Mucho más que la mitad (y III)

Desde Mompiche, por pura curiosidad miramos en la web de couchsurfing por si en Puerto Lopez, alguien nos podía acoger. Desde que viajamos 3 hemos dejado de usar la aplicación de la que ya os hablamos, ya que suele ser un poco complicado encontrar a un huésped dispuesto a acoger a tres viajeros, pero la casualidad quiso que apareciera el nombre de Giulia en mi pantalla y que sin mucha convicción le mandara un mensaje.

Qué ilusión cuándo al día siguiente, Giulia nos contestó que si alguien aceptaba dormir en el suelo o en una hamaca éramos más que bienvenidos, sin problema, allí vamos!

Cuándo llegamos después de 14h de bus, muchas más de las previstas, sin internet y sin poder avisar  a nuestra anfitriona, Giulia nos dijo que nos quedáramos en Puerto Lopez (su casa estaba a pocos km) esa noche ya que era tarde para ir y ella había hecho planes pero que fuéramos al día siguiente, que ningún problema. Un poco cansados y decepcionados (porqué nos ilusionaba poder instalarnos sin buscar hostal y estar como en casa, que es lo que suele pasar cuando haces couchsurfing), buscamos hotel, encargamos el tour a la isla de la plata y nos planteamos si nos íbamos directamente hacia Cuenca al día siguiente o si parábamos una noche en casa de Giulia.

Puerto Lopez es un pueblo de pescadores y con la marea baja improvisan partidos de fútbol
Puerto Lopez es un pueblo de pescadores y con la marea baja improvisan partidos de fútbol

Quién nos iba a decir que en lugar de una noche nos quedaríamos anclados, atrapados por la amabilidad y la risa franca de Giulia por 4 noches en la maravillosa casita frente al mar a escasos kilómetros a las afueras de Puerto López.

Pero vayamos por partes, esa noche nos acostamos ya tarde controlando en nuestros móviles como Donald Trump iba tiñendo de rojo los diferentes estados norteamericanos y en la mañana nos embarcamos junto a otros 4 incrédulos Americanos, una Danesa de muy buen ver y su novio Español, una chica alemana y un callado Canadiense hacia la Isla de la Plata.

En el momento de arrancar, uno de los dos motores no funcionaba y después de media hora de grasientas manipulaciones pensamos que ni Galápagos de los pobres ni ocho cuartos, pero después de sacar no menos de 8 bujías del motor de 400 caballos de la lancha y cambiarlas por otras, el capitán anunció que nos podíamos ir.

Una hora más tarde fondeábamos frente a la isla mientras unas 7 u 8 tortugas gigantes y decenas de peces de colores rodeaban la barca esperando los cachos de lechuga que les lanzaba nuestro guía.

Una nueva conquista de los Willys!
Una nueva conquista de los Willys!
La isla de la Plata en todo su esplendor
La isla de la Plata en todo su esplendor

Desembarcamos en la isla y realizamos una caminata por los acantilados observando un montón de curiosos picudos de patas azules, una ave que, como su nombre indica tiene las patas de un color marcadamente azul clarito. Pareciese como si alguien se hubiese dedicado a darle brochazos a todos los ejemplares adultos allí presentes, y sino, juzguen ustedes mismos!

Un macho adulto con dos crías que debido al plumaje parecen más grandes que él
Un macho adulto con dos crías que debido al plumaje parecen más grandes que él.

Finalmente, almorzamos en la barca e hicimos esnorqueling en las frías aguas de la bahía dónde observamos enormes peces globo de colores, peces loro, peces araña y curiosos corales de un verde militar.

De vuelta a Puerto López agarramos un bus para llegar hasta casa de Giulia, nos encontramos con una encantadora Italiana que acoge a menudo animales abandonados, y justo en ese momento acababa de volver de pasar 24h fuera. Las 4 cachorras que acogía en este momento habían evacuado sin piedad en la cocina, dónde se habían quedado encerradas, y una de ellas tenía diarrea, nuestra primera misión fue la de limpiar a las cachorras y alguna, se había revolcado en las heces de su hermana…

Mona y una de "las negras"
Mona y una de “las negras”

Una vez superada la crisis, nos instalamos y descubrimos la preciosa casa de Giulia,  abajo la cocina y comedor, arriba una terracita cubierta, una sala inmensa que hacía las veces de dormitorio y de sala de estar, un precioso cuarto de baño abierto parcialmente por dos lados, sin ventanas para sentir la brisa del mar mientras uno se ducha, se lava los dientes o se sienta en el trono. Nos contó que había llegado allí por casualidad, casi tres años atrás, y que paseando por la playa desierta se enamoró del lugar. Ella y su ex-marido llegaron a un acuerdo con el propietario del terreno que ocupaba una antigua perrera, y con sus propias manos y la ayuda de algunos obreros, levantaron la casa que allí veíamos, aunque ahora hacía más de un año que estaba sola, el marido Colombiano, había vuelto a su país.

La solitaria playa que encandiló a nuestra anfitriona, en 5 días no vimos ni un alma pisar la playa
La solitaria playa que encandiló a nuestra anfitriona, en 5 días no vimos ni un alma pisar la playa

Estábamos asombrados, el lugar estaba en medio de la nada y ella sóla se había dedicado al jardín, el huerto, los animales, sus labores, las reformas… si bien es cierto que el jardín y el huerto habían visto tiempos mejores, nos anunció que en Diciembre probablemente tendría que dejar la casa y no estaba con ánimos para empezar otra vez de cero.

Conectamos de inmediato, Giulia tenía una energía inacabable y lo curioso es que nos dio la impresión que nos acogió bajo su ala protectora, parecía que cuidara de nosotros con ímpetu pero con suavidad, con determinación pero con tranquilidad.

Giulia compró en esta tienda un licor con el que quiso emborracharnos y probablemente aprovecharse de nosotros
Giulia compró en esta tienda un licor con el que quiso emborracharnos y probablemente aprovecharse de nosotros

Se levantó todos los días antes que nosotros, dos de ellos nos preparó un magnífico pastel que devoramos frente al mar, nos explicó como visitar la bella playa de los Frailes en los alrededores, nos tuvo que ayudar con el fuego de la barbacoa, que los tres hombres de la casa no conseguíamos dominar, nos acompañó, aunque estuviera lesionada en el pie al pueblo vecino (nos contó que la lesión se debía a una feroz entrada de fútbol que ella misma realizó a la Italiana, eso es, por detrás y sin opción a jugar la pelota, el día anterior a nuestra llegada) y por último nos acompañó también al lujurioso pueblo de perdición: Montañita.

El pescatero que nos vendió 4 magníficos Jureles que cocinamos a la barbacoa gracias a nuestra destreza
El pescatero que nos vendió 4 magníficos Jureles que cocinamos a la barbacoa gracias a nuestra destreza
Después de muchas horas por fin pudimos degustar el pescado (Giulia no es muy amiga de las fotos)
Después de muchas horas por fin pudimos degustar el pescado (Giulia no es muy amiga de las fotos)

Montañita merece mención aparte ya que en este pueblo de costa lleno de extranjeros solo se viene a surfear, emborracharse, drogarse y ligar.

Aparte de lo del surf y lo del ligue creo que cumplimos con la tradición.

La noche acabó sobre las cinco de la mañana, después de haber bailado sin reposo, con los Willys y Giulia dormitando en el taxi que nos llevó de vuelta a la tranquila casita del mar.

Parte del salón de Giulia
Parte del salón de Giulia

En fin… que lo que tenía que ser una noche de paso se convirtió en 4 noches y 5 días de mucho fluir y nos hubiésemos quedado aún más… pero Perú nos llamaba, y antes de eso una última parada en Ecuador, Cuenca dónde nos íbamos a reencontrar con mi compañero de capoeira en Barcelona, Julien.

Cada día puede uno disfrutar de esto desde la terraza de la casa de la playa
Cada día puede uno disfrutar de esto desde la terraza de la casa de la playa

Giulia no nos permitió despedirnos, la mañana del último día huyó a hurtadillas antes de que abriéramos los ojos y con una preciosa nota y un pastel nos dijo “hasta la vista”, así que un poco nostálgicos, nos plantamos en la carretera con nuestras mochilas y esperamos el bus. Una camioneta se paró y nos subió en su mugriento remolque hasta Montañita, el aire en la cara nos despejó y de allí otras interminables 10 horas de bus hasta Cuenca.

