Rock and NOLA!

Hace calor, un bochorno intenso cuando bajamos del tren que nos ha llevado en una mañana desde Memphis, la ciudad que escuchó el primer rock and roll, hasta New Orleans, el lugar dónde dicen que nació el Jazz.

La calle a la que nos dirigimos aún me suena a Rock and Roll, el riff de guitarra de los U2, resuena en mis oídos cuando doblamos la esquina de «Desire St», dónde pasaremos los próximos 6 días.

Según nos dirán más tarde, Desire St está en uno de los barrios más desfavorecidos, con una inmensa mayoría de población de color, supuestamente peligroso, dónde están los «gangs» y dónde hay tiroteos. Lo cierto, es que mucha gente nos saluda desde el porche de su casa sonriente, dónde pasan largas horas, mientras volvemos del supermercado cargados con las compras. «How y’all doing?» es lo que siempre oiremos al cruzar a alguien en las calles de NOLA, esta pregunta no espera respuesta, es un simple formalismo, pero a mi me pone de buen humor que en una ciudad, la gente te salude con una sonrisa.

Tal como Josefina nos lo ha indicado, rodeamos la casa y nos da la bienvenida una puerta con el dibujo de una calavera, pero la casa que nos acoge no puede tener más vida, es una explosión de colores dónde una isla hace las veces de cocina i de epicentro de un terremoto de personajes pintorescos. Desgraciadamente, mi amiga Josefina, a quién conocí hace 8 años en Chiapas y con quién me voy cruzando por el mundo, no está, se encuentra de viaje en España y no hemos podido coincidir, pero nos cede su habitación, una de las ciudades que ama y sus compañeros de piso… y qué compañeros!

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La puerta trasera

Nos cruzamos rápidamente con Jenny que se va a trabajar, se despide de su inseparable Max y desaparece bajo el sol cegador, volverá más tarde, completamente ebria y feliz acompañada de Brittany, una amiga suya igual de radiante y con los ojos medio cerrados llenos de alegría.

Jenny se pone a cocinar mientras nos repite 4 o 5 veces las mismas cosas, pero no es molesto, se nota que habla con amor e intensidad. Nos cuenta que es camarera y que le gusta servir copas a la gente, mientras insiste para que nos tomemos unos chupitos de tequila.

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El epicentro de la casa dónde preparamos Gazpacho y una empanada!

Nosotros, ya hemos cenado, estamos cansados del viaje (nos hemos levantado a las 5 de la mañana para dejar Memphis) y estamos chafados por el bochorno, ya pensando en retirarnos, pero entonces llega Seth sudado sobre su bicicleta.

Seth podría muy bien interpretar un papel en una secuela de «Trainspotting». Su pelo teñido de un rosa intenso, es lo primero que uno ve, su vestido violeta estampado o su falda estival serán impactos posteriores, pero el primer recuerdo es una camiseta amarilla descolorida y ajustada a su delgado cuerpo y unos shorts por encima de la rodilla, con dobladillo, también estrechos.

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Seth, en casa, se pone cómodo!

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Nos visitan unos chicos del barrio, al fondo podéis ver a Seth, para la ocasión luce un vestido violeta estampado!

Seth reparte paquetes con su bici por la ciudad, un trabajo por el que cobra 5 dolares la hora (más propinas). Se sirve un té helado y en seguida, se lleva un cigarrillo a los labios, después veré que es lo primero que hace cuando se levanta por la mañana junto a una gran taza de café.

Casi no nos queda elección, nos dejamos arrastrar por la onda de «buenrollismo» que preside la noche. Brittanny hace de DJ i nos pone una música que me parece hecha a medida para este momento bajo el porcho y en el bochorno que aún se deja sentir, aunque el sol ya hace unas horas que se escondió.

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Jenny con Max, Álvaro Seth y Brittanny en el fondo.

Cuando volvemos dentro, Álvaro se va a acostar, yo friego los platos que Jenny ha dejado y me siento en silencio para observar el cuadro que forman Seth i Brittany, sentados en un sofá de terciopelo rojo, enmarcados por una pared azul de dónde cuelgan diferentes cuadros y sobrevolados por una guirnalda de lucecitas. Los dos dibujan, abstraídos, en sus correspondientes cuadernos.

