y suena un eco como de tripa de ballena.

Los primeros días me daba algo de apuro (¿pudor?) decir que esa tristura revoloteaba en mi mente, como sino tuviera mucho derecho a ello: «eh tío, encima de que te largas no pretenderás ponerte triste, que lo has decidido tú todo esto…» . Pues sí, caprichoso que es uno; voy a echar de menos a un montón de gente, muchas noches alrededor de raclettes y pizzas caseras, de cervezas y vinos, de la barra de la cocina de mi casa, o viendo a Suárez marcar goles, de encuentros familiares, de conciertos, hasta de issues de Github (carajo, ¿también se puede echar de menos el trabajo?).

No hay nada malo en echar de menos todo eso; lo pienso meter en la mochila, facturarlo y me lo iré administrando en pequeñas dosis…

Delta del Ebro
Delta del Ebro

Escrito mientras sobrevuelo el Delta del Ebro y Caroline Morgan me canta al oído «Where is my home?»