Julien es un chico Francés que se instaló en Barcelona hace 9 años y que hace dos decidió dejarlo todo y ponerse a viajar (¿os suena?), después de estar en Martinica, Jamaica, Cuba, Colombia… el destino quiso que en Cuenca se enamorara de una sonriente Ecuatoriana y decidiera plantarse, momentáneamente, en su vuelta al continente americano, de eso hace ya 11 meses.

Un monasterio lleno de exvotos
Un monasterio lleno de exvotos
Una campesina en el mercado
Una campesina en el mercado

Julien nos dio cobijo en su piso, que alquila junto a un Venezolano en el centro de esta ciudad de estilo colonial. Se portó de fábula con nosotros, me invitó a unirme a su grupo de capoeira en uno de sus agotadores entrenamientos y organizamos una magnífica barbacoa en su terraza dónde ingerimos ingentes cantidades de carne, cerveza y canelazos sin pestañear.

También visitamos el parque Nacional Cajas, otra sobrecogedora caminata de 5 horas a unos 4000 metros de altura entre montañas cubiertas de hierbajos y gélidas lagunas en la que, pese algún problema de orientación inicial, llegamos a buen puerto. Me fascinaron los colores pardos y el brillo de las lagunas, fue una gran despedida de Ecuador ya que al día siguiente entre abrazos y promesas de reencuentros con Julien nos dirigimos a la estación, rumbo Perú!

Humedales y tonos parduzcos
Humedales y tonos parduzcos
Lagunas y más lagunas
Lagunas y más lagunas
Lagunas y más lagunas y más lagunas
Lagunas y más lagunas y más lagunas

 

Mucho más que la mitad (II)

Desde la sierra y después de estudiar varias opciones, decidimos que queríamos conocer el Amazonas.

Como es sabido el pulmón del planeta ocupa gran parte de Brasil, pero también de Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela o Bolivia. El parque nacional Cuyabeno, en el oriente, nos pareció un buen lugar para internarnos en la espesura y aunque el precio era elevado (uno solo puede acceder al parque con un «tour») acabamos disfrutando de 4 días de ensueño entre aguas marronosas, arañas peludas, casas de paja, aves de colores, monos, peces con dientes y nativos sonrientes.

Nuestros aposentos desde el aire
Nuestros aposentos desde el aire

Nuestros guías, Rómulo y Daniel nos acompañaron en caminatas diurnas y nocturnas, explicándonos infinidad de curiosidades, propiedades de plantas y árboles, mostrando huellas de animales, bichos palo, una mantis religiosa de más de un palmo de largo que se subió a mi mochila sin que me diera cuenta…

Un gigantesco puerco espín se había colado en una de las habitaciones!
Un gigantesco puerco espín se había colado en una de las habitaciones!
Turistas a lo Tarzan!
Turistas a lo Tarzan!
La monstruosa Mantis
La monstruosa Mantis

En una canoa remando río arriba pescamos pirañas y observamos la naturaleza, nos enseñaron inmensos termiteros e imponentes panales de abejas, algunas con una capacidad para batir las alas a un ritmo sincopado como si de un ejército marchando se tratara. Os aseguro que nuestras caras de asombro e incredulidad eran para enmarcar cuándo a su orden, todos gritamos y el panal se puso a emitir un sonido de pasos sordo y acompasado «fuuu, fuuu, fuuu, fuuu»!!!

Los innumerables baños en aguas infestadas de caimanes, morenas y pirañas, los delfines rosados de la laguna, el espléndido atardecer que nos brindaron los árboles que surgían del agua y el ardiente sol tiñendo de violeta las nubes, la vuelta de más de dos horas en la más absoluta oscuridad por los meandros del río, el cielo estrellado, el avistamiento de satélites, las hilarantes noches en la zona común antes de acostarnos y un largo etcétera convirtieron lo que temía podía ser un tour ultra turístico y preparado en una pequeña aventura maravillosa.

Sin comentarios
Sin comentarios

Dejamos atrás la húmeda selva para volver a Quito y aunque nuestro siguiente destino era Baños, una ciudad rodeada de ríos, cascadas y aguas termales, la simpatía e insistencia de Juan y Gabi nos desviaron hacia Mindo, un pueblo al oeste de Quito al que fuimos invitados.

Era feriado en Ecuador, un puente de 5 días nos hacía temer kilométricas colas en la carretera. Salimos de Cuyabeno al caer la tarde y Juan recogía sonriente a 3 legañosos Willys a las dos de la madrugada frente a su universidad dónde estaba de guardia, nos dejó en su casa donde tardamos 30 segundos en dormirnos de nuevo y una vez terminada su guardia enfilamos a Mindo sin demasiados percances.

Allí nuestros huéspedes se encargaron que tuviéramos una experiencia inolvidable y familiar. Nos fuimos a hacer “canopy” y disfrutamos como niños colgados de cables entre montañas, imitando a Superman en cada tramo o simplemente admirando los árboles desfilar bajo nuestros pies.

La entrañable barbacoa que preparó el padre de Gabi con una nevera repleta de cervezas acabó en la discoteca del pueblo, dónde seguimos con ron, jugando alrededor de una mesa e interaccionando con los locales en mayor o menor medida, al final de la noche, nueva separación de los Willys y vuelta a casa con más o menos rodeos, más o menos memoria, en definitiva, gran noche y gran resaca que curamos con un excelente desayuno y un chapuzón en las gélidas aguas del río Mindo al día siguiente!

¿Donde andarían los otros 2 Willys?
¿Donde andarían los otros 2 Willys?

Nos despedimos con cariño de nuestros anfitriones y enfilamos hacia la costa. Aunque varia gente nos advirtió, que viniendo del Caribe, el pacífico y sus revueltas aguas puede resultar un poco decepcionante, no nos importó, echábamos de menos el mar.

La llegada a Esmeraldas fue impactante, parecía que hubiéramos cambiado de país, la ciudad, con muchos edificios en estado precario debido al fuerte terremoto que se produjo hace menos de un año, no tiene nada de especial, incluso el renovado malecón, con su moderno paseo repleto de restaurantes parece no pintar nada allí. Lo que nos impresionó era que gran parte de la población era negra, de estilo caribeño, la música, el ambiente, cuesta de definir pero llegamos a la conclusión que la población de la sierra y los del norte de la costa pacífica son de dos mundos distintos.

Una rápida parada en el tranquilo y surfista pueblo de Mompiche, un poco al sur de Esmeraldas, nos sirvió de relajo y puesta al día en internet después de unos días de desconexión entre Cuyabeno y Mindo, el día nublado nos invitó a tumbarnos en una hamaca, leer, jugar a cartas, hacer algo de deporte y cocinar, en definitiva, estar de vacaciones de verdad y abandonar momentáneamente el trasiego que a veces comporta el viaje.

Pescadores en Mompiche
Pescadores en Mompiche
Un pelicano sortea una ola en la playa de Mompiche
Un pelicano sortea una ola en la playa de Mompiche

Más al sur, frente a la costa de Puerto López se encuentra la isla de la Plata, conocida como la Galápagos de los pobres. Una vez comprobamos que el billete de avión costaba no menos de 400$, que la entrada al parque cuesta unos 120$, que cada excursión en cada isla puede costar de 80 a 120$, el alojamiento, la comida… nos dijimos que aunque nos muramos de ganas por conocer este lugar único y extravagante, lo dejaríamos para la siguiente ocasión ya que de los 1200$ por 5 días no se baja, y como diría Nuñez “això no ens ho podem permitir!!!” así que Galápagos de los pobres it is! Y suerte que fuimos allí porqué allí encontramos a Giulia, pero os lo contaremos en el siguiente capítulo!