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Tomé una foto del momento

Son poco más de la una, ya quiero acostarme pero el baño esta ocupado por el cuarto integrante de la casa, Jeanny, que ha entrado por la puerta de atrás y solo he apercibido cuando ha salido de su habitación y ha pasado delante una puerta entreabierta para encerrarse en el baño, finalmente sale y se escurre dentro de su habitación de nuevo, lo cierto es que la primera impresión que nos da es un tanto arisca (aunque luego veremos que no es así).

¿Y qué hacemos estos días en New Orleans? Pues aflojar el ritmo, ya era lo que queríamos, frenar nuestro paso, ponerlo en fase con el sur, nos acostumbramos a los violentos aguaceros que casi diariamente limpian la ciudad y buscamos la sombra con desespero.

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El colorido, una constante de las calles de NOLA.

Nos reunimos de nuevo con Marcos que parece decidido a volverse un Willy más, por lo menos en los USA.

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Vista típica del French Quarter

Visitamos el French Quarter y nos explican la historia de la ciudad, que fue de los Franceses, quienes la poblaron de asesinos y maleantes y luego entregaron una ciudad ingobernable a los Españoles, estos al parecer pusieron orden pero no eran muy queridos y la entregaron a Napoleón que a su vez la vendió a los Americanos.

Lo que mas nos gusta, una vez mas, es caminar y caminar, admirar su maravillosa arquitectura, cada casa se merece una foto mientras la vida pasa tranquila en los porchos de madera.

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Bendita sombra!

También hemos probado buena, contundente y abundante cocina del sur, hemos visto el lago Pontchartrain y su inmenso puente (con sus casi 40 km el tercero más largo del mundo al parecer), sus casas construidas sobre el agua dónde los propietarios aparcan sus barcos al llegar.

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Por delante el utilitario, por detrás el bote…

Paseado una noche por la grotesca «Bourbon Street» entre turistas borrachos, decenas de caza clientes agresivos, medio cegados por neones que anuncian clubs de striptease o lap dance, a menudo con un hedor indescriptible en algunas partes de la calle y con sirenas de ambulancias pasando.

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Una noche cualquier en Bourbon Street, un borracho, la Policía, y cuando llega la ambulancia, dentro va un equipo de filmación de “reality”!

Nos emocionamos al ver aún signos claros del paso del huracán Katrina y al ver la exposición que alberga el museo de la ciudad.

Combatimos el calor en el «country club», que tiene piscina; bailado en «Frenchmen St», una calle también turística, aunque menos que Bourbon; refugiado en un bar de jazz en directo, de ambiente hipster después de cenar por tres en el inolvidable “The Joint” y por supuesto compartido tiempo con nuestros compañeros de piso, tal vez no mucho pero sí de calidad! El Cheesecake de Seth era uno de los mejores postres que he probado nunca, palabra! Pasar un tiempo en el balcón de la casa con Jenny o los distintos cafés y cena con Jeanny fueron un placer!

Gracias Jo por este regalo! Nos volveremos a cruzar!

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Buen restaurante!

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El bar Bachanal

(Couch) Surfing USA

-Pero hablemos de cosas importantes, qué opinas de Trump?

Dice Alvaro con una sonrisa, mientras termina el gazpacho que está preparando. Como pasan unos segundos y no escucho una respuesta me doy la vuelta mientras pelo las patatas de la tortilla que queremos hacer y veo una mueca de incomodidad en nuestro anfitrión.

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-Pués no os va a gustar mi respuesta…

Dice al cabo de unos segundos Vince, nuestro Couchsurfer gay y nudista…

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Con Vince y Arya, otro Couchsurfer Canadiense disfrutando de la cena!

Como a estos dos viajeros, una de las cosas que más les gusta en la vida, es poder hablar y estar de acuerdo en no estar de acuerdo, le dejamos que vaya argumentando su respuesta. Ciertamente no esperábamos que fuera un defensor del bueno de Donald, pero nos saca los tres argumentos más populistas y claros: «Inmigración, Armas e impuestos».

Así que este hombre, de pensamiento liberal, bien educado y viajado, ve en lo que yo leo como chulería y racismo; sinceridad y orden, y en lo que yo veo como problema (las armas); una solución (en realidad nos confesó que le dan un poco de miedo las armas, pero él tiene una porque es su derecho y porque cree que le puede proteger); y en los impuestos y la sanidad pública, un robo.

Y una cosa no quita la otra, solo quería introducir Chicago con una anécdota, Vince ha sido, sin duda alguna, el anfitrión que más devoción ha mostrado por sus huéspedes en toda mi experiencia en Couchsurfing y ha sido un auténtico placer conocerle.

