Mi pedacito de agua

El agua es un bien escaso y esto se nota en Cataluña!

En mi paraíso particular que es Platja D’Aro, mi rincón de cielo en la Costa Brava, dónde aprendí a seguir siendo niño jugando en la calle hasta que me llamaba mi madre, construyendo cabañas y paseando en bici, dónde aprendí a ser adolescente al ritmo de la noche, punto de encuentro de varias quadrillas de amigos de índole diversa y de enorme corazón, tengo mi pedazo de agua…

Y es que echaré de menos a mi mar… Claro! Probablemente vendrá el Índico a intentar seducirme con sus playas exquisitas en Tailandia o Indonesia, por supuesto vendrá el Pacífico y me pedirá que cabalgue alguna de sus olas en playas de la costa Australiana y sin duda el poderoso Atlántico me pillará desprevenido en algún momento de debilidad Brasileña… Pero echaré de menos mi pedazo de agua, mis calas e incluso mi fea playa de altos y sombrientos edificios, ese mar en el que para mi nunca se pone el sol aunque sí emerge de él cada mañana… Echaré de menos mi mar Mediterraneo y especialmente el pedazo de agua de la Costa Brava.

Por eso el otro fin de semana, bien entrada la noche me acerqué para despedirme… Hundí los piés descalzos en la arena, mi pedacito de agua era negro. Le grité que no se fuera y le dí la espalda, creí que por última vez pero me giré sonriente,y entre los dientes solté… porqué regresaré… entonces el viento me dió en la cara y reconozco que le grité “¡Te quiero!” porque ese pedazo de agua es un bocado de mi vida!

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