Mucho más que la mitad (I)

En nuestro obstinado rumbo hacia el sur, antes de entrar a Perú y poder admirar el mítico Machu Picchu, o el desierto de Atacama en el norte de Chile, una ojeada al mapa nos advirtió que un país se interponía en nuestro camino, justo en el medio, como el jueves, un país que pretendíamos cruzar en unos 15 o 20 días, casi de puntillas, una especie de trámite: Ecuador.

Dejamos Colombia a desgana, arrastrando los pies, nostálgicos, 40 días en el país cafetero fueron suficientes para amarlo, pero totalmente insuficientes para conocer todos sus rincones y disfrutar a fondo de su gente.

¿Qué sabíamos de Ecuador antes de llegar a él? Que la famosa línea imaginaria que parte el mundo en dos mitades iguales, como una naranja, le da nombre (¿o era al revés?), que posee unas islas, pacífico adentro, con una variedad de animales casi mágica, y que su presidente actual es Rafael Correa. Sinceramente, poco más.

Pues bien, desde el primer momento al último, Ecuador nos cautivó y al final, el mes que hemos disfrutado recorriéndolo, ha sido, a todas luces, insuficiente (una vez más, sí).

A grandes trazos, descubrimos que Ecuador consta de 4 partes bien diferenciadas, a saber: (1) La Sierra, como llaman a los Andes, la gigantesca cicatriz que atraviesa sur américa; (2) El Oriente, ocupado por la espesura Amazónica; (3) La costa Pacífica, a priori no tan atractiva como el Caribe y (4) las famosas Islas Galápagos.

Resulta que entramos en la mitad de la tierra tocando el cielo, primero en Ibarra a 2200 msnm, en la que rodeamos la laguna de Yahuarcocha, vigilada por bonitos montes redondeados de tono verde parduzco y tuvimos una alocada noche en la que los Willys se acabaron separando. Uno perdió su forro polar, otro se quedó dormido en casa ajena sobre un cómodo sofá y otro último acompañó un grupo de presuntos delincuentes a dos fiestas privadas después de la discoteca!

La Laguna Yahuarcocha
La Laguna Yahuarcocha
Aunque nos costó...
Aunque nos costó…

Nuestra segunda parada, Otavalo, se encuentra a unos 2550 msnm y nuestro primer “trekking” serio del viaje consistió en subir al Fuya Fuya. Hollamos cima a 4263 msnm después de ascender desde la preciosa laguna de Mojanda, era lo más alto que ninguno de los 3 había estado nunca y lo notamos en el trayecto con numerosas paradas para recuperar el aliento. El último tramo constaba de una “grimpada” un poco vertiginosa y aunque la niebla no nos dejó ver mucho desde la cima, estábamos satisfechos y sonrientes mientras descendíamos de nuevo entre los hierbajos hasta la laguna.

Coronamos el Fuya Fuya
Coronamos el Fuya Fuya

Al día siguiente fuimos hasta la laguna Cuicocha, a los pies del volcán Cotacachi. La laguna, en realidad, es un cráter secundario del volcán, tiene dos pequeñas islas en medio y en unas 3 horas le dimos la vuelta pudiendo admirarla en todo su esplendor y bajo todos los ángulos, la luz era preciosa y como guinda final las nubes que envolvían la cima del volcán escamparon permitiéndonos admirar el blanco y escarpado pico. Yo me entretuve con una pareja de franceses que me contaron como él, de los 12 a los 15 años había viajado por el mundo en velero con sus padres, no podía parar de soñar despierto!

Los Willys en la laguna Cuicocha
Los Willys en la laguna Cuicocha

El hostal de Otavalo era muy acogedor, regentado por una pareja, él Ecuatoriano, ella Española y nos dedicamos a cocinar y a recuperar fuerzas con un gran plato de pasta boloñesa. Aún así un percance con el ebook de David, que rompieron durante la limpieza de la habitación, nos dejó un poco de mal sabor de boca; aunque después de una corta discusión, el gerente nos ofreció dos noches gratis.

Finalmente visitamos el mercado, tanto el de artesanía, con miles de artículos de suave alpaca (bufandas, coloridos ponchos y pantalones), cuadros, figuritas, juegos de mesa tallados en madera y artículos de cuero… como el de abasto, con la sección de frutas y verduras y su gran gamma cromática y la igualmente olorosa sección de viandas sin refrigerar con bellas y lanudas cabezas de carnero expuestas con sus incisivos asomando casi al lado de un cerdo entero cocido con arroz y verduras en su interior, todo muy higiénico.

Frutas y verduras
Frutas y verduras
Peppa pig
Peppa pig

Aunque no somos especialmente maniáticos, esta vez, nuestros estómagos no nos permitieron almorzar allí y pronto nos dirigimos a nuestro tercer destino en Ecuador, Cayambe.

Este pequeño pueblo se encuentra muy cerca de la latitud 0-0-0 y está dominado, en los días claros, por el imponente volcán de idéntico nombre, un nevado que parece que viste una suave y blanca «barretina» y se eleva hasta los 5790msnm.

El ridículo monumento a la mitad del mundo
El ridículo monumento a la mitad del mundo

Primero visitamos un feo y ajado monumento a la mitad del mundo, una bola de cemento en una polvorienta carretera que no ha visto mantenimiento en siglos, fue nuestro primer contacto con el Ecuador como línea imaginaria, después buscamos unas aguas termales que nos dijeron eran gratis, no señalizadas, en el fondo de un imponente valle que descendimos y volvimos a subir con la cola entre las patas, al ver que las termas en cuestión eran una piscina sucia y con el agua fría, para finalmente sumergirnos en unas aguas termales de pago a un par de km de allí.

Descendimos unos 400 metros hasta la nada para volver a subir
Descendimos unos 400 metros hasta la nada para volver a subir
El agua que llegaba era como mucho tibia, la obra había visto tiempos mejores.
El agua que llegaba era como mucho tibia, la obra había visto tiempos mejores

Enardecidos por nuestra excursión al Fuya Fuya, al día siguiente, nos animamos a subir al Cayambe hasta dónde la nieve nos lo permitiera. El día se levantó espléndido, ni una sola nube, un cielo azul cobalto dejaba paso a un azul turquesa brillante cuándo subí a la terraza a echar un vistazo a las 06h30 de la mañana, visibilidad perfecta, la nieve del Cayambe ya nos cegaba mientras lo mirábamos de reojo a eso de las 7h30 de la mañana dirigiéndonos al taxi con el estómago lleno de los ricos pero pesados bizcochos de Cayambe.

Una rápida negociación con Rodrigo y ya estábamos en el coche camino de la falda del nevado. Nuestro simpático taxista, ex-presidiario, como denotaban sus tatuajes difuminados, decidió que también nos acompañaría en la excursión y no solo se quedaría esperando en el coche, para nosotros fue un placer.

La verdad es que fue otra maravillosa experiencia, gracias a la pericia de Rodrigo al volante subimos hasta unos 4200msnm por una tortuosa y pedregosa carretera y de allí seguimos andando y jadeando, primero al refugio y después hasta la laguna dónde empieza el glaciar, a unos 4950msnm.

Recuperando el aliento
Recuperando el aliento

Nuestra falta de equipamiento nos impedía avanzar más allá, ni una sola nube había empañado la cumbre y nos quedamos largo rato admirando la inmaculada capa de nieve que se extendía delante nuestro y el grisáceo glaciar que se alzaba escarpado a nuestra derecha. En la lejanía podíamos distinguir la forma cónica de otro volcán, el Cotopaxi a casi 100km de distancia a vista de pájaro.

Dos aguerridos turistas y su guía descendían encordados, y mientras se descalzaban los crampones les pregunté. Habían salido a las 12h00 de la noche, eran cerca de las 11h de la mañana y descendían agotados después de haber visto el amanecer en la cumbre.

Los afortunados alpinistas a punto de salir de la lengua de nieve
Los afortunados alpinistas a punto de salir de la lengua de nieve

Me quedé con unas ganas tremendas de hacer cima yo también pero los precios y el tiempo requerido eran prohibitivos.