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Ojo al dato, en Chicago, el uso del casco no es obligatorio…

El Couchsurfing, que la mayoría conocéis, te permite alojarte en casa de un local de forma gratuita y es una manera de aproximarte al lugar que visitas, más cercana, el intercambio de experiencias, de historias, de música o de gastronomía es lo que cuenta. Vince es próximo y atento, tiene un lujoso apartamento del que te cede la llave con solo encajarte la mano y se desvive por que estés a gusto.

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Vaya vistas!

Compartió sus pasiones con nosotros, como la que siente por el museo de la ciencia y la industria de Chicago llevándonos en coche hasta allí solo para hacernos entrar gratuitamente. Alvaro y yo pasamos allí unas 4 horas maravillados, y porque nos echaron!

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Un disco de arena gigante dibuja texturas al girar.

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Miss Daisy!

Nos llevó en su fabuloso Cadillac Belair, pasamos una noche de viernes fantástica en su bar de cabecera y en el sótano de su condominio jugando a los bolos, o degustando su bebida preferida, el Jack Daniels, nos preparó un buen desayuno y nos habló de su experiencia viviendo en Rusia aunque también nos dejaba hacer nuestra vida si así lo requería la situación.

 

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¿Y qué hicimos en la ciudad de Los Intocables? Pues recorrimos sus calles largamente y quedamos encantados! Con sus playas entre rascacielos a orillas del lago Michigan, su magnífica arquitectura y su ambiente cultural, su vía elevada y sus excesivas comidas, nos fascinó.

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Willis tower a.k.a. Sears Tower

Anduvimos por «milenium park» con su famosa «habichuela», su auditorio o la bonita fuente, obra de Jaume Plensa, nos topamos con unas esculturas obra de Miró y Picasso, subimos al piso 95 de la Hancock Tower, anduvimos por los canales que tiene la ciudad, llenos de vida y actividades y no nos cansamos de ver su perfil desde mil perspectivas distintas.

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Saltando en la fuente de Jaume Plensa!

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Vistas desde el piso 95!

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Chicago, tiene personalidad propia, no desmerece a New York y es mucho más auténtica que la impersonal aunque bonita ciudad de DC.

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The Cloud Gate

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Curiosas vistas desde la habichuela

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De allí veníamos y debido a problemas con horarios de trenes solo estuvimos 24h pero la caminamos de arriba abajo, según el contador de pasos de Álvaro unos 22km en el primer día, de memorial en memorial, de monumento en monumento, de la casa blanca al capitolio (que estaba en obras ya que como todos sabéis, se lo han cargado los extraterrestres), de la biblioteca nacional al cementerio de Arlington otro memorial immenso dónde entierran a muchos de los que han servido a la patria.

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Cementerio de Arlington

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Memorial de la guerra de Viet Nam

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Washington tiene un inmenso metro y una explanada de casi 4 km de distancia presidida en el centro por el gigantesco obelisco dedicado a Washington, a un extremo el memorial de Lincoln, al otro el Capitolio y entre medias vimos desde una distancia prudencial la casa blanca del huésped negro.

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Metro gigantesco

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Últimos retoques al capitolio después del último ataque

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Me pareció un conjunto de obras faraónicas de aspecto greco-romano pero sin una personalidad propia real. Recorrimos sus limpias calles, llenas de gente trajeada y con aspecto de tener prisa, sus edificios oficiales, y dedicamos un tiempo prudencial a la Biblioteca que tiene una copia de la primera Biblia impresa por Guttemberg.
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Memorial de Marthin Luther King Jr

Allí nos acogió Brian, otro Couchsurfer Surcoreano, agradable pero tímido con el que solo pudimos compartir una cena rápida en un Méxicano y su cuarto en el que, aunque llevaba dos años viviendo parecía que se acababa de mudar… un estilo muy asiático.

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Esperando a ser recibidos por Obama

De allí a Chicago, y de allí a ver al Rey, pero eso ya es otra história!

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NY sin Manhattan y el secreto de Kassandra

  Manhattan es sin duda New York, aunque New York sin duda no es solo Manhattan, así que dejadme que os hable de un día fuera de Manhattan y de los secretos de Kassandra que lleva años en la gran manzana.

Salí del metro con una excitación infantil, viendo las atracciones del Luna park, escogiendo mentalmente en cual me iba a subir y sustituyendola por una nueva a cada segundo pero en cuanto puse un pie en el paseo marítimo creí que estaba en Atlantic City en un capítulo de Boardwalk Empire, y me olvidé del Luna Park, estábamos en Coney Island, al sur de Brooklin.

