Vacaciones en el mar

Para que veáis que aquí, con el único y altruista fín que no es sino el hecho de entreteneros ;), no reparamos en gastos; hemos invertido en un crucero de 4 días para cruzar la Patagonia de Norte a Sur y así llegar a Puerto Natale.
La verdad es que crucero es una palabra que quizás le viene grande a este ferry llamado Navimag. He aquí una breve descripción de lo que serían las diferencias…

Nada más llegar nos encontramos con unos curiosos pasajeros… Espero que no pagaran mucho por su boleto pues no parecían disponer de camarotes muy cómodos…

 

 

Coñas a parte, pobres animales

Y qué decir de nuestros camarotes?… La obsoleta moda de los grandes espacios da paso a la calidez de la cercanía humana…

 

Duro despertar en el camarote

En el panfleto se anunciaban unas instalaciones que contaban con comedor principal, sala de fiestas, cafetería y pub. Lo que no te decían era que estos cuatro se ubicaban en una sola salita en la que no cabíamos ni todos los pasajeros para comer y se nos llamaba en tres turnos diferentes. Supusimos que fue por esta razón que no tuvimos el placer de ser invitados a la mesa del capitán… No cabíamos…

 

 

No os había hablado de las vistas
Kim “El Principito”

 

 

Cez y su mantita, muy felices de la vida

 

Foto de grupo con Mantita

 

 

No nos cansamos de contemplar el mar

 

Las actividades de a bordo: Proyección de películas chilenas (mención especial a “Mi mejor enemigo” y “Machuca”), charla informativa sobre el Parque Nacional de Torres del Paine y la estrella del programa!! Para el tercer día nos tenían reservado un curso acelerado de subsistencia en alta mar en el “tranquilo” Golfo de Peñas… Incluído en el cursillo iba otro de artes escénicas en el que los pasajeros bordaron las escenas dramáticas. Los mejores papeles fueron interpretados en el cuarto de baño, ahí había chicos cargados de talento. Cabe destacar el realismos de los sudores fríos y los temblores de Kim y en el apartado cómico mi homenaje sentido, muy profundo, a South Park…

 

 

Haciendo de animadores sin ver un duro

 

 

Liam también nos ayudaba a arrancar las noches

También había otra diferencia que saltaba a la vista: el tipo de pasajeros. Escaseaban las parejas de recién casados, las familias y jubilados adinerados. En Navimag el “lujo” se lo marcan los mochileros como nosotros y claro, tanto joven junto crea un clima especial y al final del trayecto éramos todos amigos del alma. Y es que nos encontramos a gente con las mismas inquietudes, gente curiosa, siempre dispuesta a esclarecer las dudas que el mundo le presenta… Como Liam, un irlandés, genio con voz y guitarra, a quién le entró la duda de como de surtida debía de ser la bodega del barco y decidió resolverla pimplándose él solito entre 4 y 5 botellas de vino al día y consiguiendo así acabar con las existencias de la última noche… Tampoco sería tan extraño si las existencias no estuvieran calculadas también para el viaje de vuelta.

 

 

La última noche se animó

 

y no veas como acabó… 

Quiero también destacar que cuando hacía falta madrugar para ver algún paso entre islas de interés, siempre éramos los primeros en cubierta… Llegábamos mucho antes que los demás… Normal cuando aseguras el tiro quedándote despierto toda la noche jeje…

 

 

Amanecer en el barco

 

 

 

Por la mañana el paisage nos impresionaba,

 

 

 

nos generaba euphoria,

 

la gente lo celebraba…
Navimag, un barco feliz! 

 

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