De Cayambe nos fuimos a la capital dónde nos esperaban Juan y Gabi, dos amigos militares y paracaidistas que David conoció en Colombia. La pareja y su hijo, no sin antes regañarnos por habernos instalado en la zona “peligrosa” de la ciudad, dónde las prostitutas básicamente, nos dieron un bonito tour por la ciudad nada más llegar y fueron unos magníficos anfitriones en una barbacoa que acabó en bailoteo la noche de Halloween en la zona de más fiesta de la ciudad.

BBQ militar
BBQ militar
La fiesta en Quito!
La fiesta en Quito!

Paseamos por el centro histórico más grande de latino américa, discrepamos un poco con el título de ciudad más bonita del mundo, disfrutamos de las espectaculares vistas que ofrece el imponente teleférico de la ciudad, este, asciende vertiginosamente 1100 metros verticales en escasos 8 minutos, me reencontré con una compañera de trabajo que llevaba sin ver unos 9 años mientras David y Álvaro visitaban un museo de la aviación, visitamos, ahora sí el cuidado monumento/museo de la mitad del mundo y nos perdimos, por poco, un conciertazo de Metallica, todo muy completo!

Solo habíamos visto la zona de la sierra… quedaba mucho por descubrir!

Buseando

Nota previa: Este es el relato del trayecto entre Quito y el parque Nacional Cuyabeno, en el Amazonas, y aunque todos son diferentes podría perfectamente ser otro viaje en bus en centro américa o otro país sudamericano.

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El Pichincha vigila la ciudad de Quito desde las alturas (4784 msnm)

Llegamos a la estación con tiempo, son las 20h30 y el bus no sale hasta dentro de una hora, nos paseamos por las tiendas de la estación y aprovechamos para comprar agua y alguno, provisiones para picar durante el trayecto.

Sobre las 21h nos dirigimos al andén, en el bus, el conductor y su fiel acompañante, el ayudante, que es el que carga la bodega, cobra y está pendiente en todo momento de los que suben o bajan del bus, además no deja de gritar a los 4 vientos su destino cuando pasa por una población, intentando captar siempre nuevos pasajeros.

Son las 21h30 y el bus está listo para salir de la recién estrenada terminal terrestre de Quito. Sorprendentemente el bus tiene WiFi y más sorprendente aún, funciona!

El bus está prácticamente vacío y lo aprovechamos para sentarnos cada uno en dos asientos, compruebo que son bastante cómodos, lo reclino al máximo, me descalzo y coloco los pies en el reposapiés, chequeo rápidamente el móvil y saco mi libro. La televisión se enciende y ponen una malérrima película (que además ya han puesto en otro trayecto anterior), decidido a seguir leyendo el libro que ahora me tiene atrapado (Matar a un ruiseñor), clavo mi mirada en el libro electrónico, pero el sonido de los continuos terremotos, los edificios hundiéndose, el musculado Don Johnson salvando a su familia de un gigantesco tsunami conduciendo una lancha mientras sortea los contenedores que caen de un carguero (escena imperdible), me distraen mucho, los ojos se me van a cada rato y acabo por apagar el ebook resignado.

Veo que David juega al mouss en su Ipad y Álvaro escucha algo en su móvil.

Por la ventana, la ciudad de Quito se extiende en luminosos puntitos por el valle, estamos en la cima de una loma a la que el bus ha subido en este tiempo sin que me haya dado cuenta y de golpe, desaparece, mientras enfilamos hacia el oriente.

Una puerta separa la cabina del conductor del cuerpo del autobús, cada vez que esta se abre se escucha “bachata” o salsa a todo volumen, parece que el conductor no se va a dormir.

La primera película (San Andreas) deja paso a otra, peor si cabe, mis ojos se posan en el televisor sin poder evitarlo, a media película y sin previo aviso, se apaga la tele, fundido a negro, me quedaré sin saber si Steven Seagal atrapa a los malos en esta nueva entrega de poli duro capaz de sacudir a tipos tres veces más grandes que él.

Por fin me dispongo a leer, pero a las pocas páginas se me cierran los ojos.

Abandono y me duermo, me despierto poco en la noche mientras el bus da bandazos, por suerte controlan el aire acondicionado y uno no se congela como pasaba en Colombia hasta niveles absurdos (la gente subía con mantas y gorros aunque fuera hacía 30ºC, nosotros echábamos mano de toda nuestra ropa de abrigo en cada trayecto).

A partir de las 06h30 el bus empieza a clavar frenos y acelerar cada pocos metros. En medio de la carretera, esperan estudiantes uniformados, madres con hijos en brazos, señores con bidones en las manos, el bus abre la puerta todavía en marcha (si es que la había cerrado en el frenazo anterior) frena lo justo para que el ayudante baje mientras apremia a los pasajeros, coloca algo en la bodega si es necesario y sube de nuevo a la carrera mientras el bus ya ha arrancado para seguir su camino.

A los pocos metros la operación se repite, el bus que iba semivacío se llena hasta los topes, en el pasillo ya no cabe nadie más, o eso parece, el sol naciente entra cruel por la ventanas con las cortinas descorridas atormentando mis ojos legañosos, el paisaje ha cambiado mucho, de la sierra a casi 3000 msnm hemos bajado al oriente, ya estamos en zona amazónica, la frondosa selva se extiende a lado y lado de la carretera.

Una música machacona con éxitos de ayer y de siempre suena por los altavoces, llegamos a una escuela, los niños uniformados bajan, observo como uno se arregla el nudo de la corbata mientras se acerca a la puerta de la escuela.

El trajín es continuo y tardamos 3 horas en recorrer escasos 80km.

Por fin llegamos a Cuyabeno y dejamos el bus, antes de que nos hayamos dado cuenta, el ayudante ha bajado del bus, ha sacado nuestras mochilas y las ha dejado a un lado de la carretera, un rápido saludo al conductor al bajar y cuándo el último de nosotros aún no ha puesto el pie en el suelo, el bus ya ha arrancado hacia su próximo frenazo, el ayudante alcanza el bus con una corta carrera y nos deja aún medio dormidos y cansados, son las 09h de la mañana, hemos llegado a nuestro destino!

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El río Cuyabeno

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Atardecer en la laguna

Libros viajeros (…3)

Siempre que se acercan las vacaciones o un viaje largo me regocijo con la oportunidad que se presenta para leer.

En Barcelona me desplazo a pie o en bici la mayoría de las veces y en casa raramente encuentro el tiempo necesario, los compromisos, la tele o el ordenador y una agenda que me encargo de mantener siempre apretada, me distrae de una de las cosas que más me gustan, leer.

Además, si encuentro momentos, suelen ser pocos y espaciados en el tiempo, (o me quedo dormido rápidamente si es por la noche y en la cama bajo el edredón) lo que me hace insoportable leer libros que sean muy densos, en el viaje en cambio, sobretodo en largos desplazamientos de bus o tren, uno puede leer durante horas y me sorprendí leyendo y disfrutando, «El Quijote» hace años o «Crimen y castigo» en este viaje.

Hace 8 años ya escribimos dos posts sobre libros viajeros y algunas cosas han cambiado desde entonces, en realidad el principal cambio (más práctico y mucho menos romántico), se llama «libro electrónico».

En efecto, antes, íbamos cargando pesados libros en las ya de por sí, pesadas mochilas y una de las mayores satisfacciones era el intercambio de libros entre viajeros o en los “bookstores”, de pronto y sin esperarlo, en alguna parada, en un encuentro fortuito, alguna perla podía caer en tus manos (y alguna basura claro está), recuerdo una chica corriendo tras nuestro autobús y haciéndolo parar para poner en nuestras manos el hilarante “Cuatro amigos” de David Trueba sobre el que nos había hablado la noche anterior.

Los libros iban rotando primero entre los 3 compañeros de viaje, como ahora, pero había que esperar a que el otro acabara de leer, ahora, con un simple traspaso de archivo, voilà!

Nos recuerdo también, a menudo, leyendo con el frontal, como a hurtadillas, para no molestar a los demás, ahora, con una pantalla iluminada ya no es necesario.

Con el libro electrónico, uno puede cargar una auténtica biblioteca encima y la verdad es que hemos devorado ya unos cuantos, os dejo algunos de los títulos y si queréis hacer recomendaciones o comentarios bienvenidos sean!