 

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Voy subido en mi propia atracción!

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Día caluroso, aguantamos poco hasta que nos zambullimos en las dudosas aguas de la bahía de New York, aunque a mi el chapuzón me supiera a gloria la mueca de Kassandra lo decía todo! «En lugares peores nos hemos bañado!» dijimos, así que sin saber si se nos caería la piel a trozos, cómo predijo un poco alarmísticamente la local, nos fuimos a descubrir el curioso barrio de Little Odesa, con sus paredes cubiertas, casi exclusivamente, de carácteres cirílicos y su ruidosa vía de metro aerea que le da un aire de película antigua… porqué digámoslo ya, para el que como yo, descubre New York, cada esquina le suena a algún fotograma de una película que ha visto hace ya algún tiempo.

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Ruisky trusky!

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Disfrutar de un magnífico restaurante Uzbekistaní y subirnos al coche de Kassandra para atravessar Brooklin con una actitud muy negra fue todo uno.

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Saquito al bujero!

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Os llevo?

El barrio ruso, el barrio judío, el barrio negro, hasta llegar a Red hook, desde allí magníficas vistas de la estátua de la libertad y del «finantial district» a lo lejos.

El cartel del bar al que decidimos entrar a tomar un café que nunca fué rezaba entre otros, «we are not responsible for lost objects, we are responsible for killer sunsets» viendo lo animado que estaba y la luz que empezaba a declinar no nos hizo falta más, cervezas, propinas y juegos entre risas, estaba quedando una tarde apañada!

Pero antes de la puesta de sol Kassandra nos sube de nuevo al coche y nos lleva hasta debajo del puente de brooklyn o barrio de DUMBO dónde ahora sí, la puesta de sol fué matadora y sino juzguen ustedes mismos.

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Acabar el día en el hipsterísimo barrio de Williambsburg con una arepa Venezolana, una michelada, una pinta de lagger y partida de ping pong fueron una cereza en el pastel tras otra para coronar un día en New York en el que solo pisé Manhattan después de cruzar el puente de Brooklyn en el tardío metro que nos llevó a casa.

Al día siguiente, aunque no nos pudo acompañar, Kass nos propuso otra aventura, ir a casa de la Sra Marjorie en el corazón de Harlem. Esta señora lleva varios lustros invitando, cada domingo sin falta, al salón de su casa a músicos de Jazz a los que acompaña maravillosamente al piano, sus dedos sobrevuelan las teclas y se posan lúcidamente sobre las adecuadas en cada momento. No os engañaré, no somos entendidos ni fanáticos del Jazz pero de verdad disfrutramos intensamente de la hora y media que compartimos en el salón de Marjorie!

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La joven Marjorie de 80 y tantos años al piano… silencio!

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Literalmente hasta la cocina de la casa de Marjorie!

Gracias Kassandra!

U.S.A. y los excesos

Llevamos una semana por aquí, y aún estamos intentando ajustarnos a todo lo excesivo que hay en este país. Excesivas las calles, interminables para dos peatones que van evitando los transportes públicos siempre que pueden. Excesivos los edificios; si llevara boina como Paco Martinez-Soria me la habría quitado más de una vez estos días para estrujarla con las manos mientras dejo la boca abierta mirando moles de hormigón. Excesivos los vagones de metro, que entran descarrilando en cada estación y al final, como si cayeran en la cuenta en el último momento, siempre acaban frenando a tiempo.

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En definitiva excesiva NY, con sus cláxones sonando (todos excepto el de Casandra), sus 250.000 tipos diferentes de policía, sus ardillas que te siguen a cada paso que das, sus puestos de perritos (uno y no más), sus nombres de barrios con truco (SOHO, NOHO, DUMBO, TRIBECA,… con lo bonito que es decir que yo soy de Santa Rosa…), y sus mendigos que piden de forma educada su tributo (Marki-apadrina-un-homeless…).

Y también excesiva Washington, con sus infinitas avenidas y parques; su calor brutal diurno y su tormenta perfecta nocturna; y excesivo su cementerio militar infinito, que se llama Arlington, pero que podría llamarse «sinsentido».

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Todo este exceso y las ganas que teníamos por empezar el viaje; han hecho que nos tomáramos esta semana como un sprint, una carrera por hacer «checks» y ver un millón de cosas en el menor tiempo posible; una locura que nos ha dejado felices por todo lo visitado, pero agotados de cuerpo.

