De mi “Paraty” por ser tu!

A medio camino entre Sao Paulo y Río de Janeiro se encuentra el pintoresco (a qué da rabia esta palabra?) pueblo de Paraty. Con su arquitectura colonial y su ubicación privilegiada en una bahía salpicada de decenas de pequeñas islas, atrae el turismo como abejas a la miel. Su gente pues vive del turismo, la pesca y de la tranquilidad que proporciona estar en un lugar tan bonito, porque en efecto, la estampa del lugar es preciosa y más si se coge un barco de pescador y se contempla su perfil desde la bahía.

En la estación de autobús, nada más llegar (veníamos de Sao Paulo), nos encontramos con Rémi, un viajero Francés que conocimos en la fría Patagónia y con quién compartimos noche de refugio en el Parque nacional Torres del Paine y noche de celebración de fin de trek en Puerto Natales… la situación prometía …

 

Una de las calles adoquinadas

 

Vista de una de sus iglesias bajo un cielo amenazador, gentileza de Ana.
Leyendo la guía frente a otra de las iglesias

Después de un paseo por las calles adoquinadas del pueblo, de admirar sus iglesias y degustar una cervecita en una de sus playas, tanteamos algunos pescadores y acabamos adquiriendo la razonable cantidad de un kg y medio de camarones y gambas para 4 personas. Después, compramos algo para una ensalada, las consabidas cervezas, unos “limâos” y una botella de Cachaça, las manos bien limpias y al ataque!

 

Charles y yo comprobando la calidad, le di un curso acelerado…

La fiesta culinaria fue un éxito, volvimos a nuestro querido Chile en que cada noche empestabamos la cocina de las posadas que íbamos colonizando con nuestras bolsas llenas de marisco. La cena se prolongó por más de tres horas y bajo la mirada atónita de otros huéspedes que cocinaban un poco de pasta con salsa preparada degustamos con placer todas las gambas, cocinadas “a plazos” y de maneras muy distintas, hasta algunas tuvieron el placer de ser flambeadas, pero con Cachaça!

Al día siguiente decidimos apartarnos de la turística Paraty y retirarnos a una de las muchas playas de la Bahía que solo pueblan pescadores. Con un barco y tras dos horas y media de relajada y bonita travesía llegamos a la Pouça de Cajaíba, un trozito de paraíso dónde encontramos alojamiento bueno bonito y barato y reencontramos a la feliz familia que ya había conocido en fin de año, Regina con su pareja Nico y sus hijos Sofía y Teo además de una nueva adquisición que bautizamos como la Prima…

Llegada a la Pouça de Cajaíba

 

Posado de Charles en la playa

Qué hicimos? Tomar el sol, bañarnos, visitar la playa de “al lado”, Martin de con preciosa y agotadora excursión a través de la húmeda Mata atlántica (con encuentro inesperado con serpiente incluido), poblada únicamente por surfistas en el cámping la única infraestructura existente. Os imagináis el ambiente no? Tiendas de campaña, surfistas, barbacoas, guitarreo, pelotas de fútbol para dar algunos toques, chicas que juegan mejor que la Ronaldinha i que tienen una figura comparable… solo jóvenes y poco estrés.

 

Primera y agotadora actividad en Pouça da Cajaíba
Ahora sí con la familia feliz, sudados en lo alto del repecho hacia Martin de Sa
Posado en el rio..
Cena, un poco requeimados

También cenamos con la familia de Regina, preparamos la cena juntos e en su casa de la colina, sin luz, solo con velas y el sonido de algunas sambas o música popular brasileña, más guitarreo y relax en las hamacas, más caipirinhas y vuelta a la cama que al día siguiente esperaba un duro día de viaje.

 

Teo tocando una sambinha… acabamos todos bailando!

 

Posado de Ana en Martin de Sa

Por la mañana estuvimos esperando que algún pescador quisiera llevarnos de vuelta a Paraty por un precio razonable,  encontramos a Pedro, el adonis de la isla que nos dejó en Paraty bajo un diluvio y llegamos a la estación de autobuses dónde embaracamos para Rio de Janeiro pero esa… ya es otra história!

         

 Vista de Martin de Sa con la Ronaldinha al fondo…