-“Las crónicas marcianas” y “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, un gran descubrimiento para mi, si no los conocéis no os los perdáis, sobretodo el primero, sin ser un gran amante de la ciencia ficción lo encontré de una gran belleza descriptiva. Presenta el lento intento de colonización de Marte por parte de los terrícolas e inventa paisajes oníricos, volátiles y poéticos. El segundo es un ardiente relato de control del estado y la lucha de varios héroes contra el pensamiento único (al estilo 1984 de George Orwell).

-“A sangre fría” y “Desayuno con diamantes” de Truman Capote, dos clásicos deliciosamente escritos, el primero una larga investigación policíaca con las miserias de los dos desgraciados y despiadados asesinos, el segundo como una obra de teatro de gran ritmo, sobretodo con los monólogos de Holly.

-“Zorba el griego” de Nikos Kazantzakis, si lo abrís os enamoraréis de Zorba y de su visión de la vida, un Simbad de los mares, un trabajador incansable, un mujeriego empedernido, un hombre que honra al dios Baco con juergas, bebida y música diarias.

-“Crimen y castigo” de Fiódor Dostoievski o como descender a los infiernos de la mente humana cuando a uno le atenaza la culpabilidad.

-“Trainspotting” y “Porno” de Irvine Welsh, uno ya no puede leer a Rents sin ver a Ewan Mcgregor o a Begbie sin ver a Carlile, volvimos a ver la película de Danny Boyle y nos gustó tanto como hace 10 años, con ganas de que salga ya la segunda parte!

-“El guardián entre el centeno” de Jerome David Salinger. Holden Caulfield escupe odio, paranoia y palabras al mismo ritmo que se amontonan en su cabeza.

-“Ha vuelto” de Timur Vermes, o qué pasaría si de pronto Hitler apareciera vivito y coleando en el Berlin de nuestros días, como si hubiera entrado en un túnel del tiempo justo antes de suicidarse en su bunker de Berlin.

-“Me voy” de Pepe Rubianes, soy fan de este hombre y no puedo ser objetivo, un libro póstumo en el que derrocha placer de vivir y «je m’en foutisme» y explica el linchamiento al cual fue sometido por parte de la derecha más casposa y cavernícola.

De momento es todo pero en la recámara esperan Kapuscinski, Gabriel García Marquez, Eduardo Mendoza o Arturo Perez Reverte así que os dejo para descubrir estos nuevos mundos.

Gracias!

Reproducimos un mail recibido esta semana que nos ha hecho muuuuuuuuucha ilusión. ¡Cómo nos gustan las visitas!:

Por fin sacamos un rato tras volver de Colombia para enviarles un mail a los tres de parte de Edurne y mía. Para empezar, mil millones de gracias por los días que hemos pasado juntos. Qué buena elección fue unirnos a los Willys durante unos días en medio de su pequeña aventura de un año!

Empezamos por una noche de reggaetón y baile en Bogotá (incluido Álvaro, lo que no deja de sorprenderme) donde ya pudieron conocer a la auténtica Edurne. A la tarde siguiente, cogeríamos una guagua (chihuahua para David) cuya única entrada era por debajo de los tornos, y otra a Zipaquirá, pueblo divertido y animado donde los haya. Allí, visitando la Catedral de la Sal y su Via Crucis, pudimos aprender todas las interpretaciones que se le puede dar a un montón de cruces iguales (maravillas religiosas patrocinadas por Powerade). Además, afortunados ustedes, esa noche pudieron comprobar mis cualidades jugando al Jungle Speed.

Tras llegar a San Gil antes de lo previsto (benditas estimaciones de tiempo colombianas), llegó Barichara (Guillem, cómete unas hormigas culonas en algún otro sitio del mundo en mi honor!). Después tocarían 17 horas de gélida guagua a Cartagena (tras las que pudimos aprender los efectos que tienen las alturas sobre los gases en las personas, gracias David), donde creo que empieza la mejor parte del viaje.

Para empezar, la casa maravillosa que nos dejaron (mil millones de gracias a tus parientes, Guillem!!), la cena en La Mulata, la moto de agua, la pasta bolognesa para vegetarianos de Álvaro, las tortillas de Guillem, el bar de prostis, los bailes Donde Fidel, el juego de las palabras (con la ciénaga de David incluida), los ratos de Mafia, los zapatos de agua, el NO porque me da la gana. Y para rematar, la Isla del Pirata, las langostas, el ron, el ceviche, el agua cristalina, más mafia, más ron, más cerveza, el atardecer, la sirena de David, el baño de madrugada bajo las estrellas. Volvía tan feliz que no podía evitar ir saludando a todos los barcos a la vuelta…

Tras esto, Santa Marta, donde David sufrió esperando unos espaguetis bolognesa y donde pudimos comprobar la normalidad con la que se trata una puñalada aunque tenga lugar en la cuadra de al lado. Partimos para Tayrona sin Guillem (aunque yo me empeñara en que seguíamos siendo 5 todo el rato), donde tocó caminar, sudar, sudar, sudar, y al fin disfrutar de una playa increíble y de un alojamiento con todas las comodidades de la vida moderna. Aprendimos sobre las monterías en Andalucía y justificamos a través de los mosquitos la pereza que nos daba a todos ducharnos para pasar una noche histórica viendo la firma del acuerdo de Paz con las FARC. Al día siguiente, tocaba vuelta a Santa Marta, donde nosotras ya cogeríamos otro rumbo y donde ya podrían comprobar todos lo fantásticamente bien que llevo las despedidas 🙂 jaja

 

En definitiva, unos días increíbles chicos y un viaje muy especial para las dos. Somos conscientes de que se han tenido que adaptar a nosotras, a nuestros tiempos, y darse más prisa en algunos sitios de lo que les hubiera gustado, y se lo agradecemos muchísimo. Nos hemos sentido genial con ustedes, y me ha encantado poder conocerles más a todos, hijueputas gonorreas malparidos (el vicio que tienen a Narcos también es remarcable, pero no vamos a entrar en ello jaja). Han superado cualquier expectativa chicos :). No sé dónde les volveré a ver, pero donde sea que esté cuando vuelvan están más que invitados y son más que bienvenidos 🙂

Muchísimas gracias a los 3, un abrazo enoooooooooorme y besos de las dos!!!

Edurne y Elena

Colombia es infinita

Llevamos casi un mes en Colombia y (al menos personalmente) puedo decir que es el país en el que más estoy disfrutando. Quizás por la diversidad de paisajes que hemos visto, quizás (posiblemente) por las Willys que nos visitaron y acompañaron unos días, quizás por lo bien tratados que nos hemos sentido por nuestra «familia colombiana» o tal vez por los hechos «históricos» que nos han tocado vivir en estos días; estas últimas tres semanas en Colombia están siendo muy especiales.

Colombia infinita
Colombia infinita

Comenzamos nuestra ruta colombiana hace unos 20 días aterrizando en Medellín desde Panamá City (voy a obviar el episodio previo al vuelo que nos sucedió con la compañía vivacolombia, os lo resumo en una frase «No voléis con esa aerolínea de mierda sino es estrictamente necesario»). La cosa es que al llegar a Medellín nos encontramos una ciudad que quiere despegarse del cliché de ser la cuna de Pablo Escobar y su cártel de “malparidos gonorreas e hijoeputas”, una ciudad enorme e inabarcable que está progresando a base de construir bibliotecas y mejorar los transportes públicos en los barrios más marginales para intentar reducir todas las desigualdades sociales que (aún) existen entre unas zonas y otras. Disfrutamos por primera vez de esculturas de Botero (que ha donado gran parte de su obra al pueblo colombiano), de su jardín botánico, y pudimos agarrar uno de los teleféricos que llegan a las zonas más deprimidas (favelas).