Al menos hemos sido conscientes de ello, y conforme subimos hacia Chicago en un tren larguísimo y plateadísimo, vamos acomodando nuestra cabeza y nuestro ritmo a todo el tiempo que nos queda por delante, a todos los lugares que nos quedan por husmear. «Lento» debe ser nuestra nueva palabra favorita.

Escrito mientras cruzamos en tren los estados de Maryland y Pensilvania… canta Jakob Dylan, que ya no me avergüenza decir que me gusta más que su señor padre.

Como mola viajar en tren.

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La ruta, por fin…

«¿Y qué vais a visitar?», «¿Sólo 14 países?», «Pero sino pasáis por Australia no es una vuelta al mundo», «¿Cómo, que no pisáis África?»

Después de llamarte loco, y de expresar su envidia; la siguiente pregunta que suele hacer todo el mundo es qué ruta vamos a seguir estos meses. Este post intentará explicar nuestros planes (a día 1 del viaje) y también servirá para que asentemos un poco más este itinerario en nuestra cabeza.

Para situarnos en antecedentes, Guillem ya estuvo en 2009 viajando durante 14 meses(¿cómo, no te lo ha contado? corre, pide un deseo…); así que hay destinos que podrían entrar en la categoría de «obvios», pero que al final se han quedado fuera para no repetirlos.

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Dicho esto, lo que viene a continuación es una enumeración (RE-APROXIMADÍSIMA) de nuestros planes de viaje. Cualquier parecido con lo que resultará al final será poco menos que una coincidencia, pero al menos lo habremos intentado… Además, conforme nos alejamos del día 1 de viaje, los destinos están más en el aire y menos definidos:

– EEUU (1 mes)

– México (1 mes)

– Costa Rica (15 días)

– Panamá (15 días)

– Colombia (1 mes)

– Ecuador (15 días)

– Perú (1 mes)

– Chile (norte) (15 días)

– Filipinas (1 mes)

– País del sudeste asiático por definir… (1 mes)

– Sri Lanka (1 mes)

– Irán (1 mes)

– Turquía (1 mes)

– Grecia (1 mes)

Venga, por cada destino al que no vayamos… ¡chupito!

Escrito sobre Groenlandia después de una escala «relámpago» a Moscú de cuatro horitas…

50 litros y un canapé

No, estos no son los litros de cerveza que bebimos ayer para celebrar nuestra partida, ni la tapa que siempre te dan gratis en Barcelona al pedir una consumición (el avispado lector notará la fina ironía en mis palabras), sino los recipientes que al parecer contienen 7 años (materiales) de mi vida, después del traslado del piso que me ha acogido en el Born los citados años y la mochila en la que he conseguido embutir lo que he considerado necesario para esta nueva vuelta al mundo.
La cama canapé ha quedado en Playa de Aro y debajo de ella la inmensa mayoría de mis pertenencias terrenales, la mochila viaja, espero, en la bodega del avión que nos acerca ya a Nueva York.

Hace apenas 12 horas que dejamos Barcelona y ya hemos dado con nuestros huesos en el marmóleo y frío suelo del aeropuerto de Moscú dónde nos hemos tumbado a dormir alguna de las 4 horas de tránsito. Aún así, aunque esto sea real, no consigo hacerme a la idea que ya ha empezado; y por experiencia sé que una vez empieza, todo pasa muy rápido. No consigo hacerme a la idea que hoy es el primer día de un nuevo año de viaje, de aviones, trenes, barcos, buses, canoas, coches, caminatas, encuentros y desencuentros, sabores y olores, imágenes que se te quedan en la retina para siempre jamás (como por ejemplo cuándo escribo estas líneas y sobrevuelo Groenlandia, divino espectáculo), cientos de días y noches con cientos de experiencias aún por vivir.

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Y eso que la planificación de este viaje empezó hace ya mucho tiempo, tal vez en fin de año 2014 dónde después de algunas copas con Álvaro y después de haber insistido ya algunas veces finalmente él dijo: «El año que viene nos vamos sí o sí!» o tal vez hace ya unos 7 años cuando al volver de mi primera vuelta al mundo con Charly y con Kim me prometí que volvería a zarpar algún día. Aún así, de nuevo, no consigo hacerme a la idea, mañana no volveré a subir los escarpados escalones de mi piso en el Born de Barcelona, mañana, tal vez, pisaré la quinta avenida y Times Square y pasado mañana… quién sabe.