Botero everywhere
Botero everywhere
Escalando Medellín
Escalando Medellín

En el centro cultural de uno de estos barrios (la Colonia 13), asistimos al homenaje que un festival de cine local le ofrecía a Salvo Basile. Su nombre quizás no suene mucho en España, pero Salvo es un actor/director/productor de cine italiano afincado aquí en Colombia que es toda una celebridad (tomar una limonada con él en una terraza de Medellín se convirtió en una sucesión de fotos de fans…), que ha trabajado en innumerables películas internacionales (como Holocausto Caníbal!!!) y que por si fuera poco trabajó con Bud Spencer y Terence Hill…

Además de todo esto, que no es poco, Salvo y Jacqueline (su esposa, pariente de Guillem), así como sus hijos Alessandro y Jerónimo; pusieron todo de su parte para que nuestros días en Colombia fueran inolvidables: nos invitaron a su casa (y a su isla!) y nos hicieron sentir que tenemos familia colombiana…

Tras Medellín, encaramos el primer trayecto en carretera (nuestros amigos los buses…) y visitamos la villa de Guatapé, un colorido pueblo de interior que se reinventó a sí mismo después de que el gobierno hace unos 50 años decidiera construir una presa que inundó medio pueblo. Lejos de darse por vencidos, los guatapeños decidieron empezar a decorar todo el pueblo a base de murales en las casas, y ahora se ha convertido en todo un icono de la región de Antioquia. Desde Guatapé nos acercamos a visitar el Peñón, una enorme piedra que domina todo el valle del Embalse del Peñol, y sin duda una de las mejores vistas del país.

En lo alto del Peñol
En lo alto del Peñol

Muuuuuuuchas horas de autobús después, por fin llegamos a Bogotá. La capital colombiana es una urbe enorme que nos atrapó desde el principio. Alojados en el barrio antiguo de La Candelaria, después de visitar la plaza Bolivar, el palacio de Nariño (residencia del presidente de la República), el museo del Oro y el INCREÍBLE museo Botero; nuestra primera noche teníamos una misión muy importante, celebrar el cumpleaños de David como merecía. Sólo decir que cumplimos la misión con creces, en una discoteca de lujo regentada por Jerónimo (primo de Guillem) y en la que tres mochileros zarrapastrosos apenas llamaban la atención entre chaquetas y trajes de noche…

Bogotá desde las alturas (y no, no es una maqueta...)
Bogotá desde las alturas (y no, no es una maqueta…)
Celebrando el cumple de David... con espontánea incluida
Celebrando el cumple de David… con espontánea incluida

Tras un día protocolario de «recuperación tras juerga», en el que nuestra mayor actividad fue tragarnos 7 episodios seguidos de Narcos (viva el cable hdmi que compramos dos días antes), el sábado por fin se unieron a nosotros Elena (la blanquita) y Edurne, canaria y vasca amigas y residentes en Barcelona que con gran criterio decidieron pasar parte de sus vacaciones con nosotros. Con ellas emprendimos el viaje en bus (en unos cuantos buses y cientos de kilómetros…) hacia el Caribe; con paradas reseñables en Zipaquirá donde visitamos una catedral construida en el interior de una mina de sal (muy loco todo); o en los pueblos de Barichara y Bucaramanga, pequeñas maravillas del interior del país.

El equipo al completo en la Catedral de Sal
El equipo al completo en la Catedral de Sal

Después de un fugaz paso por Barranquilla (ay Shakira hija, vaya pueblo feo que tienes…) en el que no bajamos del bus, llegamos por fin a Cartagena de Indias, una ciudad colonial maravillosa, capital del caribe colombiano. Alessandro (el otro hijo de Salvo) se había propuesto bajar nuestra media de gastos del viaje y nos alojó en su maravillosa casa en el arrabal de Getsemaní, muy cerquita del centro histórico; y allí, entre gatos, gallos y algún mosquito, establecimos por unos días nuestra base, y se lo agradecimos cocinándole unos espaguettis bolognesa (a él, que es vegetariano, buen trabajo Willys…) y un par de tortillas de patata del chef Ruscalleda. Jugamos mil partidas a Mafia. Bailoteamos toda la salsa que pudimos. Y ron y cerveza diría que no bebimos durante esos días… creo…

Elena y David motorizados
Elena y David en Cartagena motorizados
David en la casa del árbol de Cartagena
David en la casa del árbol de Cartagena
La casa del árbol en Cartagena II
La casa del árbol en Cartagena

Además, uno de los días tuvimos la oportunidad de visitar y dormir en la Isla del Pirata (gracias otra vez a Salvo y Jacqueline), una isla paradisiaca situada en el archipiélago de Islas del Rosario, haciéndonos sentir como viajeros de lujo. 13 personas en toda la isla (8 huéspedes y 5 trabajadores), unas cabañas de lujo encima de una playa y un pescador que se acercó con un cubo lleno de langostas a precio de risa de las que dimos cuenta en una cena genial bajo las estrellas(tenacitas lo hubiera querido así…).

Relax en la isla del Pirata
Relax en la isla del Pirata
Tenacitas al ajillo en la Isla del Pirata
Tenacitas al ajillo en la Isla del Pirata

Nuestro siguiente destino fue el parque Nacional de Tayrona (sí, donde Shakira quería a llevarse a Piqué en la cancioncita de la bicicleta que apenas hemos escuchado unos doce millones de veces…). Con Guillem aún convaleciente de la lumbalgia descansando en Santa Marta, los otros cuatro willys visitamos el parque, pasamos la noche en hamacas bajo las estrellas, y vivimos un momento (que creímos histórico) como fue la ceremonia de la firma de paz entre el gobierno colombiano y las FARC, mezclados entre locales en la única choza con TV de toda la zona.

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Escuchando los acuerdos de paz de Colombia en Tayrona
4 willys en Tayrona
4 willys en Tayrona

Tras esta aventurilla con la naturaleza, nos despedimos con todo pesar de nuestras Willys temporales, que agarraban un vuelo hacia la zona cafetera (que nosotros visitaremos más tarde), y volvimos a recoger a Guillem a Santa Marta. Recuperado (casi) de su espalda gracias a la hospitalidad de otros parientes suyos, en este pueblo de mar nos llegó la noticia de que una tormenta tropical llamada Matthew se estaba acercando a la zona, lo que retrasaba nuestro plan de conocer el Cabo de la Vela, uno de los puntos más al este del caribe colombiano, casi fronterizo con Venezuela. Mientras Matthew se convertía en un huracán de fuerza 4 (y luego 5), pasamos un par de días «tranquilos» en Santa Marta, y visitamos el pueblo de Minca, un paraje montañoso y fresco donde disfrutamos de la gastronomía local (unas pizzas italianas buenísimas y unos woks tailandeses igual de ricos…)

Una vez que el huracán comenzó a subir hacia Jamaica pero con la incertidumbre de una climatología poco estable, emprendimos viaje hacia Palomino, un pueblo costero espectacular pero ahora deslucido por los estragos de la tormenta. Allí pudimos vivir en primera persona la decepción del resultado del referéndum organizado por el gobierno de Santos acerca del acuerdo de paz con las FARC. Nuestra sensación, como la de la mayoría de colombianos con las que tratamos (excepto notables excepciones) es que se trataba de un resultado fatal para Colombia. Si bien podría no ser el mejor acuerdo, haber conseguido que el pueblo refrendara con sus votos la paz firmada con la guerrilla, era sin duda una oportunidad que ahora parece perdida para los colombianos (¡aunque esperamos que no sea así!).

Tras Palomino, nos armamos de valor (y sobre todo de paciencia) y nos encaminamos hasta la zona del Cabo de la Vela. Este pueblito dominado por indígenas guajiros, bastante aislado del resto del país (normalmente se llega en 4×4 cruzando el desierto que lo rodea), sin agua corriente y con suministro de electricidad limitado a algunas horas, se había convertido por obra y gracia de Matthew en una piscina gigante, inundando las calles principales de agua de mar y peces muertos, y llenando de agua la mayoría de «hostels» donde se supone que deberíamos dormir. Acabamos parando en una escuela de kite-surf en la misma playa, en unos chinchorros (una especie de hamáca más cómoda y amplia) al aire libre. Allí conocimos a Andrew, un peculiar jamaicano instructor de kite; y a Pablo, un santanderino residente en Barcelona que llegó a la zona expresamente para darle caña a la cometa, y que nos hizo entender como en un desierto como aquel había podido caer tantísima agua (¡¡madre mía los santanderinos!! si os fueráis a África arreglábais las sequías en dos días).

Cabo de la Vela tras el paso de Matthew
Cabo de la Vela tras el paso de Matthew

Ayer, ya comenzando nuestra ruta con destino al eje cafetero y más tarde a la frontera con Ecuador, acabamos «por casualidad» en la isla de Mucurá, otro pequeño paraíso caribeño enfrente de Santiago de Tolú; en el que anoche despedimos los atardeceres en el Caribe, rodeados de cocoteros, arena y sal; y donde hemos comenzamos a echar de menos este mar tan peculiar y que tantas buenas experiencias nos ha dado.

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Yo la conocí en un taxi… (varado en Mucurá…)

Escrito en Mucurá rodeado de cocoteros y escuchando por primera vez a Sublime.

Panama-na (pa pa parapa!)

Dejábamos Costa Rica atrás por segunda vez en 15 días, esta vez cruzamos un puente en dirección sur para entrar al país que comunica los dos océanos.

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Dos Willys cruzando a Panamá

El siguiente destino, Colombia, iba a marcar nuestra estancia en Panamá. Para pasar de Panamá a Colombia no existe vía terrestre, en el tapón de Darien se corta la famosa Panamericana, que supuestamente atraviesa el continente americano de Alaska, hasta el Sur de Chile (cuenta la leyenda que EEUU no permite esa carretera para dificultar el paso de cierto producto de origen Colombiano hacia el norte).
Después de bastante investigación y lectura de blog vimos que había varias opciones para cruzar a Colombia:
-Un ferry que había el año pasado y que ya no operaba.
-Alquilar un paseo en un lujoso velero que suele navegar unos 4 días por aguas del Caribe hasta llegar a Cartagena, unos 450$.
-Tomar un carguero que puede tardar hasta 15 días en hacer la ruta ya que para el las islas para abastecerlas. Precio a convenir con el capitán, no menos de 100$.
-Tomar una serie de lanchas, buses y caminos a través de la selva (esta era la opción principal pero la investigación resolvió que el precio de esta vía oscilaba entre 250 y 300$ y se demoraba unos 3-4 días en una zona sin mucho interés).
-El avión. Aunque tenemos un año y preferimos recorrer por vía terrestre para pausar nuestro viaje, al encontrar un vuelo por 130$ se nos hizo difícil no tomar este medio de transporte, el único problema es que el día barato, era el 11 de Septiembre y estábamos a 01 de Septiembre con lo que esto nos dejaba escasos 10 días para conocer el país.

Así pues, os lo digo ya, me he quedado con ganas de más.

Empezamos por las famosas islas de Bocas del toro, para mi, un verdadero paraíso, aunque reconozco que el hecho que llueva una media de 270 días al año, puede deslucir bastante tus vacaciones allí. Si el sol no luce con fuerza, no se aprecia el maravilloso color turquesa de las aguas que bañan el archipiélago.
De la isla de Colón fuimos a la isla Bastimentos que tiene un ambiente muy caribeño y relajado, sin carreteras ni obviamente coches (igual que en Corn Islands, hace años que varios países Europeos filman su versión de «supervivientes» aquí), llegamos al atardecer y varios locales languidecían en unos bancos en el puerto con la mirada perdida, otros rascaban su guitarra y bebían apurando una chusta de olor dudoso, en unos altavoces sonaba música… Nuestra aguda observación nos hizo concluir que el estrés no es la primera causa de baja laboral en Bastimentos. Para nosotros, hostel con vistas, hamacas en la terraza, música en vivo, poco más se podía pedir. Bueno sí, sol… y más días.

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Llegada a Bastimentos

Tomamos un tour para ir a cayo Zapatilla, ya que es la única manera de visitar estas dos islas desiertas, dónde por la noche anidan las tortugas. La lancha abordó un maravilloso islote, de arena blanca y palmeras y armados con el tubo y las gafas fuimos a barrer el arrecife, descubrimos langostas, peces araña y peces de colores. En otro arrecife cercanos vi corales de colores que nunca antes había visto, verdes, naranjas, lilas y amarillos, avistamos delfines y algún que otro oso perezoso escondido en la espesura, fue un día redondo.

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Llegando a Cayo Zapatilla

Otro de los días exploré parte de la isla, llovía a ratos pero en bañador y descalzo por el barro entre playa y playa poco me importaba y me sentía como un explorador. Tropecé con alguna rana en miniatura y disfruté de la jungla y el mar.

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En Bastimentos muchas construcciones sobre el agua.

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Red frog miniatura

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Playa y jungla

El día que abandonamos la isla había un sol radiante, pero el tiempo apremiaba, y antes de Panamá City queríamos hacer una escala en Santa Catalina, en la costa pacífica. Para nuestra decepción las actividades (avistamiento de ballenas o buceo) tenían precios prohibitivos, así que nos conformamos con alquilar unos kayaks. Primero hicimos un paseo, pero luego, enardecidos, David y yo decidimos intentar coger unas olas, fue un intento fallido, con su momento de estrés incluido al volcar y ver los plátanos que llevábamos de desayuno flotando a nuestro alrededor, las gafas de sol en una mano y sin poder virar el bote a su posición original a la primera, con olas rompiendo sobre nosotros sin cesar, minuto de nervios. De nuevo en el bote y con la cola entre las piernas nos fuimos a la bahía, dónde nos dedicamos a coger mini-olas y a aprender la técnica para no acabar bocabajo a cada vez… y lo conseguimos!
De nuevo en el bus, a lo lejos, vimos los rascacielos que anunciaban la City, escogimos un hostel muy cerquita de la sede de Mossak Fonseka, por un asuntillo que teníamos que arreglar y recorrimos la ciudad, el casco viejo y el canal antes de celebrar por todo lo alto y como se debe el primer cumpleaños Willy! Fue inolvidable, bueno… casi inolvidable!

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Casco viejo vs parte nueva

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Cae la noche en Panamá

Os dejo el enlace con más fotos del bello país:

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.1287856304582051.1073741840.140684075965952&type=1&l=8c14e6df69

Cuando la compañía es lo que importa (y II).

(El post viene con muuuucho retraso lo siento)

Habíamos dejado la Paz, y nuestros nuevos amigos atrás, sus aguas tranquilas y sus playas de arena blanca, de golpe el paisaje cambió, feliz de reencontrarme con mis tíos, no me importó vernos atrapados en un tremendo, a la par que normalísimo atasco, en la ciudad de México.

Habíamos sobrevolado el gigante hacía escasos minutos y ya estábamos inyectados  en su lento fluido circulatorio, camino a casa, conversando sin parar de nuestras recientes aventuras y nuestras familias. Me di cuenta en seguida que había sido una gran decisión poner el DF en la ruta y poder así compartir unos momentos con mis tíos y primos a los que adoro y que por desgracia, la distancia no me deja ver, lo a menudo que me gustaría.

Se que el sentimiento es mutuo y Álvaro y yo fuimos acogidos con todo el cariño. Eran más de 7 años sin ver a algunos de ellos, así que decidí intentar disfrutar cada momento y Álvaro estaba feliz de descubrir esta gran ciudad.

Además mi prima acababa de dar a luz, por segunda vez, hacía escasamente una semana, con lo que agradezco infinitamente toda la atención que nos dedicaron.

IMG_1340Tripi en DF!

Gracias al buen hacer de Javier, un fotógrafo Español residente en Ciudad de México y a la maravillosa app «Tripuniq», pudimos descubrir la esencia de esta megaurbe sin sentirnos abrumados. En un solo día, aunque en un recorrido exigente, Alvaro descubrió algunos de los puntos más emblemáticos e interesantes del DF, yo le acompañé en la mañana, al mediodía fui a comer en familia para ver a mi primo en el único hueco que su apretada agenda de Otorrinolaringólogo (quería colar esta palabra en un post!) le deja, fue un encuentro breve pero muy sentido, gracias Alex.