Así pues, de nuevo convertido en caracol, cierro los ojos y nos deseo un buen viaje, uno en el que estos 50 litros sean solo un pequeño pozo portátil en el que saciar mi sed instantánea de necesidades materiales y el resto, lo ponga el camino, porqué aún a riesgo de morir aplastado por el peso del cliché: «caminante no hay camino, se hace camino al andar».

 

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De cajas y despedidas

Son días raros, fines de semana que pasas entre cajas, repartiendo besos y adioses, comenzando a echar de menos a gente, intentando sacar un hueco para poder decirle «hasta luego» a todo el mundo; mientras cierras casas, llenas una maleta, renuevas tu carnet de conducir internacional y te vacunas (toda precaución es poca, es posible que entremos en contacto directo con votantes de Donald Trump…). Todo con un punto de emoción y excitación por todo lo que se viene encima, y todo también con un punto de tristeza. Pocas cosas más tristes que una casa vacía, en la que hablas y suena un eco como de tripa de ballena.

Los primeros días me daba algo de apuro (¿pudor?) decir que esa tristura revoloteaba en mi mente, como sino tuviera mucho derecho a ello: «eh tío, encima de que te largas no pretenderás ponerte triste, que lo has decidido tú todo esto…» . Pues sí, caprichoso que es uno; voy a echar de menos a un montón de gente, muchas noches alrededor de raclettes y pizzas caseras, de cervezas y vinos, de la barra de la cocina de mi casa, o viendo a Suárez marcar goles, de encuentros familiares, de conciertos, hasta de issues de Github (carajo, ¿también se puede echar de menos el trabajo?).

No hay nada malo en echar de menos todo eso; lo pienso meter en la mochila, facturarlo y me lo iré administrando en pequeñas dosis…

Delta del Ebro
Delta del Ebro

Escrito mientras sobrevuelo el Delta del Ebro y Caroline Morgan me canta al oído «Where is my home?»

Mi Casio rojo

Es un Casio rojo, modelo DQ-541.

Tiene un sonido monótono, molesto (casi irritante), cuatro ‘bips’ que se repiten martilleantes en menos de un segundo, te dejan un par de segundos de paz, y luego se repiten, otra vez; indefinidamente, hasta que pulsas el botón de apagado completo (o pulsas SNOOZE y prolongas el sueño 8 minutos más, como en una huida hacia adelante). Siempre me había costado entender a la gente usaba el botón de SNOOZE, ese autoengaño que no lleva a nada… ahora lo hago constantemente, casi todas las mañanas, eso será la madurez supongo…

Recuerdo que mi padre me trajo el reloj hace unos 25 años de uno de sus viajes a Canarias (siempre traen grandes cosas a mi vida esas islas). Mi hermano Noni tenía uno negro que yo envidiaba un poco, y tener mi reloj propio fue como una muestra de que empezaba a hacerme mayor.

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En todos esos años no ha dejado de cumplir su tarea ni una sola vez, y creo que sólo he tenido que cambiarle una vez las pilas. Imagino que los ingenieros japoneses que lo diseñaron en esa época no tenían ni idea o no les interesaba lo más mínimo qué era aquello de la obsolescencia programada…

Me despertó para ir al colegio, cuando empecé el instituto, mientras estudiaba la carrera en Córdoba y empecé a viajar por Andalucía en mis primeros trabajos. Vino conmigo a Madrid (despertándome no sólo a mí durante un tiempo). En esa época estuve a punto de sustituirlo por el sonido más moderno de un móvil, o incluso por alguna canción, pero luego volví a sacarlo del cajón y a usarlo de nuevo. Necesitaba esos cuatro ‘bips’ para despertarme.

Luego me siguió a Bruselas y me fue despertando durante dos años geniales por Bélgica. Desde hace 3 años y medio suena infatigable a eso de las 7.45 de lunes a viernes en un piso maravilloso en el barrio de Poble Sec de Barcelona, pero en breve podrá por fin tener las vacaciones que merece.

El próximo viernes a las 7.45, cuando vuelva a oír sus 4 bips martilleantes (y quizás pulse una o dos veces el botón de SNOOZE), lo apagaré con mucho cuidado, quitaré las dos pilas de su interior, y lo meteré en una de las cajas de mudanza que tendré preparadas. Y podrá descansar, durante un año.

Dentro de dos semanas me voy durante un año a dar la vuelta al mundo y no voy a necesitar mi Casio rojo.