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Como el recorrido fue muy acertado y Javier (que se encontró a comer con Álvaro), resultó ser encantador, no dudamos un segundo cuándo nos propuso ir a Tepotzlan al día siguiente con Núria, su amiga (y mujer!), una México-Catalana de simpatía desbordante, socióloga, con muchas ganas de explicar interesantes hechos culturales y distintivos de su país.

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Javier y Nuria en el mercado

Tepotzlan es uno de los, muy bien llamados «pueblos mágicos», después de una pequeña odisea para atravesar la megalópolis, caminar, 3 cambios de metro y un tranvía (un desplazamiento «normal» en DF) nos encontramos con Javier y Núria en la parte sur de la ciudad de México, enfilamos hacia Tepotzlan y escasas dos horas más tarde nos plantamos en este precioso lugar en día de mercado.

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Carne conservada en su temperatura adecuada y protegida de elementos extraños…

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Comida, comida, comida!

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Disfrutamos una vez más de la rica comida Mexicana (tacos de sesos para Álvaro, de hongos para mi, entre otros), nos perdimos un poco por el mercado y el pueblo y visitamos su antiguo convento Franciscano, antes de encarar la exigente y empinadísima subida al Tepolztec. En la cima, la recompensa, vistas espectaculares y los restos de una pirámide antigua dónde los Tepolztecos y otros, venidos desde tan lejos como Guatemala, rendían culto a sus dioses y hacían sacrificios humanos.

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Vista desde la cima!

Evitamos, por poco, que unos descarados Cohatíes se apropiaran de nuestra mochila y descendimos ligeros y risueños para hincar de nuevo el diente a delicias Mexicanas en el mercado local antes de volver a la capital.

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Descarado briboncete!

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Finalmente, mis tíos nos acompañaron a Tehotihuacan a ver las famosas pirámides, vimos los Voladores y caminamos toda la avenida de los muertos bajo un intenso sol, subimos a sendas pirámides rodeados de otros centenares de turistas y sobretodo seguí disfrutando de los simpáticos vaciles de mi tío para con los vendedores ambulantes de recuerdos.

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Practicamente solos en Tehotihuacan

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Disfruté enormemente de los momentos que estuve con ellos, con mi adorada prima Stéphanie y la recién nacida Majo, sosteniéndola algunas horas en mis brazos, compartiendo la excitación del marido de Steph por la próxima apertura de su academia de boxeo, de la última noche en la que Núria nos acompañó para que tomásemos el pulso de la fiesta en el DF y por supuesto de hacer todo esto junto con Álvaro, porqué al final, la compañía es lo que importa!

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Consejos de madre

Al despedirme de mi madre, en medio de una ruidosa Via Laietana y en un rápido pero sentido abrazo, me deslizó en el oído una única recomendación:

-Ten cuidado! Vigila que no te pongan nada en la mochila.

Yo entorné los ojos y le dije que sí, que no se preocupara, pensando que se preocupaba en exceso… Pués una vez más (y no será la última), mi madre, como todas las madres, tenía razón.

Ocurrió en el innecesario pueblo de Bluefields, habíamos salido de la bella Granada a las 5 de la mañana, previo paso por Managua y después de 10 horas en un bus cargadísimo y constantemente lleno de vendedores ambulantes llegamos a El Rama. Con una suerte tremenda, cogimos los 3 últimos asientos, de la última panga del día hacía Bluefields, hora y media de lancha rápida en un precioso recorrido entre los meandros del río nos acercaron a nuestro destino.

Alcanzamos Bluefields al atardecer, buscamos rápidamente un hostal y nos informamos de cuando salían los ferrys a Corn Island.

La única razón por la que habíamos llegado a ese pueblo gris del Caribe dónde no llegan carreteras (solo se llega por mar, lancha o aire), era porqué es la forma más barata de alcanzar las islas de ensueño en las que estamos hace 3 días pasándolo fatal bajo los cocoteros.

-Perdonen, ferrys para Corn Island?

-Los miércoles…. o sino en avioneta. Nos dijeron lacónicamente los locales, y como nos recordaron dos iglesias llenas en el pueblo, era domingo.

Dilema! pasar 3 noches en un agujero que desaconsejan todos los blogs, guías de viaje y hasta los propios Nicas o agarrar una avioneta al día siguiente.

Al final, y teniendo en cuenta que pasar tres días sin hacer nada también tiene un coste, nos decidimos por la avioneta (más cara que el ferry claro) y a las 6am del lunes estábamos en el aeropuerto.

En realidad se trata de un pequeño aeródromo y me extrañó un poco que aquel sitio tuviera un policía con un perro de esos que buscan drogas o explosivos. Se acercó tranquilo, nos pidió que pusiéramos las mochilas contra la pared y hizo que el perro las husmeara, el sabueso les dio un pase rápido y no hizo ninguna señal, ni se sentó, ni ladró, ni movió el rabo; nada. El policía nos dice a David y a mi que si fumamos, al responder afirmativamente nos pide que le acompañemos a una habitación.

Nos encaminamos moderadamente tranquilos hacia allí, él nos trata amistosamente y nos va haciendo preguntas, pero al entrar en la habitación me estrañan dos cosas: le pide (hasta 3 veces porqué lo hace en voz baja y «discretamente», aunque yo lo escucho perfectamente) a su compañera, que abandone la habitación, una vez ella sale, cierra la puerta.

Nos pide que abramos las mochilas y mira vagamente entre la ropa, seguidamente mira con más minuciosidad las mochilas pequeñas y nos pide que nos vaciemos los bolsillos. Al ver mi paquete de tabaco de liar lo coge, me dice que me relaje y que me siente, pero entonces es cuando veo que entre los dedos de su mano agarra una bolsita plástica de las de autocierre.

Me pongo nervioso, pero con firmeza le digo, antes de que abra el paquete:

-Disculpe, qué tiene en la mano?

-Nada, nada.

-No, no, le ruego que me enseñe lo que tiene en la mano.

-Nada, no es nada.

-Lo siento caballero pero veo que tiene una bolsa de plástico en la mano y eso no es mío, tengo miedo que esté intentando ponerlo dentro del paquete de tabaco.

Él también se puso nervioso y no me achiqué, finalmente dijo que era tabaco… con otra cosa… aluciné, pero se apartó unos pasos y vi como dejaba el paquetito en una caja de “kleenex” vacía. Una vez hecho esto, me muestra la mesa y me dice que no hay nada, que si lo veo, que si puede proceder, que yo soy un turista y que él está contento que visite su país, que cómo me va a hacer eso!

Continuó con el paripé un par o cinco minutos más, ya no lo sé, lo que sé es que ya no le sacamos los ojos de encima, finalmente nos dijo que podíamos irnos, no sin antes hacer una foto con su móvil a nuestros pasaportes.

Estaba furioso, y temblando, lo reconozco, le había pillado “in fraganti” y aún no entiendo porqué no siguió adelante, ya que igualmente era su palabra contra la nuestra. Pero se achicó, no había abierto el paquete de tabaco aún y hubiese sido demasiado descarado, incluso para él.

Volvimos con Álvaro que abrió unos ojos como platos al oír el relato. Nos sentimos un poco indefensos, no sabíamos si debíamos denunciarle o callar. Optamos por explicarlo aquí…

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El Individuo en cuestión

He dudado bastante en escribir este post, ya que no quiero en absoluto que nuestras familias se preocupen, es una anécdota, en realidad aunque lo hubiese conseguido, lo único que quería este pobre hombre, era un soborno, no se trataba de meternos en la cárcel a lo «Expreso de Medianoche». Si se hubiese salido con la suya, él y nosotros sabríamos que lo había puesto él y lo único que podía querer, era un poco de dinero. Además estamos en Nicaragua, hemos llegado aquí sin planearlo saliendo de nuestra ruta y estamos encantados de haber tomado esta decisión, enamorados del país. Nos parece, uno de los países, sino el país, más seguro de Centroamérica y muchos sabéis que a menudo explico que nos robaron en Nueva Zelanda, el país más seguro del planeta, hay malas personas en todo lugar y este ha sido solo, un mal encuentro.

Este es un blog de anécdotas y vivencias, la vergonzosa actitud de este policía no empaña la aventura que estamos viviendo así que Rietedewillyfog!